Charla con estudiantes en el Instituto de Capacitación Política de La Plata
Muy contento de estar acá de nuevo, creo que por tercera vez participando de los cursos de ICP y esta vez un poco de improviso porque la verdad que venimos, ayer de hablar en el Puerto de La Plata con los trabajadores, trabajadoras de los diferentes sindicatos, de los astilleros, del sistema portuario, de la navegación. Es una reunión que tuvimos ahí para reivindicar lo que fue históricamente nuestra capacidad en la Marina Mercante, la disputa que hay por la soberanía, por la Vía Navegable Troncal, llamada Hidrovía, el Canal Magdalena. así que venimos de eso, hoy tuve de mañana una reunión con los trabajadores y trabajadoras del Estado bonaerense, con los sindicatos, ahora vengo de hablar con los representantes de diferentes puntos de la Provincia, del sistema de salud, los trabajadores y trabajadoras de la salud, y ahora pensé que veníamos a hacer una pequeña reunión, y bueno, quedó grande, afortunadamente. Y venía pensando por acá cuando me dijeron que íbamos a charlar un poco con pibes y pibas de la universidad, de los secundarios, venía pensando a ver qué compartir con ustedes, qué ideas, qué cuestiones compartir en este rato.
Voy a empezar, la verdad que venía pensando varias cosas y acabo de cambiar de idea, escuchándolo a Julio, escuchándolo a Jorge, cambié el libreto. Y voy a empezar hablando de lo que comentaba recién Taiana sobre la época previa a que llegara Néstor, a lo que fue el gobierno de Néstor a 2003. Y voy a hablar de eso porque en aquel momento yo tenía más o menos la edad de ustedes, o de algunos de ustedes, yo empecé a militar ni bien entré al secundario en el ´84-85, que fue un año bastante particular porque fue la vuelta a la democracia, después de la dictadura, de hecho yo iba al Nacional Buenos Aires y ahí había un Centro de Estudiantes que funcionó durante toda la dictadura pero funcionó en la clandestinidad. Sobre todo al final, en la clandestinidad, como ustedes saben, como pasó acá en La Plata con los secundarios, con los universitarios, hubo una ferocísima represión, hubo la verdad que una cacería, hubo desaparecidos, torturados, bueno, lo que todos conocemos y que hoy intentan negar desde el Gobierno actual. Yo comenzaba el secundario, 13 años, y se elegía por primera vez delegado por curso, porque antes estaba prohibida la actividad política, y comencé, bueno, empecé a militar, ni bien entré al colegio.
Es cierto, tengo que decir que es en parte mérito mío, porque tenía un interés, en parte también el clima de época, ¿no? Venía, terminaba la dictadura, se produjo la vuelta de la democracia, y hubo una efervescencia de la política. Había un, sí, también El Destape, ¿te acordás, Julio?, porque había revistas con algunas cosas que estaban prohibidas durante la dictadura, muchas cosas prohibidas. Me acuerdo que yo comencé y se usaba un uniforme en el colegio que yo iba, obligatorio, corbata obligatoria, el pelo a dos dedos de la camisa, era así y si no lo hacías te amonestaban. Es decir, había un clima represivo muy fuerte pero estaba empezando a ceder y bueno, como anécdota recuerdo que el primer día de clase yo ya decidí que no iba a usar corbata y sigo igual, me amonestaron y todo eso pero, después se pasó ese momento pero ¿por qué les cuento esto? porque volvió a la actividad política había mucho entusiasmo, de hecho el primer alfonsinismo, la primera etapa del gobierno de Alfonsín era una etapa que más allá de cuestiones que después uno empezaba a comprender, en ese momento venía Alfonsín con lo de los Juicios a las Juntas pero también con un programa económico teóricamente de corte popular.
Era esta famosa frase de Alfonsín, ‘con la democracia se cura, se come y se educa’. Es decir que la lucha democrática no era solamente una cuestión institucional, una cuestión de poder votar, una cuestión de terminar con el sistema de la dictadura sino que también se buscaba resultados económicos. Así que había mucho entusiasmo. Y los pibes y las pibas, durante tanto tiempo encorsetados, durante tanto tiempo perseguidos, durante tanto tiempo, señalados, hubo un estallido, una explosión democrática de participación.
Esa es una primera etapa que tengo que decir, por supuesto acá, no sé si habrá alguien que participe del radicalismo, que crea en eso, yo les debo decir mi experiencia personal, terminó todo eso con una enorme frustración, con una enorme frustración. No quiero hacer un tratado ni discutirlo en profundidad, sino simplemente contar que lo que se había presentado como el castigo a los culpables del proceso y de la dictadura y de la represión termina, como ustedes saben, con un retroceso, la Obediencia Debida, el Punto Final, quienes en aquel momento estábamos participando de la actividad política y habíamos depositado mucho en el juicio y castigo a los culpables de la represión y del genocidio, bueno, nos encontramos con que de repente, después de mucha disputa, después de lo que fue ‘Felices Pascuas, la casa está en orden’, bueno, elementos que algunos conocerán, hubo un retroceso.
En lugar de juzgar a todos los responsables de la dictadura, se decidió juzgar solamente a los miembros de las juntas, y con limitaciones, así que terminó bastante mal. Y la cuestión económica terminó peor. Es decir que cuando vuelve la democracia, repito, como pibe, que empezó a ver secundario, entusiasmo, militancia, y después una frustración muy grande. Digo, lo económico terminó peor, porque tal vez alguno sabe o recuerda que el gobierno de Alfonsín termina con una hecatombe económica, con una hiperinflación, con muchas dificultades, con el Fondo Monetario, con un gobierno que incluso denuncia un golpe económico, no un golpe militar, pero sí un golpe económico, y renuncia, termina, entrega el poder antes de haber concluido el mandato, Alfonsín.
Entonces, ¿por qué empiezo por acá? Porque cada uno, sus trayectorias vitales, la de ustedes parecen exentas, parecen separadas, parecen libres de influencias o parecen libres de influencias o por lo menos de situaciones más generales o mundiales o económicas, ¿no? Cada uno hace su vida, tiene su familia, tiene su ideología, su creencia, o conoce sus amigos y empieza a desarrollar una actividad y le parece que lo decidió.
Ahora, cuando uno mira en perspectiva, la verdad que la historia, mundial, la historia nacional la economía termina influyendo no solo como un contexto, sino que termina marcando las trayectorias vitales porque evidentemente hubo un momento de muchísimo interés en la militancia política y después cuando el proceso del alfonsinismo, del radicalismo termina mal, termina incumpliendo lo que había prometido, de alguna manera lo que se había planteado desde el punto de vista de los Derechos Humanos, desde el punto de vista del bienestar económico, termina en dos frustraciones, luego sucede una contracción, una retracción muy fuerte de la política, de la participación, de la actividad militante que tiene que ver con la década de los ´90. A mi me tocó vivir las dos etapas, por casualidad de la edad, por algo que no manejo tampoco, mi propia trayectoria hace que cuando termina el alfonsinismo, más o menos por ese momento, y cambia el gobierno y viene el menemismo, la década de los ´90, yo paso del secundario a la universidad.
Cuando empiezo el secundario, de nuevo, mucho entusiasmo, gran ola de participación termina la dictadura, vuelven las libertades democráticas con sus restricciones y sus particularidades y se produce un fenómeno masivo, muy grande, de participación política en aquel momento. Por decirles algo, la Franja Morada, en aquel momento era antiimperialista. Vamos a hacerlo con respeto, yo habrán visto que soy crudo, pero lo hago con respeto. Y no como tradiciones políticas y como etapas políticas, pero lo cierto es que Franja Morada estaba radicalizada en aquel momento, era antiimperialista, estaba dentro del marco, incluso formaban parte de la Internacional Socialista.
Se vivía un clima de absoluta desmovilización, de falta de participación, de falta de interés. Era una época de la antipolítica. Yo, como saben muchos de ustedes, estudié en la UBA, en la Facultad de Ciencias Económicas, así que, si había desmovilización en general, había en sociales, en Filo, en Exactas, imagínense lo difícil que estaba en Económica de la UBA o en Derecho eventualmente, facultades habitualmente con menos efervescencia política con menos efervescencia política, lo cual nos quita muchísimas excepciones y particularidades. Pero cuento esto porque uno cree que decide pero al final decide en determinado contexto, en determinado marco con determinados condicionamientos y en determinada situación, obviamente decide, pero la libertad individual, lo decía un poco recién hablando del individualismo y la posición ante la universidad pública y gratuita una mirada más individualista una mirada más colectiva y nacional pasa también con las trayectorias personales con la militancia, con todo eso.
Entonces a mí me toca empezar la universidad en los ‘90 cuando había fracasado el comienzo de la vuelta de la democracia y vino la política económica neoliberal, de la mano para colmo de un presidente que por pertenencia era del peronismo. Menem gana esas elecciones hablando de ‘revolución productiva y salariazo’ y evocando la figura de Facundo Quiroga y andando a pelo con el poncho, como un caudillo al interior, pero rápidamente lo pone a Domingo Cavallo, del ministro de Economía y aplican un plan ortodoxo, de derecha neoliberal en economía, desindustrializado, con mucho aroma a lo que está pasando hoy.
Yo había empezado a militar con muchas ganas, con mucho compromiso, a los 13 años, en mi centro de estudiantes del secundario, y luego la historia empieza a cambiar pasa, perdón que diga esto así, que pasa de moda, pasa de moda la militancia, pasa de moda la organización y se vuelve muy difícil. Yo lo que puedo decir con bastante orgullo es que empecé a militar a los 13 años cuando entré al secundario y no paré nunca hasta ahora. Pero es algo también para reflexionar porque quiero hablar de esa segunda etapa. Hablé de la primera, militancia, efervescencia, interés, entusiasmo. Nos comíamos todo crudo y luego frustración, tristeza, crisis económica profunda, de hiperinflación de finales de los ‘80, comienzos de los ‘90, fue una experiencia tremenda para la Argentina y para la clase trabajadora argentina, para el movimiento obrero, pero también para profesionales, sectores médicos, explotó el país. Explotó el país, con una hiperinflación realmente, no como la que inventa Milei, sino una verdadera hiperinflación.
Y luego de eso vienen los ‘90. La década de los ‘90 fue una década que tuvo de nuevo, una aplicación en la Argentina, con esto que estoy contando, un programa, que es el programa de compartibilidad, un plan de ajuste ortodoxo un plan neoliberal un plan de motosierra, diría, un plan de dólar quieto, un plan de salarios bajos, un plan de reforma laboral y quita de derechos; un plan en el cual a lo largo de los ‘90, varios intentos de arancelamiento y privatización de la universidad pública, un ataque muy fuerte en la Ley de Educación Superior, la cuestión de la difusión del arancel, el intento de arancelar la universidad, el desfinanciamiento de la universidad, el desfinanciamiento del CONICET, el cierre de la carrera del CONICET. Es decir, lo que está pasando ahora no es la primera vez, pasó en esa época como tragedia, ahora sería como farsa. O para reformular, pasó con alguna seriedad y ahora pasa como payasada. Pero es lo que estamos observando. Tiene un aire de repetición.
Pero quería hablar de los ‘90 y la militancia de los ‘90. Quería compartir con ustedes esa pequeña experiencia, que era universitaria, no ya secundaria. De nuevo, terminamos los que habíamos empezado a principios de los ‘80 el secundario, empieza la universidad y todo quieto, todo parado, mala palabra la militancia: en mi facultad, en Económicas, si repartías un volante decían ‘che acá venimos a estudiar que váyanse de acá’ si había una cartelera es decir, había una anti política muy fuerte, muy muy fuerte, poderosísima. Además, se restringió y se achicó muchísimo la participación política y no había una compulsión, no había un impulso, no había una vocación, no había, ni en lo individual ni en lo grupal, era muy complicada la militancia particularmente en Económicas, pero en toda la UBA y en todas las facultades hubo una caída muy fuerte de la actividad política y de la participación política. ¿Por qué? ¿Por qué me parece a mí? Producto de una frustración, producto de una experiencia fallida, producto de un entusiasmo, seguido de un globo que se pincha y algo que sale mal. Y eso se llevó, no sé si se llevó puesto, pero implicó y castigó a una generación entera prácticamente.
Cuando empezamos en la facultad, repito, militar estaba mal visto, era mala palabra, estaba perseguido por las autoridades todavía radicales, pero estaba limitado y además los pibes y las pibas estaban sin ganas o no le veían interés a la política. No le veían interés. ¿Para qué? Era medio el ‘sálvese quien pueda’. Y era, bueno ‘yo estoy acá en la universidad’, también de nuevo la discusión de ser de la universidad, ‘ los hijos de los ricos, ¿quién paga la universidad?’. Y eso acompañaba un discurso contra la gratuidad, a favor del cancelamiento y la privatización, que fue fuertísimo en la década de los ‘90. Y que vino acompañado, por eso retomo lo que decía Jorge, vino acompañado o también digo, determinado, por procesos mundiales. Ni siquiera argentinos, acá nosotros teníamos nuestra historia.
Pero en los ‘90 fue una década en toda América Latina de programas neoliberales. Si lo escucharon decir, lo digo brevemente, algo que se conoció como el Consenso de Washington, que era como un recetario neoliberal para toda América Latina, un paquete, un conjunto de medidas, que eran 10, un decálogo que habían que aplicar, que era bajar los salarios, privatizar, sacar derechos laborales, todo muy con el aroma del programa actual de Milei. Nada de estas cosas confusas incomprensibles, bizarras de liberal libertario o austríaco, nada tan estrafalario, sino más concreto. Eran las políticas que decía Washington que había que aplicar en los países como nuestro; que básicamente consistían en desindustrializar en terminar con capacidades propias, con cuestiones soberanas pero además reducir mercado interno salarios, consumo y achicar muchísimo el gasto público, esto del superávit no es un invento de la motosierra de hoy, es una política permanente de los sectores de poder y del poder internacional sobre los países dependientes, de tinte periférico.
Pero venía acompañado también con un paquete ideológico a escala internacional. Me tomé en serio que esto es un curso de formación, ¿no sé si notaron?. Entonces, quiero compartir, vengo de gritar, así que vamos a aprovechar un poquito para compartir esto a ver si les interesa o qué sirve. Vino acompañado de un paquete ideológico, era una política económica, era una cuestión geopolítica, pero vino acompañado con un paquete ideológico que tal vez alguno escuchó hablar o les suena, que es lo del fin de la historia y el fin de las ideologías. Por eso digo, en Argentina, empecé por Argentina, el desastre en el que termina la experiencia alfonsinista, gobierno que se tiene que ir antes denunciando un golpe de mercado, un golpe económico, no un golpe militar, pero tuvo intentos de golpe militar, asonadas, planteamientos, levantamientos, Semana Santa, bueno, hubo también conflictos de ese tipo y luego se va el Gobierno. Eso es Argentina. Y viene un plan ortodoxo de ajuste que termina siendo el de convertibilidad con Cavallo. A nivel regional, Consenso de Washington; a nivel regional, un paquete de medidas que tenían que aplicar los países periféricos, los países dependientes, los países del Tercer Mundo para que les vaya bien, que era privatizaciones, sacar derechos, la salud pública, la educación pública. Todo esto si les suena conocido es porque es un plan permanente, un programa permanente de la derecha y un programa permanente de los intereses concentrados y un programa permanente de los sectores de poder y un programa permanente de los centros de poder mundiales para los países como el nuestro, no es un invento de estos días. Al payaso le escriben el libreto además.
Me parece también relevante hablar del paquete ideológico del conjunto de ideas y del clima cultural que se quería formar en aquel momento, que era básicamente lo del fin de la historia y el fin de las ideologías y era un tema mundial, también creado en los centros de poder y los centros de conocimiento. Esto del fin de la historia venía a cuento de que se cayó el muro de Berlín y entonces hasta ese momento el mundo era bipolar. Estaba la Cortina de Hierro, estaba la Unión Soviética, estaban los países de un lado del Muro y los del otro. O sea, había capitalismo de un lado, comunismo, socialismo del otro, y había una especie de guerra fría o caliente entre dos sistemas de gobierno, dos sistemas de organización social, dos tipos de Estado, el comunismo y el capitalismo. Cuando se cae el muro, cuando implota la Unión Soviética, cuando termina la experiencia del comunismo soviético, el planteo es, se acabó la historia. No hay más historia. La historia era la historia de la lucha entre dos sistemas, pero no hay más historia. No hay más historia porque ganó un sistema, que era el capitalismo. Y lo otro no existe más. Hay un libro que creo que era Francis Fukuyama, ‘El fin de la historia’, que planteaba esta cuestión. Después vino otro, el fin del trabajo también de la misma batería de cuestiones el fin de los trabajadores, la clase obrera de la organización de los trabajadores pero venía con esto el fin de la ideología, porque si ahora triunfó un sistema, hay un solo sistema que es el capitalismo, el capitalismo exitoso, además tiene una receta para que apliquen los países, incluso los subdesarrollados, y alcancen la felicidad, el desarrollo y era un plan económico parecido a este.
Es interesante lo que pasa en la Argentina, por eso digo, hay determinaciones nacionales histórico, económicas, políticas, hay determinaciones internacionales. Después vamos a los pobres giles que estamos en la universidad tratando de repartir un volante. Pero estamos hablando de una cuestión global, como ahora dijo también Jorge, que esto que está pasando en la Argentina, a usted le toca un país difícil, un mundo complicado. Esto que pasa en la Argentina, lo de Milei, Milei no es producto de un talento local, queda claro a esta altura que es un fenómeno financiado, que estaba en todos los canales de televisión y que forma parte de una internacional, de una secta o de una internacional, de una ultraderecha que tiene expresiones en varios países. Sino confrontar a Milei sería una tarea más sencilla de lo que es si fuera solamente él, su hermana, los perros y la motosierra. Estamos hablando de un fenómeno más general. Bueno, en los ‘90 hubo un fenómeno más general que es este que estoy diciendo. La idea que había es que se acabó la discusión, hay un solo sistema, es el capitalismo en la forma norteamericana y todos los países tienen que simplemente aplicar una serie de recetas y les va a ir bárbaro y van a alcanzar el desarrollo. En aquel momento se llamaba la convergencia. Los países subdesarrollados, los países periféricos, el tercer mundo, América Latina, si privatizaba, bajaba los salarios, quitaba derechos laborales, achicaba el Estado, se asociaba y subordinaba la política norteamericana iba a ser rápidamente, velozmente, iba a converger en el grado de desarrollo con los países centrales, con los países más ricos del mundo. Es decir que estaba todo dado, esos son los ‘90. Y los ‘90, para un pibe que entraba a la universidad y que pensaba o intentaba y tenía ganas de militar, eran bastante cuesta arriba, porque lo que se había impuesto era una idea de que ya la política no servía, la política no transformaba, y viene asociado a algo que retomo de lo que dice Jorge, de estas ideas del autonomismo. Vos decías los italianos, bueno, está hablando de Toni Negri, está hablando del zapatismo, son fenómenos que hoy quedan medio atrás y no voy a desarrollar suficiente. Pero quiero pararme en un tema o en una enseñanza si quieren, una enseñanza, una lección, que por lo menos a mí me dejó esa época. En esa época el Estado era un Estado neoliberal, era un Estado represivo, represor, era un Estado ajustador, era un Estado que trabajaba para el interés de los sectores más poderosos, más concentrados y no lo hacía subrepticiamente, de manera disimulada. Era directo, era evidente. El Estado estaba al servicio de las corporaciones, el Estado estaba al servicio de las grandes empresas. El Estado era un Estado, presten atención a esto porque ahora con este fenómeno tan estrafalario, tan extraño, a veces no se entiende lo que quieren decir. Pero ¿cuál es el papel del Estado? Atraer a los capitales, atraer a las empresas extranjeras para que inviertan en países como el nuestro. ¿Cómo se los atrae? Y, no cobrándoles impuestos, no controlándolos, no regulándolos, no cuidando a la gente. Es decir, absoluta libertad. ¿Les suena? Toda la libertad. Y sin Estado. Con un Estado chico, ¿qué tiene que hacer el Estado? Garantizar negocios, garantizar rentabilidad de los capitales e impedir cualquier traba al proceso de acumulación sin freno a costa de qué puede ser, qué traba puede haber: los trabajadores, la lucha popular, la resistencia, todo, bueno había que aplastar eso, entonces el Estado trabajaba directamente en eso, eso era el Estado.
Para un pibe que empezaba la universidad, veía el Estado y decía el Estado es lo que persigue, lo que reprime, lo que achica, lo que entrega patrimonio nacional. Menem tuvo una frase en aquel momento, cualquiera que decía hay que tener empresas nacionales, cualquiera que decía hay que tener desarrollo propio y él decía ‘se quedó en el 45’, como diciendo eso ya fue, ya pasó, ese era el peronismo clásico, ahora hay que modernizar hay que cambiar todo y tuvimos esa particularidad y esa complejidad que era que un Presidente proveniente del peronismo estaba aplicando una doctrina ultra neoliberal, como otra dificultad adicional para el campo popular. Alguno, Basualdo, lo llamó travestismo, Eduardo Basualdo. Sea como fuera, militar en aquel momento era complicado porque había una ideología que decía ‘no hay forma de transformar nada, ya está, se acabó la historia, se acabaron las ideologías’, lo que hay que hacer es aplicar un recetario que es el recetario imperial y entonces vas a tener un resultado excelente y no hay que impedirlo y esto se hace con inversión privada, extranjera, grandes capitales que tienen que venir, no hay que ponerle trabas, no hay que ponerle límites, no hay que espantarlo. Vieron esto que ahora dicen con el desastre, el desaguisado, la macana, el papelón que están haciendo desde el gobierno nacional dicen ¿por qué hay problema’, por el riesgo, como dicen, ‘riesgo Kuka’. Se mandan cualquier cagada y nos echan la culpa a nosotros, es hermoso, qué fácil gobernar así.
Pero en aquel momento el Estado era un instrumento claramente de represión, de dominación, subordinación a poderes internacionales, eso hacía el Estado. Y vuelvo a lo que comentaba Jorge, porque entonces los pibes, los jóvenes que querían seguir militando, en ese contexto, adhirieron, no totalmente ni masivamente, pero había determinados autores, determinadas corrientes que lo que decían es ‘el Estado es malo, el Estado no sirve, el Estado es la junta de negocios de los empresarios’. Entonces, hacer política teóricamente, y el nombre de la corriente era el autonomismo, o nombres de ese estilo que venían de algunas corrientes italianas de la época de los ‘60, esto de libertad obrera que, también, tomar el Estado como un enemigo, como algo ajeno, como algo externo y entonces hacer política era crear y generar espacios de autonomía. De ahí, capaz a alguien le suena, el zapatismo. ¿Oyeron hablar del subcomandante Marco? El zapatismo, en aquel momento en Chiapas, bueno en algún estado de México, un grupo armó como una especie de mundo aparte, de sociedad afuera del sistema diciendo ‘bueno, este sistema es una mierda y no se puede cambiar’. Entonces, lo que podemos hacer, la acción revolucionaria o la acción transformadora, es generar espacios por fuera de la sociedad, del Estado, y armar espacios de autonomía. Y eso se volvió algo que yo hoy en perspectiva digo tenía su elemento positivo, porque no era no era contrario a militar, es más, generaba y convocaba una militancia, pero una militancia que era por fuera de la economía, por fuera de la sociedad por fuera del Estado como bueno, ¿qué sería transformador? y bueno, irse al Bolsón y hacer digo, no, no, sin ninguna o bueno, puede ser Tapalqué, por qué no, si tenemos nuestro no, bueno, pero ¿se entiende lo que estoy diciendo? ¿Cómo militamos? si todo es tan adverso, si todo es tan espantoso, si todo es tan opresivo y no se puede cambiar nada, y bueno, armemos rancho aparte, entonces buena parte de la militancia incluso creo que los sectores más dinámicos de la militancia, sobre todo cuando el peronismo estaba en esta situación de ambigüedad gobernando pero gobernando para intereses contrarios a la fuerza del campo popular, bueno, estábamos en toda esa confusión, esa confusión generó en Argentina, en la región y yo creo que en el mundo una corriente de pensamiento que era esta otra y eso marcó en buena medida, yo creo, que de las experiencias más potentes de militancia durante los ‘90. Entonces ¿por qué tomo esta experiencia? Porque era algo así, ¿vieron el libro de García Márquez ‘El amor en los tiempos del cólera’?, bueno, yo diría ‘la militancia en los tiempos del neoliberalismo’. Y a mí me tocó formar parte de alguna de esas cosas. Pero traigo la experiencia hoy acá para sacar una enseñanza, mía, personal, no sé si la van a compartir, pero es la siguiente. Hay un riesgo, hay un riesgo para mí grande, hay un riesgo que tiene mucho compromiso también histórico y generacional, que es que hay momentos donde la historia patea en contra, dónde está difícil, que no depende de que ustedes se ponga las pilas o que ustedes todos los días ponga la mesita, o depende de fenómenos más globales, más generales, más universales y más del sistema, más sistémicos. Entonces, hay momentos de retroceso. Habla de esto Álvaro García Linera con sus palabras que les recomiendo algunas de las cosas que dice sobre esto, sobre enseñanzas de momentos históricos distintos, y cómo posicionarse en momentos históricos adversos, de retroceso, de regresión de los derechos, de la clase trabajadora. Pasa esto a veces, y yo creo que uno de los riesgos más grandes, uno de los peligros más grandes y particularmente para los pibes y las pibas que tienen ganas, que tienen voluntad, que le ponen voluntad, que tienen vocación, que tienen el impulso, pero ven que todo es complicado, que está complicado, que está difícil y entonces uno de los peores resultados de esto puede ser, es, me parece, tomar una etapa particular, además adversa y de retroceso, como algo general. Como algo general y como algo eterno, como algo perenne, como algo establecido. No comprender la dimensión histórica de cada una de las etapas y claro, obviamente, cada uno con su experiencia, con su edad, con su momento, le toca enfrentar determinada situación, que si se consolida o se extiende, puede parecer que es para siempre. Y hay un riesgo enorme, que yo creo que es el riesgo en el que cayó esta corriente de la autonomía, esta corriente zapatista, que era pensar que esas cosas que pasaban en determinada situación histórica, en determinado momento histórico eran para siempre, eran eternas y eran inmodificables. Y entonces, miren lo que voy a decir porque es medio audaz y no lo dije nunca así que me puedo estar equivocando, es medio audaz porque bueno es una hipótesis, que es algo así como convertir una estrategia defensiva en una ética. Una estrategia históricamente situada, particular, en una épica y en un relato bueno, esto, ¿qué estamos haciendo? y en realidad hay una situación adversa, mala, chota y nosotros estamos respondiendo a eso y sobreviviéndola, pero bueno va a pasar, va a terminar, el peligro que tenés es convertir esa práctica transitoria en aquel momento en una especie de manual, de acción, como si nada fuera a transformarse. Y lo digo también por experiencia personal, porque durante los ‘90, en un mundo neoliberal, porque en los ‘90 uno tiene por supuesto las experiencias de la región, lo que fue acá el menemismo, Cavallo, tiene lo que pasó, porque pasó en toda Latinoamérica esto mismo, pasó en Brasil, pasó en Uruguay, pasó en Chile, después siguió pasando un rato más en Chile, pasó en Paraguay pero pasó en México en México incluso duró hasta hace poquito la fase neoliberal, pero era un mundo neoliberal. Se llegó ese quietismo y el problema de creer que una estrategia de resistencia, una estrategia de supervivencia, una estrategia activa y progresiva, porque no estoy criticándola, que esa estrategia es en realidad todo lo que se puede hacer y todo lo que se va a hacer, corre el riesgo de caer en el derrotismo, de ponerse objetivos demasiado poco ambiciosos, de ponerse a pensar que ‘bueno, ya está, esto se puede y esto no se puede’. Y voy a plantearlo para no extenderme demasiado, voy a hablar por ejemplo con respecto al papel del Estado. El Estado de los ‘90 era un Estado represor, era un Estado de persecución, era un Estado que estaba contra los pibes y pibas, era un Estado neoliberal, un Estado que garantizaba negocios, que garantizaba colonialismo y dependencia, que privatizó, que quitó derechos, que quitó derechos laborales, que quitó derechos sociales, que fue contra la salud pública, contra la educación pública. Concretamente pasó eso y se hizo desde el Estado. Ahora, algunos llegaron a la conclusión de que el Estado, como estaba haciendo eso de manera persistente, era eso. Que el Estado era eso. Que el Estado era el enemigo. Porque el Estado era de las corporaciones, el Estado era de los sectores de poder, el Estado era un instrumento imperial, el Estado nacional era un instrumento imperial.
Y me parece que alerto sobre esa cuestión, porque después la historia demostró que no, que se trataba de una etapa y de una situación, y de determinada coyuntura, y de determinada encrucijada histórica, pero que no era la naturaleza íntima inmodificable del Estado. ¿Se entiende lo que estoy diciendo? Y miren, ¿Cómo se refutó esa teoría? ¿Cómo se refutó esa idea? ¿Cómo se refutó esa representación? Y la realidad, los hechos que algunos, debo decir personalmente, nos sorprendieron, nos sorprendió la dinámica, porque ¿Qué pasó? los ‘90 duró 10 años, no porque sea una década sino porque la convertibilidad duró 10 años y fue un esquema de arreglo económico y de programa neoliberal muy duradero incluso con apoyo popular porque termina Menem en su reelección, con cambios constitucionales, bueno, esa Constitución del ‘94, que lo digo claramente creo que está fuera de lugar lo que voy a decir: esa Constitución del ‘94 que es un error arriba de otro, que es un desastre, hay que discutir, hay que modificar lo digo hoy acá hay una enorme tarea con esa Constitución, bueno, varios elementos, no me quiero extender ahora porque ya son discusiones de otro tenor y para qué me lo van a tomar el tipo, mirá lo que es, no, hasta acá.
Pero digo algo, ¿Qué es el Estado? y en los ‘90 parecía que el Estado era lo que nos perseguía, lo que nos cagaba a palos, lo que nos metía presos, era el que disolvía las manifestaciones, el que privatizaba la universidad o privatizaba el patrimonio nacional, el que regalaba y entregaba nuestra soberanía. Y después de los ‘90 que duran 10 años pero terminan y terminan con un enorme estallido. Lo interesante de la crisis de los ‘90 es que no es una crisis exterior, no es que los ‘90 terminan en materia económica en etapa histórica en la Argentina, no es que terminan porque viene algo de afuera, porque se sacude el mundo, hay elementos, pero los ‘90 y el programa económico y el Estado de los 90 implota. Vuelan por los aires. La crisis de 2001 es el fin de la convertibilidad, ocasionado endógenamente por el propio desastre que significaba la convertibilidad.
Entonces, vuela eso por los aires. Y vuela por los aires, hay una enorme crisis, la crisis de 2001 ya más cercana, todavía lejana, pero más cercana. Una crisis profundísima, la más profunda probablemente de la historia reciente, seguro, una crisis que nos lleva a 23% de desempleo, que quiebra todo el aparato productivo industrial argentino que venía muy golpeado, que termina con situaciones dramáticas que termina con lo De la Rúa y los muertos en la calle por represión del Estado, ese Estado neoliberal del que estaba hablando pero después de eso, de pronto ¿Para dónde va a agarrar la historia? ¿Qué va a pasar? Y bueno, viene Néstor. Viene Néstor y Cristina y me parece que esto es importante marcarlo por eso quise hablar, porque me contó algo que no conocía esto de cómo fue que aceptó… Está llena de estas cosas la historia, llena de estas cosas, cosas que parecen casualidad, que parecen azar, pero finalmente son convicción y audacia, convicción y audacia y que cambian la historia.
Pero ¿Qué pasó? Entonces entra otro régimen se entra otro régimen y es un régimen donde el Estado cambia el papel, cambia el lugar, cambia los instrumentos, pero cambia también los objetivos y las prioridades. El Estado pasa de ser un enemigo que viene a reprimir, que viene a achicar, que viene a vender, que viene a privatizar, que viene a entregar y se convierte en un Estado que reconoce derechos, que amplía derechos, un Estado que recupera patrimonio nacional como fue YPF, como fue Aerolíneas, un Estado que reconoce y amplía derechos para los trabajadores, que vuelve a reivindicar y ampliar la universidad pública, que apuesta a la ciencia y la tecnología, a la soberanía energética, pero también nacional, hemos puesto satélites en órbita, cosas que parecía imposible. Y con el Estado como instrumento.
Esto quería marcar y quería decirlo en primera persona, nos parecía que el Estado era la bota que oprimía y de repente es el botín que mete el gol. Entonces, conclusión, enseñanza: no comerse la curva, no pensar que una situación por compleja, por oprimente, por deprimente que sea es eterna, que no se puede cambiar. La historia da estas volteretas y no las da por generación espontánea. Eso también me parece que es un resultado a tener en cuenta sino que es resultado de la acción política, es resultado de la organización de la lucha, me parece esto importantísimo. No es que el Estado cambia de sintonía, cambia de naturaleza o cambia de acción porque bueno, de pronto tienen que haber hombres y mujeres que lleven adelante esa tarea, tiene que haber vocación política, tiene que haber lucha. Es decir que no es que comerse la curva porque la cosa va a cambiar sola, eso es lo más importante, cambia si se sostiene y se mantiene y se alimentan las luchas y se alimenta si se mantiene prendida esa llama, si se sostiene esa fuerza popular, esa articulación entre diferentes sectores.
Yo creo que en términos de teoría del Estado, tampoco voy a hablar mucho de teoría del Estado, pero quiero decir, ¿Cuál sería la conclusión? ¿El Estado solamente es un instrumento de opresión de las clases dominantes, de los sectores de poder, del capital transnacional, del sector financiero, o el Estado solamente es algo que acelera, que cataliza, que permite ampliar derechos? No hay ni una cosa ni la otra. Esto me parece importante como un resultado también, que es que el Estado puede actuar de las dos maneras. O sea, básicamente que el Estado es un territorio de disputa, es disputa. Que es un territorio de la lucha. No es que el Estado va para acá o va para allá, al Estado hay que llevarlo en determinada dirección y hay que utilizarlo para determinados fines, pero que eso no es propio del Estado como algo inerte, sino un producto también del desarrollo histórico, del desarrollo político.
¿Y esto qué tiene que ver con lo que estamos viviendo hoy? ¿Por qué esta reflexión? y bueno, porque hoy estamos viviendo algo parecido a lo de la década de los ‘90 pero con varias particularidades, me permito hacer un paralelismo, obviamente incompleto y bastante provisorio, pero un paralelismo. El programa económico de Milei no es liberal libertario, ni anarcocapitalista, ni de la Escuela Austríaca, lo acaban de echar del Instituto Hayek, lo echaron lo que le faltaba a Mises, lo echaron de la Escuela Austríaca ¿Por qué nos tenía que tocar este? ¿Por qué? No lo reconocen ni los que él adula, es algo fabuloso. Pero no es un programa de Hayek, de Mises, de Böhm-Bawerk, no es un programa austríaco, ustedes saben que la Escuela Austríaca en en economía es una escuela de fines del siglo XIX, una escuela ultraliberal, pero de gente menos ridícula, mucho menos ridícula. O sea, yo no estoy de acuerdo, pero no decían estas gansadas. Era gente, dentro de todo, con una coherencia, con una articulación en el pensamiento. No estoy de acuerdo, y para mí es muy reaccionario, pero no importa, no decían estas cosas.
Ahora, ¿qué es esto que está pasando? Hay un programa económico, para si alguno de por acá estudia Economía o Sociales o cualquier cosa que quiere verlo históricamente, es un plan económico ortodoxo de ajuste, de estabilización, tradicional, convencional no tiene nada de nuevo, no tiene que ver ni con Conan ni con Karina, ni con la motosierra. Es un programa económico que se aplicó varias veces en la Argentina que ha tenido matices, que ha tenido particularidades, se aplicó durante la época de Martínez de Hoz, con la tablita; se aplicó durante los ‘90; se aplicó al comienzo del gobierno de Macri, es un plan de estabilización que consiste en mantener un dólar fijo, más o menos fijo, porque eso tiene un efecto inflacionario, antiinflacionario, digamos, si se abren las importaciones al mantener fijo el dólar hay costos que no se mueven, y al abrir las importaciones hay productos extranjeros que compiten con los nacionales y entonces eso mantiene los precios. Y por otro lado, pisar los salarios, pisar las jubilaciones, pisar los ingresos populares, reducir toda política expansiva del Estado, de la obra pública. O sea que es el ABC de un plan de ajuste convencional, no tiene nada de nuevo, de novedoso, por más que grite, por más que cante es el plan económico de la derecha argentina de toda la vida.
Lo aplicaron varias veces siempre con los mismos resultados, va contra los derechos de los trabajadores activos y jubilados, va contra los derechos de los estudiantes, va contra los derechos de los sectores también que producen, va hasta contra los derechos de los empresarios, ¿no? Así que es un plan antinacional, antipopular, antitodo, y no sabemos, digamos, cuáles son los vericuetos, cuáles son las particularidades. Lo único que sabemos bien es cómo termina. Termina siempre mal. Termina para el culo. Este plan termina para el culo.
Pero, acá viene la reflexión sobre esto. En los ‘90 había un clima de época, dije el fin de la historia, el fin de las ideologías, el Consenso de Washington había una ideología mundial, había una política particularmente de Estados Unidos sobre América Latina de que se aplicaran los planes neoliberales, había una articulación internacional ¿Qué otra particularidad, además de las peculiaridades que tienen los personajes que lo están aplicando hoy? Además de eso, la otra particularidad es que hoy el mundo, el planeta, particularmente Estados Unidos, más allá, porque ustedes saben que Trump no es alguien que a mí me caiga lo que hace o lo que dice, no, no voy a expresar ningún tipo de apoyo, ni de simpatía. Lo único que digo es que el plan neoliberal del Consenso de Washington, el plan económico de privatización, de apertura indiscriminada de la economía, de desindustrialización, de rifar el patrimonio nacional, nuestra soberanía, de rifar los recursos naturales, ese plan hoy se está aplicando a contramano de lo que está ocurriendo a nivel mundial, es una diferencia fuerte. ¿Cómo decirlo? Yo decía una payasada pero me animo a decir: es un corso a contramano lo que estamos viviendo. Porque aplica política neoliberales, de apertura económica en un momento donde el mundo está proteccionista, nacionalista, donde Trump las medidas que toma tarifarias, bueno no me voy a poner tampoco a hablar mucho de eso, pero las medidas que toma son para proteger la industria norteamericana. Y uno diría, por ejemplo, si yo digo ‘quiero proteger la industria automotriz argentina o del calzado argentino’, qué me diría un neoliberal, un libertario, me diría ‘no, cómo, no es competitivo, está tecnológicamente atrasada, es más cara y de peor calidad ¿cómo la vas a defender?’. ¿Qué está haciendo Trump? Defendiendo su industria automotriz, norteamericana, su industria tecnológica norteamericana que es más cara y de peor calidad que la que importa de China o de Oriente, pero la protege igual porque es norteamericana. Vieron que dice ‘Hacer Estados Unidos grande de nuevo’, ‘Make América Great Again’, dice. Bueno, hay que explicarle a Milei que esa América es Estados Unidos y que él es de Argentina. Aunque empiece con la misma letra plegarse a la política de Trump es hacer a Estados Unidos grande de nuevo, lo cual no implica nada necesariamente bueno para nuestro país. Pero digo, las políticas que está queriendo aplicar Milei, similares a las de Martínez de Hoz, similares a la de Cavallo, similares a la del primer Macri, están con un mundo que hoy las rechaza. Un mundo, un planeta donde se han roto, se han quemado todas las bibliotecas, todos los manuales, todo lo que estaba mal. Proteger la industria nacional era una herejía, era una mala palabra, aún para Estados Unidos. El proteccionismo era una mala palabra. Está cambiando muy fuerte y muy rápidamente. Estados Unidos, ustedes vieron, ahora decidió, eso hablamos la otra vez, decidió que no se va a dedicar, que no va a invertir recursos propios en defender a Europa, por ejemplo ¿no? Fíjense, eso es como asumir que el centro, llamémoslo del imperio, está en decadencia ya no puede proteger y defender en términos de seguridad a quienes forman parte de su de su esfera. Es como una contracción, como una retracción, como un achicamiento, como un repliegue, como un repliegue estratégico de Estados Unidos; está cambiando, ideológicamente son todas novedades de las que no voy a hablar demasiado porque quiero hablar de la acción política en Argentina ante esta situación. Entonces yo digo, en los ‘90 fueron muy duros para que los militábamos porque había un gobierno neoliberal, un gobierno ajustador, un gobierno represivo, y había mucho desinterés de los pibes, de la pibes de la política.
Ahora, hay una política económica parecida a la de los ‘90, pero es como una impostura. Es un papelón. Porque yo entiendo que después de lo que ocurrió con el gobierno de Macri, después de lo que ocurrió con el gobierno de Alberto, haya de algunos sectores enojo, mal humor, bueno lo decían recién ustedes, falta de interés de movilización, desmotivación. Bueno, puede haber, pero para mi tranquilidad que es lo que observo acá, pero vengo observando, si bien se quiere recrear esa política noventista, ese estado neoliberal, se quiere recrear esa ideología de la antipolítica, si bien esa es la intención como aplicar ese paquete, yo decía, se repite pero clave de payasada, vienen a decir ‘Bueno, no, la política no sirve, la política no transforma, el Estado oprime’ ¿y qué tenemos acá? Miles de pibes y pibas que militan. Es tan vergonzoso, tan espantoso, tan choto, tan malo, tan berreta que ni siquiera pueden bajar el paquete ideológico, que además lo que en los ‘90 por montones de condiciones parecía que era eterno ahora queda claro que se cae solo a cachos. Eso es lo que estamos observando hoy. Estamos atestiguando un gobierno que viene con una ideología de destruir el Estado, de privatizar las universidades, de que todo sea arancelado, con el voucher o dolarizado y dejarnos sin moneda nacional. Viene a decir todo eso y en lugar de establecerse, de perdurar, de expandirse, se achica y va de papelón en papelón. Va de papelón en papelón. Es un desastre, es lamentable, es penoso, se cae a cachos, se le ven por todos lados las costuras. Es un discurso ajeno, ajeno incluso a, no digo al ser nacional, al peronismo, es ajeno a nuestra cultura, a nuestra sensibilidad. Nos están invitando, nos convocan a ser crueles con los pibes y pibas discapacitados. Bueno, nos pueden convocar, nos convoca el gobierno nacional a no tenderle la mano a alguien que tiene alguna dificultad, algún problema, a festejar si cierra una empresa. Ese es aparentemente el paquete ideológico y las ideas que tratan de establecer culturalmente.
Bueno, ¿qué le dice por lo menos la provincia de Buenos Aires? En las PASO, en las generales, en el ballotage del 2023, le dijo a Milei tres veces no. Le dijo tres veces no. Lo negamos tres veces, pero me parece que es importante porque vamos camino a una elección. Entonces, ¿qué es esta elección? Y voy a terminar. Primero voy a terminar diciendo algo ¿a quién se culpa de todas estas cosas? Incluso cuando va saliendo bien, se lo culpa del desastre que produce, cuando sale mal de la crisis que trae: a los jóvenes. A los jóvenes. Fíjense, a mí me da… Me enoja, no sé sociológicamente, no sé las encuestas, no lo analicé. Pero es el ‘a Milei lo pusieron en el gobierno los jóvenes’. Porque con el TikTok, con las redes sociales, un personaje disruptivo de afuera de la política, un personaje desacartonado, espontáneo, original, que insultaba, irreverente. Entonces le copó a los jóvenes. Bueno, yo le aviso algo a Milei: puede ser que en determinada coyuntura histórica, después de la experiencia del gobierno, incluso el propio peronismo que dejaron un gusto amargo, puede ser que en ese momento eso haya seducido, haya penetrado, haya interesado. Ahora, yo aviso algo para los que tratan de eternizar momentos históricos y episodios particulares, les digo algo: puede ser que haya tenido que ver la juventud con el voto a Milei, pero si a Milei lo pusieron los jóvenes que no lo sé y no estoy seguro, sí puedo decir algo: los jóvenes lo van a sacar a Milei.
Porque son jóvenes pero no boludos y por mucha red social, por mucho TikTok, por mucha propaganda, por mucha guita que le pongan, con mucho brindis, por mucho premios truchos que le den, los pibes y las pibas yo creo que en esta elección le vamos a dar una gran lección a Milei.
Porque lo veo en toda la Provincia, mirá que la gente muy experimentada, muy preparada, bueno vino Milei y dijo ‘Pucha, mirá lo que llegó, es un desastre’ y los pibes, las pibas no, están pensando, están analizando, están reflexionando, se están organizando, se están formando y ya está, ya descubrieron el truco. Creo que a Milei se le vio. Se le vio que no salía un conejo de la galera porque era magia, porque lo tenía ahí escondido en el forro y porque se le vio, se le vio el truco, ya está. Ya está, ya se terminó. La motosierra no era contra la casta: la motosierra era contra el laburante, contra el jubilado, contra el discapacitado. La motosierra era contra los viejos de ustedes, contra sus abuelos, era contra la universidad pública, era contra los pibes y las pibas, era sacarle derechos. Eso es la motosierra, y la motosierra tiene dueños y son los sectores de poder, las corporaciones y Milei es solamente el piloto de la motosierra, no es dueño de la motosierra. Le quieren sacar la guita a los jubilados para dársela a la timba. Les quieren sacar la guita a los laburantes para dársela a las corporaciones. Nos quieren sacar los recursos naturales para entregárselos a los extranjeros. Entonces, me parece que esta situación que estos días se ve con tanta claridad porque salió esto del 3% ¿no? ¿escucharon? Está bien, entonces justo cuando estaban sacándole los remedios a los discapacitados, a los pibes y pibas con discapacidad, a su familia, justo el tipo, yo digo este tipo Spagnuolo, que habla en los audios, que se yo toda esta discusión. Spagnuolo puede haber dicho eso, puede haber hecho eso, puede haber denunciado eso pero había que echarlo por otra cosa: había que echarlo porque estuvo con la familia de Ian Moche y le dijo a la mamá de Ian Moche ‘a mí que me importa, o al Estado que le importa, no es el problema del Estado, no es el problema de la sociedad. Es un problema de tu familia que tenga un hijo o una hija con discapacidad’. Por eso hay que echarlo, porque nosotros no podemos, no estamos de acuerdo. No sé qué es más grave, pero eso ya es suficientemente enojoso y suficientemente agresivo y violento como para que se tenga que ir el tipo. Después lo echaron porque no trasladó los recursos a donde… O no sé por qué, no sé por qué, pero ya con esto alcanzaba.
Y me parece interesante, para terminar, que finalmente me parece que estamos ante una crisis, estamos ante una verdadera manifestación y expresión directa de lo que es este gobierno, que parecía otra cosa, parecía que la motosierra, decían que la motosierra era para la casta y para los privilegios, terminó obviamente siendo un ajuste a las provincias, un ajuste a los jubilados, un ajuste a la universidad, a la ciencia, a la tecnología, a nuestro cine, a nuestra cultura. Parecía o decía que era un gobierno de gente nueva, dijo 20 veces en la campaña y hay gente que lo votó dijo ‘¿Cómo se va a hacer algo distinto con lo mismo de siempre?’ Entonces él tenía ahí a, hoy la veía a Lemoine haciendo qué sé yo, no sé cuál es el género ya, pero en el Congreso de la Nación con la nuestra haciendo esa cosa… Pero Marra, todo eso, rápidamente se deshizo de casi todos eso y puso a Patricia Bullrich, una experta en represión, una experta en ajuste; puso a Toto Caputo, un tipo que viene de la Banca Financiera Internacional; puso a Sturzenegger, un tipo que trabaja para los intereses concentrados de la Argentina, elenco estable, intelectual orgánico de los sectores de poder de la Argentina; lo puso a Petri ¿Lo nuevo dónde está, Milei? No hay nada nuevo. El ajuste es para el pueblo, para los laburantes, para nuestra industria, para nuestra producción y bueno, ahora vemos además que es un gobierno que está en la joda, obviamente. Era bastante… Era esperable también. Y que el programa económico, en vez de crecer y subir rápidamente la economía, cada vez estamos peor. Ahora ya está en franco declive. Así que bueno, ya está. Se acabó. Se acabó el conjuro, se acabó el hechizo, se acabó el embrujo. Ya está. Milei es lo que es, es un empleado de los sectores de poder que viene a aplicarle un ajuste feroz al campo popular, a los laburantes y de joven, de desacartonado, de novedoso, de original no tiene nada. Viene a aplicar una receta por orden de los ricos, de los poderosos, de los más grandes.
Este 7 de septiembre es eso lo que se viene a discutir. Yo iba a hablar un poco de lo que hicimos, me pasó Carli acá todo lo que hicimos para la universidad, todo el Programa Puentes que estamos haciendo las obras en las universidades, lo que hace el gobierno provincial me llena de orgullo, pero no quiero extenderme más. Lo único que quiero decir es que este 7 de septiembre, y después en octubre, lo que vamos a hacer es decirle a Milei que ya está, que ya fue, que se acabó, que hasta acá llegó, que ya se acabó las mentiras, se acabó el engaño, que lo descubrieron. Pero también vamos a defender determinadas cosas, porque no es solo negativo, es también defender y creo que en el caso del gobierno de la Provincia con mucho orgullo por poder estar acá, por haberlos acompañado… Hablaban de la manifestación, de la marcha de La Noche de los Lápices, me decían cuando fui ahí ese día la primera vez que me invitaron ‘bueno, es el primer Gobernador que concurre una marcha por La Noche de los Lápices’. Yo, la verdad que lo que tengo para decir es que acá en la provincia de Buenos Aires nosotros nunca pusimos, por supuesto, ni siquiera en un milímetro de discusión, que son 30.000. Es decir que, de nuevo, que me parece que tenemos muchas cosas por defender, tenemos nuestra política en materia de salud, de educación, y falta un monton, en materia de infraestructura; yo en ese sentido quiero decir que teníamos un grave problema en el gobierno, incluso en los cuatro años donde no estábamos bajo fuego del Gobierno nacional, pero teníamos un grave problema que era que la capital de la Provincia, nuestra capital, La Plata, estaba gobernada por la desidia, por el abandono, por el desinterés, y para mí era muy grave en muchísimos aspectos, porque todos dicen que esta es la provincia más grande, más importante, la principal, la madre de todas las batallas y uno recorría cualquier provincia argentina y había en la capital, en la Casa de Gobierno, en los edificios públicos, el patrimonio histórico se respetaba, se valoraba, se ponía, se invertía en eso y acá teníamos un gobierno de negocios inmobiliarios, un gobierno desinteresado.
Así que yo quiero decir que más allá de todas las dificultades que hay, a mí me llena de alegría, de orgullo cada vez que camino por La Plata a ver lo que está haciendo Julio. Es mucho más relevante porque esto es un municipio, es una sección electoral y es también la capital de la Provincia. Yo ayudo como puedo. ¿Qué quiero decir para terminar? Me parece que hay una tarea muy importante que es ponerle un freno a Milei. Nosotros estamos en un proceso dentro del peronismo, del campo popular, de discusión, de debate, de reflexión, porque creo que es lógico después de la derrota a nivel nacional en el ‘23, repensar, reformular, buscar formas de organización, formas de comunicación, lenguaje, pero también política para contrarrestar esto. Todo eso está muy bien pero venía la elección y se tomó una decisión, para mí acertada, ahora vamos a ver hasta qué punto pero tremendamente acertada. Hace un par de meses si se unía la derecha, si se unía Milei con Macri y el PRO con La Libertad Avanza ganaban en la Provincia por 10 puntos, 15 puntos. Hoy, después de haber desdoblado las elecciones y de haber buscado una sola boleta, hoy creo que como viene la mano, si militamos -no está escrita la historia- si militamos, si nos rompemos el lomo, si vamos por todos lados, si convencemos a todo el mundo, si discutimos, si charlamos, si persuadimos, si convencemos y si llevamos a la gente a votar, le ganamos a Milei el 7 de septiembre con una boleta que le pone el freno a Milei y que defiende la salud pública, la educación pública, la universidad pública y gratuita, la industria nacional, defiende el Canal Magdalena, defiende las Malvinas.
Y después, lo último, porque hablaba Jorge de tareas para usted. Y bueno, hay que hacer todo eso pero también hay que parir, hay que engendrar una alternativa política de cara a lo que viene en el ‘26. Así que, esto es un trabajo que ni bien terminemos septiembre y octubre empezamos a trabajar para recuperar el gobierno nacional. Así que bueno, espero haberles podido dejar algunas ideas para reflexionar, para debatir, para pensar. ¿Cuál es la enseñanza? Nunca bajar los brazos, nunca decepcionarse, deprimirse, no tenemos derecho, no tienen derecho. Como dice García Aguilera ‘nos caemos, nos levantamos y seguimos luchando’. Así que compañeros y compañeras mucha fuerza, muchas gracias, a militar y a ganar. Muchas gracias.