Apertura de la XXI Convención Anual Pro Textil

Buenas tardes a todos y a todas, agradecerle primero a Jorge por invitar a ProTejer y por invitarnos de nuevo, Magui, a este hermoso Teatro Roma recuperado. Y después a la Fundación ProTejer, porque de nuevo nos encontramos hoy.

Uno podría hacer una descripción, una historia de diferentes etapas de la Argentina, historia que tiene momentos de apogeo industrial y momentos de industricidio. Yo lo bauticé así durante el gobierno de Macri. Me acuerdo que estábamos en la Cámara de Diputados, empezamos a hablar de ‘industricidio’ cuando algunos lo negaban o trataban de ocultarlo. Luego, momentos de recuperación, pero hablando un ratito acá antes de entrar con algunos empresarios del sector textil, algunos viejos conocidos y amigos me decían que lo que se está viviendo hoy, aún para los que tienen una larga experiencia en etapas neoliberales, o en etapas de desindustrialización, lo que se está viviendo hoy se vivió muy pocas veces, casi, me animo a decir, casi nunca.

Habíamos hablado de ‘industricidio’ en aquel momento. Hoy creo que, para seguir poniendo nombres, pero también para distinguir, estamos ante un plan de exterminio de la industria argentina. Un plan deliberado, preparado y que se está implementando de exterminio de la industria nacional.

Lo digo porque muchas veces se aplicaron políticas parecidas, a veces idénticas a las actuales en su contenido, pero lo que estamos viendo hoy es que, por el grado de aceleración, por el grado de profundidad que llevan las políticas de desindustrialización, está en riesgo buena parte de nuestro tejido, de nuestro aparato productivo nacional. Está en riesgo real.

Escuchaba recién las palabras de Luciano, el manifiesto, y la verdad que empiezo expresando solidaridad, pero también alegría y satisfacción porque los que me conocen saben que hace tiempo que venimos pidiendo, solicitando, rogando que sean los propios protagonistas de la industria argentina, víctimas de estas políticas, los que tomen la posta y comuniquen, porque a veces su palabra se escucha con mayor legitimidad que la de los que estamos en la política, y simplemente se defiendan. Así que yo celebro, felicito y aplaudo que los industriales, los empresarios del sector textil agarren el estandarte, defiendan sus empresas, defiendan los puestos de trabajo y con eso defiendan también la estructura productiva y el futuro de la Argentina. Muchas gracias por eso.

Lo celebro porque sé, recuerdo Kato en San Martín cuando estábamos reunidos con empresarios y les pedíamos, también, que tomen la palabra. Ni que exageren ni que mientan, que digan la verdad de lo que está ocurriendo en sus empresas, en sus fábricas, en los comercios, en su sector.

Lo digo porque uno conoce, por haberlo hecho durante tantos años, que cuando le toca defender al sector industrial argentino, por dedicarnos, por tener responsabilidades, por tener lugares en la militancia, en la política, en la dirigencia, ya hay una parte de la palabra, con respecto a determinado sector del periodismo y por qué no de la sociedad, que queda impugnado sólo por quien lo emite.

Decía, paradójicamente, tal vez uno tiene la gimnasia o tiene la capacidad retórica o los datos o la formación, como en mi caso, para explicar, pero ya por el solo hecho de pertenecer a la política o de pertenecer al peronismo, bueno, ya hay quienes dicen ‘no, no lo voy a escuchar’ y creo que eso es grave. Es grave porque de esa manera se pone en marcha un dispositivo que oculta la realidad. Que oculta la realidad, aún diciendo la verdad de manera contundente, aún mostrándola, bueno… Entonces, terminamos estando en desventaja en los medios de comunicación que muchas veces son afectos o cómplices de este tipo de políticas. ¿No?, yo pensaba el otro día si mi nombre aparecía en la nómina de una persona presa por narco, ¿no?, en Estados Unidos, con un monto como el que vimos. Me venían a buscar a los siete segundos, ¿se dan cuenta? Estuvimos todos estos días viendo y apreciando el espectáculo deplorable y lamentable de un Presidente de la Nación defendiendo a una persona vinculada y acusada de recibir fondos del narcotráfico. Cosas enormes, inéditas.

Pero habla también de este tipo de cuestiones, probablemente, mucho más importantes en perspectiva histórica que lo que ha ocurrido estos días con el ex candidato a primer diputado nacional por Javier Milei. Mucho más graves, porque tiene consecuencias, ondas duraderas, y a veces, no quiero decir irreversibles, pero muy difíciles de revertir.

¿Y por qué hablo de una excepcionalidad? Cuando me he pasado desde el primer día del gobierno de Milei diciendo que en realidad en la política económica hay muy poco de novedoso, de original, nada. No hay nada de anarcocapitalista, nada de austríaco. No hay.

Se está aplicando un plan de ajuste convencional como los tantos que se aplicaron en la historia argentina. Obviamente, sin discutir peculiaridades, digo esto para que quede claro que a mismas medidas, a mismas políticas, mismos resultados, mismas consecuencias. Porque si no parece que en Argentina está pasando algo nuevo.

En materia de política económica lo que se está haciendo es aplicar un plan, un remedio, una receta, por decirlo así, que la derecha argentina, que el Consenso de Washington viene difundiendo y promoviendo para países como el nuestro hace muchísimo tiempo y que se aplicó varias veces.

Y lo que está pasando no es un error de implementación. Por eso algo que me parece importante dejar en claro. No es que hay problemas o de tiempo, de implementación o de aplicación de determinadas políticas. Lo que está pasando es lo que se busca. Cuando uno mira los números de la industria en general y de la industria textil encuentra una calamidad.

Hoy estamos ante un sector que implica, acá tengo los números, casi 24.000 empresas y más de medio millón de puestos de trabajo. Estoy hablando de la cadena de valor textil, agroindustrial y de confecciones de Argentina. Más de medio millón de puestos de trabajo.

Muchos de ellos, a diferencia de otros sectores, también, muchos de ellos, en condiciones laborales regulares, bajo convenio, en blanco. ¿Qué es lo que podemos observar como consecuencia de los casi dos años de aplicación del plan de Milei? Una contracción de cerca del 18% en la industria textil, una caída de 10 puntos en la capacidad instalada con niveles históricamente mínimos. En el caso particular de esta industria, tenemos 6 de cada 10 máquinas paradas en la Argentina. Mientras nos dicen que el objetivo central de la política actual es conseguir inversión privada. Y lo que estamos viendo es cómo las máquinas que ya tenemos, muchas de ellas de gran tecnología, enormes inversiones, están con la lona encima. Está pasando lo contrario de lo que se dice buscar en materia de inversión privada.

Y sin embargo, lo escuchaba hoy, no lo escuchaba, leía hoy el discurso de Milei que estuvo en Mar del Plata, en nuestra provincia de Buenos Aires, en el Parque Industrial, en una empresa, Lamb Weston, que es una procesadora y exportadora de derivados, de productos para el consumo hechos de papa, donde estuvimos hace pocos días con Augusto y algunos otros funcionarios y algunos otros candidatos de los que nos acompañan. Entre paréntesis, quiero pedirles un aplauso para los candidatos de Fuerza Patria de la provincia de Buenos Aires, para los diputados, diputadas actuales de nuestra fuerza política que hoy nos acompañan, porque están donde tienen que estar.

Fíjense, recorriendo las instalaciones, es efectivamente una planta que requirió una inversión de 340 millones de dólares, tremendamente avanzada, de las más modernas o la más moderna de nuestro continente o de Sudamérica. Pero estuvimos hablando con las autoridades de la empresa. ¿Por qué se radicó en el Parque Industrial de Mar del Plata, Lamb Weston, una inversión, decía, significativa para la producción de papa que, entre paréntesis, obviamente, con un mercado interno detonado pero con capacidad exportadora?

¿Por qué se radicó ahí? Bueno, porque hay un parque industrial. Pero también porque ese parque industrial, hace poco tiempo y era un proyecto que llevamos adelante, está conectado a través de la circunvalación de Mar del Plata con el puerto de Mar del Plata. Y está ahí porque el puerto de Mar del Plata, de gestión pública, acaba de hacer el dragado que le va a permitir incrementar la capacidad exportadora. Y se instaló y trabaja ahora con un crédito de la banca pública, el Banco de la provincia de Buenos Aires. Y de los 100 proveedores que tiene la empresa de papa bonaerenses, más de un cuarto es cliente y recibe su fondeo de la banca pública, del Banco de la provincia de Buenos Aires.

Yo me animo a decir, para que a ver si de una vez por todas puede entenderlo Milei, que si no hubiera ruta, si no hubiera circunvalación, si no hubiera puerto, si no hubiera banca pública y si no hay presencia del Estado, no puede haber inversión privada ni en Argentina ni en ningún lugar del mundo.

No estamos ni en una antinomia, ni en una contradicción, ni en una competencia. El sector público genera las condiciones con la infraestructura, en un momento donde como nunca en la historia nacional la obra pública está absolutamente parada y se caen a cachos las rutas nacionales y se han vuelto peligrosas por culpa de Milei. En medio de esta situación, pareciera que lo que hay que decidir es si es todo o todo público. Y quiero leerles también un pedacito de la declaración de Milei porque venía para acá y me crucé con esto y lo quiero compartir.

Dijo, ‘en el frente comercial para exportar más e inundar el mundo de talento argentino y para que los argentinos puedan acceder a una mayor variedad de productos a mejor precio, aquí en casa, básicamente los países exportan para poder importar. Si no vayan y miren lo que es un supermercado en Suiza. ¿Qué producen en Suiza? Servicios financieros, chocolate, relojes, cortaplumas y, en su momento -perdón- un maravilloso jugador de tenis’. No, no, yo estoy preocupado. Además hay instrumentos acá, quiero aclarar que quienes tenemos que dedicarnos a la función pública y en un momento tan complicado no podemos perder un minuto en llevar adelante el sueño de la adolescencia o hacer papelones delante de los demás.

La verdad que quiero dejar en claro que venimos a hablar de la grave situación que atraviesa la industria argentina, en particular la textil, pero sigue Milei diciendo ‘supermercado en Suiza’, ‘digo, cuando ustedes entran a un supermercado en Suiza, salvo por los chocolates, el resto de las cosas ¿qué son? Importadas’. Dice Milei.

Entonces, por ejemplo, y vale también decirlo en esta ciudad, Mar del Plata, donde está el queridísimo intendente Guillermo Montenegro, hay países que viven del turismo, por ejemplo, y nosotros tenemos mucho y en especial en Mar del Plata, y que eso además puede convivir también con el sector productivo y hoy estamos dando una muestra de ello también.

Cito esto porque nunca en la historia se dejó tan claro cuál era el proyecto de país que se estaba impulsando, aún cuando los programas eran los mismos. Uno recuerda la silla, la vieja propaganda de la silla de Martínez de Hoz, recordarán ustedes, silla nacional, silla importada en la tele mostrando que el producto nacional era más caro y de peor calidad, que había que importar. Pero nunca se dijo con este desparpajo y de una forma tan poco, también sutil ¿no?, que se venía a destruir la industria argentina. Milei dice que nos quiere llevar al modelo agroexportador y felicita a los suizos porque lo único que producen es chocolate y cortaplumas. 

Yo no sé ni por dónde empezar. No sé ni por dónde empezar, pero parto por decir que estamos ante un presidente absolutamente desconectado de la realidad. Eso lo hemos visto ayer, pero además que no sabe en el país que vive. Y peor que eso, no lo estima, no lo aprecia y no lo quiere. Milei, Argentina es un país industrial. De trayectoria industrial, de cultura industrial, de capacidades industriales. Y, la verdad, es que querer retrotraernos, querer hacernos atrasar hasta la época de la colonia o poco después, cuando éramos un país solo de base primaria, agroexportador, la verdad que no sólo es una catástrofe social para la Argentina, significaría, y por eso recordaba lo de Martínez de Hoz, Martínez de Hoz decía que él quería también un país con menos industria, decía, ‘el problema que tenemos es que sobran 10 millones de argentinos’. Lo decía cuando en Argentina había 25 millones de habitantes, hoy hay 47.

Ese modelo es un modelo, hablaba recién, sector textil, que el gobierno tiene el propósito, la determinación de destruirlo, lo digo para el que todavía no se haya dado cuenta. Y si persiste con estas políticas económicas, y si no se le pone un freno a Milei, y, ese es el destino. Porque la política macroeconómica que está llevando adelante es una política de desindustrialización acelerada. Un dólar artificialmente sostenido a niveles no competitivos, apertura importadora, con lo cual no sólo es muy difícil colocar productos en el extranjero sino que, además, hay necesariamente este tipo de cambio y con apertura total, un aluvión de productos importados, decía recién Luciano ‘a precios artificiales’, porque hay un dólar artificial también.

Si a eso se le suma el encarecimiento del crédito por la bicicleta financiera, ¿hoy cuánto sale un descuento de cheque, descontar un cheque, el capital de trabajo? 50, 60, 70, 80% de interés. Son niveles imposibles, no hay crédito, las tarifas energéticas, etcétera, dolarizadas en medio de todo esto y los salarios, jubilaciones, planchados.
Es una macroeconomía de la desindustrialización la que está llevando adelante. Es prácticamente imposible sobrevivir, se mira en el balance, para el que no entienda la macro. Los costos están altos en dólares, el dólar hace que los productos extranjeros lleguen a precio menor a veces que los costos de producción locales, exportar con este dólar impide penetrar en mercados extranjeros y, mientras, no hay mercado interno y el costo del crédito elevadísimo. Costos altos, demanda baja, competencia desleal. Es imposible.

Recién oía hablar a Luciano del esquema impositivo, yo entiendo y podemos discutir todo en materia impositiva, lo que digo y para que les quede claro a los empresarios, también, qué peleas hay que dar. Por supuesto que podemos discutir el esquema impositivo, que sea justo, sobre todo que no haya evasión. Lo único que digo es que con este mismo esquema impositivo muchos de ustedes tuvieron empresas prósperas, crecían, invertían, con el mismo esquema impositivo. Así que acá el problema no es de los impuestos, el problema es de la macroeconomía, el problema de la política económica, el problema es del objetivo que tiene el gobierno actual, y el objetivo es desindustrializar la Argentina. Y dicho de esta manera, tenemos que volver, y lo decía con el supermercado suizo, ‘qué bueno si importáramos’, y pasa ya.

A uno le toca recorrer supermercados donde hay productos alimenticios prácticamente primarios de baja elaboración importados, que se producen en el país. ¿Y qué es lo que es más competitivo afuera? Tienen que pagar un flete, tienen que venir del exterior, tienen costos de logística, almacenes. No es eso, es un esquema económico que está equivocado. 

Y yo digo, esta situación que venimos viviendo, esta política económica que tiene estos resultados para colmo, para colmo se lleva adelante en un momento donde en el mundo entero, y escuché bien lo que dijiste, están yendo para el lado contrario. Vos decías ‘a contramano’, es un corso a contramano. Este gobierno es un corso a contramano.

En materia de política económica quiere hacer la apertura total de la economía y la desindustrialización cuando no hay país del mundo que no esté luchando por sostener su industria, su fuente de trabajo, incluso por traer empresas que se fueron al exterior para que vuelvan y retornen al propio país. Tenemos al presidente de la primera potencia mundial diciendo que hubo una desindustrialización que hay que revertir. Es más, hoy casi uno podría decir que hay una enorme oportunidad. 

La fundación se llama ‘ProTejer’, cuando nosotros durante los 12 años de Néstor y Cristina decíamos ‘hay que cuidar la industria nacional’, nos decían ‘proteccionistas, eso no va más, se quedaron en no sé qué época, está pasado de moda, no sirve’. Hoy tenemos al gobierno de Estados Unidos aplicando esquemas tarifarios, poniendo subsidios multimillonarios, generando incentivos industriales, y si hace falta, como hizo Trump me acuerdo con Harley-Davidson, prácticamente exhortando y amenazando que tienen que radicarse en su propio país. Todo eso para defender los puestos de trabajo. 

¿Qué es lo que no entendió Milei, hoy cuando estaba en Lamb Weston? Que lo bueno de Lamb Weston es que en la papa se hace en la Argentina, pero después se industrializa en la Argentina, se genera valor en la Argentina, se genera trabajo argentino y se exporta al mundo. El problema no es exportar nuestras materias primas, el tema es exportar valor agregado y trabajo argentino. Y para eso se necesita industria. Y para eso se necesitan políticas dedicadas, destinadas y dirigidas a sostener, acompañar la industria nacional. 

Lo entendieron en Europa, lo entendieron en Estados Unidos, lo entendieron en Oriente, contamos con el único tipo de este nivel de responsabilidad del mundo que no lo entendió. Se llama Javier Milei.

Estamos en un mundo donde además el problema del aluvión importador es que si todo el mundo está proteccionista, aplicando tarifas, las importaciones que entran son a precio de dumping. Son excedentes que no pueden colocar por las políticas proteccionistas de otros países, entonces buscan qué mercado, qué lugar, qué sociedad está dispuesta a comprarles el trabajo de ellos, aún por valores debajo del costo, con tal de colocar los excedentes de producción.

Es demencial, es criminal una apertura importadora de esta magnitud en esta coyuntura económica. Es tonto, es ridículo y es imperdonable. Estamos destruyendo capacidades industriales, estamos destruyendo ahorro y capitalización argentina, estamos destruyendo industrias y trabajo nacional. A eso se agrega que quiere destruir, y lo está llevando adelante, la ciencia argentina, la universidad argentina, la cultura y el arte de la Argentina. 

Yo quiero decirles, porque venimos discutiendo esto, venimos denunciando esto, venimos marchando y acompañando a quienes luchan contra esto, por eso agradezco a los sectores del trabajo, a los sindicatos que nos acompañan hoy también, porque hemos estado en la calle defendiendo a la industria y la producción nacional, pero bueno, es un gobierno que no escucha, lo vieron ayer, despegado de la realidad. Despegado de la realidad porque estamos en un momento donde se pierden industrias, fuentes de trabajo, pero además la gente no llega a fin de mes, la situación social se está volviendo acuciante.

El otro día veía los números de impago, de morosidad, ¿vieron esos números? Débora, ¿viste? Una cosa impresionante, morosidad, tarjeta de crédito y créditos personales de las familias. Son familias que no están comprando grandes bienes de capital, que no están creciendo, están comprando alimentos con tarjeta de crédito. Eso ya lo veníamos viendo. Lo que empezamos a ver ahora es que no pueden pagar la cuenta de la tarjeta. Estamos con un nivel de morosidad de 5,6%. Es más alto que durante la pandemia, es más alto que en la crisis de Macri. Hay que ir a la crisis de 2009 para encontrar niveles de morosidad de esta magnitud.

Y se está espiralizando, porque una vez que no se puede pagar y que la deuda se va acumulando y, bueno, eso empieza a arruinar la cadena de pago. Le está pasando también a los sectores productivos, con una tasa de interés absolutamente inalcanzable para sostener el modelo o el régimen cambiario. 

Entonces, estamos en una situación muy grave. Fuimos a la calle, están los compañeros y compañeras en el Congreso discutiendo y debatiendo. Están los sectores en lucha, empiezan a alzar, que era lo que felicitaba hoy, empiezan a alzar la voz, los sectores productivos, pymes, industriales y no escucha. ¿Saben qué es lo que va a escuchar Milei? ¿Qué es lo único que nos va a permitir ponerle un freno a Milei? El día 26 de octubre ir y llenar las urnas de votos con la boleta de quienes se oponen sistemáticamente a esto y que ni se venden ni tienen miedo.

Ya septiembre fue un llamado de atención, pero necesitamos en octubre consolidar el límite, no lo hubiera echado, a Espert, si no pasaba septiembre. Milei todavía lo está defendiendo, pero se ha dado cuenta que hay un sector de la sociedad que ya no soporta cualquier cosa.

Dentro de la lista de los daños que está haciendo el gobierno actual hay que agregar esta sistemática destrucción de la industria argentina. Y digo, en otras épocas había que explicar para qué y por qué debíamos apoyar a nuestra industria nacional. Hoy es algo sabido y conocido en todo el planeta, es en lo que están todos, menos el que nos tocó a nosotros. Pero están todos en esto. Desde las primeras potencias hasta los bloques económicos, todos cuidando y defendiendo el trabajo nacional con instrumentos que hasta hace poco eran una herejía y eran malas palabras: tarifas, aranceles, prohibiciones, retaliaciones, ¿no? Guerras comerciales. Hay una guerra comercial desatada y los países están tratando de colocar su producción y cada uno toma las medidas que tiene que tomar para que la producción externa no ponga en riesgo… Esto no evita el intercambio, pero sí primero cuidar lo propio. No en vano lo llama, no sé, América primero, hagamos América… Bueno, yo le quiero explicar a Milei que esa frase, lo de ‘América primero’, la tiene que entender con Argentina, no con Estados Unidos. Está trabajando para primero Estados Unidos, no primero Argentina.

Pero fíjense, que en otra época había que explicar para qué tener política industrial. Hoy no hace falta. Era mala palabra durante el Consenso de Washington, todo era apertura, privatización, retiro. Ahora estamos en una coyuntura, en una situación política internacional absolutamente distinta. 

Pero, ¿para qué queremos industria? Bueno, lo de Martínez de Hoz, la cantidad, la capacidad de absorción de mano de obra, de trabajo, de trabajadores que tienen los sectores primarios, sobre todo con el grado de tecnificación, con el avance tecnológico, el otro día hablaba con productores rurales, que entre paréntesis también los cagó, también los cagó, por orden de Estados Unidos, para cuidar a los sojeros norteamericanos destruyó, o está dispuesto a entregar, lo que había prometido a los productores argentinos, que con este tipo de cambio por supuesto que necesitan otras medidas de contexto. Ahora, ¿para qué? Bueno, fuentes de trabajo, pero además fuentes de trabajo de calidad, de trabajo industrial, no solo por el grado de registración sino también por los niveles salariales, por los grados de productividad y, después, el valor agregado nacional. La creación de valor que no sea solo extracción, o solo tomar y exportar la materia prima una vez extraída. Es casi obvio, casi evidente. Bueno, durante un tiempo no estaba tan instalado que había que dedicarse a eso. 

Yo, repito, creo que está en riesgo, pero creo que tenemos una enorme oportunidad. Hay que darle significado al voto del 26 de octubre, para qué estamos votando, qué estamos diciendo, de qué se trata. En septiembre lo dijimos claro, era la derecha o los derechos, era defender la educación, la salud, defender la igualdad, pero defender la soberanía. Hoy estuve con veteranos de Malvinas, contándome cómo, con todo desparpajo, no sólo admiran a Margaret Thatcher sino que permiten que en Malvinas prolifere la expansión de las bases militares, de la pesca, de la extracción de recursos naturales. Están entregando nuestro patrimonio. 

Pero el voto del 26 de octubre tiene que venir acompañado, también, de una perspectiva para adelante. El 26 de octubre tenemos que decirle a Milei que se acabó, que ya no va más, que no es todo lo mismo, que no vale todo, que no pasa todo, que no vale cualquier cosa. Y que en la provincia de Buenos Aires, que tenemos el 50% de la producción industrial de la Argentina, nos vamos a seguir dedicando a defender la industria, nos vamos a seguir dedicando a mejorar, por supuesto, a ser más competitivos, más productivos, pero a defender el trabajo argentino, a defender las capacidades de Argentina y eso implica defender también la universidad, la ciencia nacional. Es mucho lo que está en juego. 

Nosotros, así como agradezco la invitación, vengo a pedir también, vengo a pedir el apoyo de ustedes. Pero vengo a pedir también la voz de ustedes. Nosotros necesitamos que sea el sector empresarial el que salga a explicar lo que está ocurriendo y cuáles son las consecuencias. Me decían, ‘nunca vi esto desde el Rodrigazo’, algún compañero de ustedes, algún empresario, ‘nunca vi esto, esta caída, esta destrucción, esta pérdida de posibilidades y este horizonte’. Bueno, hay que cambiar ese horizonte. Para cambiar ese horizonte, el 26 de octubre hay que decirle que ‘no’ a Milei en las urnas, pero un ‘no’ direccionado. Hay que votar a los que están dispuestos, como lo hacemos todos los días, con instrumentos limitados por ser una provincia, pero como lo hacemos todos los días, hay que votar a los que vienen a defender la industria argentina. Hay que votar a los que vienen a cuidar el trabajo argentino. 

Y me parece que en ese sentido, porque simplemente quería expresarlo hoy, tan cerquita de las elecciones, me parece que se tiene que escuchar la voz de ustedes, que no alcanza con la nuestra, la de la dirigencia, la de la política, la del sindicato, tiene que escucharse la voz de ustedes. Tiene que quedar claro que esto no es una cuestión además sectorial ni individual, que es una cuestión mucho más profunda, que lo que se está discutiendo es el modelo de país, si vamos a hacer una colonia, si vamos a hacer un país primarizado, un país precarizado, un país convertido en la miseria, o si vamos por el contrario a pelear, a luchar y a trabajar por el desarrollo nacional, por la integración latinoamericana y por, como siempre lo hemos dicho, tener un país independiente, soberano y con justicia social. Muchísimas gracias.

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