Encuentro Federal por el Derecho al Futuro

Buenas tardes a todos y a todas. La verdad que en primer lugar felicitar, agradecer a los organizadores, estar hoy reunidos en este lugar, en esta facultad, en esta universidad, tendría que haber empezado así, gracias Vale, gracias Willy, gracias a la Facultad de Exactas por recibirnos de nuevo, gracias a la UBA. 

La verdad que la idea de este encuentro se viene masticando hace algún tiempo, quiero empezar por el comienzo, por de alguna manera la formación, la fundación del CEDAF, que forma parte de una serie de decisiones y de espacios que venimos creando dentro del MDF, del Movimiento Derecho al Futuro, pero que expresa muy bien algunos de los elementos que hacen al espíritu, a la intención de estas novedades que tenemos. Cuando lanzamos el Movimiento Derecho al Futuro hablábamos de una idea, justamente, vinculada a una organización que articule sectores, partes, identidades existentes y que no las subyugue ni las subordine, sino que les dé un lugar, que les dé una voz, que les dé una existencia más poderosa y que permita la articulación y coordinación entre espacios y entre corrientes y entre líneas a nivel político. 

Bueno, el CEDAF tiene la misma intención. El CEDAF si bien tiene hoy un staff propio, algunos miembros directos del CEDAF, la idea original era conformar una red, es conformar una red, que incluya y que convoque a diferentes centros de investigación del campo popular, a diferentes, más que centros… o no sólo centros de investigación, también diferentes organismos, organizaciones, colectivos, sindicatos, todos aquellos que estén trabajando en la elaboración de análisis, de diagnóstico, de propuestas, de programas, todos aquellos que tengan una mirada sobre la realidad actual y sobre todo especialmente sobre el porvenir, que tengan un espacio, una suerte de paraguas, decíamos al comienzo, donde se puedan desarrollar esas identidades propias, pero al mismo tiempo se le pueda dar una fuerza colectiva, una fuerza común.

Esta era la idea original, lanzamos hace no mucho tiempo, así que hoy ver a tantos participantes de una jornada como esta, que ha sido una jornada de discusión, de debate, un encuentro donde hubo participaciones, intervenciones y aportes, que además cuente con representantes de prácticamente todas las provincias argentinas. La verdad que un aplauso y la emoción de ver que no era alocado, ni que era absurdo, ni que era exagerado decir que faltaba algo, que había una vacancia, que había un espacio todavía no constituido, pero que contaba con un impulso y una razón de ser. Así que muchas gracias por venir a todos y a todas.

Yo recién escuchaba, debo decir que no conocía cuáles iban a ser estas primeras propuestas. Yo creo que es fundamental agregar, además de esta diversidad y además de esta posibilidad de expresarse con libertad, agregarle también a eso un cierto grado de espontaneidad y cierto grado de inicio, de noción de comienzo. Estas primeras propuestas surgen de las reuniones que hubo hoy, también un acierto el modo de organizarlas, hay varias novedades. En general, cuando se articulan diferentes centros de investigación o espacios de pensamiento, intelectuales, se suelen tomar unos compartimentos estancos vinculados a las especialidades, como si fuera la lista de carreras universitarias, o de áreas de gobierno, o de sectores en los que usualmente se dividen los problemas de una sociedad. Me parece un acierto, en lugar de eso, la organización que se dieron en base a grandes objetivos que en realidad son multidisciplinarios, que se pueden abordar desde diferentes lugares y desde diferentes miradas. Me parece que además fue un acierto porque el resultado fue una lista relativamente compacta, creo que preliminar, de objetivos generales bajo cada uno de los rubros, bajo cada una de las misiones y que nos da, como decía recién y creo que es lo más importante a señalar, un punto de partida. Creo que esto, la verdad, que es un hito, es un momento fundacional, pero es sobre todo un punto de partida para pensar la Argentina que queremos y la Argentina que viene. Así que, muchísimas gracias. 

Y sí, la Argentina que queremos, la que viene, es una Argentina soberana, que era una de las líneas de trabajo, una Argentina productiva y con trabajo digno, de calidad, una Argentina justa y humana y una Argentina democrática y transparente. Me parece que en términos generales, un acierto también. 

Y luego, qué sé yo, qué puedo decir. Me llevo estas ideas, creo que nos las llevamos todos, como un puntapié inicial para una elaboración posterior. Tampoco es estrictamente esto un plan de gobierno. Creo que lo que había era una serie, una cantidad grande, una masa crítica muy grande de grupos, de gente, de organizaciones, pensando sobre temáticas y que le faltaba un punto de encuentro. El CEDAF es ese punto de encuentro y hoy tenemos, me mostraban hoy un poco el desarrollo de la página web, de una página web, un sitio donde es posible aportar producciones, artículos, ideas y luego empezar a coordinarlas y articularlas.

Yo pensé que hoy íbamos a hacer simplemente este encuentro federal, pero también es el lanzamiento del sitio, del espacio web de CEDAF. Así que bueno, también por eso un aplauso a los que lo hicieron, que sé que estuvieron trabajando fuerte. 

Dicho esto y antes de dar algunas conclusiones, quería aportar, porque estuvieron discutiendo y me parece que con mucha profundidad hoy, algunas de las cuestiones de las que quiero hablar. Pero quiero aportar una perspectiva que, por lo menos, en términos generales a mí me viene pareciendo sustancial en el debate que se está dando. El encuadre, en qué momento estamos, qué situación atravesamos y qué es lo que tenemos que analizar, estudiar en términos de propuestas, de ideas para el debate, para la discusión y luego propuestas para la transformación. 

Indudablemente, estamos en un momento, en una etapa de transición. A mí me gusta la palabra transición porque te permite generar cierto misterio o alguna ambigüedad acerca de transición desde qué y hacia qué. Indudablemente, estamos en un momento de profundas y radicales transformaciones a escala internacional y, por supuesto, continental, nacional. Hoy estamos para describirlo brevemente, viviendo una revolución tecnológica, permítanme ponerle ese nombre, una revolución tecnológica que tiene la particularidad de ser prácticamente universal, abarca casi todas las áreas de la producción, del conocimiento, de la comunicación, de la actividad humana. Se nota. 

A veces decretar estas cosas parece grandilocuente, pero yo tengo en mi teléfono celular cinco, creo, aplicaciones de inteligencia artificial. Hace dos años creo que no sabía bien con qué se comía la inteligencia artificial o de qué se trataba y hoy se está volviendo, para casi todo el mundo, una especie de compañero, de muchísimas decisiones, actividades.

Estamos aprendiendo a vincularnos con estas aplicaciones y con esta tecnología de una forma muy veloz, muy rápida. No sé si les pasa a ustedes, pero los viejos navegadores, los buscadores, y creo que se jubilaron. Creo que se jubilaron, creo que han jubilado algo que, bueno, que fue una gran novedad. Yo ahora pensaba, cuando uno buscaba necesitaba acceder a esa enorme base de datos que es Internet y lo hacía a través de un buscador, cualquiera de ellos, le decía, ‘bueno, hay 6 trillones, 340.000 no sé qué, páginas o entradas que hablan del tema’.

Era, obviamente, uno hacía page down en las primeras dos o tres páginas de resultados, pero bueno, lo que había ahí era una intención, prácticamente, enciclopédica. Era deslumbrar con la cantidad de producción que había acerca de un tema en particular. Absolutamente inabordable, además. Muchos de nosotros, creo que todos, excepto que fuera algo muy específico, veíamos poquitas de esas millones de entradas y con eso creíamos formarnos una idea acerca de un campo, o acerca de un saber, o acerca de una temática.

Y hoy, arriba de todos los buscadores, hay un motor de inteligencia artificial que sintetiza, que excluye todo eso, o lo pone y lo organiza, o traduce a entradas muy sencillas y muy simples. Y fíjense que son como dos extremos del acceso al conocimiento. Uno premasticado, sintetizado, recortado, y otro universal, prácticamente un inventario de todo lo que se ha dicho sobre lo que uno estaba buscando con determinada precisión. Pero lo cierto es que hoy con la inteligencia artificial, repito, de la que habíamos oído hablar hace bastante tiempo, pero que no sabíamos de qué modo, de qué manera iba a penetrar en nuestra vida cotidiana, hoy está omnipresente, prácticamente en casi cualquier campo de discusión acerca de la organización productiva, de los vínculos humanos, de las relaciones internacionales, o incluso de las acciones de gobierno. Así que hoy ya estamos conviviendo, llegó el momento. Una revolución tecnológica que además, creo que todos debemos estar, creo, proyectos, que todos deben estar tan fascinados como lo estoy yo, o sorprendidos, o también un poco asustados cuando vemos a esos robots humanoides competir artes marciales. Uno ya no sabe si es la inteligencia artificial que los construye o está pasando eso de verdad. Casi tiendo a creer que si es la inteligencia artificial estamos en un problema, si eso está pasando estamos en otro problema bastante más grave. Así que, de una forma o de otra, como me decían el otro día, del cuello para arriba y del cuello para abajo, están cambiando, o probablemente cambien, todas las actividades humanas.

Hubo revoluciones tecnológicas que significaron mecanización, bueno, la línea de montaje, diferentes esquemas productivos, incluso la robotización de algunos elementos del proceso productivo. Nos enteramos hace algún tiempo que ya hay fábricas enteras donde no hay intervención humana, por lo menos directa sobre el producto. Esto, en alguna época se llamaba sistema automático de máquinas sin intervención humana.

El reemplazo del trabajo humano, manual, es algo que viene ocurriendo desde el comienzo del capitalismo, su organización, ahora lo que está pasando hoy es violento, es espectacular, es rapidísimo además. Y creo que a todos nosotros, si tomamos los robots y la inteligencia artificial, se nos presenta una idea de futuro bastante distorsionada con respecto a lo que pensábamos hace algún tiempo.

A mí me gusta decir que tengo a menudo charlas con adolescentes, con pibes y pibas que están pensando qué carrera seguir. Siempre fue un factor para elegir a qué se iban a dedicar aquellos que quieren ir a la universidad, o los que no también, qué actividad, a qué dedicarse. Bueno, y todos están con la misma pregunta, ‘¿va a existir ese oficio, esa profesión, cuando yo me reciba en 5 años? ¿Va a existir? ¿O va a haber sido reemplazada?’ Recuerdo que hace no mucho tiempo una salida laboral bastante segura parecía ser la programación, lo que tiene que ver con la producción de software o el conocimiento. Ahora parece que rápidamente, hablábamos el otro día, Willy, con empresarios del rubro que nos decían que buena parte de esas tareas están siendo ya reemplazadas o potenciadas, vaya a saber cómo se llama, por la inteligencia artificial. 

Todo esto simplemente para decir que estamos ante una revolución tecnológica muy acelerada, que está en curso y que amenaza con transformar prácticamente todos los procesos laborales, productivos, el mundo entero. Vaya a saber si uno tal vez toma esta idea un poco distópica y se apresura, ¿no? Vaya a saber. Pero hoy estamos en esa disyuntiva. Indudablemente hoy podemos decir que hay mucho para pensar, mucho para analizar acerca de cómo van a seguir realizándose los distintos procesos de trabajo, cómo van a ser las distintas formas tecnológicas, productivas, laborales, profesionales. Es decir, que está todo en cuestión, está todo en duda. 

Algunos, lo decíamos la otra vez en la presentación del COPEC, del Consejo, que creamos, de Economía del Conocimiento, y hay algunos que esto se lo toman con mucho pesimismo. Dicen, ‘bueno, ¿qué lugar va a quedar para el trabajo humano?’ Lo digo en extremo, ¿no? Vamos a ser reemplazados en todas las actividades, en todas las tareas. Y otros con mucho optimismo porque esto va a aumentar la productividad, va a generar volúmenes impensables de riqueza. Después pueden quedar posiciones intermedias o, digamos, de segunda ronda, aún si generamos y se genera mucha más riqueza, ¿quién se la va a apropiar? ¿Cómo se va a distribuir? Si no hay laburo, ¿quién va a consumir si no hay ingresos? Si esto genera una enorme exclusión. Si esa exclusión va a tener un arreglo sectorial o tal vez geográfico, como ya hubo, zonas enteras del planeta donde se va a acumular población obrera sin posibilidad de inserción a un proceso productivo muy tecnificado, si se van a generar subsistemas disjuntos, es decir, hay muchísimos interrogantes. Muchísimos interrogantes.

Me detengo acá porque quiero dejarlo en este punto. Quien no se da cuenta de que estamos ante un cambio copernicano en la organización de los procesos productivos, de la forma de trabajo, de la forma de, podríamos decir, producción, circulación y consumo, todo el proceso económico y social está en duda. Repito, tal vez uno está exagerando porque no va a ser tan rápido ni tan definitivo, pero bueno, indudablemente, potencialmente, estamos ante un precipicio que nos va a llevar a una etapa distinta.

Si a eso le agregamos que estamos en un momento de inflexión también, de transición geopolítica, lo que nos acostumbramos a ver que era la estructura y la organización del vínculo entre los países, de los vínculos multilaterales, de la organización del comercio, de las finanzas, de la moneda, de las cadenas de valor. Vivimos hace no mucho tiempo algo que no se le escapó a nadie, que es que hubo una relocalización de partes enteras del proceso productivo hacia China, hacia Asia. Pero bueno, hoy todo ese sistema que venía con tensiones, con problemas, con crisis recurrentes, todo ese sistema está en duda. Y quiero pararme ahí.

¿Qué va a pasar en los próximos 3, 4 años? Recién hablaba de la tecnología. ¿Qué va a pasar a nivel geopolítico, de estructuras de poder internacional? De formaciones regionales, continentales, económicas, sociales y hasta militares. ¿Qué va a pasar? ¿Qué nos espera? De nuevo una transición hacia una nueva potencia que tome la hegemonía, sea porque es visible un conflicto entre Estados Unidos y China. Antes lo decíamos con alguna timidez, lo dijo con mucha crudeza el presidente Xi Jinping, que en un encuentro dijo, ‘acá hay un problema que ya ocurrió otras veces’. Una potencia madura, alguien dirá decadente, y una potencia que está emergiendo y decía Xi Jinping, ‘esto muchas veces se resolvió a través de guerras’. Pero hay otra forma de resolverlo si nos sentamos a charlar. Decía a los observadores de Occidente, podemos ver cómo regulamos esto, pero decretaba que había una disputa entre potencias.

¿Qué nos espera en el mundo? Una nueva potencia hegemónica, una formación de bloques, un multilateralismo mucho más distribuido, una distribución del poder, tal vez no en dos bloques sino en varios más, o dos bloques y en algún momento eso se llamaba un mundo de los no alineados. La verdad que está todo eso en duda, en discusión.

Vuelvo al punto, se está transformando el panorama geopolítico, estamos ante una reconfiguración internacional visible y evidente, inocultable. Y al mismo tiempo, digo al mismo tiempo como si fuera inocente, está habiendo una revolución tecnológica. En general, ambas cosas se dan de manera simultánea. Casi todas las reconfiguraciones de poder a escala internacional estuvieron acompañadas, por decir así, con revoluciones tecnológicas profundas. Así que no es raro que ocurran las dos cosas a la vez y no me voy a poner a discutir vínculos o causalidad. Lo que quiero decir es que estamos ante un mundo que cambia.

¿Qué hacer? Esa es la pregunta. ¿Qué hacemos? ¿Qué hacemos nosotros? En lo individual, un pibe o una piba, ‘¿qué estudio, a qué me dedico, de qué trabajo? ¿Voy a tener salida laboral? ¿Voy a tener oportunidades o no?’ Obviamente estamos acá porque nos lo preguntamos colectivamente, como país, como sociedad, como pueblo, como Nación. ¿Qué hacer ante esta situación? Esta es la discusión que tenemos que dar en este contexto, en este entorno, en esta coyuntura. 

Yo tenía un profesor que decía ‘si vos no planificás, no es que no hay plan, sino que alguien te planifica, sos parte del plan de otro’. Me parece que es una interesante enseñanza porque, ante estas coyunturas tan complejas y a la vez violentas, hay sectores, hay ramas, hay empresas, hay países, hay grupos, hay corporaciones que están planificando. Incluso, que son artífices de esta transformación, de estas dos transformaciones, que son, incluso más, dueños de parte de esas transformaciones, que son capaces de acelerarlas o ralentizarlas según su conveniencia. O aún, como estamos viendo con el caso de Estados Unidos, pareciera que Estados Unidos está tratando de torcer el rumbo de una transformación que venía en curso de la emergencia de China y disputar desde los procesos productivos, la parte de la industria que se radica en cada región, hasta las tecnologías, los materiales, también, por supuesto, los sistemas militares y de defensa. Estamos en un mundo donde yo les diría, todos están observando, analizando, intentando proyectar y planificando qué hacer ante esto. Todos, todos, todos menos uno, que es Milei. Menos un país que ante esta situación ha adoptado no sólo un posicionamiento precario, simplista, sino absolutamente a contracorriente de cuáles son las tendencias que derivan, para los países y para los Estados, de la actual coyuntura de transición. Contrario, a contramano.

Fíjense, indudablemente en lo que se viene hay elementos claves. ¿Qué quiero decir con lo que se viene? ¿De qué vamos a vivir? ¿Qué le vamos a vender al mundo? ¿Qué le vamos a comprar al mundo? ¿Cómo lo vamos a distribuir? ¿De qué vamos a trabajar en Argentina? Bueno, ante esta situación, que evidentemente exige una reflexión y una reflexión colectiva, que debería implicar a todos los involucrados, que son prácticamente todos, en lugar de eso, en un momento donde indudablemente es crucial el acceso a los recursos naturales, es estratégico, se habló acá de minerales críticos, tierras raras, un tema que está relativamente, llamémoslo, en la mesa, de moda, la discusión de quién son, quién se las queda, qué hacemos con eso. Bueno, ¿qué están haciendo los países? Asegurarse el acceso a estos recursos naturales. También podríamos agregar a esto alimentos, energía. Es decir, es lógico, es obvio, que el acceso a materia prima, recursos naturales, es crucial en esta situación, es clave en esta situación. Lo fue siempre, pero como el mundo está en disputa, evidentemente sale a la luz que hay una disputa, una discusión, por la apropiación de esos recursos naturales y el acceso, el abastecimiento, la continuidad de ese abastecimiento, los riesgos que todo esto implica, vinculado a las nuevas tecnologías.

Así que todo el mundo está viendo cómo se hace de esos recursos, cómo los utiliza, los explota, en el mejor sentido de la palabra, en función de un interés. ¿Cuál interés? Me animo a decir, se ha vuelto a poner de moda el interés nacional. El interés nacional, cómo hacer jugar los recursos naturales para que beneficien al conjunto, o a la población, o al país.

Si hay algo que no se puede hacer, que es obvio, trivial, que es evidente, es rematarlos, regalarlos. Es ser víctima de este proceso y teniendo determinados recursos naturales, ponerlos al mejor postor, sin ningún plan. Someterse a decisiones, llamémosla, propias de esta disputa, pero sin ideas al respecto, y sin objetivos y sin condicionamientos.

Yo quiero decir que en cualquier época, en cualquier etapa de la Argentina y, digo, de cualquier país del mundo, poner en riesgo, no preservar, no cuidar, no reflexionar, y no poner a jugar en función de los propios intereses a los recursos naturales, es criminal. Ahora, hacerlo en una coyuntura como esta, no sólo es criminal, sino muy estúpido. 

Está todo el mundo viendo cómo se apropia de lo que en Argentina hemos dicho, bueno, sin impuestos, sin condicionamientos, sin objetivos, sin ningún tipo de planificación, bueno, llévenselos, qué sé yo. Uranio, litio, tierras raras, cobre, recursos valiosísimos para lo que se viene y para lo que hay, que en la Argentina podrían ponerse a funcionar en pos del desarrollo, en pos de una mejora, de la creación general de riqueza del país. Bueno, todo eso de remate.

O sea que ahí está la primera cuestión, recursos naturales. Lo que no hay que hacer es lo que está haciendo el gobierno actual. Ciencia, tecnología, innovación, pensamiento crítico, está el mundo atrás de eso. No hay duda, de hecho, lo que estamos atestiguando en materia de revolución tecnológica es producto de un salto en determinadas áreas de las que, como mínimo, tenés que querer participar. Pero también, casi como mínimo, tendrías que estar pensando cómo podés sacarle fruto, sacarle jugo, desarrollar esas tecnologías, utilizarlas, integrarlas, aplicarlas, todo eso. Si algo no hay que hacer, y no está haciendo ningún país del mundo es liquidar, rematar y destruir su sistema científico, universitario, tecnológico.

Fíjense, cada joven que tiene que hacer su posdoctorado, que tiene que ingresar a la carrera de investigador o que busca una dedicación exclusiva, cada una de esas personas es fruto, es producto de un esfuerzo colectivo. Lo que sabe es producto, muchas veces, la mayor parte de las veces, de la universidad pública. Hemos invertido, como sociedad, durante décadas, y décadas, y décadas para poder formar y para poder producir especialistas, científicos, académicos.

Hoy es realmente indignante, pero además no puede ser que haya algún tipo de idea positiva atrás de decir, ‘bueno, acá cortamos, dejamos de financiar, achicamos, reducimos, ajustamos’. Lo quiero decir porque a veces se pierde la perspectiva. La verdad es que es el peor momento, siempre fue pésimo y horrible, pero este puede calificar entre los peores momentos para achicar, para desfinanciar y para quitarle recursos a la universidad, a la ciencia y la tecnología. Eso es lo que está pasando, eso es lo que nos está pasando.

Algo equivalente a los recursos naturales. Y después, la industria. Yo hace poco hablaba con conocidos que tengo en algunos países de la región de menos nivel, de menos grado de desarrollo industrial que Argentina. Argentina se ha caracterizado, con los más y los menos, con las deficiencias y los avances que tenemos, por poseer un entramado industrial de pymes nacionales, de empresas que se destaca en el continente, se destaca en el continente.

Por supuesto que Brasil, sobre todo la región de San Pablo, pero Brasil compite en esto, pero en el resto de los países aventajamos y en alguna época, por mucho, en densidad del tejido industrial argentino, de sus capacidades, de sus productos, de su calidad. ¿Qué está pensando el mundo? ¿Cómo reacciona ante esta coyuntura de tanta incertidumbre y tanta transformación? Todos dicen, ‘quiero quedarme con un pedazo de la industria’. Si uno mira y lo despoja de todo lo demás al discurso de Trump, lo que está diciendo es que, ‘quiero relocalizar procesos industriales, fábricas en nuestro país’.

Hoy parece más vinculado al conflicto, a la cuestión de la defensa, pero originalmente era un tema de desarrollo nacional y era explícito: ‘necesito que vuelva a industrializarse’, después de un proceso de desindustrialización muy potente que ocurrió en Estados Unidos, ‘necesito que vuelva a industrializarse el corazón productivo del país’, decía Trump, ‘entonces para eso voy a tomar una serie de medidas’, todas ellas que no estaban, no sólo no estaban de moda, estaban prohibidas.

Hoy vemos políticas industriales, pero también proteccionistas. ¿Cómo se va a llamar subir los aranceles? Bueno, históricamente siempre se llamó proteccionismo, y todas las demás medidas y decisiones que se toman con un objetivo: retener la industria en el territorio nacional, integrada al proceso productivo nacional, y al mismo tiempo, si es posible, relocalizar, recuperar ramas enteras de la producción que se habían ido de su territorio. La principal potencia hoy del mundo está buscando cómo reindustrializar.

O sea, que ve un interés, una importancia en tener industria. Fíjense que cuando ponen aranceles altísimos para determinados productos, digamos los autos eléctricos que son más baratos cuando se producen en el exterior, quieren que se produzcan en el país, entonces ponen aranceles elevados, altísimos. ¿Qué está confesando ahí? Está confesando que no es competitivo el sector, que si uno lo deja librado al libre comercio, a los procesos que venían, a las reglas de la globalización de la OMC, de la Organización Mundial de Comercio, si uno deja eso, no se van a erradicar en ese país. ¿Por qué será? Bueno, será más cara la energía o el trabajo, o habrá dificultades de acceso al crédito, 500 cosas que hacen a la productividad o a los costos de producción. Pero bueno, está confesando, si lo dejamos sin ningún tipo de traba, de barrera arancelaria, no lo podríamos producir acá porque se nos inundaría, como estaba pasando, de productos extranjeros. Y resuelve, entonces, generar una barrera artificial, política, estatal, para preservar, cuidar o proteger determinado sector. No estoy defendiendo, estoy describiendo esas políticas de Trump. Lo que quiero decir es que está buscando reindustrializar Estados Unidos.

Argentina tiene una historia industrial valiosísima, tiene capacidades que no tienen muchísimos países, llamémoslo del sur global, muchísimos países del tercer mundo, de los países emergentes. No tienen un aparato industrial de la heterogeneidad, de la magnitud que tiene Argentina, que desarrolló Argentina durante tanto tiempo. Por supuesto que dicho esto, uno debería decir, bueno, el mundo está cambiando, hay que ver cuáles son los sectores claves, qué sectores desarrollar, qué sectores fomentar, qué otros sectores podríamos ver, reconvertir… Se puede discutir todo. Ahora, lo que no se puede hacer, menos todavía en la coyuntura actual, es destruir completamente el aparato industrial y productivo de la Argentina. Eso es carísimo, es costosísimo, y es absolutamente peligroso e inoportuno en una coyuntura como la de hoy. 

Yo sé que estuvieron discutiendo, que estuvieron reflexionando sobre estos y otros temas, sobre el trabajo, sobre la inserción internacional. Bueno, esto toca sobre las formas de Estado, sobre la política pública, sobre la distribución de la riqueza, del ingreso, sobre la inclusión, sobre las condiciones de vida, sobre el federalismo. Todas estas reflexiones, por eso quería pararme en este punto. Hay mucho para pensar. Hay mucho para analizar, porque además, en estos momentos de tanta incertidumbre, tampoco es fácil encontrar el norte. Creo que es difícil, es muy cambiante. Fíjense que las áreas monetarias, financieras, las vacancias tecnológicas, doy un ejemplo, el litio, todo el tiempo estamos escuchando que puede ser reemplazado. Hay muchísimas discusiones para dar. Lo que queda claro es lo que no hay que hacer en una situación como la actual. Repito, nunca probablemente, pero menos todavía en una situación como la actual. Lo que seguro no hay que hacer es subordinar los intereses nacionales a estrategias de otros países. Que nuestras decisiones de política exterior estén dictadas por Estados Unidos a Israel es ridículo, es nocivo y es grave.

¿Eso quiere decir que hay que entablar un conflicto, que hay que pelear? No, por supuesto que no. No, pero no te podés subordinar de manera absurda y de manera absolutamente acrítica. No podés. No sirve y vemos que no está sirviendo. Y vemos que no da frutos, que no da resultados. Y que nos pone en peligro también.

En un momento donde yo decía hay guerras comerciales, hay guerras financieras, hay guerras de monedas, y hay guerras de misiles, hay guerras de drones, lo peor que podemos hacer es resolver, subordinarnos y ser dependientes y, por tanto, poner a nuestro país en riesgo porque nos hacen entrar en guerras que no son nuestras y en conflictos que no tienen que ver con el interés nacional, con nuestra cultura, con nuestra historia y, menos todavía, con nuestra soberanía. 

Entonces, claro, uno, ¿cuál sería la respuesta obvia pero que es muy general? Y bueno, multilateralismo. Ante un mundo repartido, un mundo en disputa, multilateralismo. Inteligente, estratégico. O sea, asociarnos, comerciar, intercambiar, integrarnos con los que más nos convengan. Lógicamente. Empezando por la región. Porque esto también es muy importante decirlo. ¿Cómo vas a pelearte con el país que es tu principal socio comercial? Obviamente ahí no hay ni un átomo de interés nacional en juego. Ahí hay una cuestión de compromisos o de dogmatismo, o todo eso junto. Yo me niego a creer que esto sea producto de alguna inteligencia. Creo que son intereses, que son intereses. Que pasa por otro lado, es inexplicable. Pero bueno, ante el cambio geopolítico, ante la reconfiguración internacional, ante una nueva etapa de los vínculos de poder, y bueno, buscar lo que más nos convenga y lo que más nos conviene es empezar por la integración latinoamericana y seguir desde ahí por acuerdos con todos los países del mundo, con todas las regiones, con todos los bloques, en base a la mutua conveniencia.

Estoy diciendo una trivialidad, pero es parte central de nuestra doctrina. En un momento se llamó ‘tercera posición’ y creo que está más vigente que nunca. En segundo lugar, evidentemente, ante esta coyuntura de cambio tecnológico, de necesidad de rápidamente insertarse y asumir nuevos saberes, nuevos sectores, nuevos espacios de conocimiento, nuevas técnicas de producción, hay que tener un sistema, es de las cosas más importantes, es crucial, es central, es una condición para lo que se viene, para lo que hay hoy, indispensable. Tener un sólido, un robusto, además financiado, sistema científico tecnológico. La universidad pública argentina es uno de los activos estratégicos más importantes que tiene nuestro país.

No podemos darnos el lujo, en esta situación, abandonarlo, desfinanciarlo, destruirlo. Y digo con respecto a los recursos naturales, por la positiva, ¿qué hacer? Me parece que es un momento donde es interesante pensar en las viejas antinomias, porque en algún momento en Argentina los debates más fuertes, las contradicciones más fuertes, era si Argentina tenía que destinar toda su capacidad y toda su inserción en el mundo a los recursos naturales, materias primas, recursos primarios, o a la industria. Durante mucho tiempo, en la Argentina, me hace acordar a Jauretche, a las zonceras esas, ¿no se acuerdan? La primera era civilización o barbarie. Empezamos de ahí, de ahí venimos. Y ahora era campo o industria. Decidan, una de las dos.

Si ahora le agregamos a campo, materia prima, recursos naturales o industria, a ver, es claro, no hay que elegir una de las dos, tenemos la ventaja, tenemos realmente el privilegio de tener acceso a determinados recursos naturales valiosísimos. ¿Qué hay que hacer? Industrializarlos, generar valor, agregar valor y meterle conocimiento.

No hay que… Me parece que, lo mismo, mercado interno o exportación. Todo exportación. El otro día veía, récord de exportación de carne de vaca, récord de mínimo consumo de asado en la Argentina. Bueno, evidentemente los que nos gobiernan hoy ya decidieron para qué lado tirar, pero es falso. Es falso. No hay país en el mundo que se haya desarrollado y que haya alcanzado capacidades exportadoras de calidad si no tiene al mismo tiempo un mercado interno que le dé, por un lado, estabilidad. Todos hablan de estabilidad, nos dicen ‘hay que buscar la estabilidad macroeconómica’ y quieren llevarnos a un modelo productivo que depende todo de recursos naturales cuyo precio se fija de manera internacional y que tiene una volatilidad que está sometido a crisis, que está sometido en momentos de conflicto bélico, incluso, a cuestiones de defensa, geopolíticas. Te pueden cerrar un mercado, lo hemos visto en Brasil, Trump, porque no le gustó lo que pasó con Bolsonaro le puso aranceles y empieza a disputar con instrumentos económicos y de acceso a los mercados cuestiones geopolíticas o cuestiones electorales. Estamos en ese mundo. ¿Cómo me van a decir que podemos tener estabilidad si matamos el consumo interno, el mercado interno, si matamos la producción nacional? Es imposible, no existe. No va a haber estabilidad. De la misma manera que no hay estabilidad si un porcentaje enorme de la sociedad se queda sin nada, sin recursos ¿De qué estabilidad hablan? ¿De qué orden hablan? 

Por eso creo que hay mucho para hacer. Me parece que esta situación que describo muy someramente nos pone ante riesgos, por supuesto, pero oportunidades enormes. Y que Argentina tiene algunas capacidades, algunos activos, algunos recursos que nos posicionan bien ante esta situación, mucho mejor que otros ejemplos que están a la vista. Ante una revolución tecnológica, ante un cambio geopolítico, y bueno, Argentina por su historia, por su trayectoria, por sus capacidades intelectuales, culturales, científicas, por sus recursos naturales, por la industria que tiene, que ya tiene, las capacidades, incluso, empresariales que tiene. No es fácil, no es fácil desarrollar incluso capacidades de administración y gestión empresarial. Argentina las tiene. Así que tenemos muchísimas oportunidades.

Y creo que lo que a todos nos está poniendo en una situación de angustia, y digo de pesimismo, de pesimismo, es que vemos que las están dilapidando hoy. Que lo que podría ser un momento crucial para buscar cuál es nuestra identidad en este nuevo cuadro, lo que se ha convertido es en una decisión de dependencia, de saqueo, de neocolonialismo, de financiarización, de entrega de los recursos naturales, del territorio nacional, de absoluta falta de respeto a nuestra soberanía. Bueno, eso es lo que está ocurriendo. Pero no quita que podamos registrar y podamos trabajar sobre las oportunidades enormes que tiene Argentina en esta situación. Para eso, por supuesto, hay que tomar el toro por las astas, por supuesto, hay que tomar decisiones inteligentes. Lo voy a decir de otra manera: hay que tener una estrategia nacional de desarrollo acorde a esta coyuntura tan exigente. Y hay que tener los instrumentos, los mecanismos, las capacidades de gobierno. 

Hemos discutido, hace bastante tiempo, la cuestión de la soberanía. Hoy creo que Ingrid hablaba de eso, la soberanía. Bueno, la soberanía es una palabra, pero no es un absoluto. Y menos todavía en una situación como ahora. No quiero decir que uno puede decir, ‘bueno, cedamos un poquito de soberanía’. Lo que estoy diciendo es cómo fortalecemos nuestra capacidad de resguardar nuestra soberanía cuando está en peligro, porque está en peligro. Entonces, eso requiere decisiones, requiere alianzas internacionales, requiere procesos de inversión, requiere fomento de sectores, requiere un montón de decisiones, una batería de decisiones que son cruciales y son urgentes. 

Por eso, simplemente, como estamos abriendo un debate, tenemos que tener más margen de maniobra en esta situación. Y hoy lo vamos perdiendo. Vamos perdiendo grados con la política de Milei, con las decisiones de Milei, grados de libertad en las decisiones. Hablan de libertad y nos someten a dictados internacionales, a decisiones que no nos sirven, al manejo absolutamente desregulado, dicen ellos, yo diría irresponsable de nuestros datos personales, de nuestras capacidades propias, de nuestros conocimientos. Bueno, esa es la situación que tenemos. 

¿Qué me parece que es el gran desafío que hay? Y bueno, va a haber que construir una estrategia. Yo no creo que una estrategia, sobre todo en una situación tan cambiante, tan incierta, una estrategia no es una estrategia escrita en piedra que va a haber que aplicar. Eso también creo que es fundamental. Me parece que cuando hablamos de federalismo, cuando hablamos de soberanía, cuando hablamos de industria nacional, cuando hablamos de ciencia y pensamiento crítico, cuando hablamos de todo eso estamos hablando de construcciones, no de algo que viene dado o que se declama o se proclama. Hay que hacerlo. Y eso, que yo sepa, es un proyecto de país. Y creo que hoy, viendo lo que ocurre en la Argentina, viendo lo que ocurre en el mundo, viendo dónde estamos situados y viendo qué cantidad de oportunidades estamos perdiendo, no podemos dejar pasar un minuto más. Tenemos que estar construyendo esa estrategia, tenemos que estar proponiéndola, tenemos que estar debatiéndola, tenemos que estar convocando.

Por eso, y para terminar, me parece que la conformación hoy con este encuentro, de un CEDAF donde se den esos debates, acá y en otros lados, porque esto tenemos que comprender, nadie busca una hegemonía ni un monopolio, pero sí que seamos uno de los actores fundamentales que está dando estas discusiones, que las está dando con profundidad. 

Creo que además hay una demanda muy fuerte, yo diría transversal, donde he ido, fui a Chaco, a Corrientes hace poco, a Tierra del Fuego, todos preguntan, hay una demanda enorme, hay una casi ansiedad, porque pareciera que se nos escapa un tiempo importante, crucial, y que hay que ir tomando decisiones o por lo menos construyendo y preparando esas decisiones que hay que tomar para cambiar el curso de los acontecimientos. 

Nos quiere decir la derecha, la ultraderecha, que no hay alternativa, que hay que aplicar un recetario, que es esto o nada, esto o muerte. Bueno, la verdad que creo que a eso hay que contraponerle una alternativa que creo que es producto de… También quería hacer una invitación, porque el 19 de septiembre va a haber un plenario, seguramente ya se mencionó, un plenario federal del MDF, donde están todos invitados, donde también se va a discutir por mesas temáticas, así que también va a haber discusión. 

Pero básicamente y para terminar, creo que tenemos una obligación impostergable, que es que ante tanta destrucción que nos proponen, ante tanto desánimo, ante tanta desmovilización, lo que hay que hacer es oponerle una alternativa que sea posible, que sea viable, que sea real y, sobre todo, que entusiasme, que convoque, que llame, que incluya. Así que bueno, muchas gracias, bienvenidos al CEDAF. Mucha fuerza y a trabajar. Muchas gracias.

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