Encuentro Nacional de Juventudes

Buenas tardes. Primero, celebrar el Congreso Federal e Internacional de Juventudes. Por supuesto que agradecerle a Daniel Passerini y, a través de él, a la capital de la provincia de Córdoba por habernos cedido este año a la capital de la provincia de Buenos Aires, con su intendente acá, Julio Alak, muchas gracias también por organizarlo, por habernos cedido ser sede en nuestra provincia y nada más ni nada menos que en la Ciudad de La Plata, su capital, habernos cedido la posibilidad de organizar el Congreso.

Quiero decir que hay varias cuestiones que le dan a esta reunión una importancia particular. La primera es que fue Córdoba la que lo inició, y quiero decirlo porque es un signo de esta época, muchas veces a las provincias, a los municipios con las dificultades que hay, con las limitaciones que tenemos, nos toca asumir con valentía lo que el Gobierno nacional no hace. Así que muchísimas gracias, porque este espacio es un espacio de encuentro, de reflexión. Acá me acaban de pasar artesanalmente la lista de las provincias que están representadas. Están representadas a través de legisladores, a través de diputados y diputadas, a través de funcionarios, a través de secretarios de Juventud.

Me dice el intendente que hay 65 representantes de la provincia de Córdoba. Bienvenidos, de diferentes municipios de Córdoba también. Pero quiero agradecerle a quienes se han venido hasta aquí desde Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén, La Pampa, San Luis, San Juan, La Rioja, Tucumán, Catamarca, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones, Jujuy, Mendoza y Buenos Aires. Muchas gracias. Nuestra provincia es inmensa también. Veo intendentes del oficialismo, de la oposición. Muchísimas gracias. Veo funcionarios de diferentes municipios y veo hoy, en una fecha tan importante, en la víspera de lo que conocemos, de lo que mi generación fue marcada también a 50 años de la Noche de los Lápices, agradecerle a Carmen, de Madres de Plaza de Mayo, su presencia en representación de esas luchas, de los organismos. Muchísimas gracias.

Decíamos recién con Daniel, va a haber varias cosas. Recién nos intercambiamos, que nos trajo el intendente Alak, un tratado histórico de amistad entre la provincia de Córdoba y la provincia de Buenos Aires. Van a hacer 100 años de que el gobernador Bustos y un antecesor mío, el gobernador Dorrego, el coronel Dorrego, un gobernador de los más grandes que tuvo la historia de la provincia de Buenos Aires, y eso que tuvimos a Mercante, tuvimos a Rosa, pero Dorrego fue fusilado por defender el federalismo. Así que, un homenaje a Dorrego y retomar ese espíritu de hermandad entre las provincias, sobre todo cuando los gobiernos federales le dan la espalda a los problemas de cada una de las provincias argentinas, sobre todo cuando hay esas ideas de centralismo, esas ideas unitarias. Y en estos días, en poco tiempo, también la provincia de Buenos Aires y la provincia de Córdoba se van a hermanar cuando recibamos al Papa León, que va a visitarnos en aquella capital y acá en Luján, en Almirante Brown. Así que creo que vamos a tener ocasión de seguir intercambiando. 

Quería compartir unas pocas palabras. Primero, la Noche de los Lápices, reflexionar. Una lucha entonces por el boleto estudiantil, a nosotros nos tocó asumir, y una discusión que tenían con la anterior gobernadora, los pibes y pibas de la provincia de Buenos Aires, era la ampliación del boleto estudiantil, que había una ley que no aplicaba. Te quiero decir, Daniel, le quiero decir a todos que la provincia de Buenos Aires hizo justicia para que los pibes y pibas puedan tener su derecho y que hoy también, justo hoy, ocho años de la muerte de De la Sota también, el boleto estudiantil para Córdoba. Son las mismas luchas, y miren el tiempo que ha pasado y la geografía diversa, las discusiones.

Pero quería, justamente, compartir unas palabras que tienen que ver con la situación que se está viviendo. Podría focalizarme, podría hablar con ustedes de cuestiones que ya conocen y ya saben porque ya las sufren. Se habló, hablaron todos de la crisis que está experimentando nuestro país, de la situación, obviamente, de pérdida de empleo, de cierre de empresas, de desindustrialización, lo que es todavía más grave, más profundo, el riesgo en el que se pone la soberanía argentina. Yo creo que últimamente escuchamos al Gobierno nacional cambiar su discurso, levantar banderas que antes pedía que no las mostraran en las canchas de fútbol, levantar esa bandera, ¿y saben quiénes son los que convencieron a los ideólogos, o tal vez a los especialistas de marketing, de cambiar ese discurso? Fueron los pibes y las pibas de la República Argentina que saben lo que importa la causa Malvinas, saben lo que importa la lucha por nuestro territorio, lo dijeron defendiendo la universidad nacional, pública, gratuita, lo dijeron también defendiendo y volteando esa ley que pretendía vender las tierras de la Argentina. Así que fueron ustedes, movilizados en todo el país, a veces a uno le toca reconocer y acompañar. 

Y yo quería hablar un poco, no de esa crisis, ni siquiera tanto de la situación nacional, quería hablar un poco brevemente de lo que se está viviendo a nivel planetario, a nivel internacional, voy a tratar de hacerlo de una manera sintética. Obviamente todos se dan cuenta que estamos en un cambio de era, a escala mundial, de la geopolítica. A mí me gusta decirlo con palabras sencillas, porque todos lo pueden entender y lo están viviendo, los cambios tecnológicos, la inteligencia artificial, la disputa a través de guerras, de monedas, financiera, la guerra entre países, la disputa por la reconfiguración del mundo, pero quiero decir que son momentos de transición, de confusión, a veces de miedo, a veces de pesimismo. Uno que le tocó revisar otras etapas históricas, sabe bien que cuando se viven cambios tecnológicos, cambios productivos, cambios también en los balances de poder, una de las cosas que se instala es el pesimismo. Es la idea de que todo lo que viene es peor, de que se van a perder los laburos entre los robots, las nuevas herramientas que tenemos cada uno de nosotros en nuestros teléfonos hoy, que pueden cambiar la forma de producir, los empleos. Es decir, que estamos en un momento, la verdad, de tránsito, donde lo que se viene es bastante indeterminado, impreciso y, a veces, esa incertidumbre obviamente a todos los afecta, pero a quienes están transitando la etapa de la juventud yo creo que más, que más, y aparece a través del pesimismo, decía, y a través del miedo.

Lo traigo a la Argentina porque esta etapa mundial ha venido junto con una novedad que es una nueva corriente ideológica y política a escala internacional, que para ponerle un nombre sencillo, se conoce hoy como la ultraderecha. Diferentes líderes mundiales que han dejado atrás a veces no sólo los buenos modales sino algunos valores como la democracia, el respeto al otro, la idea de la solidaridad, de la contención, que van contra el Estado, sobre todo cuando garantiza los derechos. Es un fenómeno mundial. Acá en la Argentina hoy nos gobierna una expresión de esa ultraderecha y esa expresión de la ultraderecha tuvo, sobre todo en la época reciente de la campaña electoral, un discurso de mucha agresividad, de mucho insulto, de mucho odio. Un discurso, diría yo, si me permiten, de destrucción. Que había que terminar. Andaban con una motosierra pero andaban también diciendo ‘vamos a destruir el Estado’, ‘vamos a romper tal cosa’, ‘se va a terminar tal otra’, ‘todo lo anterior era un desastre’ y, teóricamente, de esa destrucción, de ese odio, iba a surgir una regeneración. Iban a todos a estar mejor, especialmente los pibes y pibas, especialmente los que tenían trabajos informales, especialmente los olvidados, especialmente los que la estaban pasando mal. Destruir, destruir, destruir y de manera automática, de manera espontánea iba a surgir una nueva situación, una nueva sociedad que iba a contener a todos, que era del mercado, que era de la mano invisible.

Hoy ya van tres años, ya van tres años prácticamente y la verdad que la destrucción se vio y se vio bien. Lo vieron las personas con discapacidad, lo vieron los organismos de derechos humanos, lo vieron las mujeres, a las que el otro día anunciábamos cuestiones por violencia de género, instrumentos del Gobierno. Vieron que niegan las brechas salariales, que están contra las políticas específicas de igualdad de todo tipo, lo vieron los jubilados, lo vieron los laburantes, 400.000 puestos de trabajo formales, lo vieron las pymes, lo vieron los artistas, lo vieron quienes hacen cine, a los que les cierran el INCA, lo vieron los investigadores, los científicos. La destrucción que traían sí que se vio. Ahora, el resurgimiento, el renacimiento, la mejora, las nuevas corrientes esas que iban a mejorarle, lo escuchaba el otro día, y ponerle en dólares los salarios al que hacía y laburaba en Pedidos Ya. Nada de eso, nada de eso. La destrucción sí, la mejora no. Y van tres años. Y decían ‘no vamos a cambiar un centímetro el rumbo que definimos’. 

Y quiero hacer poquitos comentarios, uno tiene que ver con que yo hablo de todos estos sectores, sector productivo, turístico, comercial, puedo recorrer casi todos los sectores de la economía de la provincia de Buenos Aires, la provincia más poblada de la Argentina, 50% de la industria, es un desastre, es una debacle y particularmente a los pibes. Si miran cifras de desempleo, si miran los problemas de salario, van a encontrar que son los más jóvenes, los que tienen que incorporarse al mercado de trabajo, los que más sufren estas políticas. Entonces pasaron de decir que mágicamente con esa motosierra le iban a mejorar la vida a todos, a un discurso distinto. Yo pido que prestemos oído, ahora dicen otra cosa, ahora dicen que no, que si te va mal la culpa es tuya. Antes era que traían todas las soluciones, la magia y con esa motosierra, como si fuera una varita mágica, iba a dolarizar los salarios, crear empleo para todos, mejorar el acceso a la vivienda, todo iba a mejorar. No pasó. 

Ahora, ¿la culpa de quién es? No de esas políticas sino de ustedes, de los pibes y las pibas, del laburante, del médico, del estudiante, del científico, la culpa es de cada uno y cada una, la culpa es de las víctimas. Como a mí no es la primera vez, porque hablaba de la juventud, a uno le gusta, pero ha vivido varias de estas experiencias, no es la primera vez que pasa esto y el discurso es siempre el mismo. Lo digo porque yo en los 90, a mí en los 90 me tocó estar en la universidad, que había una política más o menos de esta familia, no era de ultraderecha, no eran libertarios, pero eran liberales y eran bastante procesistas también. Y, entonces, en aquel momento también cuando la cosa fracasa le echan la culpa al más débil, le echan la culpa a la víctima. Y luego agregan un segundo componente, es ideológico, pero es una narrativa, es un verso, ‘hay que esperar’, ‘hay que tener paciencia’. En otra época decían ‘va a haber que sacrificar una generación entera, pero está bien, porque después va a venir el resurgimiento’ y empiezan ‘que hay que atravesar el desierto y después viene el paraíso’, todo ese discurso. La culpa es del que sufre, al que no piensan tenderle una mano y peor, se burlan, odian y además, en todo caso, paciencia, a esperar que va a llegar más adelante, no se sabe cuándo, luego del sufrimiento, un mundo mejor. 

Bueno, ya estamos hartos de eso. La verdad es que la culpa no es de ustedes, no es del que perdió el laburo, la culpa es del que hace esta política económica, el que vende nuestra soberanía, el que se asocia con intereses extranjeros, esa es la realidad. Y a mí, quiero decir, tercer componente: uno, la culpa es tuya; dos, paciencia, hay que esperar, jodete; tercero, no hay otro camino, esto es lo que hay que hacer, no hay ninguna alternativa. Esta receta la vivimos en los 90. Esta receta está escrita en piedra, ‘esto es lo que hay que hacer, esta es la modernidad, este es el destino que tenemos, este, solo este es el destino’. Es una batería de argumentos que yo creo, y sobre eso quería llamarles la atención y valorar también este congreso, son una serie de argumentos que cuando llega la decepción, cuando quien, por ejemplo, acompañó, que el voto es de cada uno, acompañó a esto pensando que le iba a ir mejor, lo escuchamos todos los días, y le va peor y no ve perspectiva, ¿qué es lo que viene? La decepción. Una nueva decepción. Una vez más que no anda. Un fracaso. La decepción. Y de la decepción se sigue el desánimo, la desmovilización, la falta de participación. Por eso yo celebro este congreso. Por eso celebro lo que vi cuando venía para acá, lo que me contaron los organizadores, las organizadoras, lo que me contaron es que hay debates importantes, interesantes, profundos, que están reflexionando, que están pensando, que están escuchando, que se están poniendo de acuerdo, que aún de diferentes expresiones políticas están tomando diferentes elementos.

Yo les digo, les digo, después de una experiencia como la que estamos viviendo, en la que quieren sembrar el desánimo y después van a querer decir, ‘ven, son todos iguales, no vale la pena votar, no vale la pena la democracia, quédense en su casa’, después va a venir esa línea del ausentismo, del voto en blanco, todo es igual. Los mismos que vendían el paraíso, nos han llevado a una cosa mucho peor y ahora van a decir que es culpa de ustedes y de todos los demás. Por eso yo creo que es importantísimo. Eso le da una cuestión estratégica a este tipo de encuentros. ¿Saben qué? El mundo está cambiando, hay una transición, está difícil, pero yo estoy convencido de que la Argentina tiene la potencialidad, tiene las capacidades, que son sus ciencias, su tecnología, lo que tiene de industria, su universidad pública, sus recursos naturales, tiene la posibilidad, la oportunidad de ubicarse en este cambio mundial en un lugar muchísimo mejor. ¿Saben qué culpa tiene Milei? Nos está haciendo perder una enorme oportunidad subordinándose a intereses que no son los nuestros, que no son los de ustedes, que no tienen que ver con nuestra patria.

Por eso estoy seguro también de que esto no está escrito en piedra, menos todavía este desastre que están haciendo. Lo que no está escrito en piedra es cómo vamos a seguir, qué tenemos que hacer, cómo tiene que insertarse con dignidad la Argentina en el mundo. Yo termino, porque lo decía Sol el otro día que fuimos a un encuentro también de juventudes y me decía, bueno, estuvimos charlando, ¿cuáles son las preocupaciones? Tener un laburo, que ese laburo te dé un sustento, un sueldo digno, son muchas más. Que te dé un sueldo digno, poder independizarte, ya no comprar una casa, por lo menos poder alquilar, poder ganar tu independencia. Son cosas básicas, mínimas de las trayectorias personales. De esto nos están privando hoy. La salud mental, los padecimientos, bueno, lo decía Daniel, la situación, la epidemia prácticamente que hay, la gravedad que tiene. La educación, poder ir a la universidad más allá de tu poder adquisitivo, de tu familia, poder ir a la universidad, poder forjar un destino, una carrera, poder tener un futuro mejor. Bueno, esa es la discusión que hay en la Argentina. Y la verdad que yo creo que si la tenemos que dar y si tenemos que proponernos construir en esta situación tan compleja un futuro para la Argentina, ahí indudablemente los principales protagonistas son los jóvenes, son los pibes y las pibas. Si ustedes no discuten, no reflexionan, no se organizan, no incluyen, no abrazan, no ponen la solidaridad de nuevo en lo alto, todo lo que dije antes te lleva al individualismo y al egoísmo. Y así no se construye absolutamente nada, ni siquiera un destino personal. 

Así que nuestro destino como pueblo, nuestro destino como patria, hay que discutirlo, hay que pensarlo y, sobre todo, hay que sentirlo y construirlo. Así, así, reunidos, cara a cara, sin algoritmos en el medio, cara a cara, charlando, escuchando, acompañando, abrazando y, sobre todo, militando, militando y militando. Muchas gracias.

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