Presentación del Consejo Provincial de la Economía del Conocimiento

Bueno, para cerrar, primero agradecer a Ariel, a Augusto, esta convocatoria, esta iniciativa, este lanzamiento que algunos recién decían desbordó nuestras expectativas, decía Ariel, decía Augusto, nos sorprendió.

Yo creo que deberíamos reflexionar un poco por qué hoy se acercaron tantos representantes del sector privado, del sector público, de las cámaras, de los sindicatos. ¿Por qué? Evidentemente hay un vacío. Evidentemente, hoy en la República Argentina hay una necesidad, por un lado de contar, de analizar, de catarsis prácticamente, pero por otro lado, de construir. Hay una falta de espacios para construir un proyecto común, diría prácticamente en todas las áreas. 

El COPEC se creó en mayo de este año, tiene como objetivo consolidar la agenda estratégica para uno de los sectores con mayor capacidad de transformar la matriz productiva de la provincia de Buenos Aires, por tanto del país. Va a funcionar como un espacio de articulación y construcción de consensos, donde van a estar representadas las voces de todos los sectores que conforman este ecosistema, pero nos proponemos definir prioridades, promover proyectos, contribuir al diseño de políticas públicas y responder a las necesidades del sector. 

Hoy la economía del conocimiento es una rama importantísima dentro de la matriz productiva del país, dentro de la matriz productiva de la Provincia; comprende actividades como software, servicios informáticos y digitales, producción y postproducción audiovisual, biotecnología, nanotecnología, ingeniería genética, servicios geológicos y de prospección, industria aeroespacial y satelital, servicios profesionales de exportación, nanotecnología y nanociencia, inteligencia artificial, robótica e internet de las cosas, I+D en ingeniería, ciencias exactas, naturales, agropecuarias y médicas, computación cuántica, el sector nuclear… Puedo seguir enumerando, pero quiero, una vez dicho para qué estamos acá, dar algunos comentarios. 

Primero, con respecto a las decisiones que hemos tomado. Una de ellas, junto con el Ministro, junto con Augusto, junto con los diferentes representantes dentro del Gobierno provincial, del trabajo que hacemos en cada uno de los ministerios, hemos decidido conformar el COPEC y hemos decidido poner al frente del COPEC a quien fue, hasta ahora, en toda nuestra historia, el único secretario, la única autoridad nacional de economía del conocimiento, que es Ariel Sujarchuk, que además ha mostrado en el municipio, en el Gobierno local, iniciativas muy importantes vinculadas al gobierno digital, a la incorporación de nuevas tecnologías, a las tareas de funcionamiento del Gobierno municipal, por eso también pido un aplauso a los más de 10 intendentes que nos acompañan hoy, de diferentes municipios de la provincia de Buenos Aires, para mostrar que el Gobierno provincial y gobiernos locales empujamos por el mismo lado.

Y también a los representantes de universidades nacionales, de diferentes institutos, instituciones nacionales, provinciales, federales, que nos acompañan hoy. A las empresas, a las empresas decía recién; pequeñas, medianas, grandes, a las pymes argentinas, tan golpeadas últimamente. Yo quiero pedir especialmente un aplauso, porque son momentos difíciles, son momentos complejos, y este es un sector que, a pesar de las dificultades, crea empleo, invierte en el país, piensa en la soberanía. La verdad que es muy importante la conjunción de todo esto y, repito, desbordó las expectativas.

Claro, faltan espacios, faltan lugares, falta escucha, falta proyecto, falta planificación. Y es porque, quiero decirlo como me sale, falta un gobierno nacional. Falta un gobierno nacional, no hay. Hay áreas de vacancia, han desarticulado áreas enteras, fuera del desfinanciamiento de las universidades, de la ciencia y tecnología. No he venido aquí, no vine a hacer un discurso político de trinchera o de chicana, pero se nota en todos lados y por todas partes. 

Y después voy a terminar con eso, porque me parece una gravedad mucho mayor, muchísimo mayor de la que se percibe. A pesar de que, indudablemente, hay una sensibilidad sobre la cuestión de la universidad, la ciencia y la tecnología, el riesgo sobre el INTI, INTA, CONICET. Creo que son hechos que han trascendido a los sectores mismos, a los especialistas, incluso a sus trabajadores y trabajadoras, que son quienes están sufriendo el daño directo. Esto tiene un multiplicador del daño. La pérdida de capacidades, de inversiones, de investigaciones, de formación, lo que se conoce como ‘fuga de cerebros’, pero que finalmente es una pérdida de inversiones gigantescas que ha hecho el país, no durante los últimos gobiernos, sino durante décadas y décadas y décadas. Es un orgullo de la Argentina, lo es nuestra selección nacional, lo es nuestra soberanía, son las Malvinas, pero es también la universidad pública argentina, nuestros investigadores, nuestros docentes; todo eso nos llevó a un esfuerzo enorme construirlo y hoy está en riesgo. Algunos lo ven, otros lo sienten directamente, otros lo imaginan, pero creo que estamos perdiendo de vista lo grave, lo riesgoso que es estar justamente en este periodo perdiendo y destruyendo capacidades que ya estaban creadas. Capacidades importantes y muy valiosas que todo el mundo busca. Se buscan las tierras raras, los minerales estos que hoy tienen aplicaciones específicas para nuevas tecnologías, se busca, bueno, lo que serían recursos, materia prima, recursos naturales, insumos. Pero desperdiciarlo, bueno, finalmente es materia inerte, pero lo que representa estar destruyendo recursos que tienen que ver con trayectorias, con formaciones, con vidas, con esfuerzos, es muchísimo más grave, mucho más difícil de recuperar. 

Tiene un efecto tremendo, decía, y vuelvo sobre esto. No quiero excederme tampoco en metáforas, pero quiero enmarcarlo en una situación internacional que estamos viviendo. En cualquier época histórica uno pensaría que un país que desperdicia, o agrede, o desfinancia, o finalmente, por acción u omisión expulsa a personas, a seres humanos que forman parte de una experiencia de formación en la que se ha invertido tanto y que tiene tanto potencial. Bueno, en cualquier momento histórico esto es una calamidad, es un desastre. Pasa, por ejemplo, en lugares donde hay guerra, pasa en lugares donde hay desplazamiento, pasa en lugares donde hay persecución de diversos tipos, pasa donde hay enormes crisis económicas, no pasa en general como una decisión deliberada de un gobierno o de un Estado. Lo que está pasando acá, creo yo, lo que está ocurriendo es relativamente inédito y gravísimo, repito, gravísimo. El daño que está produciendo un Gobierno nacional, decía, no vine a hacer chicanas ni a dar una discusión de una trinchera a otra, simplemente me siento autorizado y creo que no puedo exagerar porque quien gobierna en nuestro país dice que vino a destruir el Estado de una manera perversa, desde adentro, como un infiltrado que se ha cargado explosivos para destruir desde adentro. 

Bueno, yo quiero decir que el que no entendió o pensó que eso era simplemente una figura retórica o que era una cuestión metafórica o acaso una cuestión filosófica o algo teórico, hoy estamos viviendo esa destrucción del Estado nacional, de sus capacidades, de sus recursos, de su capital acumulado. Hoy tenemos experimentos, laboratorios que no están funcionando, hoy tenemos subsidios que se han cortado, hoy tenemos becarios a los que les han interrumpido, ya habiendo hecho todos los exámenes, habiendo sido aprobados, interrumpido sus trayectorias y tienen que encontrar a qué se dedica. Es un despilfarro, es un despilfarro. Pero quiero decirle a los que no entendieron del todo, todavía están ciegos ante esto, que destruir el Estado es destruir nuestros hospitales, nuestras escuelas, nuestras universidades, nuestros recursos, nuestro patrimonio y nuestro futuro.

Y no es que esté hablando de manera figurada, lo estamos viendo, esa ausencia de un Estado, alguno dice, y lo hemos visto estos días cuando hay un conflicto, ‘no voy a hablar al Gobierno nacional porque no hay quién le atienda, no les importa, no les interesa, están en otra’. Es nuestra oportunidad en un contexto, decía, en cualquier momento histórico esto sería grave, en este momento yo creo que está investido de una gravedad mayor, porque nadie puede ignorar que estamos viviendo una etapa donde se está dando un cambio a escala global, en lo geopolítico, está iniciándose una nueva era, ¿no? Es visible, donde hay una disputa entre lo que era un centro a nivel internacional unipolar y ahora una discusión de si se viene un mundo multipolar, si se viene una guerra desatada entre dos bloques distintos, si se viene una nueva hegemonía. La verdad que podemos discutir mucho tiempo acerca de qué es lo que va a ocurrir, qué nos espera el futuro, pero a nivel geopolítica, a nivel global, a nivel internacional, indudablemente, más allá de lo que uno pueda avizorar, nadie duda que estamos viviendo una transición hacia un mundo distinto, son momentos de cambio, es un punto de inflexión, cualquiera en la vida privada, en la vida empresarial, en la vida institucional, todos saben que en un momento de transición, en un momento de fuerte cambio, es donde más hay que reflexionar, más hay que meditar, donde más costo tienen los errores de posicionamiento, apostar mal o equivocarse en la dirección, definir mal, la verdad que puede tener efectos trágicos si uno piensa que está en un momento donde hay cambios radicales. 

Así que estamos en un momento de transformación a escala global, una nueva era internacional se va dibujando. Esa transición está caracterizada por grandes conflictos y novedosos conflictos, nos hemos acostumbrado ya un poquito, pero me parece que no hay que dejarlo pasar, es un momento donde hay guerras comerciales, ya directamente guerras tarifarias entre Estados Unidos, llamativamente lo llamó el Día de la Independencia Trump, cuando destrozó a cielo abierto todos los manuales que había acerca de la globalización y las formas de libre comercio internacional, estableciendo una escala de aranceles que sería política arancelaria, política industrial, lo voy a llamar con términos clásicos: proteccionismo. Desde hacía mucho tiempo, desde probablemente la posguerra, para decirlo más en general, pero seguro en los 90 y el liberalismo, que el proteccionismo, la política industrial eran malas palabras, no se usaban, y hoy es política de Estado de la principal potencia mundial. 

Tenemos guerras arancelarias, tenemos guerras comerciales, tenemos guerras financieras, tenemos guerras de monedas, tenemos guerras de misiles, de drones, es un momento de transición y de muchísima convulsión a escala internacional, y de mucha incertidumbre, de turbulencia. Es un momento en que no se puede exagerar la importancia de pensar, de reflexionar en común, de escuchar, de tratar de ver para dónde va la cosa y qué deberíamos hacer. Lo está viviendo cada individuo, lo está viviendo cada empresa, lo está viviendo un pibe y una piba que está decidiendo hoy qué va a hacer cuando sea grande, qué va a estudiar, a qué se va a dedicar, y ve que hay ramas enteras de oficios, de sectores que parecen estar en riesgo de sucumbir, de desaparecer, algunas orientaciones que teóricamente eran muy importantes, que ahora están en duda si pronto por las nuevas tecnologías van a desfallecer, van a limitarse, si es buena decisión personal. Se discuten en las mesas, en las casas, qué voy a estudiar, dónde va a dar laburo. Lo discuten las empresas, qué productos, qué mercados, qué lugares, en medio del aquelarre, de los cambios profundos, rotundos y vertiginosos que está viviendo el mundo. Porque hay un cambio geopolítico que se da, y no es casualidad, en conjunto con una revolución tecnológica, no es raro si uno mira la historia de las transformaciones globales, siempre vinieron acompañadas o fueron simultáneas con revoluciones tecnológicas. 

Estamos en ese mundo, en un mundo donde además los cambios que hay, que los tenemos a escala individual, en el teléfono, hoy yo tengo cinco aplicaciones de inteligencia artificial. Hace dos años, no es que no sabía qué era, no sabía con qué se comía, cómo se usaba, a nivel individual, y hoy lo tenemos en los dispositivos, y hoy ha reemplazado incluso a los buscadores que nos tendremos acostumbrados a utilizar. Es decir, que estamos viviendo un cambio copernicano, una revolución copernicana, en lo tecnológico, en lo geopolítico, en lo comercial, en lo industrial, en lo productivo. Entre la inteligencia artificial, decía Ariel, del cuello para arriba, y lo que es la robótica, la automatización con sus nuevas aplicaciones, del cuello para abajo, el trabajo manual, para usar terminología clásica, el trabajo manual y el trabajo intelectual, ambos en discusión y en vertiginosa transformación. 

Ante esto, a grandes rasgos, hay dos posicionamientos, lo voy a decir con sencillez para que se entienda: quienes miran, lo que se viene con optimismo, nuevas tecnologías, mayor productividad, nuevas herramientas, nuevos instrumentos, entonces vamos a vivir mejor, se va a producir más, más barato, y quienes los miran con muchísimo pesimismo, casi diría con miedo. Yo tiendo a creer que en la Argentina predomina el miedo, predomina el miedo, estas nuevas tecnologías, bueno, evidentemente dejan un espacio, por lo menos de momento, a determinados insumos, determinados recursos naturales que existen en nuestro territorio. Entonces podríamos entrar de alguna manera, de la más precaria, de la menos interesante, con la venta de materia prima, valiosa o transitoriamente valiosa, porque qué sé yo, por decir algo, el litio, ahora algunos dicen, bueno, lo del litio va a durar poco porque se va a inventar, o se están desarrollando ya otros minerales, otra forma de acumulación y de generación de batería. Bueno, entonces tenemos mucho litio, pero vaya a saber si pronto eso no sirve de nada, como ocurrió con el tanino, como ocurrió con el caucho, que generaron enorme riqueza, para dar algunos ejemplos históricos, y de pronto fueron sustituidos por cuestiones sintéticas, en laboratorio, y dejaron un agujero, porque había toda una economía que giraba en torno a un recurso natural que luego fue reemplazado. Eso muestra lo mismo y lo mismo, perdón, lo mismo podía pasar, lo mismo podía pasar y está en discusión con los hidrocarburos, tener riquezas vinculados a los hidrocarburos en un momento donde se está discutiendo y se está viendo si la energía generada por recursos no renovables termina siendo reemplazada con ventaja económica por energía generada de manera renovable. 

Y hoy está en discusión, porque recuerdo en algún momento los precios de la energía eólica, o la energía solar, superaban, multiplicaban por muchísimo lo que eran los combustibles basados en hidrocarburos. Así que estamos en un momento de cambios, lo sintetizo, algunos lo ven con optimismo y dicen esto va a permitir que la humanidad, como era histórica, viva mejor, tal vez hasta permite reducir la cantidad de tiempo de trabajo y de las jornadas de trabajo, reemplaza actividades riesgosas o muy duras físicamente o intelectualmente. Es decir, algunos lo ven con optimismo y otros lo ven con pesimismo. Dos tipos de pesimismo, qué va a ocurrir con la humanidad en general y luego, algo un poco más preciso, puede ser que no sea ni todo bueno, ni todo malo, sino que se distribuyan horriblemente mal las consecuencias positivas y negativas de la aplicación de un nuevo paradigma tecnológico, que es, me temo, lo que va ocurriendo. Y que se mencionaba recién, el problema no parece ser si estas tecnologías van a afectar en términos homogéneos y globales a un sector, a toda la economía, a un país, o si va a haber sectores ganadores y sectores perdedores, los que van a quedarse adentro y los que se van a quedar afuera de ese espacio de acumulación, más allá de las cuestiones mismas del proceso laboral. 

Esto está ocurriendo con voces que ya lo están discutiendo frontalmente. Miren la paradoja, recién nos acompañaba el Gran Rabino acá de Buenos Aires, pero pronto va a venir el Papa León a la Argentina y sacó una encíclica que se llama Magnífica Humanidad, que habla de inteligencia artificial y del efecto de la inteligencia artificial, una, creo yo, que soy interesado en este tema, una de las contribuciones más importantes a este debate. No me voy a referir demasiado, pero sí voy a dar una conclusión. Y ya para terminar, una conclusión. 

La primera conclusión es la siguiente, me parece que andar adivinando, andar avizorando, andar especulando sobre cómo le va a pegar, cómo va a influir, qué consecuencias va a tener en la Argentina este cambio de era a escala global y cómo va a pegar en nuestras vidas cotidianas, en nuestra provincia, en nuestro aparato productivo, pero también en nuestras condiciones de vida, la revolución tecnológica, estas dos cosas, estos dos grandes cambios que confluyen, quedarse especulando me parece una tarea bastante ociosa y bastante poco relevante. 

Lo que tenemos que hacer, y me parece que la solución entre una posición optimista y pesimista, es ponernos a trabajar, ponernos a trabajar, construir nosotros nuestro lugar y nuestro espacio, como provincia, como país, como sector privado, como universidades, en esos cambios que se están dando. Lo peor que podemos hacer es quedar flotando a ver a dónde nos lleva la marea, que es lo que está haciendo, que es exacta y precisamente lo que está haciendo el Gobierno nacional.

Miren, podemos decir muchas cosas y podemos tener reflexiones y posicionamientos sobre qué hacer con esta coyuntura tan compleja. Podemos tener posiciones diversas y discusiones. Pero yo creo que cualquiera, prácticamente todos los que emitan una opinión sobre esto, aunque más no sea por el hecho de observar a los países más desarrollados, a los países más avanzados tecnológicamente, a los países que claramente están siendo protagonistas de estas dos revoluciones, a escala geopolítica y a escala tecnológica, pero si uno observa lo que están haciendo, más allá de posicionamientos teóricos o disquisiciones, lo que ve es que en cada país, incluso en cada región, está habiendo una importante, crucial, intervención del Estado. Es un signo de época. Ante estos grandes cambios que hacen las sociedades a través de sus Estados, en conjunto con los privados, en conjunto con el sector financiero, en conjunto con los actores tecnológicos, por supuesto, en integración y asociación con los países vecinos, con los países que comparten las mismas problemáticas. Pero todos, todos los países están teniendo una postura que tiene que ver con una participación del Estado a través de la inversión, a través de la planificación y a través del acompañamiento al sector privado y del cuidado de sus empresas, de sus inversiones y de sus trabajadores. 

No hacer eso hoy es criminal, es criminal, es peligrosísimo y son momentos y tiempos que va a ser muy difícil recuperar corriendo desde atrás. Lo digo para que quede claro. Es demencial, en un momento como el que se vive hoy, desfinanciar el sistema de innovación científico y tecnológico del país. Vaya no sólo nuestro rechazo, sino el llamado de atención sobre las consecuencias que tiene esta política estúpida de maltratar a nuestros investigadores, de menospreciar a nuestras capacidades, de dejar de lado a nuestras universidades. La verdad es que en momentos como este es lo último que hay que hacer. Por eso creo que, también acá, queda claro que nos enfrenta a un falso dilema, por eso el COPEC también. El falso dilema, un dilema que se inventa como si fuera una antinomia insalvable que sería que acá en la Argentina tenemos que decidir si va a ser todo mercado o todo Estado. Dos absolutos. Dos absolutos que, si uno reflexiona un poco y observa, no existen en ningún lugar del mundo. Es como que tuviéramos que elegir entre opciones inexistentes. Ni las dos potencias, una que se llama a sí misma comunista, que es China, y otra que es claramente una potencia capitalista, ninguna de las dos diría: soy todo Estado o soy todo mercado. Parece que esa es una especie de trampa en la que nos quieren hacer caer en la Argentina, pero con un objetivo: destruir las capacidades y quitarle responsabilidades al Estado en términos de desarrollo, en términos de distribución y de condiciones de vida. 

A ver, en algún momento se dijo en nuestro país ‘gobernar es crear trabajo’. Si gobernar es crear trabajo, gobernar es crear empresas también, no destruirlas. Gobernar es crear espacios de rentabilidad, no achicarlos. Gobernar es crear integración y abrir mercados, no casarse con dos países y asumir su política como propia.

Así que creo que el COPEC expresa este punto de vista. Primero que es urgente discutir, pensar, reflexionar, compartir puntos de vista, opiniones, posiciones y conocimientos sobre un sector clave para el desarrollo nacional como es la economía del conocimiento. Es importantísimo. Se crea el COPEC para generar una agenda, para dar discusiones, pero se crea también, y lo digo para que esto quede claro, porque es imposible que nuestro país salga bien parado de esta etapa tan compleja si no hay una claridad acerca de qué políticas públicas, en conjunto con el sector privado, deberíamos aplicar. Se han desarticulado todas, creamos el COPEC porque también el Gobierno nacional desarticuló, discontinuó el Consejo nacional. Existía. No es gasto público, no es un tema de motosierra o de ahorro, era agencias que existían, sectores que existían, no quiere que hablemos de esto el Gobierno nacional, no quiere que convirtamos esta cuestión en algo común, en algo de todos, en algo que no se puede resolver ni desde un sector, ni desde un lugar, ni con una mirada excluyente, que hay que resolverlo de manera colectiva y de manera participativa.

Este COPEC también muestra que la idea es discutir y reflexionar acerca de cómo tiene que posicionarse, por supuesto la Provincia, pero también la Argentina en este marco tan complicado. La idea es generar propuestas, definir políticas y después implementarlas. Por eso es importantísimo que comprendamos que se merece la Argentina, con las capacidades que tiene acumuladas, con su historia, con su cultura, con su desarrollo, se merece un protagonismo en el marco y en el concierto de las naciones que no va a tener si el Estado se destruye y el Estado nacional deserta y se va.

Así que esto también es una propuesta de construir políticas públicas que sirvan para modificar nuestra historia futura. Muchísimas gracias.

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