Día de la Industria en Morón
Muchas gracias a todos, a todas. Gracias, Lucas, primero, por recibirnos aquí en Morón. No conocía este parque industrial, la verdad que es una decisión muy, muy… llamémosla adecuada o yo podría decir también fundada en las necesidades de cada uno de los distritos, la posibilidad de tener espacios para el desarrollo industrial, la cuestión de interactuar entre política pública, utilización de las tierras, municipio, Provincia, empresas privadas, es un ejemplo.
El hecho de que las parcelas hayan sido, en buena medida, ocupadas, que sean de interés del sector privado, también muestra en primer lugar que hay una pujanza industrial en nuestro conurbano, en nuestra provincia de Buenos Aires, que todavía requiere de políticas territoriales y políticas de desarrollo. Y, en segundo lugar, que a contramano de lo que tratan de instalar desde el Gobierno nacional, y es una experiencia que se observa a escala mundial y desde una perspectiva histórica, en los lugares donde hay industria, donde hay desarrollo industrial, donde hay pujanza, donde hay inserción internacional, donde hay desarrollo tecnológico, en esos lugares, donde la industria funciona, donde tiene empleo de calidad, empleo bien remunerado, en todos esos lugares siempre hay Estado también. No ocurre de manera absolutamente espontánea y no ocurre de manera menos todavía caprichosa o azarosa. El desarrollo industrial de todos los países que han triunfado tuvo siempre al Estado como uno de los partícipes centrales, a la planificación estatal, a las decisiones de política y esa constante nos invita a reflexionar un poco sobre el presente.
Yo hoy a la mañana, porque lo decía Augusto, este es nuestro séptimo Día de la Industria y me animo a decir que prácticamente el octavo porque en el Día de la Industria del año anterior, del año ‘19, estábamos en campaña electoral, ¿te acordás, no? Estábamos de campaña electoral y fue también una ocasión donde celebramos o conmemoramos el Día de la Industria compartiendo palabras, reflexiones, ideas con industriales bonaerenses. Así que yo cuento ocho discursos del Día de la Industria.
Están disponibles, no estoy invitando a nadie porque suelo extenderme bastante con la palabra, así que no sé si sería, claro, pueden maratonearlo. Dos temporadas, varios episodios, pero creo que no me equivoco si digo que un poco reiterativo va a ser y un poco repetitivo para el que lo escuche el discurso de hoy. Alguien dirá, ‘bueno, es un casete que ya hemos escuchado’. Me parece que no lo suficiente, me animo a decir no lo suficiente, no porque yo tenga la bola de cristal, ni tenga el conocimiento absoluto, ni la verdad, ni la teoría económica más precisa, simplemente porque algunos pensarán que es repetirse, yo me animo a decir, y aún remontándome a la época en donde estábamos en el Ministerio de Economía, en la época cuando estuvimos en el CONICET o en cátedras de Economía de diferentes facultades, de diferentes universidades públicas, y bueno, algunos dirán, ‘más o menos dicen lo mismo’. Yo le voy a poner otro nombre, si me permiten, porque ya hemos alcanzado cierta familiaridad, así que le voy a poner otro nombre, del que me enorgullezco muchísimo, y se llama coherencia.
Hemos defendido la industria cuando gobernaba Macri, Vidal, cuando gobernamos nosotros durante el gobierno anterior y la seguimos defendiendo al día de hoy. Desde ese lugar y desde un discurso que, por supuesto que se ha amoldado a diferentes circunstancias históricas, internacionales, políticas, nacionales… Y hoy voy a hablar un poco en un fragmento de la situación internacional actual, que me parece que es importante para las reflexiones en este Día de la Industria, pero yo me animo a decir que hay un núcleo, que hay un corazón de ese discurso, un contenido esencial de ese discurso que sostengo al día de hoy y que ha sido una constante durante todo este tiempo. Yo estoy convencido de que Argentina tiene que tener un desarrollo industrial. Alguno decía, porque es una frase relativamente remanida y repetida, ‘no hay Nación sin industria’, ¿no? Pero ahora yo le quiero agregar otra cosa, que creo que es la enseñanza y la conclusión que quiero compartir con ustedes, tampoco hay industria sin Nación.
Y hoy tenemos un Gobierno nacional que ha venido a destruir la idea de país, la integración, el federalismo, la productividad, la industria argentina, la ciencia, la tecnología, la universidad. Y es así, hoy vamos a hablar, y podríamos recorrer las políticas que llevamos adelante desde la provincia de Buenos Aires, podríamos discutir con el caballero cuestiones impositivas, propuestas, ideas. Pero yo, mirándole las caras y viendo que muchas de ellas las conozco desde hace más de 10 años, puedo decir que con esta misma estructura impositiva, que por supuesto es perfectible, por supuesto se puede discutir y seguramente hay que corregir, pero con esta misma estructura impositiva, a estos mismos industriales, a muchos de ellos, les iba bien. Les iba bien. No estoy defendiendo ni el peso, ni la presión, ni las características, no estoy diciendo eso. Ni siquiera estoy diciendo que no podamos discutir o que no sea oportuno discutir cuestiones tributarias de la provincia de Buenos Aires. Pero quiero empezar desde lo que yo creo que es el principio de esta discusión.
Hoy, si le va mal al sector industrial argentino y bonaerense es porque hay un responsable, y ese responsable se llama Javier Milei. Y son sus políticas las que están generando los problemas que tenemos hoy. Entonces, luego podemos discutir muchísimas cosas, cómo atajarlo, cómo mitigarlo, cómo compensarlo, qué podemos hacer desde una provincia. Me permito también decir, tomo por ejemplo la estructura de presión tributaria, la llama ‘del agro’, que no es de la industria, pero como hay una publicación que circula mucho sobre la presión tributaria para la actividad agropecuaria, y es un informe que se publica y que recurrentemente se discute, yo les comento. La fuente es, bueno ahora se las paso, tiene un nombre porque es como un índice, índice algo se llama, FADA, índice FADA, que es de presión tributaria por jurisdicción. Y el último que publicaron, del año pasado, decía que los impuestos municipales, tasas, etcétera, las contribuciones, representan el 0,7%; que los impuestos provinciales representan el 5,7%; 0,7 más 5,7%, 6,4%, es decir, el resto, aproximadamente un 94% son impuestos nacionales. Otro tanto se puede decir para prácticamente todas las actividades, podemos hablar de un punto más, un punto menos de ingresos brutos, pero te aseguro, o dos puntos más, o dos puntos menos, o tres, no va a cambiar la ecuación.
Lo comentaba Verónica recién, si el gas salía 3 dólares, y ahora sale 23 y tiene un peso relativamente importante en tu estructura de costo, con bajar una tasa 1% o 2%, por supuesto que puede representar un acompañamiento y un alivio, no lo niego, pero el problema de rentabilidad universal que tenemos en el sistema productivo industrial argentino es resultado de una política nacional. Y el peso más importante es de tributos de origen nacional.
Así que esa es, por supuesto, la conclusión analítica, pero nos lleva también al problema que tenemos hoy. Hoy estamos celebrando un Día de la Industria, han hablado representantes de 10 sectores productivos, algunos, dos más generales, pero de 10 sectores productivos les va mal a todos. O sea que es transversal, que es universal. Hay un problema grave con la industria argentina en general, y esto, por supuesto que uno puede remontarse a épocas anteriores, encontrar dificultades, trabas, obstáculos o coyunturas, pero lo que está pasando es sistemático.
Entonces, yo quiero compartir con ustedes esta idea, que tiene que ver con por qué pasa lo que pasa, las causas, las consecuencias las vemos, el diagnóstico lo tenemos, las fotos las tenemos, las cifras lo tenemos, hemos tenido solamente una discrepancia del señor que decía que las cifras que tiene su cámara son peores que las que le estamos mostrando acá, pero nadie puede decir que sean mejores, y además pueden ser particulares. Estamos viviendo una etapa de quiebre en la industria argentina, esa es la situación que tenemos hace dos años y medio, sin prisas, sin pausas, y no tiene perspectivas de mejorar. En las expectativas de cada uno de ustedes, lo sé, lo medimos, pero también lo conocemos, nadie cree que esta situación vaya a mejorar.
Entonces, tenemos que llegar a la conclusión de que esto no es casual, azaroso, coyuntural, esa es la conclusión que quiero compartir con ustedes sobre las causas. Hay un plan sistemático de desindustrialización de la Argentina, es una decisión política del Gobierno nacional, de política económica, desindustrializar el país. Para mí, una decisión inadecuada. Agrego, criminal, suicida, desde el punto de vista de nuestra historia, de nuestra soberanía y de nuestro país. Todo eso es cierto, pero no quita que la realidad sea la que tenemos. Se está llevando adelante una política sistemática de desindustrialización de la Argentina. Este es el gobierno de Milei, yo creo que es uno de los aspectos distintivos del gobierno de Milei.
Si yo me quedara acá, bueno, es cuestión de fe, como por mi formación y por supuesto, por mi trayectoria y la de muchos que estamos acá en esta mesa que venimos de la economía, del análisis económico, de la historia económica, de la macroeconomía, voy a compartir con ustedes también cuáles son exactamente las decisiones del Estado, desde el Estado, que toma el Gobierno nacional, que generan esta ruina industrial en la Argentina. Quiero decir, esto no es ni azaroso, ni un problema de mala aplicación de una política, ni una cuestión transitoria, es una decisión, es estructurante, es central, es constitutivo del gobierno de Javier Milei. Es un objetivo desindustrializar el país, es un objetivo.
Por supuesto que esto… Yo lo que les quiero decir es que no es que algo está andando mal, la política económica esta está andando bien en el sentido de dar los frutos esperados: está quebrándolos a todos ustedes. Es el objetivo, es el objetivo.
Quieren cambiar la matriz productiva del país, quieren cambiar la inserción internacional del país, quieren cambiar nuestra matriz industrial, histórica. Y yo creo que es uno de los puntos centrales. Hay muchos más elementos: el seguidismo en política exterior a Estados Unidos, a Israel. Podemos hablar de otros elementos. Pero yo creo que el famoso proyecto económico y la batalla cultural que tiene el actual Presidente de la Nación, tiene como eje central la desindustrialización de la Argentina. Sin matices, sin matices. Quieren un país sin industria. Lo cual, bueno, luego podríamos preguntarnos el por qué, el para qué, el a quién beneficia, podríamos discutir también qué es lo que queda de un país si se lo priva de su estructura industrial. Podríamos discutir un montón de aspectos y cuestiones colaterales. Pero repito, el programa económico que está llevando adelante Javier Milei es un programa deliberadamente, voluntariamente, vocacionalmente desindustrializador.
Y voy a repasar los puntos, que si alguno tiene algún comentario al respecto, alguna opinión en contrario, levanta la mano y me lo discute. Pero quiero que nos pongamos de acuerdo para que se entienda bien. Esto no pasa por casualidad, no le pasa a cada uno de ustedes porque se equivocó en una decisión, no les pasa porque habría que haberse reestructurado o porque exportan en lugar de producir para el mercado interno. Es sistemático, lo digo con más propiedad, es la macro de Milei, la famosa macro que teóricamente anda bien, es una macro cuyo objetivo y cuyo resultado es desindustrializar el país.
Cuando los escucho a los industriales decir, ‘bueno, pero la macro está bien’. Digo, prácticamente es un daño autoinfligido, dicen, ‘bueno, habría que cambiar tal cosa, pero dejemos la macro’. La macro es lo que los está fundiendo, la macro de Milei es lo que los está fundiendo, y una por una las decisiones deliberadas que toma el Gobierno nacional y que no son de libre mercado, ni austríaca, ni anarcocapitalista, ni liberales, ni neoliberales, ni ultraliberales, son de intervención del Estado. Están actuando, decidiendo, hay un Estado fuerte que interviene en la economía para generar esta política económica que es de desindustrialización. Otra gran mentira. ¿Qué libre mercado? Y lo voy a, ¿qué libre mercado? Si son todas decisiones del Estado que toma con el poder que tiene el Estado para generar esta batería de medidas cuyo resultado es la desindustrialización.
Ahora la voy a ir describiendo rápidamente, pero quiero que reflexionemos sobre esto, si no puede haber un malentendido.
Uno de los malentendidos que puede haber es, ‘bueno, pero ya va a mejorar’. No, no va a mejorar, si continúa esta política económica, no va a mejorar, de ninguna manera va a mejorar, no hay ningún resorte, ninguna causa por la que la situación de sus ganancias, de su rentabilidad, de su estructura económica mejore. No hay, no hay, de persistir esta política económica. O sea, que no es cuestión de esperar, cuanto más esperemos con esta política económica, peor y más profunda va a ser el proceso de desindustrialización, hay que cambiar la política económica.
Ahí está, si me permiten la parte optimista. Yo estoy diciendo, esta es una política deliberada que realiza el Estado con el poder del Estado, lo voy a decir en términos de Milei, con la fatal arrogancia que teóricamente es lo que el Estado, ¿qué dice esta idea libertaria austríaca? ‘¿Quién se puede arrogar el derecho o sentirse capacitado para definir desde el Estado y con el poder del Estado tomar determinadas decisiones? Que la tomen los privados descentralizadamente’. Bueno, Javier Milei, con su fatal arrogancia, lo que está haciendo es determinar y establecer políticas económicas que sostienen y que son carísimas, que nos cuestan carísimos los argentinos, gastando plata de los impuestos de todos nosotros, políticas encaminadas a perjudicar específicamente al sector productivo industrial de la Argentina.
¿Qué es lo que tiene? ¿Cuál es la contracara optimista? Y bueno, que si es cierto que lo que les está pasando de manera abarcativa a todos ustedes se deriva de una política económica y esa política económica, de decisiones que toma el Estado, y bueno, lo que hoy produce ese desastre, en algún momento yo lo llamaba industricidio. Recordarán durante la época de Macri empezamos a hablar de industricidio. Yo hoy digo ‘plan de exterminio de la industria nacional’ para que quede clara la diferencia. Pero sí es cierto, si me tienen o los convenzo y me pueden dar la razón de que esto es producto de políticas decididas, deliberadas, sostenidas y financiadas por el Estado nacional, es cierto también que con otra orientación, con otro rumbo se puede revertir la situación. Esa es la parte optimista. Si esto fuera mero resultado, como quien dice, de una sequía, de condiciones climáticas, o aún de los cambios geopolíticos internacionales o de los patrones productivos, poco tendríamos para hacer nosotros para revertir la situación. Yo digo que no, yo digo que basta o, en principio, es un factor central modificar estos factores de la política económica que está llevando adelante el gobierno actual. Con modificarlos, se va a modificar la situación. Esa es la parte optimista que tengo para compartir.
Repito, si hoy estuviéramos ante un cambio tecnológico que hace que ningún país pueda tener determinadas ramas industriales o por lo menos en esta región del mundo, o hubiera una guerra que nos afecta o estuvieran interrumpidas las relaciones comerciales o las rutas comerciales por cuestiones de relaciones internacionales, bueno, ¿qué vamos a hacer? Pero no es así, es la política económica y es responsabilidad de Javier Milei.
Lo dije el otro día, porque dos elementos nada más, ahora voy a hablar de políticas, de variables y un poco más, de decisiones del Gobierno nacional. Pero quiero hablar de dos elementos que siempre traen estos discursos. Hay dos elementos, llamémoslo discursivos e ideológicos, además de la batería de políticas, hay elementos discursivos e ideológicos, por eso lo llamo plan de exterminio de la industria nacional, porque hay dos elementos. Uno primero, es la falsa expectativa de que después va a mejorar. Leía otros episodios de políticas como esta, pero de décadas muy anteriores, y donde se hablaba ‘hay que sacrificar una generación, pero luego vamos a alcanzar un destino muchísimo mejor, luminoso’. A mí me gusta repetir esta frasecita porque yo no esperaba esta novedad, este gobierno ni siquiera tiene imaginación y ha vuelto a utilizar algunas de las frasecitas típicas de estos programas económicos.
Son programas económicos que te dicen ‘hay un sufrimiento, es cierto, hay un sacrificio, es cierto, pero hay que experimentarlo, hay que transitarlo para alcanzar una meta, un momento mejor’.
Ustedes son víctimas circunstanciales, y por un espacio de tiempo, de ‘ajustarse el cinturón’, se habrá dicho alguna vez, ‘pasar el invierno’, ¿recuerdan? ‘Hay que pasar el invierno’. Después hubo frases más recientes como ‘la luz al final del túnel’, ¿se acuerdan? ‘El segundo semestre’, ‘los brotes verdes’, este gobierno tomó prestado los brotes verdes, volvió con los brotes verdes. Pero como este Gobierno tiene un discurso un poco más bíblico, místico, dicen, bueno, ‘hay que cruzar el desierto para llegar a la tierra prometida’ y se equiparan con figuras bíblicas y cosas así. Pero, ¿cuál es la cuestión? Primero, decir que, bueno, es realmente un sufrimiento, pero ya va a pasar y vamos a estar mejor, vale la pena. Cada vez que vengan con este discurso, les pido no que me crean a mí, sino que recuperen, ahora con las inteligencias artificiales es más sencillo, un poco de la historia argentina, esta retórica se repite, cada vez que vienen los planes liberales, neoliberales, de ajuste, los planes ortodoxos, los planes de la derecha, cada vez que vienen con esta batería de política, se repiten estas frasecitas cuyo núcleo argumentativo es, ‘está bien, jodete, porque después vamos a andar mejor’. ‘Vale la pena’, ¿no? Siempre que han aplicado estas frases, la parte de ‘jodete’ funciona, la parte de ‘vamos a estar mejor’ no llega nunca. Y es así, y es sistemático, es una experiencia histórica de la Argentina, no hay un solo episodio donde haya pasado el sufrimiento al cabo de un tiempo, por lo menos en el sentido de invertir los resultados, no es así, no pasa.
La segunda cuestión, que también tiene algún elemento bíblico, es echarle la culpa a la víctima, fabuloso, fabuloso. Te va mal, es culpa tuya, te va mal, es culpa tuya. Me acuerdo también en el gobierno de Macri, con programas de esta familia, que decían, bueno, ‘hay que reconvertirse’, y hablaban de algunas ramas donde los trabajadores, por ejemplo, de la construcción o de la metalmecánica deberían reconvertirse en pilotos de drones, ¿se acuerdan? Decían, ‘hay ramas que les va muy bien, deberíamos hacer…’ Ahora están con, hay que irse a Añelo, a Vaca Muerta, porque ahí está el trabajo. Escuchaba el otro día al intendente de Vaca Muerta diciendo, ‘no vengan más’, no se ha creado, en el sector petrolero hemos perdido empleo en esta etapa. Está expulsando mano de obra el sector petrolero, tomado como un todo en la etapa de Milei. Así que ni siquiera en esos sectores estamos viendo creación de puestos de trabajo. Y la culpa es tuya, la culpa es del laburante que se capacitó mal, se formó mal, eligió mal o viene de un origen inadecuado o que gana demasiado y trabaja demasiado poco. Por eso viene siempre con la retórica de la flexibilización laboral como un remedio a los problemas de productividad que tenemos en la Argentina. Yo repito, pero no es para referir a un paraíso perdido o algo que yo diga ‘era perfecto y excelente’, pero con estas mismas normativas laborales, no con las de ahora, sino con las que teníamos antes, con la misma estructura impositiva, defectuosa o positiva, hemos tenido momentos de crecimiento industrial a veces muy significativos. Así que podemos discutir, pero no podemos encontrar la causa en una constante, una variación, cambia algo, la misma política tributaria, las mismas leyes laborales, se creaba empleo, se invertía más, se aumentaba la capacidad productiva, se desarrollaban ramas enteras. No estoy hablando de un paraíso, pero estoy hablando de situaciones que la Argentina vivió. Así que podemos discutir lo que quieran, pero no es la causa de lo que les está pasando hoy.
¿Qué cambió? La política económica. Pero es una apelación a la racionalidad y a la autoestima. No es problema de ustedes, no sos vos, es Milei. No es que cerveza no hay que producir en la Argentina, pero tampoco juguetes, pero tampoco textiles, pero tampoco calzados, pero tampoco, pero tampoco… Todos se equivocaron y además son ineficientes. Por eso digo que hay un discurso de echar la culpa.
¿Cuál es la novedad? Que hay una retórica antindustrial que no es novedosa, no es la primera vez, pero hay una retórica antindustrial absolutamente desaforada. Les leo, no sé, no sé si son todas de Milei o de sus acompañantes, no sé, pero a ver, ‘tenemos una industria pequeña, cara y dependiente de subsidios con salarios malos’. Se ha dicho también que ‘los ineficientes –que son prácticamente todos– deben desaparecer e ir a la quiebra’. Se ha dicho que ‘había un nacionalismo de pacotilla por el cual el planteo sería solo comer dulce de leche, andar en colectivo y usar biromes’, que esa es la industria. Se ha dicho, ¿cómo dijo? ‘Los tarados’, el Ministro de Economía, ‘los tarados que hablan de industria’. Bueno, esto que estamos haciendo acá. Se ha dicho que la industria argentina es parasitaria de otros sectores. Por eso digo, se ha dicho que hay que volver al modelo agroexportador, preindustrial de la Argentina, como objetivo de gobierno. Por eso, cuando yo digo que esta es una política deliberada, es una política con intervención directa y significativa de las políticas del Gobierno nacional, no creo que nadie se pueda ofender demasiado. Porque es un gobierno de perfil, de vocación y de discurso antindustrial el gobierno de Milei.
Hemos tenido otras experiencias parecidas. Obviamente, a todos nos viene la propaganda de la silla de Martínez de Hoz. Industria argentina, una silla; industria importada, otra silla. Se sentaba en la nacional, se rompía, más cara, de peor calidad. Se sentaba en la importada, más barata, de mejor calidad. Lo de afuera siempre es mejor, por lo menos en el terreno industrial. Otra experiencia argentina de proyecto deliberadamente desindustrializador.
Si se destruye la industria no es un problema para este gobierno, es el objetivo. Lo advierto, lo aviso, es el objetivo. Y entonces me parece importante repasar por qué ustedes están teniendo los problemas que tienen, que no es ni por cuánto invirtieron, ni la rama en la que se dedican, ni problemas de marketing. Por supuesto que todo se puede mejorar, siempre, pero hasta hace dos años y medio les iba a regular, bien o más o menos, y ahora quebrados. ¿Qué cambió? Milei. Es Milei. Es esta política económica. Es este proyecto de país que tienen. Y lo digo y lo repito porque estamos ante un nuevo Día de la Industria con los mismos resultados, y uno no quiere decir ‘avisamos’, no tenemos ni la bola de cristal. Pero a ver, ¿cuál es la política deliberada a la que me refiero? La macro de Milei, la macro que teóricamente anda muy bien y es lo que hay que sostener. Y ahí andan buscando otros candidatos para que, reemplazando las malas palabras, los malos modales de Milei, siga con la misma política económica. Aviso, podrá ser simpático, podrá ser elegante, podrá tratarlo bien, pero los resultados van a ser los mismos si aplican las mismas políticas económicas.
Es una macro de salarios bajos. No es que pasó sin querer. Asume el gobierno de Milei, devalúa 118%. La devaluación buscada y provocada más grande de todas las devaluaciones de la Argentina. Hubo otras corridas cambiarias que desembocaron en una pérdida de valor de la moneda más grande. Por ejemplo, 2001. Pero no fue decidida, no fue una decisión de política económica. Acá sí. Una enorme devaluación que generó, por supuesto, un efecto sobre los precios en los primeros meses tremendo, y qué es lo que planteó el Gobierno, que no suban los salarios. Es un gobierno que ha planteado paritaria cero el año pasado. Un gobierno que utiliza el poder del Estado para que los salarios no suban. Con un discurso liberal y antiestado, poder del Estado. ¿Cómo lo utiliza? El Ministerio de Trabajo nacional no homologa paritarias que estén por arriba de determinados números. Por ejemplo, 1%. Con una inflación siempre superando el 2% o el 3%, como venimos viviendo. Entonces, hay una decisión de bajar los salarios. No es sin querer. Es la macro de Milei, salarios bajos.
¿Cuál es el resultado de que los salarios sean bajos? Y evidentemente, yo no me canso de decir esto porque a muchos empresarios argentinos, nacionales, los han convencido de que los salarios eran o son siempre demasiado altos, que pueden ser más bajos. ¿Cuál es el resultado de los salarios bajos? Bueno, por un lado, yo siempre digo, de un lado el mostrador, atrás del mostrador, el salario bajo es parte del costo, una reducción salarial en términos de peso en la estructura de costo, obviamente beneficia los costos y, entonces, teóricamente, genera una mayor rentabilidad. De manera microeconómica, podríamos decir, y fíjense, acá hay un claro ejemplo de que la micro puede estar bien para alguien, pero el problema es la macro, precisamente el problema es la macro. Y yo lo decía, alguna vez le pregunté a alguno, ‘en tu estructura de costo, ¿cuánto pesan los salarios?’ Y me decía ‘20% en la estructura de costos, los salarios’. Entonces, vos le bajás, supongamos que hay como ahora, más o menos, un 10% de caída de los salarios reales, formales, un 10%, entonces si te baja un 10% los salarios, tenés un ahorro de costos sobre el 20% del 2%, de los costos agregados tenés una mejora del 2% de los costos, más que los de ingresos brutos, ponele.
Bueno, perfecto, bajaron 2%. ¿Ahora qué pasa? Cuando vas a vender, si bajaron 10% los salarios, bajaron 10% las ventas, como mínimo, como mínimo, porque las ventas de muchísimos de los sectores industriales argentinos, quitando lo esencial, lo necesario, dependen de un nivel salarial que tiene que ser relativamente elevado. Lo digo de otra manera, la gente no compra pilchas, decías vos, no compra juguetes, no compra montones de cosas, no va a… Bueno, no consume determinadas cosas si no tiene un excedente o por lo menos una holgura salarial, o sea que ese 10%, buena parte de ese 10%, pega con más fuerza sobre el mostrador y sobre las ventas de la industria nacional.
Y bueno, eso es lo que estamos viendo, la excelente idea de bajar los salarios, te ahorra 2% en los costos pero perdés como mínimo un 10% en las ventas. Mal negocio. Y eso es lo que está pasando, no hay ventas, no hay demanda, no hay consumo. Y es deliberado, es decidido, están matando el mercado interno. No hay país que desarrolle su industria sin tener un mercado interno dinámico. Entonces, si a eso le agregamos una reducción en el salario mínimo, que es bestial, que es también política del Estado para generar determinada secuencia, determinado ritmo de incremento salarial. Es decisión. Salario mínimo creo que cayó un 40%, si no más, en términos reales. Y bueno, eso es política económica, arrogancia, soberbia del Gobierno nacional que aplica los instrumentos de la política económica para generar una caída de salario, una destrucción del poder de compra de los salarios.
Si a eso le sumamos una caída de las jubilaciones, de los sueldos públicos que están en el orden del 30% a escala nacional, y bueno, ¿qué pasó? Mataron la demanda. ¿Cuál es el primer y principal resultado de esto? El deterioro sustancial de las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras de la Argentina. Por supuesto que el que perdió salario de esta manera recibe un impacto que es, desde el punto de vista humano, social, el primer impacto directo, pero el segundo impacto es que se cae la venta y entonces se cae la producción y ramas enteras del entretenimiento, del espectáculo, del turismo, del consumo, liquidadas.
Repasen ustedes, podemos repasar, ¿cuál fue la caída de la venta de cada uno de ustedes? Podemos ver que hay sectores que dependen más del mercado interno y sectores que dependen también de la exportación, del mercado externo. Pero esto supera, cualquier cosa que discutamos, tributaria, y no lo vamos a poder compensar. Es más, si lo compensamos con caídas tributarias sustantivas que afecten también el gasto público de manera sustantiva, la industria va a tener una segunda vuelta en términos de caída de la demanda, ya sea pública o de los trabajadores públicos, o privadas, si son diferentes medidas que tengan que ver con fomentar la actividad privada.
Entonces, bueno, pero esta es una decisión, esta es una decisión de política económica, la macro anda mal para la industria, es una macro antindustrial, es una macro antindustrial. Tipo de cambio atrasado. Hay toda una discusión, ¿cuál debería ser el tipo de cambio atrasado, con respecto a qué, 20%, 30%, qué querés devaluar? Lo que quieras. Ahora, uno mira la serie de tipo de cambio real o tipo de cambio real incluso multilateral con respecto al dólar pero con respecto a una canasta de monedas y todo lo que encuentra, y se lo voy a decir para que se entienda bien: claramente la inflación va por arriba de la devaluación, después de ese fogonazo inicial. Y si la devaluación va por atrás de la inflación, eso quiere decir que el tipo de cambio real está atrasándose, ¿no?
Estos días que… Y después, ¿por qué digo que es una política deliberada? Porque han aplicado todo tipo, incluso, de manera absolutamente cambiante, de manera a veces arbitraria y seguro, con mucha torpeza, han aplicado diferentes lógicas de política cambiaria, ya cuatro regímenes cambiarios vamos desde que llegó Milei, cuatro regímenes cambiarios, siempre con intervención del Estado sobre el tipo de cambio. O sea, que el tipo de cambio que tenemos lo decidió Milei. Puede ser atrasado, no atrasado, pero lo decide Milei, interviene en el mercado futuro, interviene en el spot, interviene con diferentes instrumentos, pero el tipo de cambio, se los explico para que quede con más claridad también con ejemplos de esos que son sencillos.
Me comentaba el gobernador de Formosa, que cruza la gente de Formosa y de otras provincias a Paraguay a cargar nafta. Y bueno, puede tener un elemento el precio de los hidrocarburos, pero fíjense que Paraguay no produce hidrocarburos, así que el precio normal debería ser el import parity, el precio de importación.
Bueno, entonces hay un tema cambiario. De la misma manera que si uno quiere ver si hay atraso o no cambiario, se para en las fronteras argentinas de provincias que lindan con otros países y ve si la gente cruza para allá o viene para acá para hacer las compras del supermercado, de diferentes compras. Entonces, eso es un indicador de tipo de cambio, de nivel de tipo de cambio.
Y lo que estamos viendo es que sale más barato todo afuera que lo que sale en la Argentina, y lo vemos en el turismo, por ejemplo, sale más barato veranear en las playas de Brasil que veranear en Mar del Plata.
Eso no es que el sector turístico, gastronómico, marplatense o de nuestra Costa Atlántica, argentino o bonaerense, sea poco productivo ni poco competitivo, digamos si tomamos otros indicadores no cambiarios, es que hay un tipo de cambio desfavorable para la producción nacional.
Estamos subsidiando con el tipo de cambio a los países de afuera. Miren el lujo que nos estamos dando, miren el lujo que nos estamos dando. La ponemos nosotros, con la nuestra. Un subsidio a la producción extranjera, la importación al turismo extranjero y los servicios extranjeros, una cosa demencial.
Entonces, el tipo de cambio es desfavorable para el exportador, que hasta hace poco era competitivo, con este tipo de cambio deja de ser competitivo, hubo un tema de política y de decisión cambiaria que perjudica a la industria nacional, salarios que perjudican a la industria nacional, tipo de cambio que perjudica a la industria nacional, alguno de por acá decía tarifas, energía, costo de la energía. Alguien lo dijo mejor que yo, ‘producimos en la Argentina, tenemos nuestras riquezas naturales, hacen que en el subsuelo haya hidrocarburos argentinos’.
El otro día veía una publicación, ¿saben cuánto sale de costo directo un barril de petróleo en Vaca Muerta? ¿Cuánto sale el barril de petróleo? Lifting cost, costo de extracción directo, sin otros costos que son de comercialización, de transporte, pero el barril de petróleo en boca de pozo, ¿cuánto sale? Perdón, ¿saben cuánto está el barril internacional? ¿80 dólares más o menos?
Claro, ahora subió, subió de nuevo. Bien, pero anda por el entorno de los 80 dólares, 90 dólares, bueno, y hace poco estaba a 60. ¿Saben cuánto es el costo de extracción de un barril en Vaca Muerta? Voy a decirlo generosamente para los costos, no más de 10 dólares de costo de producción, en boca de pozo, cuando ustedes hablan, ‘en boca de fábrica, yo soy competitivo’, no más de 10 dólares. Después, por supuesto que se le puede agregar costo de exploración, una estructura de costo, no creo que supere los 40 dólares, pero bueno, no voy a hablar y no es señalar a nadie. Pero digo, si tenemos yacimientos que además han sido recuperados, porque la recuperación de YPF, lo quiero decir ahora que los tribunales extranjeros nos dieron la razón también. Un activo estratégico de la Argentina que estaba inexplorado, inexplotado porque había una empresa transnacional que estaba haciendo un negocio con nuestros recursos.
Entonces, bueno, ¿cuánto pagamos la energía? ¿A qué precio la pagamos? A un precio que dicen que tiene que ser igual al precio de paridad de importación de la energía. Y bueno, y hay una cuestión de costos argentinos en esto, o de distribución de la rentabilidad porque los recursos naturales son de las provincias, pero son de los argentinos, no son de las empresas. Tienen concesiones para la explotación, eso es cierto, y tienen contratos, todo es cierto, y está dentro de la propiedad privada, todo eso es cierto. Ahora, si nosotros tenemos la ventaja comparativa con otros países, con otras geografías, de tener en abundancia ahora gas y petróleo por la segunda reserva y la cuarta reserva de petróleo y gas no convencional, y bueno, ¿eso para qué tendría que usarse? Para desarrollar la Argentina, para que haya industria argentina, para que haya más bienestar en la Argentina, y no quiero decir en contra de la rentabilidad, en contra del esquema privado, pero algo de equilibrio en todo esto.
¿Cómo son estos programas? ¿Cuál es el programa de Milei? Si el petróleo, porque bombardean, porque a Trump se le ocurre o a no sé quién se le ocurre hacer un bombardeo y sube el precio del petróleo, en el surtidor, en el medidor, tiene que haber el precio internacional, que está girando en torno a variables exógenas, casi diría yo políticas, el precio internacional del petróleo es resultado de decisiones políticas, no de costo, de eficiencia, de economía, de libre mercado, de Escuela Austríaca… Subió cuando en Medio Oriente se armó la podrida. Conclusión: están pagando ustedes la guerra de Irán, en cada una de sus fábricas, y decisiones que no tienen que ver con nosotros, y es deliberado, son leyes, son regulaciones, son normativas que fijan ese como el precio de los hidrocarburos. O sea, tarifas dolarizadas a valor de importación es una decisión de política económica, no es una cuestión de mercado, alguien lo decide, escribe la ley o toma la decisión, hace la regulación, pone la normativa y pone ese precio y no otro.
Hay muchísimos países productores de petróleo, casi la mayoría, los que tienen autoabastecimiento energético, que el precio interno de la energía no es el mismo que el valor de la importación, porque pueden hacerlo, porque disponen del recurso. Es decir, que Argentina tiene esta ventaja que estamos desperdiciando, evidentemente. Tasa de interés alta, ya van, salarios bajos, tipo de cambio atrasado, tarifas dolarizadas y tasa de interés alta. Si ustedes le agregan, ¿por qué la tasa de interés es alta? Y bueno, ahora subió, los otros días subió porque no quieren que se vaya al dólar, que los pesos se vayan al dólar. Es decir, emiten, te dicen que no, pero emiten, pero después suben la tasa para que no repercuta en el tipo de cambio.
Ahora, si la tasa de interés es alta, es lo que varios de ustedes dijeron, es una tasa de interés incompatible con el financiamiento del sector productivo y del sector industrial, porque es una tasa de interés que está fijada por cuestiones cambiarias y financieras, no productivas. Y si dicen, ‘libre mercado y que cada uno negocie con el banco’ y qué sé yo. Y, te van a cobrar a vos, aunque sea rentable, digamos, por exceso, pero nadie va a prestarle a una pyme a una tasa de interés menor cuando el riesgo evidentemente es distinto que si lo pone en un título público que está rindiendo una millonada en dólares.
Entonces, tasa de interés que no le sirve a la industria, tipo de cambio que no le sirve a la industria, salarios que no le sirven a la industria, tarifas que no le sirven a la industria. Acá no hay ni una casualidad, ni es el destino, hay una política económica deliberada de destrucción de la industria nacional.
Le agrego: el ajuste fiscal. El ajuste fiscal tiene un elemento de obra pública, obra pública cero, también una medida absurda, inexistente, sin precedentes en la historia nacional, es más, lo reivindican a Roca. Si uno… Cualquiera que haya estudiado historia argentina, lo reivindican a Sarmiento, escuela pública; lo reivindican a Roca, infraestructura, obra pública. Nada, todo al revés, todo al revés, pero hay una política deliberada que tiene estos resultados, el ajuste fiscal es la caída de la obra pública, pero también el poder de compra del Estado en general, pero también los sueldos públicos y también las provincias. Así que tiene un elemento adicional, el otro día hacíamos una cuenta, el ajuste total que hizo el Gobierno nacional es exactamente igual, el superávit que dice tener, es exactamente igual a lo que le sacó a las provincias desde que llegó, es una casualidad, pero son números iguales. Es decir que además es centralista, unitario, concentrador.
Este es el plan económico que tenemos, esas son las variables macro que han sostenido deliberadamente todo este tiempo. ¿Con qué excusas? Con un plan antiinflacionario. Porque sostienen el dólar para que no se vaya a precio, bajan el salario para que no se vaya a precio, suben la tasa de interés para hacer una política de crédito contractiva para que no haya movimiento de los precios, metas de inflación o como quieran llamarlo. O sea que hay una política que se presenta como un plan antiinflacionario, pero que es básicamente una política macroeconómica antindustrial, antiproductiva.
Y entonces, digo, cualquiera de estos elementos, porque cuando se habla de una política macroeconómica, se habla de la estabilidad de las variables. ¿Qué es lo bueno? Que el tipo de cambio esté estable, que estén estable los precios, la inflación, que esté estable, que esté estable, que esté estable, pero discutamos a qué nivel. Yo también estoy de acuerdo con la estabilidad macroeconómica. Ahora digo, si esa estabilidad macroeconómica lo que hace es tener las variables a niveles que destruyen el tejido productivo industrial de la provincia de Buenos Aires y de la República Argentina, este Gobierno provincial está en contra, está en contra, está en contra. Están hambreando a la gente, se han perdido 330.000…
Y después las consecuencias de esto, ¿cuáles van a ser? Pérdida de empleo, cierre de empresa. Luego, cuando la gente perdió el empleo o el salario no le alcanza, primero gasta el ahorro y después se endeuda. Sobreendeudamiento de la familia, morosidad. Están armando una desindustrialización junto con una tragedia social. Y de acá se derivan otras políticas que son el entorno, la desregulación, la apertura.
Agreguémosle a tipo de cambio atrasado apertura y mercado interno deprimido. ¿Qué van a producir? Después vemos la utilización de la capacidad instalada. Dicen ‘este plan es para atraer la inversión privada’. Tenemos los peores números de inversión de la serie, extranjera e interna. Porque, yo pregunto, ¿quién va a invertir si las máquinas que tiene y la capacidad productiva están utilizadas a la mitad o al tercio? ¿Para qué vas a invertir? ¿Quién va a invertir si no vende, si no puede colocar el producto de esa ampliación? Una inversión por definición es ‘ampliación de la capacidad productiva’. ¿Para qué se va a ampliar la capacidad productiva si no se puede vender ni adentro ni afuera? Es lógico que no haya inversión.
Este modelo ha destruido la construcción, el comercio, el turismo, la industria. Bueno, con esas ramas solas tenemos el 40% del empleo nacional. Y teóricamente beneficia: minería, petróleo, campo, pero campo algunas actividades, las pequeñas producciones, las economías regionales que también son campo, todo fundido. Campo e intermediación financiera. Todo eso junto representa el 8% del empleo total.
O sea que los resultados están a la vista, aún siendo un modelo de desindustrialización, de achicamiento de la estructura productiva argentina, que determina algunos ganadores, porque eso también quiero hablar. Dicen ‘no, el Estado no tiene que meterse en nada’. ‘Cuando el Estado fomenta un sector, cuando protege, cuando da beneficios, se equivoca, la fatal arrogancia’. ¿Y el RIGI? Beneficios… Ahí tenés, no es ingreso bruto, le han bajado 10 puntos el impuesto a las ganancias, le han bajado… Beneficios sustanciales, ¿para cuáles sectores? Los que trabajan sobre materia prima, con destino de exportación, sin encadenamiento. Nosotros tenemos un régimen de promoción de inversiones, pero tiene en cuenta la generación de valor, de puestos de trabajo, la ubicación geográfica. Es una política de beneficios con condiciones y con resultados esperados.
El RIGI que le dieron a la explotación petrolera primaria, al upstream de petróleo, lo hicieron absolutamente sobre un sector que ya era rentable, que venía invirtiendo, que no lo necesitaba, lo digo así. Y mientras tanto, y eso es impuestos, eso es gasto público, no cobrar impuestos a sectores, sobre todo a sectores rentables, es gasto público. Es lo mismo. Es pagar o dejar de cobrar. Es gasto público.
Entonces, es mentira que hay un gobierno liberal o anarcocapitalista, están tomando decisiones, lo que pasa es que destruyen el tejido industrial de la Argentina. Y las desregulaciones, todas las que aplicó este gobierno no son para mejorar la eficiencia del mercado, todas tienen nombre y apellido. Todas tienen nombre y apellido, son desregulaciones que tienen ganadores, que actuaron como lobistas históricamente, que lo sufrimos en el Ministerio de Economía, pidiéndonos estas cosas que benefician a un sector a expensas de otro. Todas, digamos, la masa sustancial de las desregulaciones. Son productos del lobby para beneficiar a algún sector. Lo digo así porque si no parece que están aplicando teoría económica sana y haciendo una revolución del libre mercado, no es así, no es así.
¿Y cuál es el resultado estructural? Quiero decirlo más claramente: si esto sigue cuatro años más. Y bueno, es probablemente una herida de muerte al sistema industrial productivo de la Argentina y a varios sectores más, que hoy están aguantando, apretando los dientes para no fundir y para no quebrar, y endeudándose sobre otra deuda y viendo qué pueden hacer. Y a veces dicen, bueno, entonces hay que reestructurar la empresa y te sobra personal. La pyme, ¿quién decía? ¿No conocen las pymes? Nunca fueron una pyme. La pyme no tiene, en general, por lo menos en una proporción apreciable, un exceso o posibilidades de mano de obra de recursos humanos excedentes que se puede decir, ‘bueno, suspendemos un turno o echamos 20%’, como puede hacer una gran empresa que tiene un proceso de línea de montaje con estructura de departamentos. No es así, una pyme suele tener el personal recontra eficientizado en términos de la estructura gerencial, de la estructura de trabajo, de la estructura… Porque se le va la vida en eso. Si tenés 10 empleados, uno más es el 10% más. Si tenés 20 empleados, si tenés 2.000 es otra cosa. Pero, no quiero decir que sea perfecto o que no se pueda mejorar, lo que quiero decir es que no se pueden echar 20% de los trabajadores. Si echás de una pyme 20 o 30% de los trabajadores, deja de funcionar la pyme, ya no puede producir, no puede hacer la actividad que hacía.
No hay una proporcionalidad entre empleo y volumen de producción donde pueda manejarse a través del empleo el volumen de producción. O se produce o no se produce. Si echás al que hace el diseño o al que hace el corte o al que maneja tal máquina, no está más y no se puede producir más. Además de los vínculos entre el empresario pyme y sus trabajadores, que no son lo mismo que una gran empresa. Además del papel de los empresarios pyme, lo digo siempre, no me canso de decirlo, el empresario pyme es una figura mixta. Ese empresario, por la definición económica del empresario, vive de la ganancia, su ingreso puro es la ganancia. Bueno, las pymes no vive el empresario de la ganancia pura, o sea, de ingreso menos costo, sino que muchas veces hay un salario encubierto de alguna función que desempeña. O sea, trabaja de algo que, para colmo, se paga un salario más bajo que el que pagaría el mercado. No puede contratar un gerente de venta, un gerente de marketing, un gerente financiero, entonces el empresario es gerente de venta, gerente de marketing, gerente financiero. Toma varios papeles que uno dice, ‘bueno, porque le gusta trabajar en la fábrica’. Si contratara a los gerentes, los rangos profesionales y gerenciales, no tiene posibilidad de subsistencia, más allá de la cuestión de los altibajos y del ciclo cómo le afecta sobre la rentabilidad.
Es decir, lo pongo de otra manera, el ingreso que tiene el empresario es mixto, cree que es la ganancia, pero una parte es el salario no pagado a un trabajador que podría hacer esa misma tarea, pero que no lo puede pagar muchas veces, porque si lo paga le extingue el ingreso. Ese ingreso es un ingreso mixto, y eso es característico de las pymes en general y de las pymes argentinas. Cuando le dicen, ‘bueno, echen gente’, yo les quiero decir, no se puede, en la mayoría de las pymes argentinas, no se puede echar gente porque te para el proceso productivo, además de que muchas veces son amigos, familia, familia directa de sangre o familia de trabajo y familia de trayectoria.
Lo que sufren los empresarios pymes cuando tienen que echar a un empleado al que conocen hace 10 o 20 años, y lo que les cuesta reemplazarlo por otro, porque muchas veces la tarea que hacen es una tarea artesanal que necesita un know-how, no se puede buscar por un aviso en el diario, hay una parte de aprendizaje que tiene que ver con el propio proceso productivo.
Entonces, yo quiero decir que hay un ataque a la industria, hay un intento de cambiar el curso de la matriz productiva de la Argentina. Lo último, y no me quiero extender mucho más, pero quiero decir en el peor momento, en el peor momento histórico para hacer todo esto, en un momento histórico donde además va a contramano del discurso hegemónico.
Antes, si uno como autoridad quería desarrollar la industria y tomaba medidas de todo tipo, comerciales, crediticias, salariales, la que sea, para desarrollar su industria nacional, si uno tomaba esas decisiones iba a contramano del pensamiento económico oficial, que era el neoliberalismo, el Consenso de Washington.
Hoy estamos en la vereda opuesta, todos los países más desarrollados, y los menos también, están haciendo política industrial, se han vuelto a su manera proteccionistas. Todas malas palabras hasta hace poco, ahora está todo el mundo haciendo eso, todos los países, inclusive los que admira Milei, llevando adelante política industrial por cuestiones productivas, laborales, salariales, y también por cuestiones estratégicas y de la defensa. Hay segmentos del proceso productivo que quieren retener en sus territorios nacionales por cuestiones de soberanía. Está todo el mundo en eso, estamos viviendo una ola nacionalista, por llamarlo así.
Todos los países del mundo menos uno, Argentina, incluso los socios de la ultraderecha de la región de Milei, me animo a decir que casi todos defienden más lo nacional que lo que lo defiende Milei, que no solo no conoce el país, su industria, sus trabajadores, sus empresarios, sino que lo desprecian, lo desprecian. Quieren cambiarnos el país que tenemos y quieren convertirlo en un país desindustrializado, en un país primarizado, en un país precarizado, en un país sin universidad pública, sin salud pública, sin educación pública, sin derechos. Un país horrible, espantoso. Ese es el tránsito en el que estamos. En un momento donde todo el planeta está viendo cómo retiene, cómo reindustrializa, cómo relocaliza en territorio nacional. Porque todo el mundo sabe, menos Milei, que la industria es la base del desarrollo, que aún teniendo recursos naturales ningún país soberano, si tiene recursos naturales, más estúpido es rifar la industria. Teniendo los recursos naturales, tenés una ventaja comparativa.
¿Por qué acá teniendo uranio, teniendo cobre, teniendo litio, teniendo petróleo, teniendo gas, por qué vamos a resignar o rematar la posibilidad de generar valor agregado en la Argentina sobre esas ventajas que tenemos en términos de recursos naturales? Tener recursos naturales no conspira contra la industria. Lo tiene que entender Milei y lo tiene que entender también el empresariado argentino. Una parte tiene la cabeza colonizada. Tener recursos naturales es una ventaja para industrializar la Argentina. No es que tenemos que ver qué hacemos. Ya sabemos que hay que hacerlo, lo está haciendo todo el mundo. Hay que copiarlo, que copiar los modelos exitosos a escala internacional. Es clarísimo: ciencia y tecnología. Cerrar la universidad es demencial en este momento. Rifar investigadores, rifar, cerrar laboratorios. Nadie lo puede hacer en su sano juicio. En este momento, cuando el mundo está discutiendo un nuevo orden mundial y nosotros cerrando las universidades, desfinanciando a los investigadores, quedándonos sin ciencia, investigación, innovación. Todo eso es un desastre.
Y lo último que digo, lo último que digo. Todos los países se quieren industrializar. Y lo que te dicen es, ‘ustedes tienen una ventaja, ya tienen industria. No es que tienen que generar una tradición industrial, una cultura del trabajo industrial y de la gestión industrial’. Ya tenemos, que se puede mejorar, que se puede eficientizar, que se puede discutir qué ramas o qué productos o cómo nos insertamos en cadenas de valor, por supuesto, eso es lo que tendríamos que estar discutiendo. Ahora quiero decir, hoy, en el Día de la Industria, lamentablemente tenemos un Gobierno nacional que va a contramano de lo que dice hoy todo el planeta, de la historia. Va a contramano de las políticas que se están adoptando a nivel internacional y va a contramano de nuestra cultura, de nuestra historia y va a contramano de nuestra soberanía.
Por eso yo digo hoy, el Día de la Industria, lo último que quiero decirle es que esto se puede revertir. Por supuesto que se puede revertir, por supuesto que va a ser difícil, por supuesto que va a tomar tiempo, pero consiste en tener políticas inteligentes, políticas soberanas, políticas que reindustrialicen el país y políticas que inserten a la Argentina donde más le conviene, no en el dogma de alguien, en la ideología de alguien o en las amistades de alguien. En donde más le conviene, asociados y negociando con los que más nos conviene. ¿En favor de quién? Del único beneficiario de todo esto que es el pueblo argentino. Muchísimas gracias.



