Renovación de autoridades de la Juventud Universitaria Peronista de La Plata

Bueno, qué actito que armaron, qué impresionante. La verdad que felicitaciones. Mi agradecimiento. Vieron esas cosas importantes que pasan a veces y que son fruto, tal vez, del azar, de la casualidad. Me habían invitado a que participara de la asunción de las autoridades de la JUP, me había llegado por varios lados. La verdad que mi agenda es un loquero, y complicado para mí hacerme tiempo, para poder, a veces, sobre todo, llevar adelante las actividades que tal vez uno más le gustaría como militante, pero bueno, las cuestiones institucionales, hoy estuvimos organizando la venida del Papa que, lo digo ahora, no querían mucho que pisara la provincia de Buenos Aires, el Papa. 

Ustedes saben que, no sé por qué, ¿no? Tal vez porque hoy, bueno, como fue el Papa Francisco, hoy el Papa León es probablemente uno de los emisarios, uno de los voceros, uno de los políticos más importantes del mundo. Cuando hay una corriente de ultraderecha que viene avanzando, que viene con guerras, que viene con odio, bueno, tenemos al Papa, lo dijo hace poco, viene en la línea de lo que decía Francisco, así que cuando esté acá en Argentina, yo creo que nadie va a poder negar la importancia que tiene la justicia social, nadie va a poder negar la importancia que tiene la solidaridad, pensar en el otro, acompañar a las personas con discapacidad, a los trabajadores, a los pobres, a las familias humildes. Bueno, creo que, de alguna manera, la venida del Papa en noviembre, decía que había una discusión acerca de dónde va a ir, lo vamos a tener al Papa en el cottolengo Don Orione, en Almirante Brown, y va después a hacer un acto –al que ya los invito– en nuestra Basílica de Luján. Así que…

Pero digo, tareas y tareas, y estaba en la agenda la posibilidad de venir hoy acá, y la verdad que no sabía, sabía que era la asunción de autoridades, pero vino, apareció una manito ahí, no sé, estábamos, ya no me acuerdo dónde, estábamos en un acto, me dice que se coló en el acto, que se colaron en el acto, y me dice, miren las casualidades, ‘te vengo a traer una invitación porque vamos a hacer la asunción de las autoridades de la JUP’, y me alcanza la tarjetita. Yo la miro y digo ‘ah sí, me habían invitado, voy a tratar de ir’. Y después al otro día me encuentro con Cuto, y me dice, ‘che, ¿vas a ir a lo de la JUP? Porque van a homenajear a los compañeros y compañeras históricos de los 70’. Después me cruzo con Julio y dice ‘¿vas a venir a lo de la JUP?’. Yo que no creo tanto en las casualidades pero a veces parece que operan, algo está escrito para que estemos hoy acá acompañándolos a un encuentro tan emotivo.

Quiero primero, formalmente, agradecerle también a las autoridades de la universidad, acá al decano, a Gustavo, a todos los decanos que nos acompañan, a las autoridades de la Universidad de La Plata. Y quiero agradecerle, lo voy a hacer ahora para no olvidarme, a quien tengo acá al lado, porque voy a explicar porqué. Recién me decía, cuando hablaban de La Plata, decía ‘vos me obligaste, vos me obligaste’, pero sí, sí, sí, ‘vos me obligaste’, me dice. Yo quiero decir, porque estábamos discutiendo, él era ministro de Justicia del Gobierno de la Provincia, y estábamos discutiendo qué hacer en La Plata, había que recuperar La Plata. Yo me mudé a esta ciudad hace ya 7 años, la noche que asumí como gobernador de la Provincia. Me recibieron. Ahí vivo, en 5, pasa la gente, saluda. Y la verdad que me recibió esta ciudad de una manera maravillosa, porque podría haber sido de otra manera. Vine con mi compañera, con mis hijos a vivir a La Plata, pero había un problema. La Plata estaba muy mal gobernada. Es la capital de la provincia de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires es la provincia con más habitantes de la Argentina, que más produce de la Argentina. Es una provincia que históricamente ha tenido un protagonismo. A veces, la historia de nuestro país, tal vez muchos no cayeron en la cuenta, pero la historia de nuestro país se confunde con la historia de nuestra provincia. A punto tal fue protagonista que la capital, hoy, federal fue la capital de la provincia de Buenos Aires, que tuvimos aquí gobiernos que forjaron nuestra identidad nacional, entre ellos y lo quiero recordar, porque la historia liberal, junto con otros, quiero recordar a tres gobernadores que me precedieron en el cargo, que muchas veces la historia liberal no es que oculta, sino que bastardea, maltrata y, prácticamente, trata de ignorar y que olvidemos. Uno de ellos, es don Juan Manuel de Rosas. Otro es el Coronel Dorrego, y otro es Domingo Mercante, entre tantos.

Pero bueno, vine a vivir a La Plata y siendo la capital de la provincia de Buenos Aires, una provincia tan tan importante. A mí me pasaba ir a visitar otras provincias y ver que había mucho orgullo con su ciudad capital, con su Casa de Gobierno, con sus monumentos, con su historia, y acá en La Plata había un estado de abandono, un estado de desidia. La Casa de Gobierno, no sólo la Municipalidad, sino la Casa de Gobierno, donde cada tanto venía la gobernadora anterior, muy cada tanto. Sí, venía con el Google Maps o con algo… Para no perderse. Pero no sé si recordarán, estaba con la fachada toda cubierta de pintura y de… Bueno, abandono, había plantas que crecían en las paredes de la Casa de Gobierno, junto con todo el eje fundacional, con el casco histórico, son monumentos históricos, provinciales, son orgullo de nuestra provincia, faltaba iluminación, las plazas de nuestra capital eran una vergüenza, eran tierra de nadie. Ni hablar de lo que hace a la identidad de La Plata, la República de los Niños, lo que hace a Plaza Rocha, Plaza Italia, el Teatro Argentino, el Coliseo. La verdad que los monumentos históricos que, obviamente, uno puede ponerse formal y, como quien dice, un poco acartonado, decir ‘bueno, tienen que estar los monumentos históricos’. Pero un pueblo, una provincia que tiene en su Casa de Gobierno hecha una ruina, la verdad que lo que está haciendo es despreciar a la provincia entera, a su identidad. 

Así que dábamos vuelta, qué se puede hacer, cómo se puede hacer para recuperar la capital de la Provincia. Julio dice que yo lo obligué, yo te voy a decir, Julio, que vos me obligaste a mí porque eras la persona adecuada para que La Plata vuelva a tener su esplendor. Así que, muchísimas gracias. Hoy volvemos a tener orgullo por la capital de la provincia de Buenos Aires, por supuesto, por su universidad, por toda su historia, así que, muchas gracias. Ahora, escuchándolo, los escuché con atención a la nueva conducción de la JUP. Conozco bien, porque nos fuimos cruzando, porque acompañaron, porque fueron una parte. Bueno, Sol, Agus y los demás compañeros y compañeras, nos fuimos cruzando en la militancia, pero los escuchaba con atención. Y la verdad que quería, después de haber oído las palabras de ustedes, no hay tanto que agregar. Creo que vos me citaste un poco, pero cada una de las palabras que dijeron los compañeros o las compañeras las podría haber dicho yo, porque representan… Después hay cuestiones de estilo y de sintaxis, después hay una palabra u otra, pero lo que representan las palabras que ustedes pronunciaron tiene que ver con algo mucho más profundo, que es un sentimiento. El sentimiento que significa ser peronista y militar, dejar horas y horas y horas, ¿no?

Yo recordaba, porque yo también inicié mis épocas de militante, mi tiempo de militante, tampoco los quiero aburrir con eso, pero cuando yo entré al secundario, que fue un secundario universitario, en el Nacional Buenos Aires, recién volvía la democracia, recién volvía la democracia. Era el ‘85, si no me equivoco. Recién volvía la democracia, el Centro de Estudiantes había estado siempre vigente, pero en la clandestinidad, estaba prohibida la actividad política, había también un órgano, una revista del Centro de Estudiantes que también sobrevivió durante la dictadura, que se pasaba de mano en mano y, bueno, volvió la democracia, y el Centro de Estudiantes se constituyó de nuevo. Yo no venía de una familia militante, específicamente, habían militado pero hacía mucho tiempo, y no sé por qué pisé el aula, pisé los claustros de lo que era mi colegio, y lo primero que hice, no sé de dónde salió, fue presentarme como delegado de mi curso, y desde ahí no paré de militar, secundario, universidad. Bueno, y ahora, y todo este camino.

Ustedes tal vez no se dan cuenta, tal vez no lo saben, pero están, la mayoría de ustedes, tal vez alguno no, pero la mayoría de ustedes que está tomando una decisión en un momento muy especial de la trayectoria de su vida, está tomando la decisión de trabajar para otros, de sacrificar tiempos libres, de los fines de semana, que tal vez hay muchas cosas que hacer, o de entretenimiento, familiares. Bueno, estar ahí pintando una bandera o preparando un volante o recorriendo cursos después, y además estudiando, bueno, parece que es una decisión circunstancial, yo les digo que es un contrato de por vida, lo que están firmando. Aún los que circunstancialmente abandonen la militancia y que esto es así, no es algo que me tengan que creer a mí, sino que lo tenemos hoy personificado, hoy presente, en el homenaje que decidieron hacer a los compañeros y compañeras militantes de aquella Juventud Peronista, Juventud Universitaria Peronista que… Yo les pido, por favor, porque a todos nosotros en nuestras tareas, en nuestra cotidianidad, a veces nos toca pasar por momentos difíciles, experimentar alguna tristeza, algún sufrimiento, alguna presión, ¿no? Incluso, a veces, algún vértigo, algún miedo, cuando uno toma decisiones, cuando uno resuelve arriesgar en lo personal y en lo colectivo, sobre todo en lo colectivo, cuando eso nos pasa, porque todo el tiempo circulan disputas, discusiones, bueno, yo quiero que tengan siempre bien presente el ejemplo de los compañeros que militaron en los tiempos más duros. 

Y no quiero emocionarme demasiado, pero que perdieron a quienes estaban con ellos, a muchos de los que estaban con ellos. Así que, cada vez que alguien piense, ‘che, qué difícil’. A mí a veces me pasa, me dicen, ‘qué difícil, qué duro, cuánta agresión, cuánta cosa, cuánta disputa’. Bueno, yo digo que tenemos un ejemplo para seguir, así que… Muchas gracias. Además, hablaba del destino, hoy, entre tantas cosas, es el cumpleaños de mi amigo Cuto, así que feliz cumple, Cuto, mirá dónde lo venís a festejar, mirá cuántos invitados. Así que un momento de celebración.

Entonces, bueno, el valor de la militancia, es un hilo conductor, a veces, en la vida personal, en la vida familiar, en la vida profesional, en la vida laboral, en la vida como estudiante, bueno, es un hilo conductor, es algo que, más allá de los vaivenes, le da un sentido, le da un sentido también a las acciones, a la vida, le da un sentido a la vida la militancia, es algo que, la verdad, es que es muy fuerte. 

Yo creo que estamos en un momento de… Poniéndome un poco más generalista y más macro, compañero economista, futuro economista. No, estamos en un momento bisagra, en un momento en la economía mundial, en el planeta, en la historia del planeta, en un momento bastante particular, y creo que se nota, se nota. Está en disputa, en riesgo, lo que fue durante mucho tiempo, el liderazgo a nivel mundial de Estados Unidos. Hoy, indudablemente, esa hegemonía, ese mundo unipolar, donde había una potencia que regía el mundo, que ponía las reglas, que seteaba los andariveles por los cuales iban a transcurrir, incluso el destino de otros países o intentaba hacerlo, que acá en nuestro continente llevó adelante, fue cómplice de dictaduras militares, pero también de otros experimentos, de otros ejercicios, como el del neoliberalismo en los 90. La verdad que ese mundo con una potencia hegemónica, principal, que dirigía, de alguna manera, el camino que iba a seguir la humanidad, bueno, ese mundo está en duda, por no decir que está terminado. 

Hoy estamos viendo cómo se establece un nuevo balance de poder, un mundo multipolar, un mundo con varias potencias, con dos potencias por lo menos, que están también en discusión, en disputa. No me quiero extender sobre esto, simplemente quiero decir que se está escribiendo ahora, se está abriendo una nueva etapa, una nueva era en la historia mundial. Y al mismo tiempo, vemos que hay una nueva formación política, una internacional coordinada, organizada, financiada, de una ultraderecha que tiene diferentes personajes que la conforman, pero uno de ellos hoy es presidente de la Argentina, ¿no? Hoy es… Y no solo que es presidente de la Argentina, sino que ahora su gobierno, con el acompañamiento también de gobiernos extranjeros y de grandes poderes, está planteando una reelección, la continuidad de ese proyecto.

Digo esto, simplemente, para que entiendan que es un momento crucial, estamos en un momento bisagra, estamos en un momento de definición. A ustedes no les quepa duda, porque cada uno desde su experiencia, desde su lugar, estas cosas se piensan, se reflexionan, pero también se sienten. Y creo que todos comprendemos que está en juego el año que viene, en nuestro país, algo muy grande, que además atañe, hace a nuestras trayectorias, a nuestras circunstancias personales, familiares, de provincia, de municipio, pero que tiene que ver con una gran batalla, con una gran disputa a escala mundial. Todo el planeta, me animo a decir, va a estar viendo la elección del año que viene en la Argentina. Porque se juega acá la discusión acerca del futuro del país, pero también de América Latina. 

No me quiero poner con esto ni grandilocuente ni solemne, simplemente quiero decir que lo que parece a veces simplemente disputar un centro de estudiantes, poner la mesa, hablar con los compañeros, recorrer los cursos, ganar una elección, gobernar un centro, formar parte de algún consejo directivo o de algún órgano de gobierno universitario, algo que parece muy chiquito, está inscripto dentro de una gran trama que tiene a la Argentina como protagonista el año que viene, y al pueblo argentino como protagonista.

Así que, estas cosas, decía, se reflexionan, se dicen, se comprenden, pero sobre todo, se sienten. Creo que todos estamos con una gran expectativa, con una gran carga emocional, y sabiendo… Me decía recién el compañero, ‘a cargar las pilas porque el año que viene va a ser un año central, va a ser un año decisivo’. Yo les digo otra cosa, yo quiero que el año que viene sea un año fundacional para la Argentina.

Y les quiero decir que sí, que yo voy a hacer lo que pueda para cargarle las pilas a ustedes, pero la verdad que venir acá, escucharlos hoy, ver estas ganas, ver este compromiso, ver esta militancia, no sé si se me ocurre una mejor forma de cargar la batería que esta, para los que tenemos tanta responsabilidad. Así que, muchas gracias a ustedes por ese entusiasmo. 

Les quiero compartir, decía, unas poquitas ideas. Una tiene que ver con lo importante que es lo que se viene. No es para acobardarse, sino al revés, pero que sepan que se va a jugar un partido, una final, se va a jugar una final el año que viene. Y que no es raro, no es extraño que uno de los blancos preferidos, predilectos, recurrentes de las derechas y hoy, más todavía, de la ultraderecha, sea la universidad pública. 

Lo he dicho, lo he compartido a veces con ustedes, pero realmente estoy convencido de que el ataque a la universidad, el desfinanciamiento a la universidad tiene, por supuesto, siempre dicen, ‘una cuestión presupuestaria’, se quieren ahorrar unos mangos, quieren generar superávit, bueno, todo eso que forma parte de la cuestión general está presente, pero es mucho más que eso. Con el presupuesto universitario no se resuelve ningún problema de déficit fiscal a escala nacional, hay una saña especial, hay una agresión especial, hay una obstinación especial con atacar la universidad.

Porque están atacando la universidad hoy y cada una de sus carreras, cada una de sus sedes, a cada uno de sus docentes, los investigadores, los universitarios, pero están atacando también una idea, y están atacando un vector que tiene que ver con un país entero. Ustedes decían, ‘hay que pensar la universidad en el marco del país y del modelo del país’. Bueno, por eso precisamente atacan tan fuerte a la universidad, porque en la universidad se juega también una parte muy importante del destino en nuestro país. Y lo digo porque la universidad, por supuesto que tiene que ver con la innovación, con la ciencia, con el desarrollo, con el conocimiento, pero tiene que ver con algo que se expresa de muchas maneras, una de las maneras que se expresa es esto que estuvimos viendo en el documental, bueno, en el videíto que estuvimos charlando ahora, que estamos celebrando hoy. Que es que la universidad pública argentina, la universidad de la Reforma del ‘18, la universidad de la gratuidad del ‘49, la universidad pública, gratuita, de calidad, la universidad, quiero recuperar esa palabra, masiva, ¿no? La masividad como un carácter de la universidad argentina. 

Perón, cuando dice esa frase tan fabulosa, cuando le dicen que entre las cosas más importantes que hizo en su gobierno, que cuáles están, que mencione alguna, y él dice: ‘llenar la universidad de hijos de trabajadores’. Pero dice, también, en esa masividad se juega algo de la potencia, de la potencia. Él lo decía medio estadísticamente, como una especie de juego, decía, ‘bueno, tenemos más estudiantes, más docentes, más investigadores. Incluimos a un pibe, a una piba que sus padres, sus abuelos nunca pisaron un claustro universitario, que ahí se están jugando un destino individual, pero que bueno, que hay una probabilidad mayor, hay una capacidad mayor de generar mejor conocimiento, más conocimiento, más ideas, más investigación, más creatividad’. Bueno, evidentemente, la masividad tiene que ver con eso, pero yo creo que lo más importante, probablemente, que tenga la universidad que viene de la Reforma, pero que le dio su modalidad actual el peronismo, lo más importante que tiene la universidad es que es cuna de pensamiento crítico, de pensamiento crítico, que es un espacio que permite lo que este gobierno pregona y que viene a destruir, que es la libertad. La libertad significa, no que no te prohíban hacer tal cosa o tal otra simplemente, la libertad significa que te den la oportunidad de hacer lo que quieras. Que es muy distinto, que es muy distinto.

Entonces, ese ataque a la universidad es un ataque al pensamiento crítico, es un ataque a nuestras capacidades más importantes de insertarnos como sociedad, como pueblo, como Nación, como país dentro del mundo. Es un ataque a las posibilidades que tenemos de generar mayor riqueza, pero sobre todo, de distribuirla mejor; es un ataque a la capacidad de generar bienestar; es un ataque a la capacidad de generar un crecimiento que no sea para unos pocos o que no sea solo para extranjeros. En dos palabras: la universidad es soberanía. Una porción y una potencialidad de soberanía. Por eso se van uniendo y enhebrando tantas luchas y tantas banderas. 

Así que, atacan la universidad porque quieren destruir mucho más que la universidad, quieren destruir un potencial, quieren destruir una capacidad, quieren destruir la soberanía en materia de datos, de conocimiento, de ciencia. Así que, atacan la universidad. Yo creo que ha sido heroico, y además, como tantas veces le pasa a la derecha, dice, ‘bueno, ahí los tengo, los tengo en el piso, ahora es el momento, vamos a terminar con esto, nadie lo va a defender, no va a pasar nada, están dormidos, están anestesiados o están resignados o simplemente están desorganizados. Entonces es el momento, en este momento vamos a ponerle la puñalada del final a la universidad pública’. 

Y bueno, cada vez que la derecha en Argentina, y este es uno de los ataques más frontales y más masivos que hubo contra la universidad, pero cada vez que se trató de llevar puesto la educación pública en la Argentina, encontró una resistencia. Ahora, lo que no esperaban era que millones de personas iban a salir a la calle con ustedes a la cabeza para defender algo que es nuestro, pero algo que además nos permite una proyección totalmente distinta y que está vinculada con el modelo de país. 

Porque es cierto que tratan de destruir la industria nacional y tratan de destruir las capacidades propias, y entonces cuando plantean esa matriz productiva, la verdad que la universidad les sobra. Una universidad pública, masiva y de calidad les sobra, no se necesita, podría ser una formación privada, elitista, para poquitos, o aún en el extranjero, o importada. Entonces, la universidad les sobra en el modelo que quieren imponer, y entonces deciden destruir la universidad, porque dicen, ‘cuando impongamos el modelo de país no vamos a necesitar una universidad de estas características y de esta envergadura’. 

Por eso digo que les sale el tiro por la culata: tratan de destruir la universidad, que no va en el modelo del país que nos quieren imponer, pero entonces, cuando atacan la universidad, como le pasó ahora, son, precisamente, quienes defienden la universidad los que le ponen un freno al cambio en el modelo de país que plantean. Así que, les sale absolutamente al revés, es un búmeran. 

Yo quiero celebrar, quiero saludar y quiero homenajear a los que han luchado por la universidad pública, a los que lo siguen haciendo, a los que han ido casa por casa, puerta por puerta, como decía, ustedes dicen, ‘hay que hacerlo’, ya lo hicieron, por eso son masivas las marchas universitarias. Y también demuestra algo que está en discusión y que me parece que, se los dejo porque me parece que es una reflexión, siempre la derecha ataca la universidad diciendo que forma a un pibe, a una piba, y ese pibe, esa piba va a tener después una formación profesional, un diploma, va a tener una capacidad, obviamente de trabajar en determinadas cosas que le van a generar un mejor salario. Esta idea de la derecha de que entonces la universidad vista, y el estudiante, como una especie de empresa individual, que entonces recibe una inversión para hacerla, debería endeudarse, lo podemos ver en varios países del mundo, en donde los estudiantes terminan la universidad endeudados hasta acá, esas fueron las marchas que se dieron en Chile, por ejemplo. Lo que le pasa a los jóvenes en Estados Unidos, terminan endeudados, y entonces después tienen que pagar, trabajar para pagar la deuda que contrajeron para formarse. Pero dicen, ‘bueno, si uno mira la tasa de retorno de la inversión, la verdad que es conveniente’, y lo miran desde esta perspectiva individual. Y es ahí donde aparece la idea del arancel, es ahí donde aparece la idea del elitismo, ¿no? ‘Como te va a ir mejor…’ y además mienten y dicen que son todos gente que se la podía pagar y sino puede haber alguna beca o alguna ayuda, entonces dicen ‘y después la tienen que devolver’. Ahí se está midiendo el proceso de formación universitario como una cuestión individual y como si el motivo de la universidad, el propósito de la universidad fuera que individualmente, cada estudiante, termine graduado, gane mejor, le vaya mejor, y entonces, tenga una capacidad propia de generación de mayor ingreso, mayor bienestar. Lo miran desde una perspectiva individual. Lo analizan así, y de ahí sacan la idea de que hay que arancelar la universidad, o sacan la idea de que es una cuestión individual de cada uno de ustedes, y que entonces hay que castigarlos porque son unos privilegiados, que les están dando gratis algo que les va dar más plata, y entonces es injusto y se la está sacando a otro.

Bueno, es una mirada absolutamente perversa del motivo, del por qué de la universidad pública. La universidad pública y la universidad pública y gratuita, y la universidad masiva, en realidad existe en nuestro país, no por una cuestión individual de mejorarle la vida a cada uno de los estudiantes, las estudiantes, y que después le vaya mejor, gane mejor, o se pueda, pueda tener un destino de más ingreso. No es eso. Acá lo que nos estamos jugando es una cosa absolutamente distinta. La universidad pública forma y produce graduados, por supuesto, médicos, ingenieros, arquitectos, pero lo que produce es un país distinto, produce una sociedad mejor. Necesitamos que haya más enfermeros, más médicos, más arquitectos, más abogados, más economistas, y que estén formados con una idea de que no vinieron acá solamente, porque también, porque el destino de cada uno importa, pero no vinieron solamente a conseguir una vida mejor, propia y para los que los rodean, sino que lo que están haciendo, y por eso la sociedad completa paga, invierte en la universidad, lo que están haciendo y para lo que vinieron, es para construir un país más desarrollado, más justo y para todos. Es eso. Por eso es colectiva la militancia universitaria, y por eso no se puede medir desde la perspectiva del balance individual y personal.

Eso no lo van a entender nunca, no lo van a entender nunca. Y por eso también, además de atacar a la universidad, y con esto quiero terminar, atacan a la juventud. La atacan a la juventud, la atacan de varias maneras. Alguno de ustedes decía, ‘bueno, nos echa la culpa a nosotros’ y yo siempre lo recuerdo porque lo veíamos, en la pandemia por ejemplo. En la pandemia decían, ‘no, los pibes y las pibas no se cuidan, entonces contagian, y para colmo la enfermedad es más leve. Entonces, como no la van a sufrir, entonces salen, no cumplen, no cuidan’. Bueno, ese es el discurso. Los acusaban a los pibas y a las pibas de los contagios, y de no estar siendo cuidadosos con los demás. Y lo que nosotros vimos, en uno de los momentos más complicados, en uno de los momentos más dramáticos que atravesó el mundo recientemente, como el caso de una pandemia, algo que no pasaba hace muchísimo tiempo, una enfermedad que mataba y que no sabíamos cómo se contagiaba, de dónde venía. Lo que nosotros vimos, yo digo, es exactamente lo contrario. Lo que vimos es que fueron los jóvenes, los pibes, las pibas, los que se cuidaron, los que fueron responsables, los que fueron solidarios, los que le alcanzaban al que no podía salir porque ponía en riesgo la vida, le alcanzaban lo que necesitaba. Y justamente, no estando en riesgo por las condiciones de la enfermedad que se transitó, no estando tan en riesgo la propia salud, pasó eso, pero les echaron la culpa igual.

Y ahora, quiero decir que hay un discurso que insiste con que el fenómeno de la ultraderecha está basado en la juventud. Que está basado en la juventud. Yo, en esto, quiero ser muy claro. Creo que alguno se refirió a esto, que atravesamos como sociedad un momento bastante particular, que necesita un análisis profundo, no es tan superficial, no es tan sencillo explicar por qué Milei termina de presidente. Hoy uno lo mira, y la verdad que con un poco de sorpresa, que se va renovando, y a veces se pregunta, ¿cómo puede ser? ¿Cómo puede ser? Bueno, es algo con lo que tenemos que convivir, ocurrió. 

Ahora, yo le quiero decir que, no sólo hoy, sino recorriendo la provincia de Buenos Aires, recorriendo ya otras provincias también, yo creo que la ultraderecha había pensado que hipnotizó, que conquistó las juventudes, y que consiguió insertarles la idea de que la rebeldía, de que lo disruptivo, de que la transformación iba a venir desde ese sector. Y lo hizo utilizando, valiéndose de unos recursos, que obviamente tienen que ver con lo digital, tienen que ver con la pospandemia, tienen que ver con lo que fueron los últimos gobiernos, sí, tiene que ver con la manipulación, tiene que ver con muchísimas cosas. Pero yo creo que una de las claves es que trataron de asociar la rebeldía con el odio. La rebeldía con alguna forma de insulto, de rechazo, de agresión, de agresión. Y que lo rebelde tenía que ver con lo individual. Ese salvarse solo es algo que se presentó como la rebeldía, ‘¿Saben qué? Jódanse todos. Yo voy a hacer lo que quiera y esa es mi libertad, no me importa nada, no me importa nadie y me voy a salvar’. Eso parecía que era, prácticamente, revolucionario.

No se agota en esto la explicación de lo que pasó ni la ideología que tienen, pero yo, basándome en este hecho, les puedo decir que transcurrido un tiempo, donde Milei vino a decir que iba contra los privilegiados, contra la casta, contra los sectores de poder, donde parecía que le iba a salvar la vida y le iba a mejorar la vida al informal, a los jóvenes que tenían dudas sobre, o problemas para acceder al trabajo, a la vivienda, al destino… Bueno, dos años y pico después, tres años después, hay algo que es una especie de, ya a esta altura, diagnóstico claro: el gobierno de Milei, en los términos de las promesas que hizo, no sólo es un fracaso, sino la más enorme estafa que vivió la sociedad argentina en materia electoral. Una estafa, se mire por donde se mire. Le vendió a cada uno que le iba a mejorar la vida aplicando todas recetas y medidas que le destruyeron la vida a millones. 

Y hoy estamos en ese lugar, pero me parece, además, que esto de la batalla cultural, esto de plantear una ideología nueva, una reconversión, un lavado de cerebro, prácticamente, que venía a barrer con elementos que tienen que ver con nuestra idiosincrasia, con nuestra cultura, con nuestra historia, con nuestra sensibilidad, con nuestros valores. El Presidente de la Nación, no sé, hoy está haciendo un anuncio sobre Malvinas, o va a hacer, no sé si ya pasó, o va a venir. Ahora, yo le voy a decir lo que pienso: alguien que se declara admirador de Margaret Thatcher no tiene derecho a decirnos… Permítanme desconfiar, permítanme decir que vio lo de la bandera de la selección y lo de la Ley de Tierras y dijo ‘yo me tengo que disfrazar de malvinero’. Te descubrimos Milei, vos sos el que admira a Margaret Thatcher, no nos vengas a joder con que te importa la soberanía nacional, que te importan los pibes de Malvinas, que te importa recuperar… 

Y me parece ahí que, bueno, que visto todo este proceso de ilusión y desencanto, de un Milei que prometía y no cumplió, de un Milei que mintió, que agredió, que bueno, todo eso que vimos, creo que hay algo que a esta altura también es un resultado. Lo que pensaba Milei es que, particularmente, sobre los jóvenes iba a actuar cambiándoles la matriz de pensamiento, cambiándoles la estructura del sentir, ¿no? Y algunas cuestiones que son muy profundas y muy arraigadas dentro de nuestra sociedad. Y yo me acuerdo que cuando hacíamos la última campaña electoral para la reelección y estábamos ya discutiendo, porque perdimos a nivel nacional, perdimos un montón de provincias, perdimos… Y se ganó en la provincia de Buenos Aires, ¿no? Por 14 puntos de diferencia se ganó. Pero se ganó diciendo, ‘bueno, ¿qué está en juego ahora? ¿La derecha o los derechos?’. Decíamos, ¿la derecha o los derechos? Y nos decían ‘no, pero eso es antiguo, a la gente ya no le importan los derechos, la gente ya no valora lo público, la educación pública, la universidad pública. La soberanía es una palabra antigua, ya no le importa a nadie’. O sea, hubo una corriente de opinión que trató de instalar que había determinadas cuestiones en las que habían ganado o estaban ganando esa batalla cultural. Yo quiero decir que, a 2 años y pico vista, tengo la certeza, la seguridad de que la batalla cultural Milei la perdió, la ultraderecha la perdió. Ya está, liquidado. 

Lo que no quiere decir que esté resuelto el problema de fondo, pero me parece que esto lo demuestra. Que atacar a la universidad, reaccionó la universidad. Van contra la juventud, en términos de condiciones de vida, de acceso a la vivienda propia, de la autonomía, de la independencia que quieren los pibes, un trabajo digno, un trabajo bien remunerado… Bueno, todo eso que ellos decían ‘listo, ya fue, no le importa a nadie’, son hoy los elementos que acaban de nombrar ustedes como fundantes de lo que hay que recuperar. Entonces, en ese sentido, yo quiero decir que, por las circunstancias particulares que se vivieron, por las que dejaron a Milei en la presidencia y que nos tienen hoy acá, yo lo que quiero decir es que esta elección que viene, la del año que viene, la del 2027, yo no tengo duda de que la van a ganar los jóvenes, de que la van a ganar ustedes. No tengo ninguna duda, eh. No tengo ninguna duda. El susto, el julepe que se van a dar cuando vean millones de pibes y pibas militando para que se vaya Milei, para recuperar nuestra soberanía, para recuperar la industria, el trabajo, para invertir en la universidad, en la ciencia, para que recuperen todos ustedes, cada uno de ustedes las ganas de seguir construyendo, la certeza de que los pibes y las pibas tienen que acceder a un país mejor del que tuvimos nosotros. Cuando vean que por enésima vez trataron de dar por muerto al peronismo y el peronismo está más vivo que nunca en la Argentina y le va a ganar a Milei en las próximas elecciones. Y se va a organizar, y va a ser solidario, y va a ser generoso, y va a convocar a todos, y va a ser amplio, y va a venir a transformar a la Argentina en lo que tiene que ser, en lo que merece ser. Que tiene universidad, que tiene pensamiento propio, que tiene identidad propia, que tiene un futuro mejor… Y eso es lo que hay que construir. Hay que construir una alternativa pero también después hay que construir una Argentina mejor, libre, justa y soberana. Muchísimas gracias a todos, a todas. Mucha fuerza. Felicitaciones a los compañeros, compañeras. Heroico lo que hicieron, heroico lo que van a hacer. ¡Viva Perón! Mucha fuerza.

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