Presentación Nuevo Plan de Salud Mental
Muchas gracias, gracias a todos. ¿Se escuchan bien? Bueno, no, porque terminamos siendo una multitud acá adentro por el tema del clima, pero la verdad que cambió el marco y permite, por lo menos desde el escenario, apreciar la enorme cantidad de trabajadores, trabajadoras, profesionales de nuestro sistema, que está comprometido no solo con el laburo de todos los días, sino con esto que es un estadío superior, necesario, pero a veces dejado de lado y a veces directamente ignorado o inexistente, que es el momento en donde el sistema de salud se piensa a sí mismo, donde se puede analizar, donde se puede diagnosticar, donde se puede recorrer un poco la trayectoria que ha habido y donde se puede planificar para adelante.
Para mí es profundamente importante, y no solo eso, sino que es simbólico, representa esta idea que todos dicen que existe, que es un objetivo, pero que pocas veces se lleva adelante. Los sistemas de gobierno, pero uno podría llevarlo prácticamente a cualquier sistema que funciona, que responde, que anda, tienen un elemento inercial generalmente, que es predominante, las cosas andan como andaban, se corrigen o no se corrigen, o se van deteriorando y entonces es ahí donde las cuestiones de cambio a nivel de la coyuntura, a nivel del contexto o cambios presupuestarios, es ahí donde estos elementos externos quiebran el sistema.
Lo voy a explicar de otra manera. Cuando hay un funcionamiento que viene realizándose de manera consuetudinaria, de manera prácticamente ritual, con mecanismos no pensados, cuando el sistema funciona porque funciona y sigue funcionando, a veces esto no está exento a enormes esfuerzos individuales, pero no hay conciencia sobre lo que se está haciendo, no hay conciencia sobre los desafíos, sobre los problemas, sobre las transformaciones externas. Entonces, cuando vienen políticas como las que estamos viviendo hoy en la Argentina, de ajuste muy violento, muy profundo, y además, lo decía Julieta, lo repetía Nico, de cambios en la coyuntura, en el contexto, tan graves y tan grandes, es decir, cuando se dan procesos prácticamente sísmicos, un sistema que venía andando sin capacidad de modificarse, sin capacidad de prepararse, sin pensamiento, entonces directamente quiebra. Y eso que a veces aparece no como un quiebre manifiesto, sino simplemente con que deja de funcionar, con que no responde, con que hay una fatiga, con que hay una falta de comprensión, y entonces la cosa deja de funcionar de manera silenciosa. Es triste, y en nuestro país ha pasado varias veces con experiencias neoliberales. Yo lo viví porque ahora el 15 hay una enorme marcha universitaria, entonces lo traigo a colación simplemente para contrastar, ¿no?
El sistema universitario argentino fue sometido varias veces a procesos de vaciamiento presupuestario. Cuando eso ocurre, los protagonistas, los que lo llevan adelante, bueno, les viene como un hecho externo del que hay que defenderse de manera individual. Entonces toman estrategias de supervivencia individual. Hablo de la universidad porque la universidad, recuerdo en los noventa, por ejemplo, que le sacaron el presupuesto y entonces no había ni para hacer investigaciones, ni para comprar libros, ni alcanzaban los sueldos para trabajar. Entonces, ¿qué hicieron quienes formaban parte de las instituciones? Buscaron otro laburo y entonces empezaron a distraer parte de su tiempo, de su energía, de su concentración y de su interés del trabajo que hacían. Lo cierto es que esos sueldos cubrían una parte importante pero no alcanzaban, entonces el adicional se hacía de otra manera, pero ese adicional llevaba más energía que todo lo demás, entonces desinterés en el lugar de trabajo. Y luego, aquellas cosas más importantes, la investigación, la docencia, los programas, ¿quién los hacía? Nadie. Entonces había quienes buscaban recursos, fondos para investigar de afuera del sistema porque se cortaban –como pasa hoy– los subsidios, los programas de investigación, los proyectos, no había más plata. Entonces salían a buscar en otro lado algunos recursos que les permitían seguir haciendo su actividad. Está bien, porque si no se hacía era imposible, pero yo lo llamaba –en aquel entonces– la privatización encubierta del sistema universitario. Porque no era que se privatizaba, se vendía todo, como pasa hoy, lamentablemente, con empresas de agua, bueno, ahora lo quieren hacer con el sector nuclear. No era simplemente una venta al sector privado, sino un mecanismo de privatización encubierta, silenciosa y de deterioro.
¿Qué es lo más perverso que tiene esto? Lo más perverso es que cuando va ocurriendo, por culpa de las políticas neoliberales, o de las políticas de ajuste, o las políticas de la derecha, después vienen los genios de la consultoría de la propia derecha y dicen, ‘miren qué mal que anda esto’. Porque observan el resultado de sus políticas de restricción presupuestaria y se le atribuyen al sistema mismo, no al desfinanciamiento.
Vengo con esto porque me parece fundamental lo que se está haciendo hoy acá en el sistema de salud, en el caso de la salud mental, y lo pasé por alto, así que lo hago ahora. Así que gracias, Mario, por recibirnos de nuevo en la Ensenada y por tus palabras. Porque Mario dijo dos cosas muy importantes que hacen un poco a esta etapa. Una es que creció 50% más la atención de salud mental en el sistema público de Ensenada, 50% o más. Son datos catastróficos para un sistema. Porque nadie está preparado para que en un tiempo corto, de pronto, crezca la mitad de lo que uno venía haciendo. En general no hay capacidad de respuesta y lo dijo Nico también. Cuando crece la demanda, llamémoslo así, las necesidades, y el sistema no tiene capacidad de respuesta, entonces también queda oculta esa explosión, ese crecimiento porque no se puede ni siquiera registrar en las estadísticas, simplemente no hay lugar, no hay cupo, no hay espacio y se queda fuera, excluye. Entonces Mario dijo otra cosa también muy importante, que en cada uno de los barrios de Ensenada va a haber un centro de salud con capacidad de atención en la salud mental. Entonces, es una respuesta y es de lo que estamos hablando hoy. Yo quería realmente ponerlo un valor.
Creo que esta es la Séptima Jornada Provincial de Salud Mental, yo concurrí, creo que esta es la cuarta a la que vengo, pero quiero contar un poco la historia de la atención de la salud mental en la provincia de Buenos Aires. Había un agujero, había una ausencia, había una vacancia, o había más bien un desinterés estratégico en la cuestión de la salud mental por parte del sistema de salud. ¿Por qué? Porque la salud mental, según la concepción de quienes me precedieron, y no hablo simplemente, o exclusivamente de la gobernadora que estuvo antes que yo, que hizo un desbarajuste absoluto en todo el sistema de salud, pero viene de antes, viene de antes. Casi diría que en parte es histórico.
La cuestión de la salud mental parecía que no era un tema de la salud pública, o lo era de manera lateral, o lo era de manera inorgánica, o lo era de manera desprolija y episódica. Se ocupaba de algunas cuestiones puntuales vinculadas a la salud mental. Y lo hacía de la forma que vimos en los manicomios de la provincia de Buenos Aires y de la Argentina. Lo hacía no de una manera virtuosa, pensada, sino que lo hacía como quien está en última instancia, como quien no puede sacarse el problema de encima y entonces, ‘bueno, tenemos los manicomios’. ‘Tenemos los manicomios’ es todo una declaración, porque la verdad que lo que había ahí eran centro de abandono, de encierro, donde no se cumplía con las cuestiones básicas, no ya de la salud, sino de los derechos humanos.
Yo creo que haber hoy, a esta altura y con estas dificultades, conseguido que el 70% de quienes estaban dentro del sistema manicomial de la Provincia, hoy estén atendidos, estén recibidos, estén alojados por dispositivos absolutamente distintos, con eso solo ya podemos discutir el caso histórico que han llevado adelante en la aplicación de la ley. Hubo un diagnóstico sobre los manicomios de la provincia de Buenos Aires que no decía ‘bueno, hay problemas de derechos humanos’, o ‘hay problema de cumplimientos básicos de cuestiones sanitarias’, decían ‘era incompatible con la condición humana’. ‘Incompatible’, hay que vivir con eso también. Y yo quiero agradecerles de nuevo a los trabajadores y trabajadoras que padecieron también, durante tanto tiempo, ese sistema de abandono poniendo todo lo que tenían. Así que, muchísimas gracias.
Vuelvo a este brevísimo recorrido histórico. Era inadmisible lo que pasaba. Inadmisible en materia de manicomios, pero inadmisible en general porque, repito, había dentro de esa gran discusión, cada vez más confusa y cada vez más desalmada diría yo, con respecto a las funciones que debe desempeñar el Estado, una discusión que incluso tiene a veces raíces en la teoría económica, de qué se tiene que ocupar el Estado, qué es lo que tiene que hacer el Estado. Hoy tenemos a nivel de Gobierno nacional, lamentablemente, una de las visiones más pobres, más primitivas sobre esa cuestión.
Hay una discusión general, es seria y es importante. ¿Cuáles son las tareas que tiene que hacer el Estado? ¿Cuáles son sus funciones? ¿Cuáles son sus obligaciones? Una discusión que debemos dar, porque por supuesto que se remonta a los comienzos, seguro, del capitalismo, ¿no? ¿Qué es lo que tiene que hacer el Estado en un sistema que dice que se gobierna solo a través de la oferta y la demanda? ¿Tiene que hacer algo? ¿No tiene que hacer nada? ¿Tiene que hacer una partecita pequeña? ¿Tiene que hacer eso que el mercado no hace? ¿Qué es lo que el mercado no hace? ¿Por qué no lo hace? ¿Para qué no lo hace? ¿Hasta dónde llegan las áreas donde la búsqueda de la rentabilidad, que es lo que hace el sector privado, satisface el grueso de las necesidades que se le presentan a la sociedad? ¿Hasta dónde no? Bueno, es una discusión muy larga, muy profunda, importante para que tengamos. ¿Qué tiene que hacer el Estado? ¿Hasta dónde llega el alcance de la acción del Gobierno? Bueno, son discusiones para dar.
Pero en el caso de la salud mental, parecía haber un acuerdo tácito en que los problemas vinculados a la salud mental en general debían quedar en la esfera de lo privado. Si bien en el caso de la salud hay quienes piensan eso todavía de manera bastante generalizada, o que hay que hacer sistemas que reproduzcan, como los vouchers para la educación, la lógica del mercado para la atención de las cuestiones de salud, porque el sistema de la competencia privada debe también copiarse en las cuestiones públicas. Bueno, enorme discusión, pero en el caso de la salud mental, y permítanme hacer una generalización, parecía que nada, nada, debía quedar, por lo menos de manera conceptual o de manera normativa, por fuera de la esfera del mercado. Y lo voy a decir de esta manera, para que quede claro cuál era la situación y para que se entienda bien de dónde venimos; aquel que tenía un sufrimiento, un padecimiento, algo vinculado a la salud mental, debía atenderlo por privado. Era un problema suyo o de su familia. A punto tal, por eso voy a rasgos teórico, pero también histórico, y le agrego cuestiones culturales, ¿no? Como había un tabú, como había una especie de encubrimiento de los padecimientos de la salud mental vinculados a cuestiones de salud mental, entonces esto también contribuía a que pareciera que no era incumbencia de la sociedad en su conjunto. ¿Por qué? Porque como se ocultaba, como había una vergüenza, como había una imposibilidad de formularlo, como había después una segregación para quien lo hacía, como no estaba puesto como otras cuestiones de salud en un marco, digamos, de su carácter necesariamente colectivo, bueno, entonces contribuían los dos factores. Que no se conocía, que no se decía o que se ocultaba, lo cual venía, obviamente, a incrementar el padecimiento, porque aquel que sufría ni siquiera podía compartirlo, ni siquiera podía decirlo. Es más, si encontraba una vía particular y privada para dar una respuesta, también eso era motivo de vergüenza. No, eran épocas donde decir ‘voy al psicólogo’, tal vez era algo que no convenía porque entonces podía aparecer algún tipo de exclusión o algún tipo de señalización con respecto a esa situación; ‘está con problemas’, ‘tiene graves problemas’, ‘apartémoslo’. Y lo estoy diciendo así para que se entienda bien. Entiéndase y compréndase que en ese marco general el papel del Estado estaba absolutamente lateralizado, cuando aparecía.
¿Cuál era finalmente la consecuencia? Que el abordaje de la salud en general, de la salud pública, tenía a la cuestión de la salud mental como una cuestión marginal. ¿Dónde se veía con total claridad? En los hospitales generales, de los que hablaba Julieta recién. En los hospitales generales no había, corrientemente, servicio de salud mental. No había un área, una especialización en salud mental integrada a la función general del hospital. Por lo tanto, cuando había respuesta, la había de una manera absolutamente por fuera del grueso y del núcleo de la atención de la salud. Hoy vemos una situación totalmente distinta, lo cual tiene una historia. En esa historia juega primero una decisión política de nuestro Ministerio de Salud. Desde que llegamos al Gobierno de la provincia de Buenos Aires, resolvimos que la salud mental iba a ser una parte esencial, esencial, de la respuesta que daba el Estado en nuestra política de salud. Entonces lo empezamos a hacer desde el principio y no sabíamos en aquel momento, en general para la salud, en particular para la salud mental, que se venía un acontecimiento, un evento tan extraordinario, tan inusitado como fue la pandemia. La pandemia, obviamente, puso en tensión al sistema de salud y tuvo, si podemos decir algo, no sé si positivo pero particular, fue que la cuestión de la salud pública se volvió central en todo el planeta. Cuando había quienes decían ‘no tiene que haber prácticamente un sistema público de salud’, cuando había ya una ola que hablaba de la privatización completa de la prestación y de la atención de la salud, bueno, sobrevino la pandemia. Y la pandemia obviamente dejó en claro que las desigualdades existían pero querían ocultar y tapar las dificultades que había en materia de respuesta de salud. Y por supuesto que la cuestión de la fragmentación de los sistemas de salud a escala nacional, a escala mundial diría yo, eran en realidad un enorme impedimento, una enorme traba para que la salud fuera tratada como lo que realmente es, que es un derecho de todos y todas. Más allá de su condición económica, más allá de su posición geográfica, había que dar una respuesta universal y que propendiera a la igualdad, más allá de la condición económica, más allá del espacio geográfico.
Por eso, creo que la pandemia nos dio una oportunidad, además de un enorme desafío, de dar una respuesta que tuviera algunos de los elementos que en momentos menos trágicos, en momentos menos agudos, algunos de los elementos que nosotros creemos que son constitutivos pero que en pandemia todo el mundo fácilmente se pudo dar cuenta de que debía ser esa la orientación y la comprensión general de la cuestión. ¿Qué es lo que pasó? Que el sistema de salud se vio tensionado, tuvimos que dar una respuesta, además inmediatamente, después de asumir, cuando encontramos nuestros hospitales, nuestro sistema sanitario totalmente deteriorado, desfinanciado, hubo que dar una respuesta inmediata a una epidemia como nunca había habido. Entonces, ¿qué decían? Porque también hay que recuperarlo.
Miren, si veíamos las imágenes por la tele de que los sistemas de salud en los países más poderosos y más ricos del mundo habían colapsado, si veíamos en los hospitales, en los países centrales, colas y colas de gente sin posibilidad de atenderse, que era abandonada en sus hogares cuando requería alguna respuesta, si iba a haber un lugar donde el sistema de salud no pudiera dar respuesta, donde iba a colapsar, era en la provincia de Buenos Aires.
Por eso para mí, que en la provincia de Buenos Aires durante la pandemia, nadie se haya quedado sin investigador, nadie se haya quedado sin atención, sin respuesta, la verdad que es un orgullo enorme y nos sirvió para poner en otro lado… Y luego sin vacunas, ¿no? Porque eso era lo que decían después, ¿cómo van a vacunar en la provincia de Buenos Aires? Bueno, como lo hicimos, con el programa de vacunación más importante, más grande, más exitoso en la historia argentina, público. Y cuando decía algunos elementos que también aparecen en este 2° Plan Quinquenal, tiene que ver con la integración del sistema de salud. El sistema de salud, lo hemos dicho muchísimas veces, pero en el caso de la salud mental, yo creo que es más extremo, está tremendamente fragmentado, tremendamente fragmentado. El abordaje, cuando uno lo mira más allá de la pertenencia a lo privado, a lo público, a las obras sociales, a las prepagas, a lo municipal, a lo provincial, cuando uno lo mira en su conjunto, cuando un sistema está mal organizado, desintegrado, lo que pasa es que el resultado de esto es que uno observa que de un lado hay carencia, falta de todo, y del otro lado, paradójicamente sobra. Están mal ubicados, mal distribuidos, mal asignados los recursos. ¿Esto qué quiere decir? Algo fundamental en momentos como el de hoy, que a pesar de las dificultades, a pesar de la escasez, la asignación de recursos, una asignación más pensada, más racional, una asignación mejor planificada, permite aprovechar recursos que se desperdician y entonces tapar agujeros que existen. Aún con los mismos recursos, la integración del sistema de salud permite dar una respuesta muchísimo mejor, para todos, para todos.
Entonces quiero decirlo de nuevo, lo que encontramos hoy aquí, de nuevo, en esta jornada de salud mental donde se está presentando un plan para los próximos cinco años y ahora se va a hacer a nivel del sistema de salud completo en la provincia de Buenos Aires, lo que estamos haciendo es algo que, por supuesto con sus falencias, por supuesto con aquello que se puede mejorar, cambiar, lo que sea, pero estamos hablando de un Estado inteligente. Todos hablan de un Estado inteligente. En realidad es eso, es un Estado que se piensa a sí mismo, que piensa en la coyuntura, que piensa en la situación y que da una respuesta racional, pensada, coordinada, programada, con metas, con resultados, con objetivos y después, como se ha visto acá, cumpliendo los objetivos del Primer Plan Quinquenal, antes de los tiempos que previstos. Eran objetivos ambiciosos, parecían imposibles y de nuevo nos ponemos una vara alta para lo que se viene.
Y también, en ese sentido, hay que hablar, decía yo, de esas etapas. Vino la pandemia, la pandemia nos obligó a focalizar, a dirigir inversiones, pero sobre todo a reorganizar el sistema de salud. Fue en ese momento de emergencia donde aprovechamos la emergencia y lo decíamos desde el primer día, porque había que hacer inversiones, hospitales modulares, ¿se acuerdan? Llevar respiradores, poner más camas de internación y decíamos, seamos suficientemente piolas, inteligentes, para que la inversión que estamos haciendo en la emergencia tenga un sentido después de la emergencia.
¿Cómo podemos hacer para reformular y reestructurar el sistema de salud de la provincia de Buenos Aires, no solo durante la pandemia, sino para lo que viene después de la pandemia? Y así trabajamos, trabajamos de una manera, me parece a mí, que hoy está dando resultados en retrospectiva, ¿no? Pero hablando de las etapas, después de la pandemia, yo siempre lo recuerdo porque me parece importante, fue un hecho, obviamente, anecdótico, fue una postal, pero recorríamos las escuelas donde se volvía a la presencialidad y les preguntábamos, después de ese tiempo de interrupción, de ese tiempo tan especial que también está teniendo efecto hoy en el sistema educativo, pero preguntábamos cuáles eran las necesidades de los pibes y pibas en las escuelas. Y encontramos algo que me parece que la pandemia contribuyó a exhibir, a manifestar, que estaba ahí, pero era más silencioso o estaba oculto. Nos decían, ‘bueno, hace falta generar espacios, generar ámbitos, generar lugares para poder hablar del sufrimiento, del padecimiento, de las dificultades que tenemos para volver a lo colectivo, para volver a lo social, para volver a las instituciones, para volver a lo público, pero eso necesitamos que sea con ayuda’. Y ahí surgió que el viejo modelo de la atención de la salud mental, que era eminentemente privado, ¿no? Aquel que tenía, que la estaba pasando mal, podía recurrir a algún profesional, pero se hacía, en general, por privado. Un consultorio, las sesiones, o se podía hacerlo eventualmente a través de la obra social, un sistema particular que te daba diez consultas, tal vez, ante casos muy especiales. Bueno, era de esa manera. Lo que no había era un sistema de salud mental con ambición universal, de prestación universal, de presencia universal. ¿Qué quiere decir esto? Público, gratuito y universal para el sistema de salud y para el sistema de salud mental.
Y esto por supuesto que es un objetivo, pero que ha recorrido un camino al día de hoy que significó poner dentro de los hospitales generales servicios de salud mental, y esto tuvo dos facetas, también muy interesantes para mí que lo miro más de afuera que ustedes, que es que había como dentro de los hospitales generales con la salud mental una especie también de marginación, por hechos históricos que no se le pueden atribuir tampoco a los sujetos que llevaban adelante esto, pero venía siendo así. Y yo creo que también con la pandemia y después de la pandemia la demanda por la integración de la salud mental al sistema hospitalario surgió porque la sociedad lo pedía y lo necesitaba, en las guardias. El otro día inaugurábamos, Nico, no me acuerdo… En Alejandro Korn, pero digo, en un hospital general donde estábamos caminando por una guardia y nos decían ‘bueno, tenemos hoy’, estabas vos también Juli, ‘tenemos hoy buena parte de las camas del hospital’, nos decían, ‘ocupadas con salud mental’. Nos decían ‘llegan a la guardia con alguna emergencia o con alguna necesidad vinculada a la salud mental’.
Y yo creo que esto por supuesto que nos pone un desafío superior, porque hay que dar respuesta, ¿no? Y en esta coyuntura. Pero también nos muestra un éxito, que es que hoy queda claro que el pueblo de la provincia de Buenos Aires, nuestra sociedad, puede recurrir al hospital público cuando está padeciendo, cuando está necesitando, cuando está sufriendo. Y por supuesto que por eso decía, una etapa de la pospandemia donde hubo un esclarecimiento, llamémoslo así, un esclarecimiento, una apuesta en común de la situación, y luego ahora, con la situación económica, con la situación nacional, a la que me voy a referir brevemente.
Pero hoy vemos que todos los indicadores sociales están para atrás, ¿no? Están para atrás. ¿Qué quiero decir? Más de 400.000 despidos, trabajos registrados, pérdida de trabajos registrados. Hay un crecimiento en los trabajos que son informales, llamémoslo, o no registrados, no sometidos, no sujetos a convenios, condiciones de trabajo, como las del sistema formal. Es decir que hay gente que está trabajando, que perdió el trabajo que tenía y está trabajando de lo que puede, como puede. Pero cuando después vemos las estadísticas del sobreempleo, o sea de aquellos que tienen más de un trabajo, que buscan más de una fuente de ingresos, incluso de aquella forma de la desocupación que no es desocupado porque tiene algún empleo, pero que está buscando más trabajo porque el sueldo no le alcanza. Entonces un Estado, fíjense, donde el que tenía un trabajo lo perdió, donde a veces no perdió el trabajo pero por condiciones salariales anda buscando otro empleo, y donde todos, el que tenga un trabajo formal o el que tenga un trabajo de otro tipo, dice que no les alcanza, y entonces ese síntoma, si me permitís usar la palabra, ese síntoma que es el endeudamiento, el endeudamiento masivo y el incumplimiento, la morosidad en el endeudamiento son síntomas de lo que está ocurriendo, porque es un endeudamiento no para comprar o adquirir un bien de capital, no para hacer algo adicional, sino un endeudamiento de las familias y de las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, para llevar adelante la vida común, la vida corriente. Se endeuda la gente para comer, se endeuda para comprar remedios, se endeuda para subsistir, es un endeudamiento de subsistencia. Lo que se agrega ahora, como una etapa ulterior, que los que se endeudaron no pueden pagar la cuota de la deuda.
Entonces se endeudan porque no llegan a fin de mes y cubren una parte con deuda. Y luego, esa cuota de la deuda se suma a los gastos fijos y entonces ya no llegan a fin de mes porque no llegaban, pero además no pueden pagar la deuda y no pueden endeudarse porque ya están endeudados. Esto que estoy contando y lo estoy bajando de las estadísticas a cómo se produce el fenómeno, tiene un nombre subjetivo, que es la angustia. ¿Cómo se vive de esta manera? Tenés un laburo, tenés que salir a buscar otro. Tenés dos laburos y no te alcanza, otro. No te alcanza y te endeudás. Te endeudás y no podés pagar la deuda.
Estoy describiendo la situación de 22 millones de familias que se han endeudado y estoy contando la situación de más de 6, casi 7 millones de aquellos que no pueden pagar los vencimientos de la deuda mes por mes. Algunos dicen que es un problema microeconómico, que la macro anda muy bien. Yo les voy a decir lo que pienso. Es un problema humano y no dar respuesta es de una crueldad indecible. Y su origen es macroeconómico, así que qué macro va a andar bien si lleva a millones de personas a no poder siquiera pagar lo mínimo para vivir. No anda bien, nada anda bien.
Por eso decía, simplemente con esta descripción, que hoy lo que se ve, lo que se observa, es que esto genera muchísimo, pero muchísimo más, nivel de necesidades, de respuesta en materia de salud mental. Es el pueblo que está sufriendo. Por eso digo que nosotros venimos de un proceso, venimos de una transformación de nuestro sistema de salud y de salud mental que a pesar de las dificultades, a pesar de la asfixia presupuestaria a la que nos quiere someter el Gobierno nacional, también con algo muy perverso. Fíjense, ellos dicen ‘el Estado no se tiene que ocupar de nada de esto, ni de los endeudados, ni de los enfermos, ni de las personas con discapacidad, ni de los desempleados, ni de las empresas que cierran. No se tiene que ocupar absolutamente de nada’. Y al mismo tiempo, lleva adelante un ahorcamiento, un intento de asfixiar presupuestariamente a municipios y provincias que somos los que sí damos respuesta.
Entonces, fíjense cuál es la maniobra. Genera el problema e intenta sacar los medios a quienes quieren solucionarlo. Por eso estamos en una situación donde la verdad que haber trabajado tan intensamente, aún en etapas no tan críticas como las actuales, son las que nos permiten hoy orgullosamente poder dar una respuesta a esta situación dramática, trágica, con los instrumentos, con la preparación y, sobre todo, con ustedes que están acá, porque hoy se traen trabajos también, muchísimos trabajos, reflexiones.
Hoy se viene a discutir un programa que ya se ha discutido con la sociedad civil, con las organizaciones, ya sea de usuarios, con las familias, con también el sector privado, con las universidades. Esto es una elaboración colectiva. Por eso, yo decía que en momentos como este la verdad es que hay que profundizar estas capacidades que tenemos, no sólo de responder, sino de pensar cómo estamos respondiendo, de prever lo que va a pasar.
El otro día estábamos lanzando una línea específica y un programa provincial para este problema gravísimo que está ocurriendo, también un síntoma de la situación, el crecimiento desmesurado de los suicidios en la Argentina y en la provincia de Buenos Aires. Yo lo decía y lo vuelvo a repetir, por el tratamiento que tiene esto tan grave y tan difícil a nivel social, a nivel informativo, a nivel de la discusión pública, a nivel de la política.
La provincia de Buenos Aires el año pasado tuvo 89 muertes, homicidios, en ocasión de robo. Son números horribles porque no tendría que haber ninguno, por más que sea la estadística más baja de la historia. Son números horribles, pero son 89. Tuvimos 1.000, un poquito más, accidentes viales, que siempre era la principal causa de muerte violenta. Y tuvimos 2.000 suicidios aproximadamente en la provincia de Buenos Aires. A mí, la verdad que me parece muy atinado y muy adecuado estar reunidos acá tratando estas cuestiones con seriedad, tratando estas cuestiones con respuestas, tratando estas cuestiones con compromiso, porque la verdad es que esta no es una cuestión para tirarse por la cabeza, sino para tratar de dar la mejor respuesta.
Y sabemos que tiene que ser con el Estado. Después podemos discutir muchísimas cosas, de grado, de intensidad, de volumen. Podemos discutir muchísimas cosas. Lo que no podemos discutir, como pasa en la esfera de la educación, vuelve a pasar en la esfera de la salud, pero digo, en la esfera de la infraestructura, de la producción, lo que no podemos discutir es que el Estado hay que destruirlo, hay que terminarlo.
Porque, a ver, se ve en cada campo, en cada ámbito, en cada situación, donde nos vinieron a decir ya hace tres años que la gente se iba a arreglar mejor si el Estado no estaba. ¿Cómo iba a ser eso? Bueno, cada uno pagando de su bolsillo. ¿Qué pasaba con el que no tenía la capacidad, el poder adquisitivo? Porque nos hablan de una libertad de mercado. La libertad de mercado significa que cualquiera que puede va y compra. ¿Qué hacemos con el que no puede? Yo creo que acá hay una gran estafa. Yo creo que acá hay un escándalo. Que es que nos vinieron a decir que había que retirar al Estado para que la gente esté mejor en materia educativa, en materia de salud, en materia de empleo.
Hoy, tres años después, vemos que nuestro pueblo, que nuestra sociedad, cada vez necesita más respuestas de parte del Estado en la salud, en la educación, por supuesto, en la infraestructura, por supuesto, en las condiciones de vida. Porque ese Estado que retiraron y destruyeron a escala nacional, le está tirando en la cabeza a los intendentes, a los gobernadores, los problemas que tiene la sociedad en su conjunto. Es una crisis que quienes la produjeron se hacen los distraídos y lo agravan desertando de esas obligaciones.
Por eso, yo quería agradecerles este esfuerzo, quería decirles que es muy adecuado pensar en una perspectiva de cinco años, en lo que hay que hacer, nada se puede hacer de inmediato. Que es muy adecuado hacerlo ahora, cuando cambió la situación y tenemos muchísimas más dificultades que resolver con recursos absolutamente insuficientes. Así que es el momento para pensar en cómo llevar adelante nuestro sistema de salud, nuestro sistema de salud mental.
Y quiero decir algo más, que para que esto cambie radicalmente tienen que cambiar las causas que lo producen. Estos padecimientos, si lo ven ustedes todos los días, por supuesto que no se puede generalizar ni es esto exclusivamente, pero por supuesto que una crisis, por supuesto que esta situación, incluso de prédica de odio, lo agrava, lo agrava. Cuando las más altas autoridades insultan, desconocen, señalan al que es distinto, por supuesto que esto no funciona bien ni en la familia, ni en las escuelas, ni en los barrios, y vemos que ha habido un aumento de las violencias de todo tipo.
Así que, bueno, ¿qué podemos hacer nosotros? Hoy, por supuesto, prepararnos para dar la mejor respuesta que podamos de donde estamos, pero sobre todo lo que tenemos que hacer es denunciar esa ausencia a nivel nacional, y sobre todo, lo que tenemos que hacer es disponernos a transformar esa situación que causa este desastre.
Así que, no hay soluciones provinciales a problemas nacionales, sí hay respuestas, sí hay compromiso, sí hay trabajo, sí hay esfuerzo, y eso es lo que venimos a poner en valor acá, el sistema de salud de la provincia de Buenos Aires no se esconde, no le echa la culpa a otro, no saca el cuerpo, da respuesta, planifica, piensa, trabaja.
Así que, con ese orgullo vengo a dar por inaugurada las Séptimas Jornadas de Salud Mental. Muchas gracias.
