Nueva Alcaidía Departamental en Quilmes

Buenos días a todos y todas. Muchísimas gracias, Mayra, por recibirnos de nuevo en Quilmes. Hoy para traer una obra muy esperada, muy importante, central para Quilmes, para la Provincia y para un plan que está resultando histórico. Hoy nos acompañan el ministro de Seguridad, también el ministro de Justicia, representantes del Poder Judicial, nuestra plana mayor del Servicio Penitenciario. Y esto nos permite decir que, a pesar de las dificultades, a pesar del abandono y de los intentos de ahogo, que luego le voy a poner cifras, por parte del Gobierno nacional, nosotros iniciamos una tarea desde el comienzo de esta gestión que, a pesar, digo, de todos estos inconvenientes nos posicionan como la única provincia del país que tiene un plan de ampliación de la infraestructura penitenciaria que sigue desarrollando y que va dando resultados y va dando frutos. 

Cuando miro, Mayra, Ceci, lo que venimos haciendo, la verdad que a esta altura, en su carácter acumulativo y permanente, va dando un resultado histórico. Histórico. Y cuando digo histórico, yo sé que hoy nos tienen acostumbrados desde el Gobierno nacional a autoproclamarse el mejor de la historia, del mundo, de la humanidad. No estoy hablando de eso. No estoy hablando de adjetivación. Estoy hablando de hechos y de números reales ante una problemática grave, por no decir dramática, que atravesó durante demasiado tiempo nuestro Sistema Penitenciario, nuestro servicio penitenciario, nuestra capacidad absolutamente desbordada.

Yo siempre recuerdo, Juan Martín, que cuando asumimos, allá por 2019, luego del gobierno de Vidal y de Macri, que debo mencionarlos porque es importante el papel que tuvo este antecedente para comprender la dimensión de lo que se recibió y lo que estamos haciendo hoy. Cuando asumimos teníamos 16.000 internos penitenciarios en huelga de hambre. Había realmente una situación trágica. Esto tenía que ver con dos factores. Uno coyuntural, era que como ocurrió y como ocurre habitualmente con estas experiencias neoliberales, de derecha, en la política económica que, bueno, pregonan cuestiones fantásticas y luego, rápidamente, cuando se les acaba el financiamiento espurio, la fuga de capitales, lo que ocurre es que estalla por el aire la situación y termina en crisis. Lo cierto es, y repito, no es calificativo, ni chicana ni expresión, es la realidad, el gobierno que me precedió dejó de comprar alimento para las cárceles bonaerenses. Había, paradójicamente, una huelga de hambre porque no había comida en nuestro Sistema Penitenciario. 

Esa es la cuestión coyuntural, pero también hay que hablar de la realidad estructural que atravesaba el Servicio Penitenciario. Esa realidad era la de sobrepoblación que había derivado en una crisis humanitaria, dicha por la máxima autoridad penal de la provincia de Buenos Aires y también por organismos internacionales. Una crisis humanitaria en el interior de las cárceles de nuestra provincia. ¿De dónde se derivaba? De que en 200 años de historia que tiene la Provincia y su Sistema Penitenciario se construyeron 24.000 plazas en nuestras cárceles. 24.000 plazas. Retengan este número, porque cuando asumimos teníamos la situación de sobrepoblación más grande y agravada de la historia, con 51.000 internos en el Sistema Penitenciario completo, incluyendo también quienes estaban recluidos en calabozos de comisaría, como decía recién la intendenta, sin cumplir con las condiciones mínimas para su detención. Detenciones que, a veces, en comisarías, en calabozos de comisarías, se extendían por años. Por años. Mientras esperaban condena en situaciones precarias y, como bien dijo la intendenta, utilizando personal policial para funciones para las que no está preparado. Además de distraerse de aquello que deben hacer, patrullar las calles, dedicarse a funciones de prevenciones, de policiamiento, están atendiendo a los presos, a sus familiares, de manera permanente en comisarías de la provincia que no están para que esto ocurra. 

Debemos recordar y lamentar que las famosas fugas de presos que se dieron en la Ciudad de Buenos Aires, en su enorme mayoría, se derivaron de situaciones como las que estoy describiendo. Una multitud de presos en calabozos de comisarías con, digo de nuevo, los efectivos atendiendo no solo la comida, su situación, sino también a los familiares, las visitas, todas cuestiones absolutamente ajenas a su función y peligrosas para ellos, para los familiares y para la comunidad en su conjunto. Y para la comunidad en su conjunto. No está preparado. Para eso está el Servicio Penitenciario. 

Repito entonces, 200 años, 24.000 plazas cuando asumimos; huelga de hambre; sobrepoblación histórica con 51.000 presos. Hablo de dos siglos sin construir y sin abordar un plan de expansión de la infraestructura penitenciaria de la provincia de Buenos Aires. ¿Por qué? Las cosas tienen que tener una explicación. ¿A nadie se le ocurrió? Hacer falta, hacía falta, ¿pero nadie lo pensó? ¿A nadie se le ocurrió? ¿Nadie vio que había que hacer esto? Bueno, la verdad que las dificultades para desarrollar un plan serio, contundente, de ampliación de nuestro Sistema Penitenciario, tropieza con dificultades, con problemáticas realmente muy complejas. Muy complejas. Tiene que ver con la cuestión económico-financiera, por supuesto. Esta alcaidía de 312 plazas, para que tengan una idea, ha tenido un costo de 15.000 millones de pesos, redondeando. Más o menos, previo a la devaluación de Milei de estos días, más o menos, 15 millones de dólares. 300 plazas. Entonces, veamos cuál es la dificultad en el terreno económico financiero. Un plan significativo, no digo hacer una reforma, una ampliación, agregar un pabellón, dos celdas, en alguna unidad penitenciaria ya existente. Digo un plan de ampliación estructural, histórico y relevante de la infraestructura penitenciaria. Es de un costo elevadísimo, altísimo. Que supera con creces las posibilidades de un Gobierno provincial, como el nuestro. Y esto es lo que quiero decir también. Es imposible abordar la cuestión estructural de la ampliación del Sistema Penitenciario bonaerense si no hay acompañamiento, si no hay asistencia, del Gobierno nacional en el terreno económico-financiero. Ya, nuestra Provincia está suficientemente castigada con lo que recibe, disminuido en coparticipación federal, como para que, además tenga que abordar un plan de infraestructura penitenciario, junto con el plan de escuelas, con el plan de hospitales, porque tenemos déficits estructurales inmensos. Asfalto, luminarias, agua, cloacas, entonces, probablemente este sea uno de los principales motivos, pero no el único, por el cual nunca en 200 años a nadie se le ocurrió expandir el Sistema Penitenciario bonaerense. Porque es muy costoso, porque es una inversión realmente inmensa y porque supera las posibilidades financieras de la Provincia, históricamente. Segunda dificultad, lo voy a decir así, los ciclos políticos, los ciclos políticos. Abordar una ampliación del Sistema Penitenciario que sea sustancial, es algo que requiere una planificación a mediano plazo, por decirlo así. Obviamente, desde que asume un gobierno hasta que inicia el plan, puede transcurrir un año o dos años y luego en los dos años restantes de una gestión, no alcanza para hacer nada importante, es muy caro y lleva mucho tiempo. Pero en tercer lugar, hay desafíos muy grandes para la ampliación del Sistema Penitenciario, que es la ubicación de las unidades carcelarias. 

Es un tema complejísimo, complejísimo. Teníamos 24.000 plazas en nuestras unidades penitenciarias históricas. Ampliar esto de manera relevante requiere encontrar ubicación para nuevas unidades, para alcaldías como esta, con un agravante que tiene que ver con un cambio que lo hemos discutido con jueces, fiscales, con el Sistema Judicial también de la Provincia y con el Sistema de Seguridad. Que es que un requisito que nos habíamos planteado, allá por el comienzo de nuestra gestión cuando el ministro de Justicia era el actual intendente de La Plata, Julio Alak, era ubicar las nuevas unidades no en lugares remotos, por llamarlo así, o distantes, en el interior de la provincia de Buenos Aires, donde suele haber más accesibilidad de terrenos, de tierras, pero que genera una dificultad evidente que es propia de una cuestión que tiene que ver mucho y mucho con la seguridad. Y mucho con la seguridad.

Si uno sitúa las unidades penitenciarias distantes de la ubicación donde están las familias que cometen los delitos y donde son las familias de origen de los que son condenados, luego esto afecta, por supuesto, por la distancia, al tratarse mayormente de familias humildes, afecta la posibilidad de visita, de vínculo de quien está recluido con su familia. Siempre, si aquel que cumple condena está a 500 kilómetros, la familia es humilde, prioriza sus necesidades, hacer el viaje, la estadía, para ir a visitar a quien está recluido. Y, obviamente, el régimen de visita, la posibilidad de la visita, la posibilidad de la visita afecta, por supuesto, luego la reinserción de quien cumple condena. Porque si no lo visitan y se aíslan, luego, la probabilidad, y esto está estudiado, de reincidencia al cumplir la condena es mucho mayor. Pierde el vínculo, vuelve a una familia que al paso del tiempo le puede resultar más distante y ajena. Quiero decir, son factores centrales para ver la ubicación de las nuevas unidades. Había que hacer un plan, por eso, caro, costoso, que lleva tiempo y, además, encontrar y acordar, acordar con los territorios la ubicación de las nuevas unidades. Por eso, yo le quiero agradecer especialmente a la intendenta de Quilmes por permitirnos y por haber habilitado y por haber contribuido de esta manera exitosa a un trabajo conjunto para poder localizar esta alcaidía en el conurbano bonaerense, en la localidad de Quilmes. Gracias, Mayra. 

Nos planteamos, y recuerdo los primeros días cuando lo formulábamos, un plan que nos decían faraónico. Faraónico. Porque el objetivo de nuestra planificación era incrementar la cantidad de plazas penitenciarias de la Provincia a un ritmo y en una envergadura histórica. Lo cual era imprescindible si queríamos hacer algo relevante y estructural. Era imprescindible, no alcanzaba con ampliar en 1.000 unidades, en 1.000 plazas, como se hizo en otras gestiones. Quiero comentar esto también. Por ejemplo, el caso de la gestión que me precedió, la gestión Vidal. Asume Vidal, 36.000 internos. Termina Vidal, 51.000 internos. Son 25.000… 15.000 internos nuevos. ¿Cuántas plazas penitenciarias adicionó? Mil. Es decir, había una incoherencia entre los hechos, los resultados de la política judicial y de seguridad y la infraestructura que teníamos. ¿En qué derivó? En una catástrofe humanitaria en nuestras cárceles. No se puede hacer una cosa sin la otra. No se puede hacer una cosa sin la otra.

Entonces, nos planteamos ampliar con un plan muy ambicioso la infraestructura penitenciaria de manera histórica. ¿Cuántas plazas más era, es, continúa siendo el proyecto? Bueno, de las 24.000 existentes, adicionar, en un plazo de 8 años, 12.000 plazas nuevas. Que crezca en un 50%. Lo que tardó 200 años en llegar a 24.000, agregarle la mitad más en 8 años. Este era el desafío. 

¿Qué es lo que hemos hecho hasta el día de la fecha? ¿Qué es lo que estamos concluyendo hoy? Que vamos a inaugurar dos centros penitenciarios. Uno, una alcaidía, aquí en Quilmes, 312 plazas. Otra, una unidad penitenciaria de 992 plazas en Varela. 

¿Qué es lo que hemos hecho hasta hoy? Hasta hoy, hemos inaugurado 7 alcaidías, con estas 8. Como sé que hoy el Gobierno nacional trabaja de mentir, quiero dejar en claro dónde están ubicadas, para que nadie tenga ninguna duda de que esta es la realidad que está viviendo la Provincia. Hemos inaugurado en Varela, en Berazategui, en Brown, en Loma, en Melchor Romero, en González Catán y en Merlo, alcaidías similares a esta. 7, con estas 8 alcaidías, de 15 millones de dólares cada una. 

Unidades penitenciarias de mayor envergadura. Hemos inaugurado las unidades penales en San Martín, Magdalena, Loma, 2 en Varela y 2 en Merlo. 7 unidades penitenciarias más en el Sistema Penitenciario bonaerense. A esto podemos sumar ampliaciones como la de Varela, como la de Campana y como la de Olmos, de más de 100 plazas. Quiero decir, que nuestro programa, nuestro plan, nuestra planificación está en curso, está funcionando. Y está dando el siguiente resultado, para que quede claro. Al día de hoy, con lo que vamos a hacer en Varela, vamos a tener inauguradas 8.424 nuevas plazas penitenciarias en la provincia de Buenos Aires. Nuestro objetivo es 12.000. 

Ahora voy a decir con qué obstáculo nos encontramos y cuál es la dificultad que tenemos. Le pongo un título, un nombre y una síntesis. El problema que tenemos para cumplir, no sólo lo que falta, sino esto que hemos hecho a pesar de esta dificultad, tiene un nombre y un apellido: Javier Milei. Javier Milei. Esa es la dificultad que tenemos para nuestro plan penitenciario. Y lo explico, cuando nos planteamos esta ambiciosa ampliación del Sistema Penitenciario, que vamos cumpliendo en sus etapas, era obvio y evidente que los recursos del gobierno provincial iban a tener que ser complementados con recursos provenientes de jurisdicción nacional. Era obvio y evidente. Fue por eso que firmamos los convenios, los instrumentos, junto con el Gobierno nacional, para que financiaran 7 de las unidades penitenciarias nuevas que teníamos que hacer. Firmamos los convenios. Los convenios marchaban a través de la transferencia de recursos hasta que llegó Milei y nos plantó, nos robó los recursos para la ampliación de nuestro Sistema Penitenciario. Nos robó digo, porque hay un compromiso firmado en ejecución que interrumpió y discontinuó. Con una deuda actual con la provincia de Buenos Aires, y su pueblo, que totaliza 149.000 millones de pesos. Así que muestro el contraste. La Provincia, recursos propios, termina de construir lo que había planeado. Milei, con recursos ajenos, que está robando, nos debe 150.000 millones de pesos solo de ampliación del Servicio Penitenciario bonaerense. 

¿Qué más tengo para decir? Que a través de esta política, particularmente lo comentaba la intendenta, de la construcción de alcaidías, unidades de alrededor de 300 plazas, nos está permitiendo también hacer un avance histórico en materia de traslado. Traslado de quienes están presos, recluidos en comisarías hacia unidades penitenciarias de esta naturaleza. Cuando llegamos al gobierno, había en las comisarías de la provincia de Buenos Aires aproximadamente 5.500 presos. Hoy estamos llegando al valor histórico más bajo en el registro, de 1.700 presos en comisarías. De concluir nuestro programa de ampliación del Sistema Penitenciario, cero presos en las comisarías bonaerenses esperamos tener. 

Así que, con esto quiero decir, son 27 las obras penitenciarias, es una inversión estimada de aproximadamente 150 millones de dólares de la Provincia, una parte sí es atribuible a los recursos nacionales que nos giraron hasta el momento, y una deuda de Milei, de 150.000 millones de pesos al día de hoy. Yo quiero decir que abordar la cuestión de la seguridad, de la que tanto se habla, a través de mensajes simplificadores, por tanto falsos, a través de las redes sociales, mejorar la seguridad ciudadana en la provincia de Buenos Aires es algo que requiere planificación, trabajo diario y cotidiano, coordinación entre diferentes áreas del Gobierno provincial, con los gobiernos municipales, con otros poderes del Estado, con el Poder Judicial, y requiere, además, una enorme inversión. 

Hoy, en el municipio de Quilmes, vamos a hacer también entrega, más o menos, porque ha comprado la intendenta con recursos provinciales, nuevos patrulleros. Estamos hablando, si no me equivoco, Mayra, de 40 nuevos patrulleros que se adquirieron con el Fondo de Seguridad, y 30 motos que va a aportar la provincia de Buenos Aires, 35, Mayra, 35 motos. 

Acá tengo que hacer un comentario muy sencillo, porque es también algo que hemos logrado hacer, a pesar de Milei. Había un compromiso del Congreso Nacional de girar a la provincia de Buenos Aires el Fondo de Fortalecimiento para la Seguridad. Esto estaba inscrito en el presupuesto aprobado, es decir, era ley. Llegó Milei, discontinuó los fondos. Se robó los fondos para la provincia de Buenos Aires. Totaliza el Fondo de Seguridad adeudado por Milei 750.000 millones de pesos, que se utilizaba para comprar patrulleros, para ampliar la cantidad de agentes policiales, para mejorar sus condiciones salariales, para generar mejoras tecnológicas, para mejorar también la profesionalización y la capacitación de nuestros agentes de la Policía. Milei cortó los fondos pero nosotros, Mayra, no podemos quedarnos sin los patrulleros. 

Por eso dispuse a comienzos de este año un fondo propio del Gobierno de la provincia de Buenos Aires con recursos bonaerenses de 170.000 millones de pesos que han permitido, a esta altura, comprar y adquirir 1.500 nuevos patrulleros, 700 motos y seguir avanzando en la mejora de la seguridad en la provincia de Buenos Aires. 

Es todo parte de lo mismo así que yo quiero agradecerle a todos los presentes, porque esto tiene que ser producto de un trabajo mancomunado pero sobre todo serio. Es grave, es grave engañar a nuestra población con frases vacías, con declaraciones grandilocuentes, eso no va a resolver la cuestión de la seguridad. La cuestión de la seguridad se resuelve con seriedad, con trabajo, con coordinación, pero también quiero dejar en claro que es mucho más necesario, útil y relevante para la seguridad esta unidad penitenciaria, los 40 patrulleros que una motosierra que no sirve para nada.

Muchísimas gracias.

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