4° convocatoria del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA)
Estaba, primero, experimentando a ver cómo evitaba el efecto explosivo que tuvieron Augusto y Roberto cuando empezaron a hablar. Así que, vieron que experimentar…
Muchísimas gracias a todos y a todas. Bienvenidos al Salón Dorado de la Casa de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. La verdad que estamos hoy reunidos intendentes y sus equipos en parte, también rectores, investigadores, empresarios, funcionarios del Gobierno para adjudicar o para celebrar y también anunciar y difundir, informar sobre la adjudicación de proyectos de investigación, tanto de la cuarta edición del FITBA, como de los proyectos de CIC PROINGED que tienen que ver con cuestiones de energías renovables y lo hacemos así, de esta manera, primero para poder escuchar un poco, compartir, reunirnos y en segundo lugar para ver si podemos sensibilizar, explicando y describiendo lo que está ocurriendo y, al mismo tiempo, poner de relieve el trabajo y el esfuerzo que se está haciendo desde el Gobierno de la Provincia en conjunto con todos ustedes, porque esto sería imposible como una acción unilateral de gobierno, es una acción de coordinación, articulación, sector privado, universidades, centro de investigación, municipios y Gobierno provincial.
En política pública, en acciones de Estado, la verdad que es una de las asignaturas más complejas la que involucra diferentes áreas del Gobierno. Por eso también me acompañan el ministro de Salud, el ministro de Producción, el ministro de Desarrollo Agrario, la parte de energía, la CIC.
La verdad que queremos resaltar y un poco hacer un balance del trabajo que se ha hecho, pero no puedo eludir, como punto de partida, algo que todos los que están acá conocen, pero a mí me parece que la sociedad, el conjunto, la sociedad bonaerense, y me animo a decir Argentina, no ha terminado de conocer y, menos todavía, asimilar lo que está ocurriendo a nivel nacional.
Uno podría decir que estamos asistiendo al proceso de vaciamiento, y si me permiten, de destrucción sistemática, planificada y masiva de nuestro sistema universitario y científico tecnológico. Digo planificada porque es deliberada y porque además se expone como una acción de gobierno, no como en otras oportunidades y otras experiencias de este tipo, que era una mera cuestión presupuestaria, sino que estamos viendo no sólo a nivel presupuestario, material, fáctico, sino también a nivel simbólico, un ataque sin precedentes a nuestro sistema universitario, científico, tecnológico, y creo que que esto no se ha dimensionado suficientemente.
Obviamente, lo digo con ingenuidad, ¿no?, porque yo no sé lo que ocurre en las conciencias, en las cabezas de millones de personas en nuestro país, pero tiendo a creer que, como este tipo de programas y este tipo de gobiernos que ya es un tipo de gobierno, participa de una tipología internacional de gobierno de ultraderecha, pero puedo decir más sobre los estilos y los modos, pero una de las cuestiones que tiene táctica, ya nos había pasado con el gobierno de Macri Vidal y pudimos atisbar un poco cómo era porque creo que fue Bullrich, Esteban Bullrich, en un momento que lo dijo, o alguno de sus funcionarios, que decía ‘tiramos como perdigonadas al bulto’ y en 200, 300 campos a la vez, las medidas de ataque y de ajuste, como para que alguna se detenga, otra prosiga, pero sobre todo en la variedad y en la amplitud pasen desapercibidas muchas de ellas y sus consecuencias.
Entre las cosas de enorme gravedad que están pasando nos enterábamos hoy de contratos que han firmado para explotación petrolera en las inmediaciones de las Islas Malvinas, lo que hemos visto de la compra de aviones obsoletos y caros, lo que vemos en materia de votos en Naciones Unidas, de política pública vinculada a derechos humanos. Bueno, todo esto está ocurriendo a la vez, pero entre todas esas cosas que están ocurriendo a la vez, para mí era muy importante, es muy importante esta reunión para ver si logramos llamar la atención sobre lo que está ocurriendo con la universidad y el sistema científico tecnológico en la Argentina, no sólo en el presente, que es algo que solemos describir y que quienes lo protagonizan y participan lo conocen, sus allegados, los interesados lo conocen, pero creo que en el marco de tanta, pero tanta agresión, pasa un poco desapercibido, sobre todo lo digo esto en comparación con los efectos devastadores de mediano y largo plazo que pueden tener estas decisiones que se están tomando hoy por parte del gobierno de Milei.
Hay muchas cosas que se están haciendo que son graves, hoy conocimos el proyecto de reforma laboral, que creo yo no tuve oportunidad todavía de analizarlo, pero me parece que el primer comentario es que se lo presentó como modernización, como novedoso, como una mejora y la verdad es que, en mi carácter ahora de investigador, profesor universitario o en alguna otra vida, parte de la producción científica y del estudio y de la enseñanza de la economía, lo que puedo decir es que de este proyecto no hay una partícula, un átomo, un elemento de novedad. Es una bazofia antiquísima, 20 veces aprobada, 20 veces probada y aplicada y siempre con fracasos. Eso es lo que estamos viendo.
No hay nada nuevo en esto, es lo mismo de siempre, es el mismo líquido en otra botella, pero lo llamativo es que se lo trató de vender como de adaptar el mercado laboral a las nuevas condiciones por las nuevas tecnologías, los nuevos formatos, los nuevos modos del trabajo y lo que tenemos es lo de siempre, una flexibilización laboral del antiquísimo y pasado de moda Consenso de Washington para la Argentina y un ataque a los derechos de los trabajadores y las trabajadoras.
En principio, lo que digo es que todo esto ocurre en simultáneo. Hoy vamos a tratar de concentrarnos en lo que pasa con el sistema universitario, científico y tecnológico, sobre todo de ciencia y tecnología en la Argentina y la inversión en investigación.
La inversión en investigación es una de las medidas más generalizadas en punto al desarrollo de una sociedad, de un país, pero sobre todo a la potencialidad que tiene y a la perspectiva que tiene ese desarrollo. Un país que no invierte en investigación, que no tiene investigación, la verdad que no se le promete o no se puede esperar mucho de su futuro, de su productividad, de su mejora, todas esas palabrejas. Si no hay investigación, si no hay aplicaciones de investigación a su aparato productivo, si no hay ciencia básica y ciencia aplicada, si no hay pensamiento, pensamiento crítico saliendo ya de las ciencias duras, bueno, la verdad que es un país que está condenado al fracaso. Si no es que se puede medir su fracaso en cada momento por este indicador, pero es un indicador muy expresivo en la situación de una sociedad.
En Argentina, la investigación, el presupuesto o la inversión en ciencia y tecnología en relación al producto bruto interno que, repito, es un indicador de desarrollo y de potencial de desarrollo ha tenido sus vaivenes, sus altos y bajos. Uno de los números más altos que alcanzó fue el 0,65% en el año 2014, si no me equivoco, 0,65% del producto, que es un valor relativamente bajo, bastante pobre, pero en línea con países en vías de desarrollo, países subdesarrollados, países del tercer mundo, nada que ver con los países avanzados, con los países desarrollados.
De ese 0,65 que había, puntos del PBI, porcentuales del PBI, que repito, era un número bajo y no no dejaba de ser el número más alto de la serie, un 0,4 correspondía a inversión pública. Y esto me lleva a varias reflexiones. La primera, y esto está comprobado y demostrado, es que es fundamental, es crucial la inversión en ciencia y tecnología que se hace en una sociedad. En general, se mide en relación al producto. Me decía recién Roberto que nosotros habíamos tenido en años como 2001 0,4% del producto destinado a inversión en ciencia y tecnología, 0,4, pero con un producto bruto de 200.000 millones de dólares.
En 2014 estábamos con un producto de 500.000 millones de dólares y aproximadamente un 0,65% lo cual en términos absolutos, que como vemos ahora cuando decimos los números, cantidad de proyectos es muy relevante más allá de su relación con el producto, bueno, un 0,4 en ese mejor momento era inversión pública en ciencia y tecnología.
Y esta sí es una regularidad de los países en vías de desarrollo, ¿no?, de los países periféricos. La inversión en ciencia y tecnología necesariamente, cuando existe y la parte que existe, para que tenga determinado volumen tiene que tener un componente importante de inversión pública. ¿Y por qué? Porque el grueso de la inversión en ciencia y tecnología, en investigación, el I + D, ¿no?, la investigación y el desarrollo, cuando proviene del sector privado o está financiado por el sector privado, representa una porción de los ingresos, de los gastos y de la inversión de compañías que tienen determinado volumen, determinada magnitud.
Una pyme, una pequeña, mediana empresa está demostrado, excepto que esté en un sector de punta y que toda o buena parte de sus gastos habituales sean necesariamente en desarrollos. Si no es así, es muy complejo, casi imposible que con los niveles de rentabilidad que tiene una pequeña, mediana empresa tenga un excedente, tenga un sobrante, tenga la posibilidad de destinar un volumen relevante a montar un laboratorio.
Hemos recorrido varias empresas pymes que pueden tener laboratorios, pero lo tienen habitualmente control de calidad, algo que tiene que ver con el proceso productivo mismo muy poco destinado al desarrollo científico-tecnológico o a la investigación, porque naturalmente una empresa de tamaño pequeño y mediano que tiene un nivel de facturación y de rentabilidad pequeño y mediano no tiene tiene los fondos suficientes para montar un laboratorio, para hacer siquiera ciencia aplicada y, mucho menos, ciencia básica. O sea que las pyme, en general, no investigan, no invierten, hay excepciones y hay sectores, pero si uno toma en término medio, no lo pueden hacer, es decir, son adoptadoras. Adoptan nuevas prácticas o nuevas tecnologías a través de su adquisición en el mercado, pero las producen otros, la producción de ciencia y tecnología, la producción de innovación no brota del sector privado en estos segmentos. Entonces, aparece en las grandes empresas, en las grandes compañías que pueden tener ese margen.
En general, cuando los sectores más concentrados, además están extranjerizados, cuando esas grandes compañías, en buena medida, digo por ejemplo, sectores de punta o sectores que están innovando, como el sector petrolero, el sector minero o sectores, el sector automotriz o los sectores de bienes de capital, cuando lo hacen, pero lo hacen en base a capitales transnacionales, en general, no llevan adelante el desarrollo y la investigación en países periféricos, donde tienen filiales, lo pueden hacer, pero forma parte de una política global cuyo centro y cuyo núcleo no se encuentra en los países como el nuestro.
Todo esto es para decir que si el Estado no invierte en ciencia y tecnología en los países en vías de desarrollo, si el Estado no es un jugador importante, relevante, la verdad que lo que ocurre es que no hay. No hay inversión significativa proveniente del sector privado.
Esto digo para los adoradores, los aduladores, los un poco a veces estúpidamente, creyentes en que el sector privado soluciona todo en todos lados, en cualquier circunstancia y de cualquier manera.
Bueno, no es así. No hay experiencia internacional, no hay estudio, no hay historia que pueda contar que esto es de esa manera, que el sector privado va a hacer grandes inversiones. Si uno vincula las dos cuestiones, la importancia que tiene la inversión en ciencia y tecnología con el desarrollo, y por otro lado ve que el sector privado en países que necesitan acelerar su proceso de desarrollo, pero que el sector privado no lo resuelve, llega a la conclusión obvia, evidente, trivial, sólo ignorada por los terraplanistas de estas escuelas austríacas y anarcocapitalistas, pero conocidas hasta por sectores, digamos, ortodoxos, reaccionarios y de la derecha, el Estado debe involucrarse en el proceso de producción de conocimiento, de investigación científica y tecnológica. Debe hacerlo. El costo de no hacerlo es que no haya. El costo de no hacerlo es que no haya.
Y bueno, por eso le ponía calificativos como vaciamiento, destrucción masiva y la incomodidad que tenemos, porque Argentina es un país que a lo largo de su historia se ha caracterizado, como una especificidad, como un carácter distintivo, se ha caracterizado por tener, por haber desarrollado y por haber construido un sistema universitario y un sistema científico tecnológico en la universidad, o en paralelo a la universidad, realmente de una envergadura, de una calidad que es reconocida mundialmente.
Por eso digo que lo incómodo, lo triste es que lo que estamos viendo es un proceso de destrucción de capacidades, de capital, de formación, no me gusta porque es un término espantoso, capital humano, sino bueno, de conocimiento, de investigadores, de trabajadores, de un un sistema que se venía construyendo y que de pronto vemos que por decisiones realmente muy obtusas, pero con efectos devastadores, hoy tenemos en el Gobierno nacional la firme vocación, la convicción y la decisión de destruir todo lo que se ha construido durante tanto tiempo. Por eso estamos en un momento tan grave y tan importante. Tan grave y tan importante.
Hoy tenemos que lo que era 0,65 hoy es 0,15, la participación en el PBI de la inversión en ciencia y tecnología. Estamos llevando, aproximándonos asintóticamente a cero. Y la verdad que esto tiene una responsabilidad directa, inmediata, y a la que hay que ponerle nombre y apellido, el responsable de esto se llama Javier Milei, es Presidente de la Nación. Y sus consecuencias son terroríficas para el desarrollo del país, para las condiciones de vida, no para el sector en sí exclusivamente, por supuesto que lo son, también empezar a observar cómo perdemos alumnos, estudiantes formados que ya se habían doctorado y que ahora viendo esta perspectiva y viendo a futuro cómo se delinea empiezan a irse, a abandonarnos, se llamó en algún momento fuga de cerebros.
No sé si el nombre es adecuado, yo creo que es pérdida de argentinos y argentinas en los que hemos invertido mucho, más allá o en conjunto con su esfuerzo personal, familiar, hemos invertido colectivamente como sociedad. Es decir, que no es que se va un cerebro por ahí, se va parte de nuestro futuro.
Así que, ante esta dolorosa situación, cuyos números voy a repetir simplemente para recordarlos, para no dejarlos pasar, lo que pasó con la ejecución presupuestaria del Gobierno nacional no tiene antecedentes. Cayó, durante los 10 primeros meses de este año, un 31% en comparación con igual periodo del 2023 la inversión en el presupuesto nacional, la ejecución del presupuesto nacional en ciencia y la función de ciencia y tecnología, los organismos, INTA, INTI, pero puedo decir cada uno, la CONAE, la CONEA, el Servicio Geológico Minero Argentino, la CONEAU, el Servicio Meteorológico Nacional, pero también lo que ha pasado con los presupuestos de la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo nacional siempre estoy hablando, con el INTI, con el Instituto Nacional de Semillas, 78, 45%, 40% de caída en la ejecución presupuestaria. Es un vaciamiento y es un cierre, disimulado porque siguen pagando salarios de los que no despidieron, pero no hay mucho más que eso.
Entonces, estamos ante una situación de emergencia, de verdadera emergencia, de peligro muy grande, que además ya van dos años donde esto, como ustedes saben, tiene un efecto acumulativo y exponencial. No es que el daño se distribuye de manera homogénea, sino que se va acumulando y va creciendo.
Laboratorios que cierran, programas de investigación, proyectos de investigación que se interrumpen, pérdida de avances y pérdida de perspectivas, de nuevas etapas. A eso se agrega últimamente lo que pasó con los PST, que había ya proyectos evaluados, asignados el 2022 y el 2023 que se descontinuaron y además se descontinuó para adelante. Estamos hablando de más o menos 3.000 proyectos, eran a razón de 1.500 proyectos por año, que es financiamiento para proyectos de investigación en todas las disciplinas.
La verdad que da ganas de llorar lo que viene ocurriendo. Y digo de nuevo, un país, sabemos, sin universidades, sin ciencias, sin investigación, sin innovación, es un país, la verdad, que sin desarrollo posible y sin futuro. Un país condenado a la dependencia tecnológica, a la dependencia en materia de conocimiento, luego económica en materia de patentes, en materia de desarrollos. Nos están produciendo y nos están generando un país mucho peor del que teníamos, con todas las dificultades que teníamos.
Así que empiezo por acá y paro en la descripción de todo esto porque, como decía recién, es muy triste. Pero, de nuevo, creo que hay que llamar la atención y no dejar de colar, o intentar introducir dentro del debate y la discusión pública lo que está ocurriendo hoy y cuáles son sus resultados previsibles. Así que bueno, eso desde el punto de vista de la situación nacional.
El contexto en el que en la provincia de Buenos Aires hacemos, para simplificar, para decirlo de manera sencilla, en la escala que podemos, con los recursos que tenemos y con las condiciones desfavorables que hay, hacemos exactamente lo contrario. Lo contrario a lo que hace en materia de ciencia, investigación y universidad, el Gobierno nacional.
A mí es algo que me llena de orgullo, por supuesto, que también de impotencia porque un gobierno provincial, por más que estemos hablando de la provincia de Buenos Aires, pero más en estas circunstancias económicas, presupuestarias, que son por todos conocidas, bueno, nos cuesta mucho, nos cuesta mucho siquiera reemplazar, compensar, sustituir el abandono y la deserción del Gobierno nacional. Pero voy a decir algo más que lo hace más complejo.
Tampoco lo queremos hacer ni pretendemos hacerlo. Nunca, jamás una provincia va a poder sustituir o reemplazar a un gobierno nacional ausente, por más que tuviéramos los recursos, porque la verdad que muchas de estas políticas tienen que ser, por su naturaleza, políticas a escala nacional, además que requieren vínculos que sólo puede llevar adelante el Gobierno nacional. Por decir algo, el financiamiento de organismos multilaterales o diferentes agencias internacionales no tiene prevista la posibilidad de hacerlo directamente con una provincia, cosa que yo saludo y celebro, si bien lo estamos sufriendo, pero hay organismos multilaterales que no pueden hacer acuerdos con provincias y hay programas que no se pueden ejecutar con provincias, y tiene alguna lógica, porque hay un país, hay un Gobierno nacional, y si esto fuera así tendríamos en cada uno de los países, con los subnacionales, muchísimas políticas distintas.
Bueno, no tiene lógica. Y ni hablar que las universidades son nacionales, aún las 25 que desarrollan actividades en el territorio bonaerense son universidades nacionales y es lógico que sean nacionales. Nosotros tenemos también, orgullosamente, nuestras 2 o barra 3 universidades provinciales, pero muchas de las universidades han hecho un tránsito, por ejemplo la Universidad de Buenos Aires nace en 1821 como una universidad provincial, de la provincia de Buenos Aires y luego tiene un proceso de nacionalización por su carácter.
Así que, este ha sido un camino, a veces han nacido como universidades directamente nacionales, a veces provinciales que luego se convirtieron en universidades nacionales y van conformando algo que también tiene una lógica que excede una provincia, un sistema interuniversitario nacional que articula, que discute, eso es lo correcto, no podríamos hacerlo a costo, y lo digo porque a veces aparece la tentación, aparece la tentación, y yo contesto de la misma manera, el costo es la disolución del país.
La provincia de Buenos Aires puede intentar, aun con recursos escasos, asumir parte de las funciones que abandona el Gobierno nacional, pero lo vemos en salud, por ejemplo, difícilmente nosotros podemos tener una política sanitaria vinculada a pandemias, epidemias, o a vacunación, restringida al territorio bonaerense. Porque los virus, o las enfermedades, o lo que fuera, no respetan las fronteras políticas, y entonces tiene un efecto, pero es limitado. Nos tocó comprar vacunas contra el dengue al principio de la gestión de Milei, porque abandonó la política de vacunas, ni hablar las escenas dramáticas, dramáticas por lo triste y por lo absurdo de gente pegándose metales, invitados por referentes del Gobierno nacional para accionar contra las vacunas. Por eso también repito que es un fenómeno mundial, uno le da bronca lo que ocurre en su país, pero tenemos que reconocer que la discusión y la pelea tienen una envergadura mucho más grande, y que lo que estamos viendo es una aplicación nacional de una corriente política e ideológica que tiene hoy mucho, pero mucho predicamento a escala mundial y mucho poder a escala mundial y muchos recursos a escala mundial.
Dicho esto, en la provincia de Buenos Aires, que alguien comentaba, comentaba por suerte y sin saberlo, tomamos al comienzo de la gestión, allá por el año 2020, algunas decisiones vinculadas a la conexión entre el sistema científico-tecnológico que se despliega en la Provincia y el sistema universitario y el Gobierno provincial, tomamos algunas decisiones y llevamos adelante algunas políticas y algunos programas que no tenían como perspectiva, como horizonte, afrontar una situación como la que tenemos hoy. Por suerte, yo diría que fue casi providencial haberlo hecho oportunamente en aquel momento, haberlo iniciado en aquel momento.
Nosotros cuando, creo que al tiempo de asumir, al poco tiempo de asumir, hacíamos el planteo de que el Gobierno de la provincia de Buenos Aires había actuado de espaldas a las universidades, de espaldas a los institutos, de espaldas a todo el sistema universitario y científico que tiene a la provincia de Buenos Aires como principal protagonista. Era una relación, llamémoslo de mutua indiferencia. El Gobierno provincial no tenía vínculo, no tenía contacto y no tenía políticas de cara o de vinculación, de cara quiero decir, desde acá para allá pero recíproca con las universidades que están, nacionales o provinciales, las que están en nuestro territorio y con todo lo que se hace de trabajo de investigación y producción en la Provincia.
La verdad que no había nada. No había nada. Era como que le resultaba absolutamente ajeno al Gobierno provincial. Desde el punto de vista conceptual, alguien decía, la vicerrectora decía, ‘no, para no marcar a nadie’. Bueno, yo no tengo ningún problema en marcar a alguien, porque gobiernos tanto en nuestro signo político como de signos distintos o contrarios habían resuelto que el Gobierno provincial no tenía nada que ver con las universidades que están en la Provincia y con los científicos, los investigadores, los laboratorios, los equipos que trabajan en la Provincia. Nosotros, desde el comienzo, intentamos revertir esta situación que existía desde tiempos inmemoriales.
Entonces, llevamos adelante algunas políticas concretas, líneas de acción concretas, pero también una cuestión, llamémosla general, de espíritu, de orientación de la política, transversal a todos los ministerios. Fue una indicación y fue una decisión desde el Gobierno provincial vincularse y relacionarse con el sistema universitario de la Provincia que, al propio Gobierno provincial se lo veía como algo ajeno, y por eso digo que era de mutua indiferencia y entonces hacer un avance desde el Gobierno provincial, una invitación, una convocatoria a generar algo así como un consejo interuniversitario provincial o un espacio con alguna periodicidad y con alguna perspectiva de interacción entre el Gobierno y las universidades, y la ciencia y la tecnología que se produce en la provincia de Buenos Aires. Eso nos llevó a desarrollar algunos programas que en aquel momento eran como complementarios a lo que hacía el Gobierno nacional. Complementarios y bastante poco relevantes en términos comparativos, porque obviamente un gobierno nacional tiene como objetivo y tiene como política permanente y tenían un ministerio y tenían todo lo que se venía haciendo. Y lo nuestro era de acompañamiento o de complementación o de búsqueda de algunas oportunidades que había pendientes, utilizando los recursos a una escala provincial.
Así que, por suerte lo venimos haciendo desde el comienzo del Gobierno, porque se generó una, ya yo diría hoy en perspectiva, se generó una cultura, se empezó a generar una cultura de interacción y de articulación desde los ministerios, bueno ahora me acompañan algunos de los ministros pero también desde los municipios, bueno, abrir la puerta de las universidades al Gobierno, del Gobierno a las universidades, de la investigación al Gobierno y recíprocamente.
No es que no hubiera algunas instituciones previas pero estaban muy degradadas, muy abandonadas, entonces hacía falta potenciarlas y jerarquizarlas. Venimos trabajando en esto hace bastante tiempo, lo que pasa es que hoy lo que parecía pequeño y menor, hoy en el marco del desierto que ha generado Milei se ha convertido en una suerte de oasis. Acá sigue funcionando, en un trabajo que ya lleva, porque esta es la cuarta edición de FITBA, porque algunos dicen ‘Milei cierra algo y ustedes abren lo mismo desde la Provincia’. No es así, el problema es que nosotros desplegamos determinadas políticas, tenemos objetivos, tenemos un plan, un programa que sigue funcionando y el que está a contramano de eso es el Gobierno nacional que vino con la novedad que quiere destruir la universidad, que es una novedad, que quiere destruir la producción científico-tecnológica en el país, que no cree en la soberanía científica, que no cree en nada de lo que se viene haciendo como una tradición, que además nos antecede esto, sí, la universidad pública, los premios Nobel, la valoración del Conicet o de nuestras instituciones a nivel planetario y continental. Bueno, todo esto no es nuevo, nosotros simplemente continuamos. Ahora con algún intento, en la medida de nuestras posibilidades, de además reforzarlo, de reforzarlo, porque hemos lanzado programas de becas, hemos lanzado algunos programas que tienen que ver con contener, acompañar una parte por lo menos, de aquello que nació en abandono. No teníamos, pero cabe reforzarlo.
Para la Provincia, casi diría, es una oportunidad porque hay muchísimos equipos, muchísimos laboratorios, mucho a la deriva que la verdad que necesita, y con relativamente poco, se los puede acompañar en este proceso, que es un proceso, yo diría, le voy a poner este nombre, de supervivencia. Por ahora. De supervivencia. ¿Hasta cuándo? Hasta que logremos revertir la política nacional y tengamos de nuevo, a nivel nacional, un gobierno que se ocupe de lo que se tiene que ocupar, que es de sus universidades, de su sistema científico tecnológico, de su aparato productivo, es decir, de su desarrollo y de la soberanía nacional.
Estamos sosteniendo y manteniendo con los instrumentos que tenemos. Eso no quita que los programas tengan un éxito enorme, inmenso, porque no es simplemente subsistir, sino hacerlo de una manera que es destacable.
Entonces, hemos abierto nuevos programas de cara al sistema, tenemos varias cosas, se han mencionado algunas de ellas, además del FITBA, además de lo que tiene que ver con energías renovables ahora, además de lo que tiene que ver con apoyo o trabajo conjunto con municipios, uno podría nombrar lo que hace la CIC, lo que hacemos en becas, en doctorados, pero también en el programa Puentes, que son programas originales que ya tienen un alcance y una maduración bastante grande.
Hemos abierto, si no me equivoco, ya son 60, apoyados 60 centros universitarios en el interior de la provincia de Buenos Aires. Lo que ahora significa continuar y terminar obras en universidades, incluso nacionales, por fuera de nuestra jurisdicción, pero dentro de nuestro territorio, que abandonó el Gobierno nacional.
Así que es mucho lo que estamos haciendo para nuestra capacidad. Sí, lo que quiero decir es que en la provincia de Buenos Aires somos conscientes de la importancia que esto tiene, creemos que hay que mantener la llama prendida, por decirlo así, hay que preservarla, también de cara a las futuras generaciones, de cara a los pibes y a las pibas que están pensando y se están preparando y se están formando para el país que viene.
Hay que dejarles claro, básicamente, que lo que hace el Gobierno nacional no es lo único que se puede hacer, no es que no hay alternativas, la verdad que sí hay otro camino y hasta donde llegamos nosotros, desde el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, no es sólo decirlo, afirmarlo, prometerlo, sino hacerlo todos los días. En la provincia de Buenos Aires apoyamos a nuestras universidades, a nuestros docentes, a nuestros investigadores, al sistema científico-tecnológico, seguimos apoyándolo.
Así que, obviamente, si quieren que les diga algo optimista, yo les digo algo optimista: quedan dos años, quedan dos años de esto, nada más.
Así que, muchísimas gracias a todos, a todas, felicitaciones, a no bajar los brazos, a no transmitir ese pesimismo que va a hacer que el efecto sea mucho mayor y mucho más duradero.
Así que, a seguir trabajando y a mostrar que esto se va a revertir y que se va a revertir en base a la militancia de quienes hacen el sistema universitario. Muchas gracias.