Plenario Federal 2026 – Movimiento Derecho al Futuro

Compañeros, compañeras, voy a empezar con una sola palabra: gracias. Gracias por estar acá, no saben qué emoción, no saben qué alegría, qué impresionante lo que se ve desde acá, gracias por venir a este encuentro, gracias por venir de todas las provincias de la Argentina, de todos los rincones del país a participar, a debatir, a reflexionar, a pensar en el futuro y más que eso. Hoy lo empezamos a construir, compañeros y compañeras.

La alegría, ayer, cuando me decían que algunos, los que se inscribieron en las carpas para discutir, para reflexionar hoy, los que se inscribieron nada más superaban los 10.000 compañeros y compañeras. Nos quedó corto, nos quedó chico. Hoy miraba las carpas, y ahora este acto con más de 30.000 compañeros y compañeras de toda la Argentina. De nuevo, gracias.

¿Por qué pasa esto? Y los pibes y las pibas… Son señales de que hay esa chispa, ese entusiasmo, hay esas ganas de dar pelea, hay esa necesidad de juntarnos, de acompañarnos, de reflexionar. Este no es un acto convencional, hoy no vine solamente a hablar, hoy vinimos miles y miles de compañeros y compañeras a escucharnos, a reflexionar y a darnos fuerza. Hoy vinimos a construir. Quiero contarlo porque de afuera no se ve. Hubo 10 comisiones sobre Ciencia y Universidad, Seguridad y Justicia, Juventudes, Obra Pública, Vivienda, Cultura y Deportes, Mujeres y Diversidades, Salud Pública, Educación Pública, Trabajo y Producción, Comunidad y Organización. Todas llenas, todas colmadas, todas con esas ganas que tenemos.

Pero quiero decir para que se entienda bien, después de tanta sospecha era más simple: ¡Las nuevas canciones se componen colectivamente y se componen de abajo para arriba compañeros! 

Por eso, gracias en serio, gracias por no bajar los brazos, por participar con esa fuerza, por no resignarse al sálvese quien pueda. Miren, en este día peronista, acá se respira algo nuevo, algo que está creciendo, algo que se está, como corresponde, organizando. Para eso vinimos. 

Hace más de un año, lo veíamos en la pantalla, en Los Hornos, nos pusimos en movimiento y acá estamos hoy, en Avellaneda, avanzando como dijimos derecho al futuro. 

Empezamos, si me permiten, un poco de historia. Empezamos, allá en Los Hornos a trabajar no sólo para defender todo lo que están atacando, nos pusimos en movimiento para organizarnos y construir. Y elegimos llamarnos Movimiento para dejar grabado en nuestro nombre que somos una parte de algo mucho más grande que nosotros mismos. Somos parte de una historia de luchas, somos parte de utopías, somos parte también de tristes derrotas, pero somos parte de enormes triunfos. 

Y ese nombre que elegimos también señala nuestro propósito, nuestro sentido: le pusimos Derecho porque son los derechos de los argentinos los que están en peligro, pero sobre todo, venimos a ofrecerle a los argentinos un futuro diferente, un futuro mejor. Y es en ese camino que venimos recorriendo, que impulsamos los espacios de MDF Salud, de MDF Cultura, MDF Educación, MDF Producción, Trabajo, MDF de las Mujeres, MDF de las Juventudes. Largamos en las provincias, lanzamos nuestro Centro de Estudios Derecho al Futuro. Cientos y cientos de reuniones, de encuentros. Y esto, compañeros y compañeras, recién empieza. 

Como saben, además de recorrer permanentemente cada rincón de la provincia de Buenos Aires, en estos últimos meses empecé también a recorrer distintas provincias de nuestra Patria. Y aprovecho para agradecer, acá y allá abajo a los que se vinieron de cientos y cientos de kilómetros en camioneta, en auto, por la propia. Estuve en Tierra del Fuego, en Chaco, en estos meses, en Corrientes, en La Pampa, en Córdoba, en Misiones. Son provincias muy distintas, gobernadas por fuerzas políticas, con historias, con economías y realidades diferentes. Pero hay algo que se repite en todas partes. En todos lados se encuentra la misma preocupación: economías regionales golpeadas, obras paralizadas, negocios que cierran, sectores productivos sin horizonte. Gobiernos provinciales que hacen lo que pueden para sostener la situación ante la deserción del Gobierno nacional, y además tienen que aguantar presiones y extorsiones. Son provincias que sienten que ya no forman parte de un proyecto de desarrollo nacional. Porque ese proyecto con Milei dejó de existir. Y junto con esa preocupación, en todos lados me encuentro la misma ausencia: del Gobierno federal. A Milei no se lo ve recorriendo la Argentina. No conoce sus provincias, no escucha sus problemas, no inaugura una ruta, no inaugura una escuela, una universidad, un hospital. Es un gobierno nacional que abandonó a las provincias, a su gente, y abandonó también la idea misma de una Argentina integrada. Estamos acá reunidos porque nosotros pensamos y hacemos exactamente lo contrario. 

En cada provincia que estuve y que estuvimos fuimos a visitar, fuimos a escuchar a acompañar con estudiantes, con trabajadores, con empresarios, con comerciantes, con productores, con dirigentes políticos y sociales, con las juventudes. Porque para construir una alternativa nacional primero hay que escuchar a la Argentina. Y eso es lo que vamos a seguir haciendo. Vamos a recorrer, me decían ahí, toda la Patria, y vamos a unir a todas las provincias en un proyecto común. 

Porque una alternativa, compañeros, compañeras, primero se piensa, se construye, se organiza, se planifica y después se lleva adelante y se aplica, pero para eso hay que ganarse el respaldo de las mayorías. Después de lo que está viviendo nuestro pueblo, entendemos que no se va a salir de esta situación tan dramática ni con jugadas mágicas ni con improvisaciones. Lo que se necesita es mucho trabajo, mucha participación, muchos encuentros. Y estamos hoy dando un paso importantísimo para que eso ocurra. 

Una alternativa nacional, déjenme decirles, no se construye desde una oficina. Por eso vengo recorriendo las provincias. Por eso, nos pone tan contentos, felices, ver militantes y dirigentes hoy de nuestra Patria. Este encuentro tiene esa novedad, es un encuentro federal. Nos mueve una convicción: no hay, no puede haber una solución provincial para una tragedia que es nacional. Por eso no me interesa una construcción a control remoto, tenemos que escuchar, tenemos que sumar, tenemos que organizar en todos los rincones de nuestra República Argentina. 

Después de tres años de este experimento que estamos viviendo en nuestro país, la conclusión es clara y cada vez más lo entienden así: con Milei, la Argentina no sólo no va bien, es exactamente al revés, en Argentina se está produciendo una verdadera catástrofe. La necesidad y el desafío también va quedando claro: el año que viene tenemos que cambiar el rumbo económico de la Argentina. 

Preocupa y nos preocupa la mentira, el insulto y el odio que promueven como método político. Pero más preocupa el modelo que está aplicando. Los mismos que financian esa industria del odio y de la mentira hablan permanentemente de equilibrio, estabilidad y orden. Pero claramente no hay estabilidad si las familias no llegan a fin de mes; no hay orden si los hogares están tapados de deudas; no hay estabilidad de ningún tipo si los negocios están vacíos, y al trabajador le aumenta todo menos el ingreso.

La Argentina es un país, con Milei, cada vez más desequilibrado: con más precarización, con menos derechos, menos ingresos, menos trabajo, con más endeudamiento, con más especulación, con más timba financiera.

Por supuesto que el orden económico y social es importante. Pero es claro que un país no se ordena destruyendo el aparato productivo, destruyendo el sistema científico, destruyendo la infraestructura, la salud y la educación pública. Y además y al mismo tiempo, este modelo que aplican desespera, angustia y desintegra. Y esa desintegración gravemente está golpeando en todos lados: en las familias, en los barrios, en las escuelas, en los trabajo, con la violencia, en la salud mental, en la pérdida de expectativas. No se trata solamente de un problema económico. Este modelo está rompiendo los lazos sociales. Tanta privación, tanta angustia, tanta incertidumbre y desprotección está haciendo crecer el indicador más doloroso de todos, están en la Argentina creciendo los suicidios. Nadie puede permanecer indiferente, nadie puede acostumbrarse a esta situación. 

En este contexto, que además de discutir los números y los resultados, tenemos que discutir los objetivos de este modelo. Tenemos que preguntarnos qué tipo de país está creando este programa económico y este modelo político. 

Este plan no sólo es destructivo sino que está fuera de tiempo y de lugar. Va a contramano de lo que está pasando en el planeta. Hoy el mundo atraviesa tremendas transformaciones y frente a esas turbulencias los países están fortaleciendo sus capacidades, defendiendo sus recursos, protegiendo sus industrias, sus fuentes de trabajo, disputando las cadenas de valor, invirtiendo y planificando. Mientras tanto, acá en la Argentina tenemos un gobierno fanatizado con una teoría antigua, desmantela cualquier producción, cualquier protección y hasta festeja el cierre de empresas y de sectores enteros. Es un gobierno ignorante, entreguista e insensible.

Por eso, no podemos acostumbrarnos, no podemos normalizar lo que está pasando. Milei no está ordenando la Argentina, la está desintegrando. Y hay algo todavía más perverso y que está pasando. Es un gobierno que no sólo destruye, sino que además quiere convencer a cada argentino de que es culpable de las dificultades que atraviesa.

Hace rato que se vive mal, pero para darle sentido a ese malestar Milei construyó un relato sencillo, mentiroso y perverso. Dice que si no llegás a fin de mes, si no conseguís trabajo, si no podés alquilar, si te endeudaste, si tu negocio no funciona, para Milei, el problema sos vos. Le dicen ‘fracasaste’ al que perdió su trabajo, al que tiene que cerrar el negocio, al empresario que no puede sostener su fábrica. Esa crueldad forma parte del programa de gobierno.

Por eso quiero hablarles a todos los que están sufriendo esta situación. A las pymes, a los industriales, a los comerciantes que no pueden hoy vender ni producir, les digo, el problema no sos vos, el problema es Milei. Al universitario, al artista, al emprendedor que no vende; a los pibes y pibas que les cuesta soñar hasta con alquilar; al cuentapropista, al laburante de plataformas, le digo, no sos vos, es Milei con su programa económico. Al trabajador, a la trabajadora que ha sido despedido, que siente que falló, le quiero decir también: no sos vos, es Milei. Hay un Gobierno nacional que abandona al trabajo y a la producción.

Insisto con esto, porque la resignación es el verdadero triunfo cultural y psicológico de este modelo. Lo primero que tenemos que recuperar, compañeros y compañeras, es el orgullo, es la convicción de que esto que pasa no es inevitable, de que esto que pasa no es que no se pueda cambiar. Por eso, vuelvo a decir, hay otro camino para la Argentina. Argentina, no sos vos, es Milei. 

Y quiero decirles, como venimos haciendo, a todos los que sufren, a todas las víctimas de estas decisiones y de este modelo, hay que resistir, hay que luchar, pero también hay que aguantar porque falta menos para terminar con esta pesadilla.

Hoy millones de argentinos, de argentinas tienen que endeudarse, familias, empresarios, pibes, pibas, y lo hacen para pagar el alquiler, para pagar la comida, para sobrevivir. Frente a esto, y va a quedar marcado en la historia, el Presidente les dice que es ‘un problema entre privados’. Como siempre, se borran y se lavan las manos. Es esta política económica, son estos sueldos por el piso. Es un Estado desertor. 

Por eso, en la provincia de Buenos Aires sentimos y hacemos exactamente lo contrario de lo que está haciendo Milei. Desde que asumió Milei, gobernamos una provincia a la que le aplican un brutal ajuste, donde tratan… (gritan algo inaudible desde el público). Es así. Es así. Las Malvinas son argentinas. (Cantan ‘Y ya lo ve, el que no salta es un inglés).

Desde que asumió Milei gobernamos una provincia a la que quieren asfixiar. Y sabemos perfectamente que no puede alcanzar con herramientas provinciales ante un desastre como el que están llevando adelante. Pero quiero dejar clara dos cosas. Primero, que no estamos dispuestos a abandonar a nadie en la provincia de Buenos Aires, con todo lo que tengamos. Y segundo, que aunque extorsionen y aunque aprieten la provincia de Buenos Aires no se va a arrodillar ante el gobierno de Milei.

 

Por eso, gobernamos acompañando, poniendo el cuerpo, como llegamos en la campaña, cerca, escuchando. Cuando recorrimos con el Clío, palmo a palmo, nuestra provincia de Buenos Aires, muchos pensaban que Vidal era imbatible. Muchos decían que era difícil, que manejaban las redes, los datos, que tenían apoyo de afuera y de adentro. Pero les digo, de la misma manera ahora enfrentamos este mismo desafío con la misma seguridad y con las mismas convicciones. 

 

No vengo a hacer hoy un recorrido y un inventario de todas las políticas que llevamos adelante. Dijimos que íbamos a hacer escudo y red. Por eso, cuando crece el endeudamiento acompañamos con las políticas, con la Cuenta DNI, cuando se complica la cosa, cuando está difícil, seguimos abriendo escuelas, seguimos abriendo centros de salud, seguimos entregando ambulancias, seguimos abriendo sedes universitarias, en cada uno de los distritos seguimos acompañando a los productores. ¿Cuántas escuelas le vimos inaugurar a Milei? Ninguna. Nosotros decimos que la educación es la base de ese derecho al futuro. Por eso es imperdonable la desinversión y el ataque de este gobierno a la universidad pública. Nos van a ver de nuevo en la calle defendiendo a nuestra universidad pública, gratuita. Pero con todo eso… 

Por eso digo que no va a alcanzar, que podemos amortiguar, proteger y sostener, pero repito: no existe una solución provincial para una tragedia nacional. La solución verdadera es una alternativa nacional que construya un proyecto de país. Cuando la Nación deserta, cuando retira los recursos, cuando corta los programas, cuando abandona obligaciones, las provincias solas, los municipios tienen que sostener hospitales, escuelas, alimentos, rutas, servicios esenciales, cada vez mayores con menores recursos. Pero no es sólo un ajuste, es una concepción de país: decidieron reemplazar la articulación entre la Nación y las provincias por la lógica del ‘sálvese quien pueda’, quieren sustituir el federalismo por la dependencia, la extorsión y el castigo.

En el experimento libertario ya no hay una Nación que coordine, integre y equilibre. Hay un poder central que empobrece a las provincias mientras distribuye premios y castigos según su conveniencia. Por eso, lo vuelvo a decir: desde que subió Milei, entre las obras paradas, las obligaciones que no cumple, la caída de la recaudación, se robó recursos de nuestra Provincia por 28 millones de millones. No cumple, reclamamos pero volvemos a denunciar que Milei le robó a la provincia de Buenos Aires, a sus jubilados, a sus trabajadores, a sus docentes, al transporte. Y si sumamos lo que le sacó a todas las provincias eso da lo mismo que ese superávit trucho que dice Milei que tiene.

Pero ninguna provincia puede desarrollarse sola en un país que se desintegra. No hay país posible con un Gobierno nacional enfrentado con las provincias. Necesitamos, por lo tanto, reconstruir un verdadero federalismo en Argentina, con infraestructura, con rutas, con puertos, con universidades, con ciencia, con producción, con oportunidades distribuidas por todo el territorio. 

Por eso vuelvo a agradecer a los representantes de todas las provincias de Argentina, intendentes, intendentas, diputados, legisladores, referentes, militancia, juventud, porque federalismo es que ninguna región, ninguna ciudad, ningún pueblo, ninguna provincia, ningún pedacito de la Argentina se quede afuera. El Derecho al Futuro es para todos.

¿Qué necesitamos? Necesitamos recuperar estas ganas, este entusiasmo, ideas, sentimientos. Todo el país compartimos un destino común. Por eso no hay sectores que sí y sectores que no. No hay provincias que sí y provincias que no. El crecimiento, o es federal o no es crecimiento, es injusticia. El desarrollo o es colectivo o no es desarrollo, es una estafa. 

Pero no es ésta solamente una discusión de economía. Es mucho más profundo. Es una discusión, como hablaban hoy en cada una de las carpas del encuentro, es una discusión sobre la soberanía, sobre el lugar de Argentina en el mundo y sobre nuestra capacidad de decidir nuestro propio destino.

Hace unas semanas escuchamos a Milei hablar de Malvinas, hablar de soberanía, hablar de unidad nacional. Pero el problema no es lo que recitó durante quince minutos. El problema es lo que Milei hizo durante estos tres años. El mismo Milei que habla de Malvinas es admirador de Margaret Thatcher. El Milei que habla de soberanía es el mismo que impulsó la venta de tierras de toda nuestra patria. El Milei que pide por cadena nacional la unidad es el que lleva años insultando, agrediendo y dividiendo. El que ahora dice ‘viva la Patria’, es el mismo que destruye la patria, porque destruye la industria nacional, la ciencia nacional, las universidades, la obra pública.

En definitiva: ni nacionalista ni patriota, cartón pintado. 

La patria no es una palabra que se agrega al final de una cadena nacional porque no dan las encuestas. Hoy acá, en este lugar, hay representantes de nuestra Nación de punta a punta, desde el norte hasta la Tierra del Fuego, esos lugares que Milei no conoce, que no visita, con los que no se compromete. Y como me decía hoy un compañero de Tierra del Fuego, para defender la patria hay que defenderla con industria, con trabajo, con arraigo, con inversión. Para nosotros, y lo escuché recién, la patria es otra cosa. Y la patria, la patria no se vende. La patria se cuida, la patria se defiende, la patria se construye todos los días.

Queremos una Argentina integrada al mundo, pero de pie. Queremos una Argentina que coopere, que comercie, que lo haga con todos, pero que primero defienda sus intereses nacionales. Porque el único interés que tiene que defender un gobierno argentino es el interés nacional de todos los argentinos. Y lo que estuvimos discutiendo hoy, lo que estuvimos poniendo hoy, por cada uno de los temas y los sectores, la Argentina tiene que tener un proyecto argentino, un proyecto pensado en la Argentina, un proyecto para los argentinos y un proyecto a favor de los argentinos y argentinas. Tiene que ser federal, productivo, inclusivo y con eje en la justicia social.

Estamos en el siglo XXI, con necesidades y demandas distintas, tenemos un país inmenso, tenemos energía, minerales, alimentos, industria, universidades, ciencia, tecnología, trabajadores, empresarios capaces de producir. Tenemos todo lo necesario. ¿Saben cuál es la discusión? Para qué y para quién ponemos en movimiento toda esa potencia. No alcanza con tener recursos naturales si se los lleva otro. No alcanza con producir energía si nuestras familias y nuestras empresas no pueden pagarla. No alcanza con exportar más si eso no genera ni trabajo, ni industria, ni bienestar en cada una de las provincias. La riqueza de la Argentina tiene que servir primero para construir una Argentina mejor. 

Por eso no alcanza con resistir. Al plan de desintegración tenemos que oponerle la reconstrucción y el desarrollo nacional. Tiene que ser un plan con objetivos claros y de largo plazo. La Argentina tiene que volver a pensar más allá de una elección, pero a largo plazo no puede significar volver a decirle al pueblo que espere. A los argentinos ya les pidieron demasiadas veces que hagan un sacrificio más, que atraviesen otro desierto para después llegar al paraíso. Nuestro pueblo ya sufrió demasiado. Por eso el bienestar no puede ser siempre una promesa que llega mañana, mientras ese mañana nunca llega.

Necesitamos una estrategia de desarrollo, sí, para los próximos 20-30 años, pero tenemos que ponerla en marcha desde el primer día. No necesitamos un plan austríaco, ni un plan norteamericano, ni un plan israelí. Necesitamos una estrategia argentina, federal, contemporánea. 

A veces me preguntan… La Patria no se vende. Por eso, a veces me preguntan qué hacer con la Argentina después de Milei. En la etapa actual se está configurando un nuevo orden mundial, un nuevo escenario geopolítico, hay una revolución tecnológica. La pregunta tiene que ser cómo insertamos a la Argentina en ese nuevo orden internacional. Puedo empezar diciendo ante esa pregunta qué cosas seguro no hay que hacer y que es exactamente lo que está haciendo el gobierno de Milei. 

Seguro no rifaría la industria nacional, cuando el mundo vuelve a discutir la soberanía productiva.

Seguro no entregaría nuestros recursos naturales y nuestra energía, sino que la usaría como palanca para el desarrollo y el bienestar de nuestro pueblo.

Seguro, pero seguro, no destruiría nuestro sistema científico, nuestra universidad pública en medio de un cambio técnico. 

Seguro no dejaría que el futuro de nuestros hijos quede en manos de cuatro empresas tecnológicas internacionales.

Seguro no abandonaría la obra pública que es estrategia de desarrollo.

Seguro no desmantelaría la salud pública. 

Seguro no dejaría a nuestros pibes sin horizonte, entregados a las aplicaciones de apuestas, al trabajo precario y sin derechos laborales.

Seguro no regalaría nuestro destino a intereses extranjeros. 

Y seguro no entraría en guerras que no son nuestras, no apoyaría ni genocidios ni invasiones.

A otros les puede fascinar la Doctrina Donroe de Donald Trump. Nosotros seguimos nuestra propia doctrina, que viene del general Perón y dice: Argentina para los argentinos.

Pero nosotros tenemos la obligación de asumir un desafío, lo queremos asumir. Aunque muchos la están pasando mal, todavía no visualizan, no ven una alternativa que los convoque. Nuestra tarea, entonces, no se limita a describir calamidades que ya todos conocen porque las viven. El desafío no es describir el sufrimiento. El desafío es, consiste en ofrecer una salida. El desafío es demostrar que no hay que resignarse, el desafío consiste en crear y construir una alternativa mejor para todos los argentinos. 

Déjenme, antes de terminar, compartir qué características tiene que tener esta alternativa:

No puede estar basada ni en el odio ni en la nostalgia. Tiene que ser capaz de volver a despertar expectativas.

Las circunstancias son distintas, la Argentina cambió, el mundo cambió. Por eso no alcanza con repetir una experiencia. 

El otro día en el encuentro de MDF con la juventud escuchamos la palabra de los pibes. Miren, algunos hablan de los jóvenes como si fueran un misterio indescifrable. Pero cunado uno los escucha encuentra que básicamente quieren lo mismo que quisieron generaciones anteriores. Para empezar, trabajo, ingresos dignos, poder estudiar, independizarse, acceder a una vivienda, formar si quieren una familia, desarrollar un proyecto, poder imaginarse una vida mejor. Tenemos que hacernos cargo de eso. 

Tampoco sirve, menos todavía, como intentan varios, no sirve culpar a la juventud y decir que fueron ellos que votaron mal. Tenemos que preguntarnos qué decepciones, frustraciones, qué promesas incumplidas y qué experiencias fallidas llevaron a muchos de ellos a pensar que un experimento como el de Milei podía ser una solución a sus broncas y a sus aspiraciones. El problema no es simplemente que muchos lo hayan votado. También tenemos que preguntarnos qué hacemos nosotros para que encuentren una alternativa. Como militantes, como dirigentes, tenemos que revisar lo que nos trajo hasta acá y para eso estamos.

El peronismo tiene que ser la columna vertebral de la construcción que se viene. No tengo ninguna duda. Pero con el peronismo solo no nos va a alcanzar. Tenemos que convocar a muchos argentinos, a sectores políticos y sociales que quizás nunca militaron con nosotros pero que quieren una Argentina distinta a la que propone Milei. 

Y esa mayoría no va a surgir por arte de magia. Esa mayoría no va a surgir de una negociación secreta entre dirigentes, de un acuerdo de las cúpulas ni de una rosca a espaldas de la sociedad. La tenemos que construir, compañeros y compañeras, la tenemos que construir en todos lados, desde abajo, a la luz del día y de cara a la sociedad. Tenemos que abrazar a los que están sufriendo este modelo.

Porque lo que tenemos que representar es mucho más grande, tenemos que representar una idea de país: una Argentina donde independizarse para los pibes no sea una hazaña, donde tener una casa no sea una fantasía, donde se pueda vivir dignamente de tu laburo, donde estudiar vuelva a dar oportunidades y donde progresar no signifique irse, donde se pueda proyectar, donde se pueda soñar, donde se pueda ser felices.

Cuando decimos que queremos construir algo nuevo no significa renegar de nuestra historia ni de nuestra identidad política. Podemos discutir las diferencias, podemos tener distintas formas de organizarnos, podemos plantearnos lo que tenemos que hacer distinto. Pero no vamos a permitir que borren o deformen nuestra historia. El pueblo argentino vivía mejor con Perón, el pueblo argentino vivía mejor con Néstor y Cristina. Había más derechos, más universidades, más ciencia, más trabajo. Por eso es que Cristina está injustamente presa, por eso y para intentar callarnos, disciplinarnos y condicionarnos.

Tenemos historia, tenemos raíces, justamente por eso tenemos la obligación de construir algo que esté a la altura de estos tiempos, algo que esté a la altura de los desafíos. Y se construye de una manera que tiene que ver con la discusión, con la participación. No se construye contra nadie del campo popular, se construye para el pueblo y para sus necesidades.

Ahora quiero hablarles de lo que viene. Imaginen, invito además que hablemos con todos y decir que hay que imaginar cuatro años más de esta destrucción. Sólo pensar cuatro años más de este abandono, cuatro años más de salarios que se pierden. No quedaría trabajo, no quedarían derechos, no quedaría país. 

Por eso la posibilidad de una reelección de Milei no puede ser una preocupación solo nuestra y del peronismo. Lo que está en juego el lugar de la Argentina en el mundo, de su tejido productivo, de su convivencia democrática y su futuro. Por eso, esto debería convocar a todos los sectores democráticos y a todos los que quieren el desarrollo nacional.

Pero tampoco podemos cometer el error de sentarnos a esperar. No podemos especular con que el malestar económico vaya a resolver por sí solo el problema político. No podemos confiar en que el fracaso de Milei produzca automáticamente una alternativa. No cuenten conmigo para esperar sentado.

Por eso acompañamos desde el comienzo todas las luchas, por eso somos oposición, pero es necesario construir ahora, además de la oposición, una opción nacional, una salida, un lugar mejor a donde ir.

Por eso, cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa que nos deje terminar con este modelo, pero sobre todo que nos permita empezar una etapa distinta.

Muchísimas gracias. Vamos a seguir recorriendo la Argentina, vamos a seguir conversando con todos los sectores. Entiendo que nuestro país no soporta cuatro años más de este modelo. Dentro del peronismo y fuera del peronismo. Con trabajadores, sectores medios, con empresarios, con universidades, con organizaciones sociales, con las mujeres, con los pibes, con las Madres, con las Abuelas, con los intendentes, con los gobernadores. Queremos una Argentina con democracia, queremos una Argentina con desarrollo, con soberanía y con paz. Por eso, compañeros y compañeras, estamos acá. 

Quiero terminar hablando del futuro. Pronto vamos a recibir al Papa León, acá en nuestra provincia de Buenos Aires. León sigue el legado de Francisco, alza la voz contra la injusticia, contra los modelos económicos de exclusión. Vivimos un tiempo de guerras, de desigualdades, de líderes de ultraderecha mundial que desprecian la democracia. Y el Papa Francisco nos hablaba de una ‘cultura del descarte’, de un sistema capaz de convertir a millones de seres humanos en sobras. Pero nos recordaba también que nadie se salva solo. Nos recordaba también que no hay crecimiento sin justicia social. 

Por eso en tiempos donde nos quieren convencer y para muchos argentinos la palabra futuro significa incertidumbre, alquileres imposibles, trabajos precarios, deuda, emigración, angustia, nosotros sabemos que tenemos que cambiarle nuevamente el significado a la palabra futuro. 

El futuro no puede ser solamente una amenaza o una pesadilla. Tiene que volver a ser esperanza, tiene que volver a ser proyecto y tiene que volver a ser patria. Por eso, no sólo hoy vengo a invitarlos a que nos organicemos para ganarle a Milei. No solamente los invito a terminar esa historia. Los invito sobre todo a empezar otra historia nueva, a empezar una historia distinta y una historia mejor para todos los argentinos y argentinas.

Venimos a eso, a construir un futuro mejor. Y ese futuro no se va a construir solo, no lo va a construir solo un dirigente, ni un partido, ni un gobernador. Ese futuro lo tenemos que construir convocando a todos los argentinos y argentinas. 

Pienso en un futuro con más democracia real, pienso en un futuro con más producción y trabajo.

Pienso en un futuro con más justicia social, con más igualdad, con más federalismo, con más soberanía. 

Pienso en un futuro digno, en un futuro en paz. 

Ese es nuestro compromiso.

Hay otro camino. Y no vamos a esperar que aparezca solo. Nos pusimos en movimiento para construirlo. Por eso, entre todos y entre todas, desde cada provincia de la Argentina, desde cada pueblo, desde cada lugar, compañeros, compañeras, cuenten conmigo. 

Compañeros, compañeras, por una Argentina para los argentinos, por una Argentina con Derecho al Futuro.

¡Viva la Patria! ¡Viva la Argentina! Las Malvinas fueron, son y serán argentinas. Muchas gracias.

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