Acto “La fuerza de la salud” en Pilar
Buenas tardes, compañeros, compañeras. Gracias, gracias, hace un par de días, porque Nico…, hace un par de días, creo que estábamos viajando a algún municipio, Nico, ya no me acuerdo a cuál, porque Nico hablaba recién de una forma de gobernar que estuvimos instalando en la provincia de Buenos Aires, que es una novedad, aunque parezca una trivialidad y parezca un detalle, es una novedad, y tiene que ver con la campaña aquella de 2019, donde recorrimos los distritos, uno por uno, de la provincia de Buenos Aires. Lo hicimos nosotros, pero lo hizo también la militancia, un poco acompañando esa forma de llegar, de acercarse, y dijimos que así como habíamos hecho campaña, íbamos a gobernar, y así lo hemos hecho.
Creo que hablar de la cantidad de veces que recorrí cada uno de los municipios que ustedes representan, ustedes lo saben, pero es poner en primera persona lo que ha sido una política de gobierno. Los que me acompañan en el Gabinete, los funcionarios, pero también los laburantes, han hecho en estos seis años prácticamente, por primera vez en la historia de la Provincia, un gobierno que trabaja desde el territorio, al lado de nuestra gente, cerca de los problemas, buscando las soluciones, y sobre todo, codo a codo con los trabajadores de la provincia de Buenos Aires.
Es un estilo, es una forma que marca un poco esto de la cercanía que tanto se pregona, pero que en una provincia tan grande parecía difícil de realizar. 135 municipios, 300.000 km2, estos últimos días, estos últimos 30 días, decía con Nico, hemos estado con Kato, con Carli, con Cris, con Juli, con todos, con todos los que tienen funciones en el Gobierno de la Provincia, con los representantes del sistema de salud, hemos estado recorriendo intensamente el territorio. Creo, hoy hacía las cuentas, en 30 días hemos recorrido 45 municipios, todas las regiones, todas las secciones electorales, todas las cabeceras, varias veces a varios distritos, Fede, acá. Pero no lo digo para alardear, simplemente digo para contar que es un estilo, es una forma, es un método de gobierno. Es peronismo.
Sí, pero a veces hay que releer, hay que releer los manuales. Y Nico uno de esos días me dice, ‘armemos un acto con el sector de la salud, con los trabajadores y trabajadoras de la salud, hagamos algo porque hay varios candidatos’, me dijo ‘varios’, bueno, más de 100 candidatos en la provincia de Buenos Aires representando al trabajo que hacemos desde la salud en la Provincia. No sé, ahora lo veremos en las urnas, pero de momento no sé si hay mejor reconocimiento de nuestro pueblo y nuestra dirigencia al trabajo que hacen. Hoy nos representan en las boletas, en las listas como lo hizo también en su momento, después de la pandemia, te acordás, Nico, que nos decían ‘no hablen de la pandemia, no hablen de la pandemia, porque la gente se quedó traumada’. Es cierto, fue una especie de situación traumática de esas como las guerras, me animo a decir, que los procesos psicológicos hacen que nos olvidemos las cosas que pasamos, pero yo creo que de algo no se olvidó el pueblo de la provincia de Buenos Aires, que es que mientras todos se cuidaban y permanecían en las casas tuvimos un sistema de salud que estuvo en la trinchera y que lo puso de diputado nacional a Daniel Gollán, entonces…
Ministro de Trabajo, Ministro de Salud y, perdón, y me decía Nico, armemos un acto, armemos una reunión, compartamos en los últimos días algunos pensamientos, reflexiones, palabras, pero juntemos fuerzas, porque nos decían, y creo que ha habido una campaña muy fuerte para instalar que el peronismo, que el campo popular llega a estas elecciones desapasionado, desinteresado, abatido, ¿no? Que llega cansado, que llega poco entusiasmado. Bueno, invito a todos los que quieren instalar esas ideas que acompañen este acto y todos los que hacemos en toda la provincia de Buenos Aires. Algunos se van a llevar una sorpresa y otros tantos se van a llevar un susto, porque el campo popular, el peronismo, está parado, está caminando, está con la frente en alto.
Así que la alegría que hay acá es la que hay que contagiarle a toda nuestra gente esta elección. Nunca, nunca, nunca, nunca se va a ganar ni una elección ni nada desde el desánimo. Así que, lo hemos dicho siempre, pero hoy me llevo de acá las pilas cargadas, porque para ganar la elección lo que hay que hacer es poner esta alegría, hay que poner esta fuerza.
Así que, Nico, hemos tenido muchos encuentros, los COSAPRO, pero hemos tenido también allá en La Plata… Por eso, yo hoy, ya saben, cuando tenemos este tipo de encuentros, a veces me da por reflexionar un poco más profundamente, porque si bien está para arenga y actos de campaña, y efectivamente lo vamos a hacer también, no quería dejar de compartir algunas reflexiones que me parece que son importantes de cara a estas elecciones del 7 y después las de octubre.
Algunas tienen que ver con el papel del Estado, con los trabajadores del Estado. Yo no recuerdo, puede que haya habido, pero no recuerdo ninguna etapa con una campaña tan intensa, tan descarada, tan frontal, contra el rol, el papel del Estado y los trabajadores del Estado. No es la primera, pero probablemente sea la más descarnada, la más agresiva. Y yo reflexionaba hoy, porque nos reunimos para celebrar que por sexto año consecutivo en la provincia de Buenos Aires, a pesar de las dificultades, a pesar de que la recibimos endeudada, fundida y vaciada, como la dejó Vidal, a pesar de que ahora nos quieren quitar los recursos, nos quieren destruir directamente a todas las provincias argentinas y a la provincia de Buenos Aires, por sexto año consecutivo cerramos paritaria con acuerdo de todos los sindicatos.
Eso no quiere decir, por supuesto, que estemos conformes, que esté bien, que sea suficiente, pero vaya mi agradecimiento por la comprensión y por la conciencia que esto significa, por la madurez política que significa, ¿no? Yo sé que está complicado para todos y para todas, pero sé también que hay una apuesta y que hay un acompañamiento político al Gobierno de la Provincia. Entonces, hoy me permití reflexionar y quiero desarrollarlo un poco más, porque me quedé pensando también lo que me respondieron y me dijeron sobre esta cuestión del papel del Estado y de lo que significa la propaganda y las ideas que enarbola el actual Presidente de la Nación, ¿no? Milei.
Quiero que pensemos un poco, no me voy a extender, pero quiero que pensemos un poco, porque hay una maniobra, hay un intento para mí tremendamente ambicioso, uno podría decir ambicioso hasta en el plano ideológico, en el plano casi de la teoría política, pero que nos afecta a todos nosotros. El encuadre que le dio Milei, cuando apareció en la política argentina, a las disputas y a las discusiones fue muy particular y fue realmente novedoso. Lo que planteaba Milei es que no hay en el seno de la sociedad conflictos entre clases, que no hay un conflicto entre la Nación y las potencias extranjeras, que no hay un conflicto entre el pueblo y las corporaciones. Lo que planteó es que el conflicto principal que él venía a solucionar, presten atención porque creo que hay una clave para entender también lo que está pasando hoy, que el conflicto principal de la Argentina era entre algo que él denominó ‘la casta’ y los argentinos de bien. No había ni trabajadores y empresarios, ni banqueros e industriales, ni países centrales y países periféricos. El conflicto central era entre lo que él llamaba ‘la casta’, con una definición ambigua, vaga, casi diría arbitraria, caprichosa y cambiante, pero entre la casta y los argentinos de bien. Y que él venía del lado de los argentinos de bien a terminar con la casta. No voy a abundar sobre esto, pero es para pensar, porque incluso otras formaciones políticas de Argentina, de la derecha argentina, han venido con ideas nacionalistas, han venido con ideas antiperonistas. Dense cuenta que ni siquiera lo que planteaba Milei al comienzo era una disputa entre peronismo y antiperonismo, como por ejemplo plantearon Macri, Vidal, lo que fue Juntos por el Cambio, era peronismo-antiperonismo.
La idea de Milei era de algún modo invertir los ejes, invertir los ejes de la disputa, del conflicto, y decir que estaba la casta de un lado y la gente normal del otro, y que lo que había empobrecido a la Argentina, lo que había generado mil dificultades era esa casta, y vino a destruir la casta. Ese fue el discurso. Evidentemente quienes tienen alguna conciencia política, quienes les gusta la historia, quienes de alguna manera miran atrás de los maquillados, y miran atrás de los escenarios que se arman y del marketing, se daban cuenta que ese discurso era una construcción, por eso, del marketing y de la propaganda destinada a una situación concreta que estaba viviendo la Argentina, ¿no?
Que efectivamente era así, porque veníamos de un gobierno, un gobierno primero el de Macri, un gobierno fracasado, endeudador, un gobierno desastroso, pero después de una experiencia de unidad del campo popular, que tampoco satisfizo, alcanzó las expectativas. Entonces, sobre ese descontento, sobre este malestar, Milei intentó instalar una dualidad, una controversia, una disputa entre dos sectores en la Argentina, que tiene un elemento por lo menos, a priori, novedoso. Justo me pongo en politólogo. No, no, pero quiero que reflexionemos, ¿saben por qué quiero que reflexionemos? Porque tiene que ver con lo que le está pasando al gobierno de Milei hoy.
Esto que construyeron, esa dicotomía, esa lucha entre, no entre poderosos, corporaciones, el pueblo, los trabajadores, no entre nuestro país y los países del tercer mundo, de la periferia, y los países más ricos, el centro mundial. No, no, no, el problema era casi una disputa moral, una disputa entre unos sectores que estaba definiendo, que quienes observábamos, un poco con sorpresa, decíamos, ‘esto es una pavada, esto es una estafa, esto es una estafa, esto es una engaña pichanga’. Nos querían decir que acá estaba toda la masa de trabajadores, empresarios, profesionales, todos, todos, todos, contra un grupito minúsculo que él identificaba como la casta, de nuevo, vagamente, y que él venía con su motosierra a destruir la casta. Y decíamos, ‘eso es una estafa, eso, sí, es humo’.
Y fíjense que con ese discurso, a través del TikTok, de las redes sociales, a través de un aparato de propaganda que parecía espontáneo, ¿no?, que parecía espontáneo, que parecía que, bueno, que era un buen comunicador, un buen panelista, pero que nos vamos dando cuenta con el paso del tiempo que estuvo enormemente financiado, poderosamente financiado por intereses, por intereses nacionales y extranjeros. Porque hoy vemos que forma parte de una secta, de un club de una ultraderecha transnacional, ¿no? Que esto no era un tipo común que salió y se le ocurrió, sino que atrás de esto hay una parafernalia inmensa de intereses económicos, políticos, geopolíticos, que tienen a Milei de mascarón de proa, que no era eso.
Pero quiero que reflexionemos un poco sobre esta cuestión, porque se nos va la discusión que viene en esta cuestión y en este marco, lo que viene, lo que estamos transitando y lo que viene. Porque fíjense que lo que hacía Milei es poner dentro de la casta, casta de privilegiados, casta de gente vividora, bueno, no ponía extrañamente a los evasores, no ponía a los grandes explotadores, no ponía a la finanza, no ponía al sector especulador, no ponía en la casta, la casta era, fíjense, la casta entraba, voy a exigir a la definición porque no es muy clara, pero los trabajadores del Estado, por ejemplo, eran casta. Los trabajadores del Estado que tenían estabilidad, algunas cuestiones, que tenían paritaria, tenían, bueno, esos eran dentro de los privilegiados, era el pueblo contra los trabajadores del Estado, contra determinada dirigencia política, era transpartidaria. Al comienzo de Milei, en la casta entraba buena parte del PRO, Mauricio Macri, pero entraba también el peronismo, entraba la dirigencia política, la militancia política, era una definición que le permitía hacer una división, una controversia, una lucha, una guerra, donde él ponía quiénes eran los enemigos. Y, claramente, era una estafa, era una maniobra de distracción para el pueblo argentino, era una maniobra de distracción, alguien dijo ‘vende humo’, claro, nos querían convencer y les querían convencer a la sociedad que alcanzaba con atacar a un grupito que ahí marcaban para que todos los males, todos los problemas, todas las dificultades se desvanecieran y fuéramos felices y fuéramos un pueblo próspero. Y dentro de eso metió al Estado, a mí me parece importante marcarlo, ¿saben por qué? Porque quien reflexionaba un poco, se daba cuenta de que era una enorme falsificación lo que estaba haciendo, que no era verdad.
Empezó a resquebrajarse el relato cuando teóricamente la casta eran lo que había gobernado la Argentina antes, y Milei llenó su gobierno de representantes de los sectores de poder, de ministros de Macri, ¿se acuerdan que en la campaña él decía ‘no vamos a hacer nada distinto con lo mismo de siempre’? Y muy prontito nos dimos cuenta que achicó los ministerios, pero le dejó los ministerios más importantes a representantes del establishment argentino, de las peores experiencias, a los más grandes destructores del bienestar y de la felicidad del pueblo argentino, de los más grandes destructores como son Patricia Bullrich, Sturzenegger, Toto Caputo, Petri. Los metió en el Gobierno. Entonces, uno decía, ‘bueno, pero esto era la casta contra el anticasta o contra el pueblo’, y, de repente, estaba lleno el gobierno de Milei de los representantes más espantosos de los sectores de poder, de aquellos que persiguen, de los represores, de los que redujeron salarios en la historia argentina.
Ya empezó por ahí. Y después la motosierra, que iba a hacer contra los sectores privilegiados, rápidamente quedó claro que el ajuste era contra los jubilados, que el ajuste era contra las provincias, era contra los discapacitados, era contra las universidades, era contra los trabajadores del Estado, que empezó a despedirlos y a perseguirlos. Es decir que, rápidamente, para un observador que tuviera ganas de registrarlo, la verdad que rápidamente ese relato con el que llegó a la presidencia se resquebrajó, se cayó, se destruyó, no existió más.
Por eso, yo creo que lo que estamos viviendo hoy, cuando Milei dice algo sobre lo que llamo la atención, Milei hace unos pocos días dijo que iba a dejar de insultar. ¿Lo escucharon? Que no iba a insultar más. Pero es también otra estafa, es un hombre que llegó al gobierno insultando, y que era lo genuino porque decía lo que pensaba, era irreverente, era capaz de decir cualquier cosa. Bueno, se ve que tan irreverente y tan genuino no era. Habrán hecho un focus group, habrán hecho una encuesta, dio que ya la gente no toleraba los insultos y el maltrato de Milei, y Milei dijo que iba a dejar de insultar.
Y yo creo que hay que registrar esos movimientos, porque al final no era contra la casta, era contra el laburante, contra el jubilado, era contra los humildes, era contra los trabajadores, era contra la industria nacional, era contra los sectores medios, era contra el sistema de salud, era contra la educación pública, era contra la universidad pública. Miren, yo puedo decir algo, Milei, el pueblo ya te descubrió, estafador, mentiroso, miserable empleado de las corporaciones, de los sectores de poder, payaso de los intereses más recalcitrantes, históricos, concentrados de la Argentina. Pero llamo la atención, porque uno lo puede decir o lo puede haber intuido o previsto desde el principio, pero hoy se le está cayendo la careta a una velocidad, la verdad que pasmosa, en todos los planos, en todos los planos.
Y miren, una cuestión es esta, que no, que el conflicto en la Argentina no es la casta definida por Milei y su motosierra contra los argentinos de bien. Los problemas que tenemos en la Argentina, las antinomias, las discusiones, siguen siendo las mismas de siempre. Si va a haber un grupo concentrado, especulador que se lleva nuestra riqueza o si la riqueza y el bienestar es para el pueblo. Ese es el conflicto principal. Si los trabajadores. más los empresarios que invierten en el país, las pymes, los pequeños productores, podemos enfrentar al capital concentrado, a los que se roban nuestros recursos. Si nuestro país, nuestra Nación, es capaz de enfrentar también, a los intereses geopolíticos internacionales que buscan quitarnos, sacarnos la riqueza. Es decir que, a pesar de ese discurso absurdo que pegó mucho, me parece, en determinado momento anímico de nuestro país y que llevó a Milei a la presidencia, bueno, hoy creo que se están cayendo todos los decorados, que se está cayendo toda esa mentira y creo que tenemos una oportunidad enorme.
Tenemos otra oportunidad enorme porque hay otra enorme mentira que dijo Milei y que formó parte de un discurso que fue novedoso por lo absurdo en parte. Milei decía, no que había que achicar el Estado, hacerlo más eficiente, como siempre dice la derecha. Lo hablábamos hoy con los representantes de los diferentes sindicatos. La derecha siempre dice que viene a mejorar el Estado, que va a sacar gastos superfluos, que va… Y después lo que hace, simplemente, es ajustar, perseguir, destruir y deteriorar capacidades del Estado. Pero el discurso no es ese. Por primera vez en la Argentina tenemos un presidente que lo que propone es destruir el Estado desde su raíz.
Acá hay una enorme estafa y una enorme mentira, que ha pasado y que no la pudimos discutir a fondo, que no la pudimos discutir a fondo porque tal vez las situaciones, lo vertiginoso, bueno, que Milei fuera presidente, lo que estamos haciendo, bueno, nos impidió, pero es una enorme estafa. Milei quiere hacer creer al pueblo argentino que viviría mejor, no si hubiera un Estado más eficaz, sino si el Estado desaparece del todo. Lo cual es de un grado de perversión. Es tan absurdo, pero tan perverso a la vez.
Y me parece que estas discusiones, estos de ‘Estado cero’, bueno, hoy están también dando a la luz sus resultados. Es imposible ocultar que la falta de regulación del Estado, la falta de presencia del Estado, no va a llevar a un florecimiento, que va a venir entonces el capital privado y nos va a solucionar todos los problemas, la empresa privada. A mí, miren, por eso lo quería decir acá adelante los trabajadores y trabajadoras de la salud, ese engaño se lo puede decir a cualquiera, se lo puede repetir a cualquiera y lo pueden hacer pasar como si tuviera algo de verdad, pero acá en la provincia de Buenos Aires, donde la gran mayoría, yo creo que 80 o 90 municipios, el único prestador de salud que tiene nuestro pueblo es el Estado, son ustedes, somos nosotros. ¿Qué le van a decir que esto se soluciona destruyendo el hospital municipal, el centro de salud, el hospital provincial, las ambulancias, que esto se resuelve echando a los médicos, a los enfermeros? A quién lo pueden convencer de semejante barbaridad, cuando el único prestador de salud, de educación, de obra pública en la provincia de Buenos Aires, en buena parte, el que está al lado del pueblo, el que lo acompaña, el que lo cura, el que lo educa, es el Estado bonaerense. Son sus trabajadores.
Por eso, luego podemos dar cualquier discusión, que la hemos dado y particularmente en el área de la salud, porque dijimos y creo que acá Nico, Daniel y aprovecho para saludar a dos eminencias, a Mario Róvere y al Turco Rachid, junto con Daniel, bueno, el sanitarismo histórico, la tradición del Carrillo está viva.
Pero yo, perdón, y ya termino con esta parte, pero no, me parece importante reflexionar sobre esto porque estamos dando una enorme discusión, una enorme disputa tenemos adelante, ¿no? Con un sector político, con una novedad política que es esta ultraderecha, esta ultraderecha tan reaccionaria, pero al mismo tiempo, desde el punto de vista de las ideas, prácticamente cavernícola y muy cruel, muy cruel, despiadada, ¿no? Que dice cosas y después las empieza a hacer y tiene resultados y consecuencias espantosas, no se hace cargo de esas consecuencias. Lo decía recién Cristina, le echa la culpa a otro. Bueno, estamos ante una situación inédita, una enorme batalla, ellos llaman y dicen que están dispuestos a dar la batalla cultural y entonces van y hablan en idioma austríaco, ¿no? Dicen cosas absolutamente ajenas a nuestro sentir, a nuestra cultura, a nuestra tradición, dicen que están dando la batalla cultural. Este 7 de septiembre van a ver quién gana la batalla cultural en la provincia de Buenos Aires.
Pero vuelvo sobre la cuestión del Estado, porque creo que este discurso tan extremista y tan absurdo se montó sobre un malestar, sobre una disconformidad, sobre incluso una bronca, un enojo, como decía Kato, que venía y que no hemos sabido resolver bien. Entonces a mí me parece que es necesario plantear algunas cuestiones, que tienen que ver con el Estado y con las políticas públicas. Nosotros, cuando llegamos a la provincia de Buenos Aires, no voy a contar lo que decía recién Nico además de lo que hemos hablado demasiadas veces, pero nos habían dejado al sistema de salud, al sistema sanitario desfinanciado desde el punto de vista salarial, con persecución sobre sus trabajadores, con falta de insumos, con falta de inversión, con problemas edilicios, nos habían dejado un verdadero desastre. Pero nosotros lo que planteamos es que el trabajo que teníamos por delante tenía dos sintonías o dos andariveles. Por un lado, reconstruir el sistema de salud, eso era que ahí donde no había insumos ponerlos, donde no había equipamiento, donde no había laburantes, donde no había capacidades, donde faltaba infraestructura, donde teníamos que hacer nuevos centros de salud, dijo Nico, no sé por qué hiciste eso, 199 ¿no podían ser 200 centros de salud? 199 nuevos centros de salud, hizo algo, no sé, del orden poético, 399 ambulancias nuevas. Una inmersión fabulosa en expandir y mejorar el sistema, pero que al mismo tiempo estábamos haciendo algo, para mí, más trascendental, que es la transformación del sistema de salud. Y yo vuelvo sobre eso, vuelvo a machacar sobre eso, porque acá hay una disputa sobre si el Estado sirve, resuelve, sobre si se cumplen los derechos, hay esa discusión. ¿Cómo la resuelve históricamente la derecha? Dice, ‘el Estado anda mal’ y procede inmediatamente a desfinanciar al Estado. Dice, ‘esto no anda’ en la educación, en la salud, y entonces lo desfinancia, lo achica, lo va destruyendo, lo va agujereando y el resultado es que al Estado le cuesta todavía más. Es más, yo me animo a decir que si uno mira del ‘45 hasta esta parte, si uno mira lo que se hizo en este país con la salud pública, con la educación pública, a partir de los gobiernos de Perón, hasta ahora, lo que tenemos es que teníamos un Estado robusto y lo que lo hizo más débil y lo que lo deterioró no fueron precisamente las políticas del campo popular, sino las experiencias neoliberales que vivió la Argentina, porque hay que llamar las cosas por su nombre, el neoliberalismo, la derecha argentina, cuando gobierna destruye el Estado, después llega y dice, ‘mirá qué mal que anda’, culpa de ustedes, responsabilidad de ustedes de desfinanciarlo, de endeudarnos, de quitarnos capacidades y después nos toca al peronismo reconstruir lo que la derecha rompe. Pero corriendo de atrás.
Entonces a mí me parece que esto lleva también a una reflexión donde la política y los planes quinquenales que tiene el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires ocupan un papel central. Lo que nos propusimos no es simplemente arreglar los edificios, poner el equipamiento, mejorar las capacidades, sino que lo que nos propusimos es transformar el sistema de salud de la Provincia, integrar el sistema de salud de la Provincia. Y esto me parece que es central, porque si no uno cae en falsas discusiones. Están los que dicen, la salud anda mal, la salud pública anda mal, o el hospital anda mal, destruyamos el hospital. Eso es Milei, eso es Milei. Y después hay quienes lo defienden y parece que defender el sistema de salud, o el sistema educativo, o el sistema público de seguridad, o lo que sea del Estado, que defenderlo es decir contra los que lo atacan, de manera virulenta, decir está perfecto, anda bárbaro. Y no es verdad. Nos debilita eso. Nos debilita. La verdad que nos debilita. Me parece que tenemos que sacar un aprendizaje de todo esto.
¿Saben cómo se fortalece el sistema de salud? El sistema de salud se fortalece, la salud pública se fortalece haciendo un diagnóstico profundo de qué es lo que hay que solucionar, de cómo anda, de cuáles son sus debilidades y, después, tener el coraje, la valentía y el trabajo permanente para transformarlo. Defender el sistema de salud es transformarlo, es convertirlo en algo nuevo, en algo mejor, y que esa transformación, como hemos dicho tantas veces, sea fruto de una planificación, pero una planificación democrática, participativa, con los trabajadores adentro, que son los que más saben, los que más conocen, los que lo padecen, pero los que lo impulsan, es así. Y me parece que por eso, cuando uno entiende que hay que transformarlo, no defenderlo y volverse conservador, y a veces obtuso, y decir, ‘miren, acá nos atacan, entonces digamos que todo anda bien’, no es así. Lo que tenemos que hacer es lo que se viene haciendo, Nico, desde el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, que es ir hasta el hueso, hasta los tuétanos, pelearse con el que haya que pelearse, involucrar y subir a la transformación, a todo el sistema, a los laburantes, a los médicos, a los enfermeros, a todo el sistema, y convertir esto en una tarea, en un esfuerzo colectivo.
¿Y cuál es el objetivo? Bueno, que han tratado de decirle a nuestra sociedad que el Estado es el enemigo. Yo creo que, dolorosamente, muchos se están dando cuenta con la política de Milei, con su ataque al sistema científico, universitario, con su ataque a los hospitales públicos, con su ataque a la educación pública, con su ataque a la soberanía nacional, a la industria nacional, a las capacidades argentinas, se están dando cuenta de que no era por ahí, que el enemigo no es el Estado, que hay que destruir el Estado, sino que si destruyen el Estado, nos vamos quedando sin capacidades, nos vamos quedando sin democracia, nos vamos quedando sin acceso, y terminamos en una sociedad más excluyente, pero sobre todo, le facilitamos el camino a los que vienen a hacer negocios, y a quedársela toda.
Miren, nunca más claro que con el 3% de Karina Milei, que lo que vinieron a hacer es a garantizar negocios, no a generar bienestar. Pero bueno, defender el Estado, decía, es transformarlo, defender el Estado es apropiárselo, creo que ese es el trabajo que tenemos por delante. Y me parece que ahí se viene haciendo un esfuerzo muy grande, cuyo resultado principal es reconciliar a nuestra sociedad y a nuestro pueblo con lo que tenemos, con lo que necesitamos, con lo que somos. Y esa es una tarea que me parece importante.
El Estado bonaerense, cuando nos tocó empezar la primera gestión, estaba destruido, y estaba sobre todo desprestigiado, y había enojos con el Gobierno y con el Estado, porque no escuchaba, no estaba cerca. Eso no quiere decir que estemos donde queremos estar, pero quiere decir que estamos recorriendo un camino. Y ahí, en el terreno de la salud, como estamos haciendo en otros terrenos, en el de la educación, en el de la obra pública, en el de la seguridad, estamos haciendo importantísimas transformaciones.
Hoy tenemos una oportunidad de oro. Yo creo que esta elección, la del 7 de septiembre y la de octubre, nos da una oportunidad de oro. Nos da la oportunidad de ir a discutir, la verdad, qué provincia queremos, qué Estado queremos.
Fíjense que pasa algo extrañísimo. Uno recorre los pueblos de la provincia y cuando vamos nos dicen ‘hace falta una ambulancia, hace falta un centro de salud, hay que poner tal aparato en el hospital’. Nos dicen eso, nos piden eso, que es genuino, que es real, o ‘abran un jardín de infantes’, o ‘acá hay baches y hay que arreglar la ruta’. Nos piden eso y después cuando uno ve el resultado de la última elección, lo votaron a Milei que dice ‘cero obra pública’, ‘destruir el Estado’. Hay que unir dos cables, ¿no? Hay que unir dos cables, aunque haga cortocircuito. Hay una parte de nuestra sociedad que nos exige más a nosotros, a los intendentes, que nos exige más cotidianamente porque cada vez sufre más, porque la política económica de Milei está haciendo agua por todos lados, porque está generando una calamidad y una catástrofe social, y nos piden a nosotros cada vez más. Y, al mismo tiempo, después le preguntás o ves y las encuestas le dan muy alto a Milei.
Ahí hay algo que no cierra, ¿cómo es? Falta un jardín de infantes, falta un centro de salud, o está bien cero obra pública, destruir al Estado. Y a mí me parece que juntar las dos esferas, juntar las dos cuestiones, ponerlas sobre la mesa es una tarea que tenemos que hacer nosotros. Cuando alguien que votó a Milei o que piensa votar a Milei te dice, también, ‘necesito más hospital, más salud pública, más educación pública’, ahí hay una falla nuestra. No estamos pudiendo explicar, no estamos pudiendo hacernos entender, o no estamos pudiendo persuadir con respecto a lo que significa esta política.
Entonces a mí me gusta decir, me piden más hospitales, me piden más ambulancias y después votan a Milei y esto no puede seguir así. Para nosotros es una complicación muy grande, para los intendentes, para los ministerios, para el Gobierno provincial sostener todo lo que estamos sosteniendo con un Gobierno nacional ausente, con un Gobierno nacional desertor, con un Gobierno nacional que nos quita los recursos, que nos roba y que nos quiere fundir.
Esto no puede sostenerse demasiado tiempo, esto es lo que está en juego en estas elecciones. Y creo que hay que ser duros y descarnados, una de dos. O votan que no haya Estado y votan la motosierra y votan el topo que lo quieren destruir, y votan el ajuste permanente, y votan en contra de la educación pública, la salud pública. O registran y se hacen cargo nuestro pueblo de lo que necesita y desea. Ese vínculo, ese puente, esa comprensión, quiero decir, es la principal tarea de la militancia. Le tenemos que explicar a nuestro pueblo que la salud pública, la educación pública, la universidad pública, la seguridad pública, la obra pública, la industria nacional, la soberanía son cosas que hay que defender en las urnas, son cosas que hay que ponerle el cuerpo, son cosas que hay defender en la calle, y que no es una tarea de determinado dirigente político, que eso se hace masivamente, que eso se hace democráticamente y eso es lo que queremos demostrar el 7 de septiembre. Que hay dos boletas, una la de Milei que viene a destruir el Estado, los salarios, el bienestar, el trabajo argentino, la industria nacional, y otra, la de Fuerza Patria, que viene a defender los derechos de los trabajadores, los derechos del pueblo, los derechos de la Provincia, que viene a defender la cultura, la identidad bonaerense. Esa discusión la queremos dar en las urnas.
Quedan pocos días, compañeros y compañeras, quedan pocos días y nadie tiene derechos a quedarse en la casa. Ni los amigos, ni los compañeros, ni los familiares. Todos a las urnas a ponerle un freno a Milei, a defender lo que están haciendo ustedes, nosotros, el pueblo con muchísimo esfuerzo y a mostrar que hay una forma distinta y diferente de gobernar.
A mí me llena de orgullo que de otras provincias me digan, ‘quiero ver lo que están haciendo en salud en la provincia de Buenos Aires. Quiero ver cómo se lleva adelante esa tarea’.
Así que, compañeros, compañeras, salgamos de acá a buscar hasta el último bonaerense, la última bonaerense y a explicarle que hasta acá llegó Milei, que basta de criptoestafas, basta de choreo, basta de mentiras, necesitamos recuperar ese orgullo, esa identidad.
Así que, el 7 de septiembre y después en octubre, vamos a Buenos Aires, vamos a mostrar que hay un gobierno presente y un pueblo soberano. Gracias.