Ronda de Negocios de petróleo, gas, minería y energía

Muchas gracias a todos, a todas. Vamos a intentar ser lo más breve posible, porque interrumpimos ya el trabajo que se está llevando adelante. Así que vamos a hacerlo muy brevemente, pero hay ciertos comentarios que quiero hacer. En primer lugar, hoy una experiencia personal, hoy a la mañana leyendo la síntesis de prensa… Ah, perdón, llegó el intendente de La Plata. Bueno, perdón. Gracias, Julio. Hoy leyendo el diario a la mañana, es una experiencia que puede hacer cualquiera de ustedes, no se trata de una decisión de mostrar solamente un aspecto, no se trata de una cuestión de chicana, ni siquiera de disputa, simplemente una descripción de la realidad.

Ayer tuvimos el cierre de Whirlpool en Pilar, hubo cierres también de empresas en Santa Fe. Estamos teniendo prácticamente de manera cotidiana, diaria, noticias con respecto a caída del consumo, caída de ventas de alimentos, caída de la producción en construcción, en industria, caída del empleo y, como decía recién, cierres de empresas. Cuando se inició la política económica que lleva adelante el gobierno Javier Milei, la verdad que debo lamentarlo, de manera premonitoria, para quienes estudiamos la economía argentina y para quienes vivimos etapas como fue la década de los ‘90 y quienes estudiamos todos los procesos económicos, los planes económicos del país, dijimos que este plan es un plan que sostiene el tipo de cambio, depende de la afluencia de dólares. Sostener un tipo de cambio de manera artificial, a través de intervención, requiere un flujo permanente de divisas. Desde que asumió Milei comenzó con un blanqueo, 20.000 millones aproximadamente. Siguió con una aceleración de la liquidación de 20.000 millones más. Luego, un crédito del FMI de 20.000 millones más. Después, lo que observamos cercano a las elecciones, una promesa del Tesoro norteamericano de 20.000 millones, que hoy está, creo yo, en veremos. Una promesa de bancos de inversión extranjeros de otros 20.000 millones de dólares más, vinculados permanentemente a un esquema de sostenimiento del tipo de cambio, de determinado nivel de tasa de interés. Por supuesto encadenado con compromisos de apertura importadora, de reducción salarial, de reducción de jubilaciones, de ajuste fiscal. Es un programa económico que no tiene nada de austríaco, de libertario, no tiene nada anarcocapitalista. Es un programa económico que se aplicó varias veces en la Argentina. No es difícil hoy con la inteligencia artificial, para quien no es experto, puede pedirle que le haga la comparación entre la tablita de Martínez de Hoz, la política económica de Cavallo en los ‘90, lo que fueron los primeros dos años de Macri y lo que es la política económica de Javier Milei. Uno va a encontrar simplemente paralelismos, similitudes y, finalmente, cuestiones de detalles. Me animaría a decir que ni siquiera demasiados cambios en términos de los protagonistas, ¿no? De quienes desempeñan los papeles más importantes en la política económica actual, comparado con quienes lo hicieron en otras experiencias de este tipo. Sturzenegger, bueno, hoy Caputo, pero también la misma ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Un elenco estable de estas políticas económicas. Y lo digo de nuevo, no estamos ni en campaña, estamos en una reunión que se ha organizado con sectores productivos de la provincia de Buenos Aires. Simplemente vengo a repetir lo que ya dije desde el comienzo, desde la puesta en marcha de esta política económica. Puede ser, depende de la disposición de financiamiento permanente, que este arreglo macroeconómico se sostenga o no.

Días antes de las elecciones estuvo, y todos lo atestiguamos, en riesgo de volar por los aires. Tuvo que venir de manera urgente, de emergencia, por primera vez en la historia nacional, un soporte a la cuestión cambiaria del Tesoro norteamericano, que intervino como si fuera la mesa de dinero de un banco nacional o del propio Banco Central comprando pesos a cambio de dólares, alimentando dólares para sostener el arreglo cambiario. Todo esto es público, notorio. Lo que no se observa, no se ve, y no es tapa de diarios, porque la cuestión financiera, las colocaciones de Caputo, el ingreso de divisas, todo esto aparece como noticia del día. Pero lo que aparece en el interior del diario son cierres de empresas, pérdidas de puestos de trabajo, sectores enteros que sufren las consecuencias de esta política económica y no es casualidad, ni es un error de diseño o de objetivo. La verdad que cada vez que se aplican estas políticas económicas, la producción, el empleo, particularmente la industria, se ven tremendamente perjudicadas.

Cuando se inició esta política durante el gobierno de Macri, nos tocaba estar en el Congreso de la Nación y le pusimos un nombre: industricidio. Yo hoy prefiero llamarlo ‘plan de exterminio de la industria nacional’. ¿Por qué la diferencia? Porque en aquel entonces había un Ministerio de Producción o algo parecido, que hacía la mímica de un interés, de una preocupación por cada problema que tenían los sectores productivos industriales. Era una puesta en escena. A mí me lo comentaban los empresarios, los más importantes del país, que me decían ‘bueno, cuando vas al Ministerio de Economía o de Producción’. Creo que estaba un tal Pancho Cabrera, en ese momento. ‘Te atienden, te ofrecen café, te dan masitas. Te dicen, vamos a ver, nos vamos a fijar, pero después no pasa nada’. Ahora es al revés. Ahora directamente hay un desprecio, directamente hay un discurso que va en directo ataque frontal a la industria nacional. Pareciera que el Gobierno tiene como objetivo destruir el tejido industrial argentino. Por eso vemos, con asombro, como tantas cosas novedosas que están ocurriendo, que cuando cierra una empresa o está en riesgo o entra en procedimientos de crisis, el Gobierno nacional no mueve un dedo, no existe. La banca pública no está, los instrumentos no aparecen y entonces se precipita o se actúa con total indiferencia ante lo que está representando una verdadera destrucción de capital productivo argentino, masiva. Esto es lo que estamos viendo. 

Obviamente, el discurso que estoy haciendo es bastante disruptivo con la fiesta que tienen las acciones de Nueva York, en los mercados. Fiestas que, como siempre con el sector financiero, es fluctuante, depende de mil factores, de las expectativas, de alguna noticia, de lo que pasa afuera. Es decir, el sector financiero, como sabemos, es volátil, impredecible, así que sube, baja con una declaración. Ahora, lo que va pasando en la economía real, lo que ocurre en el sistema productivo argentino es silenciado, se oculta, pero es sistemático, progresivo, acumulativo y, repito, catastrófico. Y lo observamos todos los días. Se han perdido 223.000 puestos de trabajo registrados, según estadísticas oficiales. Ayer salió una estadística oficial sobre la evolución económica que, en el fleje, como si fuera en el alargue, cambiaron la estadística para atrás para evitar que hubiera otra caída y se pudiera declarar técnicamente una recesión. Pero los que recorremos la provincia de Buenos Aires, sus parques industriales, los que recorremos tanto el interior como el conurbano, lo que vemos es que la cosa va de mal en peor. Y el Gobierno nacional, repito, como una novedad, como algo absolutamente desconocido hasta ahora, en sus principales funcionarios, partiendo del Presidente de la Nación, les importa cero lo que está ocurriendo. Que es una catástrofe cotidiana, diaria, territorial, real, de las familias argentinas. Digo argentinas porque estoy hablando de estadísticas nacionales, pero la provincia de Buenos Aires tiene la mitad del tejido industrial argentino.

Así que los que están sufriendo esta política son ustedes, empresarios, empresarias, pymes, sectores productivos de toda naturaleza. Hay muy pocos sectores, hay muy pocos sectores, para decir, casi ninguno, que esté experimentando, desde que se implementó esta política económica, algún tipo de mejora. Claro, cayó el consumo interno por la reducción salarial, se abren las importaciones, así que una demanda debilitada que languidece, se canaliza hacia la compra de productos extranjeros a través de plataformas, ahora también de manera facilitada, pero de todas las maneras posibles se fomentan las importaciones. Nos enteramos que hay empresas que interrumpen la producción para convertirse en importadoras. Vergüenza debería darle al presidente Milei. Vergüenza en un mundo en el que cada uno de los presidentes, cada uno de los líderes del planeta, está viendo cómo defiende cada puesto de trabajo de su país. Empezando por Trump, el presidente de Estados Unidos, que toma medidas inéditas, pero para sostener la industria propia y para fomentarla y hacerla crecer, de manera absolutamente explícita. Y acá vemos a un presidente, a sus ministros, que van, por ejemplo, al Día de la Industria, creo que fue el año pasado, a la UIA, a decirles que la industria argentina es parasitaria del campo, que no es genuina, que no hay inversión, que no sirve, que parasita. No solo es mentira, sino que es un agravio.

A mí me dice cualquier cosa diariamente, pero no importa. Se está metiendo con el proceso, con las fábricas, con trabajadores y empresarios de toda la Argentina, de todo el país. Y les está diciendo que no sirven y que los va a destruir. Yo vuelvo a decirlo así porque ocurre de manera explícita. Se hizo muchas veces. Uno recuerda la silla, la propaganda de la silla nacional y la silla importada durante la época de Martínez de Hoz. Es un poroto comparado con el discurso que hoy reina en el Gobierno nacional con respecto a la industria argentina. Y agrego, luego de esto fue con sectores productivos agropecuarios, porque la provincia de Buenos Aires también es la principal provincia de producción agropecuaria. Y les dijo, ante las quejas, los reclamos por el tipo de cambio, por el costo de los insumos, del combustible, de los fertilizantes. Bueno, cuando se le planteó problemas de rentabilidad, le dijo a los productores agropecuarios… A la industria le había dicho que vive del campo, y al campo le dijo ‘¿por qué no se dedican al carry trade?’. O sea, a la especulación financiera. A la industria que vive del campo y al campo que la timbee. Fuera de lo que ocurrió el otro día con la suba y baja de retenciones vinculado a un negocio con el sector agroexportador. Y quiero decirlo para que quede muy claro, las grandes cerealeras no son el sector agropecuario y el sector productivo. Son la comercialización liderada por grandes empresas. No las vengo a criticar, vengo a decir que no me confundan a los productores agropecuarios que todos los días madrugan, llevan adelante la producción, con grandes cerealeras que son empresas financieras internacionales.

Entonces, estamos en una situación inédita. Y yo no tengo forma de no decirlo. Y no tengo forma de no representar y expresar esto, porque como gobernador de la provincia de Buenos Aires, principal provincia productiva de la Argentina, estamos sufriendo una catástrofe. Una catástrofe productiva, industrial y laboral. Por tanto, económica y social. Y esta es la realidad que vivimos. Y es irrefutable y está planteado en cada una de las estadísticas, aún con las discusiones que podemos tener las oficiales. 

Planteo esto porque hoy estamos celebrando algo que para mí es de doble importancia, Augusto, porque hoy tenemos una política nacional que dice ocuparse de la macro. Es un esquema macrofinanciero, pero cuyas consecuencias productivas son nefastas. Y estamos solos, desde la provincia de Buenos Aires, para diseñar e implementar políticas para sostener un tejido productivo, industrial y laboral que está en riesgo. Por eso, yo quiero agradecerle al CFI, y agradecerte a vos, Ignacio, agradecerle a tu equipo, agradecerle también a Cristina Álvarez Rodríguez, Ayelén, a los que han trabajado, pero también a todo el Ministerio de Producción, porque se está llevando una tarea contra la corriente y en condiciones realmente muy desfavorables. 

La política económica nacional es antiproductiva y antiindustrial. Odia y aborrece la industria argentina y la viene a destruir de manera desnivelada y explícita. No quieren industria. Y la provincia de Buenos Aires es una provincia industrial. Y la provincia de Buenos Aires es una provincia productiva. Ni hablar del drama social, del drama histórico que se va generando, porque estamos hablando de un cuarto de millón de puestos de trabajo registrados menos. Estamos hablando de miles y miles de empresas que cierran. Las más grandes nos enteramos, se enteran todos por los diarios, en lugares laterales. Pero nosotros todos los días recibimos estos problemas. 

¿Cómo hacemos ante una situación así de adversa? Veníamos de cuatro años de desarrollo productivo, industrial, de desarrollo de todos los sectores de la provincia de Buenos Aires. Hoy estamos en una política de acompañamiento. Yo digo ‘escudo y red’ a través de políticas de crédito, de políticas que tienen que ver también con diferentes áreas del Estado, que de manera coordinada responden con el liderazgo del Ministerio de Producción. Una de ellas son las rondas de negocios. Yo quiero agradecer y quiero felicitar porque esta ronda de negocios es la número 100, es una nueva política creativa que ha desarrollado el Gobierno de la Provincia. Miles y miles de empresas, miles y miles de acuerdos sellados a través de este espacio que pone el Estado provincial. El Estado con el sector privado trabajando mancomunadamente. Tiene una particularidad, esta es la primera ronda de negocios para el sector de petróleo, gas, minería. Es un sector muy importante. Yo siempre hablé de Buenos Aires como una provincia petrolera. Obviamente, no tenemos los grandes yacimientos, pero procesamos 80% del crudo nacional en las refinerías bonaerenses. Están las pymes, el tejido industrial y pyme vinculado al sector productivo, petrolero y minero, está radicado en la provincia de Buenos Aires. Le quiero agradecer también a Pablo González, expresidente de YPF, que nos acompaña hoy. 

Y hoy tenemos una enorme afluencia, un enorme interés. Cuando el Estado trabaja, cuando el Estado genera espacios, cuando el Estado da respuestas, el sector industrial, productivo, empresarial responde. Hoy, más de 40 empresas que llevan adelante, hoy, junto con 250 pymes, esta ronda de negocios. La verdad que, además, el orgullo de hacerlo acá, en la capital de la provincia de Buenos Aires. Julio, muchas gracias, y en este Teatro Argentino, un emblema de la cultura nacional y bonaerense que recuperamos de las ruinas cuando iniciamos el gobierno. 

Quiero decir, y para terminar, que el sector minero bonaerense está sufriendo de manera también extrema, porque es un sector minero vinculado particularmente a la construcción. Y sabemos que la caída en la rama de la construcción fue de las más violentas que se tengan registro. Y se sostiene de la misma manera. Estamos hablando de caídas de 30, 20%, ahora tomando la serie en su conjunto. Así que, la construcción en caída, la industria en caída, pero quiero destacar también que hoy se vive en Argentina, en el sector petrolero y del gas, una producción, niveles de producción que están alcanzando récord. Así que, voy a ser muy breve para poner las cosas en su lugar con todas las mentiras que se dicen y, sobre todo, con todas las imprecisiones que se instalan. 

La producción de petróleo y gas en la Argentina estaba en riesgo de extinción también. Y esto estaba vinculado a la privatización que sufrió la empresa YPF. Empresa líder, empresa emblemática nacional, YPF, una empresa que había tenido una larga historia, una larga trayectoria. Y para decirlo en números redondos, con la gestión privada, en ese caso de Repsol, en YPF, con la gestión privada, la producción de petróleo, para que tengan claro la magnitud, la producción de petróleo durante la gestión de Repsol cayó un 49%. 49%. Redujo la producción de petróleo Repsol a la mitad en YPF, siendo la empresa líder en Argentina. 42% cayó la producción de gas durante la gestión de Repsol. Digo también para los que, un poco ingenuamente, y para los que malintencionadamente dicen ‘privaticemos todo que va a andar bárbaro’. 50% cayó la producción de petróleo, 42% la producción de gas, 50% las reservas de gas, 55% las reservas de petróleo con la gestión privada de YPF. Un desastre, un vaciamiento.

¿Y qué es lo que generó eso a nivel macroeconómico? Generó la necesidad de importar bienes energéticos, petróleo, gas, o bienes energéticos en general. Argentina pasó de tener, en 2006, un superávit energético, de balanza comercial energética, los dólares, de 6.000 millones de dólares a, con la gestión de Repsol, que llegó hasta 2012, en 2013 tuvimos un déficit energético de 7.000 millones de dólares. ¿Qué significa pasar de 6.000 millones de dólares de superávit a 7.000 de déficit sólo en balanza comercial energética? Que a partir de ahí, todos los meses, todos los años, todos los años, había 13.000 millones de dólares menos en la Argentina. Entre lo que no entraba por exportaciones y lo que salía por importaciones. 13.000 millones de dólares por año menos, culpa de la privatización de YPF.

Desde que se recuperó YPF, desde el año que se recuperó YPF en 2012, empezó a revertirse esa caída en la producción, esa caída en el gas, en el petróleo y en las reservas. Y se empezó a explotar Vaca Muerta. Y lo quiero decir con todas las letras: Vaca Muerta hoy es parte real del futuro de la Argentina porque se recuperó YPF y se la puso a invertir y a producir en favor de nuestro país; no de intereses extranjeros. 

Entonces, resalto esto, porque hoy hay una enorme oportunidad para el país y para la provincia de Buenos Aires producto de esa recuperación de YPF. Que es que como los recursos, la reserva, segunda y cuarta reserva más importante de recursos no convencionales, son tan grandes, tenemos la posibilidad de planificar y de ejecutar un crecimiento de la producción que no se refleje solo en exportaciones mayores de producto primario, sino, sobre todo, en elaboración, sobre todo en generación de valor agregado local, de energía local, para que se convierta, como debe ser la energía, en madre de industrias. Ahí, la provincia de Buenos Aires es, sin lugar a dudas, el principal protagonista. Tenemos nosotros una parte central del tejido productivo conformado por pymes, por medianas empresas, que tienen que ver con la extracción, con la producción, con la exploración de petróleo y de gas, pero también con su refinación, con su conversión energética. Es decir, que tenemos una oportunidad enorme que no podemos despilfarrar convirtiéndonos en una especie de yacimiento tonto cuyos recursos se van al extranjero para generar valor agregado y trabajo en el extranjero. Necesitamos que el boom petrolero, el boom energético de la Argentina, sea hecho con trabajo argentino y en la Argentina.

Hoy esta ronda de negocios permite, y bueno, el desarrollo de proveedores que estamos llevando adelante con el CFI, permite darle más densidad, darle más productividad, darle más volumen, darle más eficacia al tejido productivo en la provincia de Buenos Aires. Permite juntar a quienes necesitan comprar con quienes venden, permite articular a sectores que, a veces, por cuestiones simplemente de información, de comunicación, no consiguen ponerse de acuerdo. Así que este evento, esta reunión, esta ronda de negocios número 100 en la provincia de Buenos Aires, viene a recalcar algo que también forma parte del debate actual y que en esto quiero polemizar con toda claridad con el Gobierno nacional y con las mentiras que va diciendo. Hoy, en todos los países del mundo, en todos los países del mundo, particularmente en los que admira el Presidente de la Nación, con aquellos que luego va y se muestra obsecuente, todos los países del mundo están diagramando su política industrial. Están diagramando su política industrial. En algunos casos incluye versiones explícitas de proteccionismo, como es en el caso de la política arancelaria de Trump; que está dirigida específicamente a crear trabajo de industria en su propio país. La política industrial se ha vuelto, de nuevo, motivo de debate, motivo de estrategias, motivo de discusión y coordinación en todos los países del mundo. 

Y escuchamos a funcionarios argentinos decir que la mejor política industrial es la que no existe. Vengo a decir que eso es una vergüenza, que eso es una aberración y que va a contramano de lo que está pasando en todo el país, perdón, en todo el planeta. Nos quieren convertir en una colonia. Nosotros necesitamos seguir desarrollando la industria nacional. Nosotros necesitamos seguir desarrollando el trabajo argentino. Necesitamos seguir desarrollando la ciencia, la tecnología y articularla con la industria. Tenemos un tejido industrial y pyme que no hay que destruir, hay que fortalecer. Y, para eso, cuenten con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Muchísimas gracias.

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