6° edición del Programa Federal de Formación “Gestión para el Desarrollo”

Gracias, muchas gracias a todos, a todas. La verdad que tuve una mañana con varios accidentes por temas no de tráfico, sino de cuestiones de gestión, pero estoy muy contento de poder estar acá, de compartir con ustedes el cierre de esta reunión, de esta jornada, de este plenario.

Quiero primero felicitar, agradecer al CFI por el trabajo que hacen en todos los planos, pero particularmente por esta actividad que permite poner a la formación asociada a la gestión y a la política, y hacerlo de una manera federal, de una manera inclusiva.

Quiero agradecer a los participantes de todas las provincias argentinas, por supuesto, con el corazoncito bonaerense, a todos los pibes y pibas de nuestra provincia, valorar el proyecto que presentaron, un proyecto productivo, un proyecto que tiene que ver con la inclusión, también, de sectores que les cuesta. Así que, dicho todo esto y porque el tiempo es limitado, voy a ir a lo que me preguntaba recién Ignacio.

Varias reflexiones. Primera reflexión, lo que tiene que ver con la formación. Ahí veía un poco en la ficha que me dieron, que muchos de ustedes terminaron la universidad, otros la están cursando. En todos los extremos, en todas las latitudes, longitudes de nuestra república, hay universidad, por supuesto, también privada, pero sobre todo un sistema de universidad pública que es un verdadero orgullo para la Argentina, que es una particularidad de nuestro país.

Nuestro país fue el país donde se llevó a cabo, a principio del siglo XX, la famosa Reforma del ‘18, una reforma universitaria que le dio a nuestro sistema una apertura, una particularidad que tiene que ver con el cogobierno, con la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento, de pensamiento crítico. Y luego de esa Reforma del ‘18, en el año ‘49 se hizo para mí el paso más importante y decisivo, que pone a la universidad pública argentina en un lugar donde pocos sistemas pueden estar en todo el planeta, que es la gratuidad. En el ‘49 se vuelve a la universidad un lugar de progreso, de ascenso social, donde van los hijos de trabajadores, primeras generaciones de estudiantes universitarios cuyos abuelos, bisabuelos, padres no pudieron pisar una universidad y que, a través de la formación universitaria, pueden disponer el acceso a un futuro mejor en lo individual, en lo colectivo y en lo nacional.

Así que, lo primero que les quiero pedir acá, porque tal vez se pasa por alto, o tal vez no es el lugar donde es el eje de la discusión, pero lo quiero traer acá. Hay que defender la universidad pública y gratuita. No podemos permitir que con miradas privatistas y miserables dejen afuera a los pibes y pibas de la posibilidad de, a través de la formación universitaria… Lo digo también, vos decías docente, yo trabajé durante mucho tiempo en la Universidad de Buenos Aires, luego también en otras universidades del conurbano bonaerense y a veces me llama la atención para aquellos que pisamos, que queremos y que trabajamos tanto tiempo en la universidad que algunos digan, ‘bueno, la universidad pública y gratuita es un gasto, es algo que requiere demasiados recursos’. Y para colmo, termina fomentando una especie de endogamia, donde a la universidad acceden, dicen, los sectores ya pudientes, los sectores que tienen que ver con el mayor nivel económico.

Es mentira. Es mentira. La universidad pública argentina, en la en las universidades del conurbano, 80, 90% son hijos de trabajadores, hijas de trabajadores que jamás pudieron en su familia acceder a la universidad. A veces con mentiras nos quieren convencer de modelos que, bueno, que no han servido tampoco en otros lados.

Así que, bueno, empiezo con la defensa de la universidad pública y sigo con la discusión de lo que pensaba. ¿Qué pensamos del país? Bueno, y qué tiene que ver con esto de la formación y qué tiene que ver con esto del análisis, del pensamiento y de la preparación. Yo creo que —voy a decir algo que es evidente— que hay un mundo hoy en transición, en transformación, ¿no? Un mundo que está cambiando, el mundo, el mundo, el planeta. Hoy estamos atestiguando cosas que no pasaban hace mucho tiempo.

Yo recuerdo cuando empecé la formación en la Universidad Buenos Aires, estudiando Economía para la licenciatura en Economía, que había una serie de postulados, una serie de recetas que se habían consolidado como lo que había que hacer en todos los países del mundo, pero particularmente en los países del tercer mundo, los países como el nuestro, en vías de desarrollo, los países subdesarrollados, los países dependientes tenían que aplicar un conjunto de recetas que estaban escritas y que si se seguía adelante con ese manual, si se aplicaba esos, no consejos, sino prácticamente imperativos, entonces los países se iban a desarrollar.

Lo decía recién el gobernador de Mendoza, tantas frustraciones, ¿no? Pero también tantas recetas equivocadas. Durante los ‘90 había una suerte de manual de instrucciones para los países como Argentina, que se conoció como el Consenso de Washington. El Consenso de Washington constaba de 10 puntos que tenían que ver con la desregulación, con la flexibilización laboral, con la reducción del gasto público, con la apertura de las importaciones, con la privatización de lo que entonces habían sido empresas públicas. Ese Consenso de Washington era el consenso neoliberal. Principio de los ‘90, era después de la caída del Muro, y lo que se instaló, lo que se llevó a pregonar era que, con la caída del Muro de Berlín, se iniciaba una etapa guiada por las recetas neoliberales donde a todos los países les iba a ir muy bien si aplicaban estas instrucciones.

Ese Consenso de Washington tenía que ver también con un mundo de primacía de Estados Unidos, con un mundo donde entonces los países como Argentina tenían que abrir completamente sus economías. Si eso llevaba a la desindustrialización, si eso llevaba la dependencia no importaba, porque a todos nos iba a ir igual de bien, porque iba a haber una convergencia en el nivel de desarrollo de todos los países del mundo.

Y mencionaba, el Gobernador, experiencias de países vecinos como Uruguay o como Chile, que a pesar de estar en la misma región geográfica y a pesar de ser tan cercanos cultural e idiomáticamente a nosotros, tenían una diferencia con Argentina, y esa diferencia es que en esos países había muy poco, o bajo, muy bajo nivel de desarrollo industrial. 

La particularidad de Argentina es que es un país con recursos naturales, con enormes riquezas, con una pampa húmeda, bueno, acá los que somos de la región centro, pero también con riqueza petrolera, con riqueza minera.

Países que tienen en su subsuelo o en su superficie condiciones naturales a veces privilegiadas que le permiten producir materias primas necesitadas y a veces codiciadas por las grandes potencias, por el centro productivo del planeta.

Pero Argentina por su historia, por su trayectoria, que incluye la inmigración en las épocas conservadoras de la Argentina, pero también incluye procesos de desarrollo industrial que nos llevaron a tener una matriz productiva mucho más diversificada que otros países vecinos. Como puede ser Bolivia, como puede ser Paraguay, como puede ser Uruguay, como puede ser Chile y con excepciones, porque también está el caso de Brasil que tiene la similitud de haberse industrializado. ¿Qué se proponía? La desindustrialización. El Consenso de Washington, sus políticas neoliberales, eran políticas de desindustrialización.

Así que yo tampoco, sin ánimo de polemizar, vengo a decir que en nuestro país y en otros se aplicaron a rajatabla las políticas neoliberales. Incluso durante épocas democráticas. Pero cuando se llevaron adelante esas políticas neoliberales de apertura indiscriminada, cualquier semejanza con la actualidad donde se presentan como cuestiones novedosas, como programas austríacos, pero la verdad es que esto ya se probó en la Argentina. Ya se probó en la Argentina. Con la universidad, los intentos de arancelarla, de privatizarla. Y con el sistema productivo de la Argentina, a través de la apertura, la privatización, a partir de la dependencia estructural del país, a través de la subordinación a intereses externos, también se intentó aplicar esas políticas. ¿Cuál fue el resultado? Me parece que en una perspectiva histórica, el resultado fue más pobreza, desigualdad y destrucción de capacidades en la Argentina.

Hoy yo quiero decirlo con todas las letras. La provincia de Buenos Aires es una provincia productiva, es la más poblada, es una provincia que tiene también grandes desigualdades, pero es también una provincia que tiene un sistema productivo que tiende a ser y puede serlo potencialmente mucho más integrado.

No alcanza, en un país, con tener riquezas derivadas de los productos naturales y venderla al precio internacional para alcanzar el desarrollo. ¿Cuál es la clave para el desarrollo nacional? Que las riquezas naturales que tiene la Argentina se industrialicen y se le genere valor agregado en nuestro país con mano de obra nacional y con trabajo argentino.

Acá el problema no es si los minerales salen del subsuelo argentino o incluso los productos alimenticios salen de La Pampa o de las tierras de la Argentina o del interior de la Argentina, el problema es que a eso se le agregue valor en la Argentina. Acá el problema es el trabajo argentino, la producción argentina para que esas riquezas después redunden en bienestar para los argentinos, no para grandes corporaciones, no para intereses extranjeros, sino para los argentinos y argentinas que trabajan su suelo, que obtienen la riqueza de su subsuelo. Así que coincido con esta discusión y coincido con estos desafíos en un mundo en transición. 

¿Qué es el desarrollo? El desarrollo es generar riqueza. La riqueza se mide de varias maneras, la riqueza per cápita tiene, a veces, esa particularidad que tienen los promedios, ¿no? 

En la facultad, cuando estudiábamos estadística nos decían que el promedio tiene esta peculiaridad, si mi vecino o el vecino de alguien tiene dos autos y el que está hablando no tiene ninguno, el promedio indica que cada uno tiene un auto, porque es 2 dividido 2, pero la realidad es que hay una concentración absolutamente inequitativa de los recursos. No alcanza con la riqueza per cápita estudiada como la división de la producción de un país por la cantidad de habitantes.

Lo que importa, y creo que es el programa para las generaciones que vienen, es que esa riqueza esté bien distribuida. Lo que importa es que nadie se quede atrás. Lo que importa es que no sólo los bienes materiales, sino también las capacidades y, sobre todo, las oportunidades estén mejor distribuidas. 

A mí me parece que hay que pelear por el desarrollo de la Argentina. Pelear por el desarrollo de la Argentina, y yo se lo digo a quienes vienen después y que se están formando, porque a veces hay una mirada ingenua también de la política. 

La política, por supuesto que es democracia, que son consensos, por supuesto que es buscar puntos en común, pero la política también implica muchas veces, y lo vemos hoy incluso con los países dominantes, con los países más grandes, la política implica dar debates, dar discusiones, participar en disputas y defender lo propio.

A veces, en política hay que dar profundos debates y a veces en política hay que llevar adelante enormes luchas, porque la política se trata no sólo de encontrar consensos en las ideas, sino de dirimir a través de las instituciones, a través de nuestras posibilidades, a través de la organización, dirimir conflictos.

Y esos conflictos a veces son, aunque no nos guste, fuertemente disruptivos, implican disputas, porque implican intereses, porque implican apropiarse, a veces, de recursos escasos. Así que, en ese sentido, yo quiero hablar de desarrollo, pero no alcanza con hablar de desarrollo. Hay que hablar también de un desarrollo con fuerte contenido federal.

Hay que hablar de desarrollo con fuerte contenido nacional y hay que hablar, también, de desarrollo con determinados objetivos que tienen más allá de la generación de riqueza, sino también cómo se apropia y cómo se distribuye la riqueza. Queremos desarrollo, sí, pero desarrollo federal, desarrollo nacional y desarrollo con equidad para todos y todas las argentinas.

Así que, importantísimo me parece a mí, ponerle esas notas. Hay que pensar, hay que debatir, hay que discutir, pero después hay que defender al pueblo argentino. Así que muchísimas gracias a todos, a todas, gracias al CFI. Y esta platea de pibes y pibas, que en Argentina digo, nunca se olviden de algo que es de la celeste y blanca. Muchísimas gracias.

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