IV Encuentro “Hay otra esperanza” en Uruguay

Casi 40% de la población del país, 50% de la industria nacional, buena parte de la producción agropecuaria, quinta provincia minera incluso de la Argentina. La provincia de Buenos Aires es la provincia más grande por lejos del país, con mayor población, con un territorio extenso, con muchísima diversidad, y sin embargo, en nuestro primer periodo de gobierno, un periodo de gobierno donde el Gobierno nacional era de la misma fuerza y afín al Gobierno provincial, nos propusimos aún en circunstancias más proclives, más positivas, más permisivas para esto, nos propusimos transformar la Provincia. 

Yo me voy a basar primero en esa cuestión. Cuando las fuerzas del campo popular tienen una responsabilidad de gobierno municipal, provincial o nacional, la palabra que no puede estar ausente, porque escuché a qué nos vamos a referir, pactos, propuestas, ideas, lo que no puede dejar de lado, lo que no puede resignar es la vocación de transformar las estructuras productivas, las estructuras sociales, las estructuras de poder, las estructuras (inaudible). Esto indica que estamos condenados a un permanente enfrentamiento, una permanente disputa y una permanente lucha con los poderes establecidos. 

Esto creo que es fundacional de las experiencias de los gobiernos del campo popular. Tal vez alguien pensaba que gobernar era tener el poder, que es tener el Gobierno nacional, el Gobierno provincial sus instrumentos, sus programas, sus ministerios, nos iba a poner en una posición de dominancia y en una posición de fuerza que nos iba a permitir avanzar. Vivimos, creo yo, durante lo que llamamos como ‘la década ganada’ del principio de los 2000, vivimos experiencias de gobierno en muchísimos de los países de Latinoamérica, y sin embargo observamos que a pesar de importantes avances, de grandes reivindicaciones, de enormes novedades, hay algunos elementos y algunos puntos en los que fue insuficiente, nos quedamos cortos. Y encontramos que en cada una de las experiencias nacionales los poderes fácticos, los poderes mediáticos, los poderes financieros pusieron trabas y pusieron límites a nuestras experiencias. 

Lo escuchaba recién a Fernando decir que los logros económicos no aseguran, los logros aún históricos no aseguran la reelección y la continuidad de nuestros proyectos. Y yo creo que ahí hay un llamado de atención, por eso quería volver a nuestra experiencia de los años pasados, años que debemos decir, más tranquilos y felices que los actuales cuando el Gobierno nacional, no es que sea de otro signo, es absolutamente… Claro, no es que nos ha tocado gobernar la Provincia con una fuerza política diferente o contraria, nos está tocando gobernar con una expresión ideológica, política y bien real que pretende destruir el Estado, poner en venta la soberanía, subordinar el interés del país a intereses extranjeros. Y como alguno decía de ustedes, con un desparpajo, con una caradurez decimos nosotros, con una frontalidad sin maquillaje como nunca vimos antes. 

Esos primeros cuatro años de gobierno nosotros nos propusimos transformar la provincia de Buenos Aires y creo que esa fue la clave por la cual logramos que, a pesar de perder la elección nacional en el año 2023, pasara algo que no ocurrió nunca, que es que se ganó la provincia de Buenos Aires, la más grande y se perdió en la Nación. ¿Por qué? ¿Cuál es la clave? No dijimos que acá veníamos a administrar, a mejorar, a redistribuir ni siquiera, a transformar de raíz una provincia de la envergadura de la de Buenos Aires, y eso implica darse un plan, eso implica tener un proyecto. 

En Argentina, quienes venimos del peronismo siempre a la planificación, a los planes quinquenales, lo hemos tenido como una especie de estandarte, pero en la provincia de Buenos Aires cada uno de los ministerios, cada una de las áreas de gobierno forman parte y tienen un Plan Quinquenal de transformación: en educación, en salud, en producción, en desarrollo humano, de la comunidad, en cada una de las áreas, en infraestructura, en puertos, un programa de transformación. 

Nos tocó en esa etapa avanzar muchísimo. No tengo tiempo hoy, pero cambiamos, por decir en educación, hicimos 1.000 escuelas nuevas en la provincia de Buenos Aires, nunca había pasado. Pero cambiamos los planes de estudio de la secundaria, de la primaria, del jardín de infantes; cambiamos los regímenes de aprobación, el modo de acompañamiento a los pibes y a las pibas. Es decir, nos dimos una política de largo plazo, actuando desde el primer día en nuestro corto plazo, eso creo que ha sido una clave. Me parece que es un aprendizaje, también, de experiencias anteriores que tuvimos. 

Los gobiernos del campo popular, los que algunos llaman ‘de las izquierdas’, otros ‘progresistas’ en América Latina, muchas veces les tocó gobernar después del neoliberalismo y entonces se trató, principalmente, de una reconstrucción y de políticas e ideas antineoliberales. No logramos desarrollar prácticamente un corpus, un conjunto de teorías, de prácticas, un manual si se quiere de cómo gobernar distinto, que no fuera en la contraria. Por eso esta es una clave que yo quiero tomar para el futuro: los gobiernos del campo popular tienen que venir con propuestas profundas de transformación de la vida de los pueblos. En esto no se puede ser ni tímidos, ni limitados, mejor pasarse, mejor ir más allá y ser ambiciosos que quedarse en el cortoplacismo y en la coyuntura, y en la disputa del día. 

En segundo lugar, como decía recién, gobernamos en una primera etapa, con un Gobierno nacional del mismo signo y en esta etapa tan extraña, tan estrafalaria, tan bizarra, en donde el presidente del país es… Bueno, no sé ni cómo calificarlo, pero es alguien que… Sí, incalificable, incalificable, pero que tiene por objetivo destruir al Estado, entero. Y esta es una novedad aún para las derechas más conservadoras. Tienen como objetivo cambiar nuestros valores, nuestra cultura, nuestra historia de cero, importando teorías externas o adoptando mandatos de las potencias. Estamos ante una situación donde en el Gobierno de la provincia de Buenos Aires tuvimos que modificar, tuvimos que modificar objetivos, programas, y nos convertimos, decimos nosotros, en un escudo y una red para que el pueblo de la provincia de de Buenos Aires no sufra, por lo menos de manera tan violenta y directa, las consecuencias de las políticas nacionales. Fueron dos años en que lo hicimos de esa manera, dijimos, venimos a transformar, vamos a seguir transformando, pero hoy somos el escudo de la red que acompaña a quien tiene hambre, que da salud, a quien perdió su trabajo, que da educación, a quien ya no tiene los recursos, en eso nos convertimos en la etapa actual, sin abandonar la brújula y el norte. 

Y hoy creo que estamos entrando en una etapa distinta también, porque ya las políticas de Milei, ya lo que está ocurriendo en la Argentina es a tal grado una crisis, es tan calamitoso, tan duro y tan profundo, que hoy también está afectando las posibilidades de respuesta que tiene un gobierno local. Por eso hoy yo creo que nuestro norte y nuestro compromiso con el pueblo de la provincia de Buenos Aires y también, más allá de la provincia, con la Argentina, es que nuestro objetivo es que Milei deje el gobierno en las próximas elecciones, ganarle a la ultraderecha… Esto es a lo que nos tenemos que dedicar. 

Y ahora, por cuestiones de tiempo, agrego, creo que hay un aprendizaje más, además de esto, de planteos de largo plazo, estructurales, de planificación, de propuestas más generales, hay una cuestión más a la que me quiero referir. Creo que en la experiencia de la década ganada en Latinoamérica, la unidad y la integración de nuestra región tuvo grandes avances. Es más, dejó de ser una suerte de quimera, como parecía durante los 90 o durante el neoliberalismo, para convertirse en la realidad de espacios de integración, como la UNASUR, la CELAC, el propio MERCOSUR y, al mismo tiempo, este abordaje vino para mí, desde mi punto de vista, surgió como una necesidad de las políticas nacionales de buscar sustento, y los gobiernos nacionales, apoyo y sustento en otros gobiernos afines de la región.

Creo que ahora hay que empezar al revés. Yo creo que como generación, como hijos de esa experiencia, tenemos que empezar al revés. Cuando hagamos campaña electoral, cuando vayamos a la disputa en las urnas, cuando vayamos a explicarle a la Argentina qué es lo que hay que hacer, el punto de partida, la premisa que tenemos que tener es la unidad latinoamericana. Ya no se trata de abordar políticas propias, ir avanzando y buscando espacios de articulación e integración. Hay que hacerlo al revés y, ¿por qué hay que hacerlo al revés? Porque hay que partir de la cuestión internacional y regional, y no tanto de las experiencias nacionales por varias cuestiones. Primero, porque venimos de experiencias que son, ya a veces un recuerdo. No podemos solo apoyarnos en lo que hicimos. Segundo, porque esta ultraderecha es por naturaleza, es en su esencia transnacional. La ultraderecha no es que ha encontrado afinidades y ha encontrado alianzas internacionales, es un producto de decisiones que se han tomado en centros de poder internacional, que han contagiado o instalado estas ideas, esta ideología en cada uno de nuestros países. La derecha comprendió hace tiempo que para responder al avance de los pueblos había que hacerlo como un bloque internacional. ¿Cómo puede ser que el campo popular le cueste tanto entender lo mismo? ¿Cómo puede ser que, a veces, mirándose el ombligo o parados en nuestras propias dificultades, o aún en nuestra propia tradición y nuestra propia historia, no comprendamos que la solución a una etapa de tanta incertidumbre, de guerra, de matanzas, que la solución a una transnacionalización y una globalización en contra de los derechos de los pueblos, la respuesta no puede ser otra que un bloque internacional de dirigencias, de representación y de países que enfrenten a la ultraderecha?

Así que, compañeros, compañeras, hoy me llevo de esta reunión que en nuestra generación, en nuestra etapa hemos aprendido a poner como se dice en mi país ‘el caballo adelante del carro’ y no al revés. Por eso, para lo que viene tenemos que trabajar intensamente y tener una propuesta concreta, real, razonable y directa de cómo vamos a avanzar para la unión latinoamericana y de ahí, cómo vamos a hacer que eso traiga el bienestar y la felicidad de nuestros pueblos. Muchísimas gracias.

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