Congreso Panamericano 2026 en Montevideo
Bueno, buenas tardes, qué hermoso lugar, primero. Muchas gracias por la invitación, gracias a todos los que se acercaron a escuchar algo que tiene que ver con una experiencia que me pidieron que cuente, que vendría a ser cómo es gobernar la provincia más grande, la más populosa, la más productiva de la Argentina, mientras al mismo tiempo, a nivel nacional, gobierna Milei.
Creo que es una experiencia, empiezo por ahí, no muy grata, no muy sencilla, pero creo que es conveniente contarles un poco primero que la imagen que intenta dar Milei en el exterior y que es comprada por un establishment internacional, por los organismos multilaterales, por buena parte de ese club de la ultraderecha, una imagen según la cual en Argentina hay cosas que están andando bien, que Milei logró corregir, mejorar, poner en determinado camino correcto, que tiene que ver, dicen, con la macroeconomía, con la estabilidad.
Cualquiera que viva en la Argentina, cualquiera que conozca cómo se vive en la Argentina, sabe muy bien que esa es una imagen falsa y mentirosa. Que hay una inmensa estafa, que cuenta con un aparato de propaganda, de difusión, con un aparato de propagación en redes, en discursos, y donde se lo intenta mostrar a Milei como un ejemplo para otros países, para otros gobiernos, para otras experiencias, latinoamericanas y más allá.
Vivir en la Argentina de Milei, para cualquier trabajador, es un infierno. Lo es para las familias vulnerables, lo es para las juventudes, lo es para los adultos mayores. Lo cierto es que está aplicando una política económica, está aplicando una batería de medidas que, sintéticamente, nos decían que era destruir el Estado, el anarcocapitalismo, la escuela austríaca, destruir el Estado desde adentro. Bien, lo que realmente pasa es que se está aplicando una política de destrucción, no del Estado, de la Nación, que empieza por una caída de los salarios, pérdida de empleo, desfinanciamiento del sistema de educación, de salud pública, abandono de la infraestructura social básica, una pérdida de derechos y que es transversal prácticamente a todos los sectores sociales.
Quien conoce Argentina sabe que tenemos una historia con determinadas particularidades, aún para América Latina, un país que con sus más y menos tiene una historia industrial, que cuenta con una universidad pública de gran prestigio, ha tenido premios Nobel por avances científicos, es una sociedad que ha generado una cultura propia, que ha generado enormes avances en materias de derechos humanos, por todos conocidas, vienen a destruir eso.
Cuando alguien pregunta qué es que gobierne esta ultraderecha, qué es que se gobierne desde esa crueldad, qué es que se gobierne desde esa mirada donde importan determinados principios por sobre la necesidad concreta y real de cada uno de los habitantes, es un intento de borrar y destruir la historia de nuestros países.
Me preguntaron también qué hacer con eso, cómo responder y qué estamos haciendo nosotros. Lo primero que quiero decir es que Milei, para aquellos que originalmente lo veían como un fenómeno atractivo, como un fenómeno interesante, novedoso, hoy yo creo que lo que reina en aquellos que se fascinaron o que producto de esa publicidad y de esos planteos lo apoyaban o se entusiasmaban, hoy lo que se vive es la decepción.
Lo digo con la tranquilidad de que tal vez afuera, desde otros países no se ve, pero que sí se ve recorriendo todo el territorio de nuestra provincia y de nuestro país. La caída de los salarios, la pérdida de más de 300.000 puestos de trabajo formales, el deterioro de las condiciones de vida transversalmente está golpeando y lo que antes era una novedad y una promesa hoy se va volviendo cada vez, para contingentes mayores de nuestra población, una calamidad. Milei es una calamidad.
¿Y qué es lo que ha generado? Bueno, en principio desánimo, desinterés por la política, que es lo que también buscan. Pero también ha generado, para algunos sorprendentemente, una reacción. Una reacción que cada vez es más notoria y más universal. Lo vieron miles de millones de personas en el Mundial de Fútbol cuando apareció nuestra selección con una bandera que decía ‘Las Malvinas son argentinas’. Bueno, tiene un origen de rebeldía ese gesto, porque Milei dice que admira a Margaret Thatcher. Todos saben el daño que hizo a la Argentina. Se está despertando, pero la batalla cultural que da esta ultraderecha, donde van por nuestros principios, van por nuestras tradiciones, por nuestras costumbres, por nuestros sentimientos más permanentes y más nobles de solidaridad, de comunidad. Esa batalla cultural, yo me animo a decir que en Argentina la ultraderecha la perdió. Milei fracasó. Y nos falta a nosotros, por supuesto, organizar ese descontento, pero sobre todo ponerlo de cara a las elecciones que vienen en la vía de la esperanza, en la vía de la renovación, en la vía de la reconquista. ¿De la reconquista de qué? De nuestra soberanía, del trabajo digno, de las condiciones productivas que corresponden, de nuestra universidad, de nuestra ciencia, nuestra tecnología, en fin.
En Argentina ha despertado y es imparable, en Argentina vuelve la justicia social. Muchas gracias.
