Presentamos “De Smith a Keynes” en la UTN, Córdoba

Rubén, a todos los decanos, a todas las autoridades de la UTN, agradecerles muchísimo. Pedirles también disculpas a los que están hace un tiempo esperando. Ustedes saben que a esta hora ya teníamos que estar yéndonos, ¿no? Porque estaba el cronograma previsto por temas de agenda de allá también. Pero quiero decir que hay pocas cosas que se me ocurre que podría estar haciendo hoy más importantes y que me llenen más de orgullo que estar hoy en Córdoba con ustedes en la universidad pública. 

Luego contar, voy a ser muy breve, porque contó el rector el trabajo que estamos haciendo en conjunto con todas las universidades nacionales que tienen sede, que tienen asiento en nuestra provincia, particularmente con la UTN. Hablaba modestamente el rector de nuestro programa Puentes. El programa Puentes es un programa que se ocupa de poner centros universitarios en pequeñas localidades, medianas también del interior de nuestra provincia, una provincia muy poblada, 17 millones de habitantes, pero también inmensa, 300.000 kilómetros cuadrados, dividido en 135 municipios. En la provincia de Buenos Aires, nosotros entendemos, siguiendo un poco tu línea, que la Universidad pública argentina tiene una trayectoria que tiene que ver con la Reforma del ‘18, que ocurrió acá en Córdoba. Creo que vale un homenaje, una pequeña pastillita. A mí me pasó que en algún momento estaba estudiando el Mayo Francés, el mayo del ‘68. Esto de ‘hablan las paredes y las pintadas’. Los que lo recuerden o los que lo estudiaron, el Mayo Francés se caracterizó por pintadas en las paredes, que eran en defensa de derechos, pero también irónicas y también históricas. Y en las paredes del Mayo Francés, ese mayo revolucionario, había una pintada que me la encontré en un libro que hablaba de la Reforma Universitaria de 1918 ocurrida en Córdoba, en Argentina.

Le quiero decir a los que quieren destruir, a los que quieran destruir la Universidad pública, a los que están en contra, que sepan que es un orgullo mundial la Universidad pública argentina. Pero como bien decía el rector, a esa Reforma del ‘18, ese manifiesto, esa idea de abrir la universidad, de ponerle periodicidad de cátedra, ponerle pensamiento crítico, ponerle autogobierno, luego, más adelante cogobierno, ponerle autonomía. Bueno, todo esto, la autonomía universitaria es prácticamente una creación que después se empezó a tomar en otras universidades del mundo. Veníamos en un modelo más feudal, más medieval, donde las universidades formaban parte o del clero, o del poder político, o de las elites, o de todo eso junto. La cosa es que el conocimiento también se achicaba, la ciencia no podía discutir, no había pensamiento crítico o había muy poco, las cátedras eran hereditarias directamente, o a dedo. Y, entonces ahí se marcó que para que esa universidad pudiera contribuir al desarrollo del país, al desarrollo de sus sectores prioritariamente medio, había que hacer una transformación, esa fue la reforma universitaria, pero le faltaba algo que era, además, que a esa universidad, que hasta entonces estaba arancelada y podían acceder los sectores pudientes, los sectores, de mayor de mayor capacidad adquisitiva, decimos, sectores profesionales, sectores medios. Esto tiene que ver con lo que ocurrió acá, pero faltaba que a la universidad pudieran ir los hijos de los obreros, y para eso vino Perón y la hizo gratuita”.

Y yo, lo hago con mucha prudencia, porque obviamente estamos hablando de grandes ejes históricos de la universidad argentina. Nosotros desde el comienzo del gobierno dijimos que faltaba algo más en la provincia de Buenos Aires. Faltaba llevarle la universidad a los pueblos más distantes y a los pueblos más pequeños. ¿Por qué? Porque los grandes centros universitarios, aún nosotros teniendo 26 universidades nacionales en nuestro territorio, le quedaba muy lejos a localidades más chicas, a localidades más remotas, y entonces se generaba un problema que hay también en otras provincias, que tiene que ver con tener que irse a una ciudad más grande, en nuestro caso, a Bahía Blanca, a Mar Del Plata o a La Plata, bueno, varias ciudades más. Obviamente, finalmente, a la Capital Federal para estudiar. Pero entonces los pueblos, los pibes que quieren cursar estudios universitarios, a veces tienen que abandonar a la familia, muchos no pueden, tienen un límite o una barrera planteada porque sale plata, sale caro. 

Yo hoy decía, que la universidad sea gratuita, que no haya arancel, que no haya matrícula, no significa que sea gratis ir a la universidad. Todos lo sabemos. Hace falta desde no trabajar para quienes pueden hacerlo, a pagarse los apuntes, pagarse el transporte, pagarse, bueno, no es gratis y no todos pueden acceder a la universidad y muchos quieren hacerlo.

Entonces, resolvimos hacer este programa Puentes, que ya lleva abiertos 80 centros universitarios en el interior de la provincia y decía vos, yo creo que es un lindo programa para seguir extendiendo el alcance y para seguir facilitando el acceso a la universidad en todo el país. Lo creo realmente y quiero agradecerle a la Universidad Tecnológica, porque lo hacemos con varias universidades, pero la que más ha ayudado en términos cuantitativos, fue la Tecnológica. Hoy firmamos un convenio. Quiero explicar un poco para qué estamos acá. A mí me llena de orgullo, no solo las obras que Milei dejó y nosotros continuamos, no solo el boleto estudiantil, no solo la Cuenta DNI ¿Saben qué es? Es un programa que tiene el Banco Provincia, cuando llegamos al banco, el banco tenía 4 millones de clientes. Hoy con Cuenta DNI, se inició en pandemia porque estaba el problema de ir a sacar la cuenta, fue la primera, a los que no les gusta el Estado, la primera billetera digital de la Argentina fue estatal y fue del gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Después, hoy tenemos 11 millones de cuentas y en las universidades, para los comedores, para las fotocopiadoras, también damos una mano con eso. 

Y hoy viniendo para acá me escribió el Presidente del Banco Provincia, me dijo que hay más de 100.000 Cuentas DNI en Córdoba. 100.000 Cuentas DNI en Córdoba del Banco de la Provincia. Y digo, no quiero ponerme a debatir, pero sí quiero decir que nosotros tenemos descuentos con las cadenas, grandes cadenas de supermercados que son en la provincia de Buenos Aires, también en Capital, y también en Córdoba hay descuentos para las cadenas del supermercado. Así que, es un chivo, es un chivo. Ahora van a decir ‘pone plata en Córdoba’. No, no, es un descuento que está a cuenta de las cadenas de supermercados, es un descuento que hacen. Pero está bien, era una nota al pie.

Ahora, lo que es sustancial es que cuando Milei desfinancia la universidad, cuando ataca la universidad pública, cuando pretende privatizarla, cerrarla, achicarla, destruir la universidad pública argentina, algo de lo más querido, de lo más instaurado. Veía encuestas el otro día que decían de nuevo que entre los diferentes tipos sociales o profesiones, los científicos, los docentes siguen siendo los que tienen más credibilidad y más prestigio en la Argentina. Siguen siendo. Le quiero decir, nota al pie o, más bien, telegrama para el presidente Milei y para su vocero caído en desgracia, quiero decir que tenían una batalla cultural que era decir que la universidad no servía, que iban los ricos, que eran todos ñoquis, que los investigadores no laburaban, que no sé qué. ¿Esa era su batalla cultural? Bueno, hoy, acá en Córdoba declaro que perdieron, perdieron la batalla cultural con las universidades, perdieron. Nuestro pueblo no es estúpìdo, no es ciego, ni tan influenciable como para que le hagan creer que nuestros docentes, nuestros investigadores, nuestros científicos y por supuesto los pibes y pibas que van a la universidad, los no docentes que estamos ahí para ser una especie de sistema que se autorreproduce, no. La universidad pública en la Argentina es internacionalmente reconocida, figura en los rankings. Miren, con todas las dificultades que tenemos, en los rankings no solo de prestigio, sino de calidad académica, y eso están queriendo destruirlo, están queriendo destruirlo. ¿Por qué lo quieren destruir? Porque la universidad pública en Argentina, porque nuestra universidad gratuita, nuestra universidad de calidad no sólo es un medio a través del cual los pibes y pibas que tal vez sus viejos no fueron a la universidad no pudieron hoy pueden hacerlo, de movilidad social ascendente decimos nosotros en general, pero también es un medio que permite estar en muchísimos campos de la ciencia, de la frontera del conocimiento, que le da una capacidad y un potencial de desarrollo de nuestro país. Si atacan a la universidad es porque quieren un país pauperizado, un país primarizado, un país precarizado, un país sin industrias, sin valor agregado, un país sin ciencia, y sin tecnología. Bueno, el 12 va a marchar la Argentina para decirles que no pasarán, que eso no es lo que quiere la enorme mayoría, por supuesto que vamos a estar participando ahí. Me dicen que hay gente afuera, lamento, pero también festejo que podamos reunirnos. 

Esto está un poco fuera del programa del Gobernador, ya hemos firmado los convenios, estuvimos en Cosquín también, estuvimos también con los gremios de sanidad, con los gremios de acá de la CGT de Córdoba, en La Falda. La verdad que una jornada muy intensa, pero quería decir que hablamos el otro día, yo estoy haciendo un pre-Cosquín. Esto es una pre presentación de este libro que se presenta mañana. Es un adelanto, ahora se llama spoiler ¿no? de lo que va a pasar mañana en la Feria del Libro, que es donde oficialmente con la editorial todos vamos a hacer la presentación. Así que, adelanto exclusivo para Córdoba. 

La verdad que quiero aprovechar este tiempo para hablar un poco del libro, para hacer algo un poquito más informal porque veo que están acá también para compartir otras cuestiones que no tienen que ver estrictamente que no tienen que ver con el libro, tampoco me voy a poder extender tanto. Voy a empezar con la presentación del libro y después me voy a ir por las ramas. Prepárense, abróchense los cinturones. No, si me voy mucho por las ramas me avisan. 

Me parece importante presentar este libro hoy, empiezo por ahí. Este libro en realidad no es un libro nuevo, es una reedición; era un libro que se publicó y tuvo varias ediciones en la editorial de la UBA, en EUDEBA, una editorial histórica, mítica. Una editorial que tiene que ver con lo que hace la universidad en Argentina. La universidad en Argentina publica libros también, no sólo materiales de estudio sino libros científicos. Es un libro que tiene que ver con un curso de historia del pensamiento económico que ahora se reedita pero por Siglo XXI con correcciones, con algunas diferencias, pero es básicamente lo mismo. Así que voy tratar de explicar qué importancia tiene reeditarlo ahora, más allá de que se había agotado. 

¿Qué importancia tiene para mí publicarlo ahora? La verdad que es un libro que surge, permítanme bajarle un poco la parte efusiva, voy a hablar un poquito del libro y quería compartir esto sobre cómo nació este libro y qué importancia tiene para la discusión de hoy, para el mundo de hoy, si puedo ser exagerado. 

Este libro es un curso de historia del pensamiento económico, es un curso de historia de las escuelas de pensamiento económico, de historia de las doctrinas económicas, de las teorías económicas, de las ideas económicas que tiene que ver también con una reacción, no digo una rebelión, pero sí una protesta, una discusión que hubo en la Facultad de Ciencias Económicas allá por los ‘90 cuando estudiaba Economía junto con otros compañeros. Algunos de ellos están acá. 

Bueno, estudiábamos economía, ustedes saben que los economistas pertenecemos a una profesión a veces tristemente célebre porque le toca muchas veces a los economistas, en etapas neoliberales, ser prácticamente los que encabezan los gobiernos. Ha sido así en la Argentina. Hemos tenido, decía, ministros de Economía que tuvieron tanta o más importancia que un presidente y eso tenía que ver con que el gobierno se trataba de aplicar una serie de recetas económicas. El gobierno era básicamente un plan económico. Después tenía algunas cuestiones más, pero tenía muchísima centralidad el plan económico. 

Quiero recordar experiencias cercanas como fue los 90 con Cavallo, pero viene de mucho antes, viene de Martínez de Hoz, viene de Krieger Vasena. Hemos tenido una sucesión, una saga de ministros de Economía que tenían un enorme protagonismo porque el gobierno era un gobierno, sobre todo cuando el gobierno era un gobierno neoliberal. 

Ahí quiero reivindicar también, hablaban de Cristina, ahora voy a hablar también de Néstor, que Néstor después del estallido de la experiencia neoliberal del 2001 con la crisis enorme, cuando se hace cargo del gobierno dice ‘yo voy a ser mi propio ministro de Economía’ ¿Se acuerdan? Sí. Eso, para cualquiera, para todos habrá tenido una significación, pero para mí, que en aquel entonces ya era economista, vi ahí una declaración de principios. Lo que estaba diciendo, es algo que en el peronismo entendemos muy bien que es que la economía tiene que estar al servicio de la gente, no la gente al servicio de la economía. Y que la política está encima de las decisiones económicas o dicho de otra manera: que un programa económico cuando se presenta como un saber técnico, como una cuestión estrictamente vinculada a la aplicación de recetas o determinadas medidas como si fuera o un científico, o un técnico o alguien que viene a hacer una torta, un flan, un postre o un plato ‘viene a aplicar estas recetas’, en aquel momento el Consenso de Washington de los 90. Bueno, entonces maneja el gobierno porque viene a aplicar una especie de receta preconcebida que va a solucionarlo todo y entonces la economía se pone por encima de la política o parece estar por encima de la política. 

Cuando estudié economía durante la década de los 90 estábamos justo en eso. Recuerdo cuando el programa de convertibilidad da algún resultado en términos de inflación, entonces se pone de moda la economía y había muchos pibes y pibas que querían estudiar Economía porque parecía que la economía solucionaba los problemas. Después se les cayó al mundo encima, por supuesto, ¿no? O la economía encima, la realidad encima. Pero a mí me pareció un acierto enorme de Néstor, decir que no, que lo que manda es el presidente, que lo que manda es la política. Hoy tenemos la triste realidad de que el Presidente dice que es un experto en economía con y sin dinero. La parte con dinero todavía no la vimos. Y la parte de experto tampoco. Pero bueno, la rara mezcla de un presidente economista que dice estar aplicando un plan económico que va a salvar al país o no se qué cosas, que hoy están bastante en declive. 

Cuando yo estudiaba economía, en aquella época, pongámonos en el clima de los ‘90, donde no sólo era Cavallo, sino que era el mundo entero, después de la caída del Muro de Berlín, ¿no? Que estaba festejando que había un sistema exitoso, que era el capitalismo dirigido por un mundo unipolar, donde estaba Estados Unidos, básicamente. Se había terminado la disputa a través de la Cortina de Hierro, había caído el Muro de Berlín, había caído la Unión Soviética, y, entonces, en ese momento, lo que se planteaba es, ‘bueno, listo, ya está resuelto, el fin de la historia’, claro, Francis Fukuyama, el fin de las ideologías, el fin del trabajo. Se había terminado todo, había un recetario que aplicar que para los países como el nuestro, se llamaba Consenso de Washington, que era 10 puntos, 10, llamémoslo recetas, yo diría, 10 imposiciones, 10 instrucciones para los países emergentes, periféricos, subdesarrollados, que había que aplicar. Si las aplicabas obedientemente bien, estaba asegurado el éxito. ¿Cuáles eran esas recetas? Liberalización de la economía, privatizaciones, libre entrada y salida de capitales, financiarización finalmente. Era una lista que era un consenso neoliberal. 

Yo, para los desmemoriados, a los que les ocultan la historia, les quiero decir, ese decálogo es muy parecido, por no decir casi igual, a las políticas que está aplicando el Gobierno actual, donde nos vienen a decir, ‘las privatizaciones nos van a salvar, la apertura nos va a salvar, quitar derechos laborales nos va a salvar, el endeudamiento nos va a salvar, los organismos multilaterales nos van a salvar’. Bueno, ese camino ya lo recorrimos. ¿Y a dónde nos llevó? Al abismo. Hacer lo mismo, lleva al mismo lugar. Este gobierno está aplicando recetas fallidas, fracasadas y desastrosas que ya se aplicaron. Ni nuevo, ni anarcocapitalista, ni liberal libertario, ni austríaco: recetas que ya se aplicaron en el país y en otros países y terminaron en grandes desastres. 

Pero en ese momento, estudiar economía, comprenderán, estaba muy pero muy fuerte la escuela de pensamiento dominante, una hegemonía, podríamos decir, en materia teórica, que era lo que caracterizaba todos los programas de estudio, prácticamente, de todas las carreras de economía, prácticamente, de todo el planeta. Estudiar economía era estudiar economía oficial, ortodoxa, de una escuela de pensamiento, una sola escuela de pensamiento. Qué decían, además, que estaba asociada a los hechos históricos y a la posibilidad de éxito. Se estudiaba una sola teoría económica. Y esa teoría económica se estudiaba, además, por manuales. Y estamos en una universidad, ¿no? Y uno puede decir que hay determinadas disciplinas donde, además de los papers, de los grandes libros, hay tratados o manuales que se utilizan, bueno, están en varias disciplinas vinculadas con las ciencias naturales o en medicina se estudian. Bueno, en economía lo que decían es que era lo mismo, que había que estudiar del manual, y nos enseñaban con manuales. 

Alguna vez, yo lo dije a esto, yo lo comenté a esto, que yo me recibí de mi carrera, bueno, más allá de promedios, de cosas, de diploma, no importa eso, me recibí, y en mi carrera, en los planes de estudio, en la bibliografía, en lo que había que leer no había un libro entero. Te podías recibir de economista sin leer un libro entero. ¿Por qué? Porque se estudiaron manuales. Esos manuales, ¿dónde se producían? Por supuesto, venían del MIT, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, de editoriales, McGraw Hill, bajaban los manuales y había que estudiar de esos manuales. Y esos manuales eran la teoría económica.

¿Cuál era la justificación? Que la teoría económica o la economía era prácticamente como si fuera una ciencia exacta, natural, y que usaba esos mismos procedimientos. Tenía como una como una especie de, epistemológicamente, si me permiten, ¿no? ¿Cómo avanzaba la economía? Y, bueno, se presentan teorías, esas teorías se someten a contrastación empírica, se ve si funcionan o no, por decirlo así, y una vez que una teoría no anda bien, se reemplaza por otra teoría mejor. Como un darwinismo teórico para la economía, que termina en la última expresión de esa teoría, que es la verdadera, porque todo lo demás, si no se enseña más, es porque era falso y fue refutado. Todavía hay que estudiar economía en una sola corriente, que teóricamente hablaba del pensamiento económico en su forma más pura, más perfecta y más actual. 

Y me acuerdo que en aquel momento Cavallo, que era ministro de Economía, basado en estas cuestiones, decía, por ejemplo, sobre el plan de convertibilidad, una frase que me quedó estampada de lo que decía Cavallo. Decía, ‘bueno, esta es la teoría económica que hay que aplicar, esto es lo que hay que hacer. Estamos de acuerdo todos los economistas, casi todos los economistas. El que no está de acuerdo tiene graves problemas conceptuales’, decía. Es decir, que si alguien no estaba de acuerdo con la convertibilidad era porque estaba equivocado en su teoría. Y fíjense, por qué es interesante, porque tiene algo que ver con el saber de los economistas, con esa cuestión técnica. Teóricamente, dominan algo que los demás no saben, conocen una verdad oculta, aplican recetas. Y acá me acuerdo de Jauretche, que Jauretche decía que cuando a un economista no lo entendes, no es porque es muy difícil, muy complicado, si no, lo digo en criollo, porque te está cagando, porque quiere que no lo entiendas. 

Entonces, este libro forma parte de una rebelión contra eso. Éramos muchos los que estudiábamos economía en aquel entonces que no estábamos de acuerdo con eso, y que, según Cavallo, teníamos graves problemas conceptuales, que creíamos en otras teorías económicas, o queríamos conocer otras teorías económicas. Y, entonces, lo que empezamos a hacer, pasa en varias facultades, pasa en la universidad, llamaríamos a esto ‘grupos de estudio’ o, bueno, armábamos algo y lo llamamos ‘escuelitas’, la escuela de economía política. Y, en lugar de estudiar esos manuales, leíamos a todos esos autores que los manuales ocultaban. Y los leíamos en su versión original, con los libros originales. Entonces, para aprender la Escuela Clásica, que, por ejemplo, estaba siempre en un recuadrito de algún manual, pero no te decían qué, leíamos a Smith, a Ricardo, a Marx. Para estudiar a los Neoclásicos, a los Marginalistas, a la Escuela oficial, en vez de estudiar del manual, leíamos a Jevons, Menger, Walras. Los autores originales, los que habían avanzado, los que habían hecho el aporte científico. Y después, también, leíamos, por supuesto, a Keynes y a los autores, Prebisch, a los autores argentinos, latinoamericanos, a los autores originales. 

El origen de este libro es precisamente esto, porque había un curso de historia del pensamiento económico, donde iban a parar todos los autores originales, pero te decían, ‘esa no es la teoría económica, eso ya fue, eso ya pasó, eso ya se superó, ahora está esta’, que era el pensamiento ortodoxo, el pensamiento oficial. Y el resto, que se estudiaba un poco, lateralmente y sin leer los libros, pero en los cursos de historia del pensamiento económico, el resto era como algo, un tour, piezas de museo, cosas antiguas, que además se leían para buscar en Adam Smith, ¿qué es lo Adam Smith dijo que tomó la teoría actual? Porque todo lo demás a la basura. ¿Qué es lo que dijo Marshall? ¿Qué es lo que dijo…? Bueno, autores de economía. ¿Qué es lo que tiene, que sirve hoy? Bueno, lo que sirve hoy es lo que tomó el pensamiento oficial.

Obviamente, ahí había una estafa. Ahí había una enorme estafa. Voy a decir de qué se trataba. Primero, y para que lo entiendan bien, los que gobiernan hoy, los técnicos de los organismos multilaterales, el Fondo Monetario, la economía no es una ciencia natural, la economía es una ciencia social. Habla de procesos sociales y, cómo tal, está sujeta también a necesidades e intereses. 

Cuando una teoría económica se impone, cuando se convierte en el pensamiento oficial, uno debe pensar si es verdadera o no es verdadera, si es adecuada o no es adecuada, pero debe pensar también si es oficial, si se enseña y se predica desde los centros de poder, más bien debe preguntarse a qué intereses sirve. ¿Para quién hacen economía? ¿Y para beneficiar a quién? Por eso, yo creo que uno de los puntos centrales que está contenido en este libro es que, así como hay una teoría económica que favorece a los sectores concentrados, que favorece a las grandes corporaciones, que favorece a determinados países y a determinados elementos dentro de esos países. Así como hay esa, hay otra teoría económica que está a favor de los intereses de los trabajadores, del pueblo. Y si esto es así, entonces no hay ‘una’ teoría económica, que es la oficial, la verdadera, la única, la hegemónica. Hay escuelas de pensamiento económico. 

Esto puede parecer obvio, dicho así. Ahora, si alguno de ustedes, de los que está acá estudió o estudia economía, va a ver que no, que está la micro, la macro, Micro 1, Micro 2, Macro 1, Macro 2, se estudia economía con el manual, con el librito, con lo que se enseña desde los centros, además, internacionales que bajan esa línea. 

Entonces, este libro es una rebelión contra eso, es un intento de buscar en las escuelas el pensamiento económico lo que tienen de verdadero, lo que tienen de importante. Es algo así como un intento de plantear que no, que la teoría económica no es una sola y es la que han consagrado como la ortodoxia, sino que hay diferentes perspectivas, diferentes escuelas, diferentes corrientes de pensamiento económico que disputan, que discuten entre sí y que representan intereses distintos.

Esto, en breve ahora, ¿a qué conclusión llegamos? Que esto, para mí, que parece un libro de historia del pensamiento económico, historia de las escuelas económicas, historia de las doctrinas económicas, como si fuera una sucesión por época o por etapa de ¿qué se pensaba?, ¿cómo se decía?, o de autores. No es eso. Esto, digo yo, que es un libro de teoría económica, que expresa lo que dicen diferentes escuelas de pensamiento. Y que no se puede admitir que se enseña economía con una sola escuela, con una escuela oficial que viene de afuera y que sirve a los intereses más concentrados y contrarios.

Por eso, le agrego otro elemento. Así surge el libro, bueno, el libro tiene… Primero la cuestión de las diferencias escuelas, después la cuestión de la historia. Y acá quiero hacer un comentario más, importante para lo que voy a decir después. Los autores de la economía, cada uno de los grandes economistas que tuvo la historia del pensamiento, cada uno de ellos vivió en una época particular, en una etapa particular, y buena parte de lo que describía, de lo que veía, de lo que pensaba tenía que ver con lo que ocurría en ese momento, con las disputas de ese momento, con las discusiones, pero también con los desafíos de ese momento. Smith es un autor del comienzo, llamémoslo, del capitalismo industrial. Cuando Adam Smith escribe, en realidad prácticamente no hay fábricas, hay pocas fábricas. Smith está en un pueblito muy chiquito, escocés y bueno, la verdad que no hay grandes fábricas como vemos ahora. Y describe el sistema capitalista como si fuera todo un sistema donde el modo de producción es a través de enormes fábricas, y explica cómo funciona una fábrica. Es decir, que su genialidad, más allá de todas las discusiones sobre el liberalismo clásico, sobre el papel del Estado es haber visto en su época para dónde iba la cosa. Haber previsto que iba para allá, porque él describe, es famoso, una fábrica de alfileres cuenta, y cuenta que en esa fábrica de alfileres en lugar de haber un solo artesano haciendo un alfiler, uno tras otro, hay alineados una serie de operarlos, cada uno agarra una operación, un pedacito del proceso productivo, y ocurre lo que él llama la división del trabajo. Y con la división del trabajo, en diferentes operaciones distintas de un solo proceso productivo, la productividad, la cantidad de alquileres que cada trabajador puede hacer se multiplica infinitamente.

Y ahí no ve, ‘mirá qué loco esta fábrica de alfileres’. Ahí dice, ‘así va a funcionar la sociedad’. Y empieza a describir una sociedad que no ve, que tiene que ver con una división del trabajo, no sólo adentro de la empresa, sino entre fábricas, entre sectores productivos, entre establecimientos distintos. Describe una sociedad que no existe, ahí la genialidad del tipo. Pero ahí también sus limitaciones. Escribe en esa época. Y acá hay algo que puede parecer, bueno, que para mí es central, es crucial para entender la economía, para entender las ciencias sociales, para entender la política también, para entender la política también y las discusiones políticas. Un autor, un intelectual, alguien que piensa, que reflexiona, pero cualquiera, tiene como contexto, está permeado por la etapa en la que vive, por los problemas que tiene que resolver. Por los problemas que tiene que resolver. 

Y la verdad que es muy difícil pensar que podemos tomar, así como está la economía o la teoría económica, desarrollada en una etapa temprana del capitalismo, y decir ‘con esto vamos a resolver los problemas de hoy’. ¿Es obvio o no? Sí, es obvio. Bueno, díganselo a Milei que nos quiere aplicar en la Argentina la Escuela Austríaca de 1890, de 1870. Les doy una noticia, ni en Austria se aplicó la Escuela Austríaca, ni en Austria. O sea que estamos… Es de un nivel de irracionalidad, un nivel de… Es tan bizarro, tan bizarro. Pero bueno, es grave también, así que no… Podemos compartirlo así pero es grave. Nos quieren decir soluciones austríacas del siglo XIX para problemas argentinos del siglo XXI. 

Y a mí me parece importante algo que en este libro está implícito y que me parece que tiene que ver mucho con el presente, ni siquiera cuando se editó por primera vez o cuando se pensó por primera vez.

Este libro era un curso, en realidad era de posgrado. Estaba pensado para un curso de posgrado en FLACSO, con Eduardo Basualdo, que hace poco lo perdimos a Eduardo Basualdo, así que un maestro de todos nosotros, los economistas críticos, los economistas del peronismo. Eduardo Basualdo, un maestro. Y este curso era un curso no para economistas, era un curso para estudiantes avanzados o recibidos de muchas, de todas las disciplinas. Había estudiado en aquel curso creo que era de Economía Política, creo que de Economía Política Argentina, una maestría ¿no?, la maestría de FLACSO. Entonces, para eso se pensó este curso. Pero lo que quiero decir es que si es cierto, cuando uno sigue y cuando uno estudia las diferentes escuelas del pensamiento económico, los autores más importantes de la economía, uno ve que avances muy grandes y muy importantes, muy novedosos y muy originales, de Smith, pasando por Ricardo, por Marx, por los neoclásicos, por Marshall por Jevons, Menger, bueno, autores que no conocen, pero no hace al caso, lo que digo es que, por Keynes. La mayoría de los avances de la economía ocurren en momentos de crisis. Es una regularidad, ocurren en momentos de crisis. Las grandes novedades, las grandes críticas, las revoluciones teóricas dentro de la economía suelen estar asociados a momentos de crisis. Ni hablar la de Keynes, ni hablar la de Keynes, para ir a una más conocida y el autor más cercano, porque termino ahí, que es del ‘36, de 1936. 1936, década del ‘30, Crisis del ‘30, antes de la Segunda Guerra Mundial, ¿no? 

En ese momento tan turbulento, tan complicado, la mayor parte de los países del mundo, pero sobre todo Inglaterra que es donde escribe Keynes, está sumida en una enorme depresión, y en una larga depresión. La Crisis del ‘30, en realidad empieza en el ‘29 en Estados Unidos, pero después se contagia al planeta entero. Y en el mundo hay una situación de estancamiento, hay desempleo, desempleo de más de dos dígitos, que nosotros hemos estado acostumbrados, hemos pasado por eso pero en los países desarrollados, centrales y menos todavía Inglaterra, porque todavía en ese momento Inglaterra era el principal imperio. Bueno, ‘30, ‘31, ‘32, ‘33, ‘34 y más de 10% del desempleo era una tragedia. Entonces, Keynes dice: ‘¿qué dice la teoría oficial, la teoría actual? Lo que me enseñaron a mí’, –el tipo era discípulo de Marshall–. Marshall era el economista más importante del mundo, si me permiten, el más importante en aquel entonces, y él era un discípulo de Marshall y dice ‘¿qué opinan los economistas? ¿Qué opina la economía del desempleo? Se cura solo’, dice, ‘la economía’. ‘El desempleo se cura solo’. 

¿Oyeron hablar de la mano invisible del mercado? ¿Oyeron hablar de esto de los mecanismos automáticos? Bueno, dice, ‘bueno, si el mercado lo dejamos…’ ¿Oyeron hablar de dejar en libertad el mercado? (intervención del público) Sí, también, también, pero fíjense, dice, ‘¿qué es lo que hay que hacer ante que hay un montón de gente desocupada?’ Dice él también… En Rusia, Keynes no era ni socialista ni comunista, ¿vieron que ahora este ve comunistas por todos lados? Te la ve a Lali Espósito y ve a un comunista, te lo ve a Obama y ve a un comunista, te lo ve a Macri o a Larreta y ve a un comunista. Hay que cambiar los anteojos me parece, Milei, porque hay algo que está borroso, o las anteojeras, o las anteojeras ideológicas. 

Bueno entonces dice: ‘¿qué hay que hacer? Porque yo soy economista, hay desempleo, es un tema económico ¿qué hay que hacer? ¿Qué dice la teoría? ¿Qué dicen los manuales? ¿Qué dicen? ¿Qué hay que hacer? Nada’. Nada. ‘Fin’ dice el Rector. Una cascada de chistes vamos a hacer. Bueno ¿qué hay que hacer? Nada, porque se arregla solo, el desempleo se arregla solo. Es más, dice, ‘si hay desempleo durante mucho tiempo’, presten atención a esto, no me quiero poner ni muy teórico y si a alguien le interesa el tema, bueno, vine a presentar el libro, así que, no quiero ponerme ni muy teórico ni muy conceptual. Simplemente digo, si había una explicación de aquel entonces, de los neoclásicos, del marginalismo, de la teoría oficial de por qué había desempleo, escuchen bien: ‘si hay desempleo es porque los empresarios no quieren contratar suficientes trabajadores’. ¿Y por qué no quieren contratar suficientes trabajadores para llegar al pleno empleo? ‘Será porque el salario es muy alto. Será porque el salario es demasiado alto. Si hay desempleo, será porque el salario es muy alto y eso traba que haya más contrataciones, y si hay más contrataciones sube el empleo y va a ir bajando el salario’. Está demasiado alto. ¿Por qué no baja? ¿Cómo debería bajar? Automáticamente, si dejamos las cosas en libertad. ‘¿Y quién está impidiendo que baje el salario?’, decían los economistas de aquella época, ¿Quién puede impedir que baje el salario? ¿Quién se les ocurre? Los trabajadores, los sindicatos. Miren qué bonito. Keynes mismo dice: ‘los economistas, si son honestos con la teoría que han aprendido, tienen que decir que el desempleo es culpa de las víctimas del desempleo, que no dejan que el salario baje para que haya plena ocupación’. Entonces dice ‘miren, mientras sigamos diciendo estas cosas, ni tronco de bola nos van a dar a los economistas, porque los salarios no están altos, están bajos. Y los salarios a veces no alcanzan ni para vivir. Entonces bajar los salarios… bajar los salarios no crea más ocupación’.

¿A qué voy con esto? Esa era la teoría heredada. Hay un problema social, histórico, hay una etapa donde se arma, con la Crisis del 30, un desastre internacional. ¿Qué es lo que dice Keynes? ‘Hay que tener una nueva teoría. Hay que modificar la teoría. Hay que rediscutir la teoría. Hay que discutir los fundamentos que nos llevan a explicar el desempleo como algo que se cura solo y que no hay nada que hacer, lo cual nos deja en un mal papel, y peor si le echamos la culpa al obrero porque cobra demasiado y trabaja poco’. Típico del neoliberalismo. Yo quiero decir, esto que nos da gracia, esto que estoy diciendo, esto que parece indignante, es lo que piensan hoy los economistas neoliberales cuando hay desocupación. ¡A bajar los salarios! Paritaria cero. Los sindicatos, los derechos laborales, todo impide que se cree empleo. Siguen diciendo lo mismo. Pero Keynes qué es lo que dice: ‘no, así no vamos a ir a ningún lado’. Y a lo que voy, más allá de la explicación que pone, desencadena una revolución teórica. Entonces, cuando hay grandes dificultades, grandes desafíos, grandes cataclismos, cuando hay un cambio de etapa, cuando hay un cambio de era o cuando hay una dificultad muy grande, la teoría económica produjo históricamente discusiones, produjo debates y produjo una revolución teórica.

Esto creo que es una enseñanza de, por lo menos, del estudio de la historia del pensamiento. Yo creo que en eso tiene actualidad este libro más allá de cada teoría, más allá que… Explico muy breve, qué dice Keynes: ‘no, no, acá el problema no es que los trabajadores no bajan el sueldo o se organizan en sindicatos y se resisten al ajuste automático de la mano invisible del mercado’, o qué sé yo, o hace falta desregular, diría Sturzenegger. Bueno, desreguló y no se pueden pagar los alquileres, no se pueden pagar los remedios, no se pueden pagar la nafta y está todo para atrás. Así que, el mercado solo, la verdad que mucho no anda solucionando.

Y destruir al Estado viene de estas teorías. ¿Qué dice Keynes? No, dice: ‘el desempleo tiene que ver con que hay poca inversión’. Lo digo muy sintético. Y hay poca inversión porque son los empresarios que por la incertidumbre, no es que señale a los empresarios como culpables, malditos, no es que diga eso, no es que señale, pero dice: ‘el empresario invierte si sabe que va a recibir un beneficio, una ganancia’. Y si el mundo está todo deprimido, la demanda está toda deprimida, no hay venta, ¿y para qué va a invertir? Como nos dicen ahora: ‘ya van a llegar las inversiones, ya van a llegar las inversiones’. Inversiones, que se lleven nuestros recursos naturales puede ser, pero inversiones que aporten a la producción nacional para un mercado interno en el que tienen planchados los salarios no van a llegar. Porque el empresario no invierte si no ve que puede tener una ganancia, y no es que esté mal o sea una crítica, es cómo funciona. Y dice: ‘cuando hay incertidumbre en medio de esta crisis, cuando la Bolsa tiene un comportamiento que no tiene que ver con las inversiones reales’ y bueno, puede que no inviertan y que no inviertan y que no inviertan y que no inviertan, y entonces, seguramente, el desempleo no se va a curar solo ni se va a curar de ninguna manera. Y entonces ahí dice: ‘miren, si los empresarios por la incertidumbre, los empresarios por el ciclo de los negocios, los empresarios por lo que sea, no quieren invertir y no dan trabajo, entonces tiene que aparecer el conjunto de la sociedad, representada por el Estado, y poner a funcionar la economía’. Eso lo dice Keynes.

Y miren, simplifico pero funcionó, simplifico pero funcionó. Y ha sacado de la crisis, bueno, si uno lee el discurso de Néstor, del 25 de mayo de 2003, lo que se va a encontrar es que empieza a hablar de cómo reactivamos una economía que sola, dejando las cosas en libertad, o sacándole derechos o salario de los obreros no va a ningún lado. Entonces, propone esto. Después viene el concepto de multiplicador, lo habrán escuchado alguna vez, y me habrán escuchado decir a mí que, más allá de Keynes, de su teoría económica, lo que pasaba en Inglaterra, acá nosotros también tuvimos problemas parecidos. Acá tuvimos problemas parecidos después o al final de la Segunda Guerra Mundial y había que reactivar una economía con el mercado mundial destruido y con una situación muy complicada. Y acá, la economía empezó a crecer en la Argentina, se empezó a generar industria, apareció la universidad pública y eso no se llama ni Keynes, ni Smith, ni Ricardo, ni Marx… Eso se llama peronismo en la Argentina. 

Que me ánimo a decir, porque podemos discutir la técnica, las herramientas, lo que tiene que hacer, el plan, qué hacés con la tasa de interés, la cantidad de dinero, que hacés con el gasto público, que hacés con la inversión pública, podés discutir un montón de cosas. Pero yo creo que el problema, que acá está también claro, porque es un tema de los economistas más brillantes que hubo de todas las escuelas, hay una prioridad, hay un objetivo, bueno, no importa tanto los instrumentos, hay que conseguir ese objetivo. Me parece que esa es una discusión, una forma de verlo que también es interesante. Porque nos van a querer encasillarse de un lado, del otro, nos van a querer decir, ‘ustedes van a hacer esto o lo otro’. Yo creo que acá estamos viviendo una situación económica espantosa, en medio de un mundo que está espantoso, en donde volvieron a las guerras, de monedas, comerciales y las guerras con los tiros, con misiles, con drones, ¿no? Estamos en un mundo que se está reconfigurando. 

Bueno, el mundo que se está reconfigurando, quiero decir yo, que implica u obliga a tener una discusión sobre la teoría heredada, sobre la economía, sobre lo que hay que hacer y cómo hacerlo. Implica una discusión. Yo creo que el mundo está en una transición, y esa transición también implica discutir las herramientas económicas, las políticas económicas, cómo se hace. Y ha cambiado mucho, fíjense que hasta hace poco, en la época de la que hablé, en los noventa, etcétera, el proteccionismo era una palabra horrible, espantosa, prohibida, una herejía, proteccionismo. Y hoy vemos que la política económica norteamericana, todo proteccionismo. Vemos que política industrial era una mala palabra. Me acuerdo cuando en el segundo gobierno de Cristina decíamos, ‘hay que poner créditos para acompañar a los sectores que necesitan desarrollarse’ o ‘hay que hacer determinada cuestión para que no se lo coman importaciones a precios de dumping’. Decían ‘no, están haciendo política industrial. La política industrial es mala palabra, no va más’. Bueno, hoy todo el mundo, como en una reivindicación tardía de todo esto, está pensando en política industrial. 

Estuve en Europa hace poco, estuve en España, con Lula, con Petro, con Sheinbaum, con Yamandú, con Pedro Sánchez, y están pensando cómo hacer para garantizar el trabajo nacional. Y, al mismo tiempo, buscar acuerdos, integración con sus regiones. Están pensando cómo hacer para crecer, pero también para distribuir. Están pensando qué herramientas, hasta hace poco era mala palabra la política industrial, proteccionismo. Hasta hace poco, tampoco en el mundo se podía hablar de una integración más inteligente, distinta. Había que aplicar las reglas del libre comercio de la Organización Mundial de Comercio. Los aranceles, pésima palabra, todo lo que está haciendo Trump. Entonces, creo que hay otro marco porque hay otras dificultades y otros problemas en este momento, en esta época, en esta etapa. Creo que estamos ante un nuevo orden mundial, y se está discutiendo estos días.

Yo lo que digo es que acá, en la Argentina, nos están aplicando las políticas más retrógradas que se puedan imaginar. La verdad que en un momento donde todos los países defienden la industria propia y no empiezan a decir ‘bueno, pero hay algo que es un poco más competitivo, hay algo, hay que barrer ramas…’, nadie. Están defendiendo los puestos de trabajo, están defendiendo su capacidad científica y tecnológica. Todos, en todo el planeta se está pensando cómo defender la soberanía nacional. Y acá tenemos de presidente a un tipo que ha decidido que se destruyan puestos de trabajo, que se destruya nuestra industria nacional, que se pierdan los derechos, que pone en riesgo la universidad y que pone en riesgo nuestra soberanía. 

Miren, compañeros, compañeras, estoy acá para decirles que hay que pensar mucho, hay que reflexionar, y hay que articular y ofrecer y construir una alternativa para que la Argentina deje de transitar esta pesadilla que estamos viviendo, con un presidente anacrónico, fuera de etapa y que hace lo contrario, incluso, de aquellos que él admira.

Entonces, hay que pensar. Y ahí, tenemos que hacer un esfuerzo muy grande. Yo decía, hay que pensar, hay que reflexionar, hay que discutir, pero también hay que ampliar, hay que escuchar y, sobre todo, yo creo que la más importante, la mejor de las recetas, lo que imprescindiblemente tenemos que hacer es militar. Es militar, es organizarnos, es hablar, es escuchar. Los saberes más profundos no siempre provienen de un pensador y de la Academia. Siempre todos estos tipos escucharon, recorrieron, observaron y decidieron jugar a favor de algún interés. Bueno, acá, en la Argentina, cuando se acabe esta pesadilla, tiene que haber un solo interés, que es el interés nacional, el interés de los argentinos. Tiene que haber un solo interés que defendemos, que es el interés de nuestro pueblo, de nuestros trabajadores, de los jubilados, de los estudiantes. Tenemos que defender nuestra educación pública, nuestra salud pública, universal, gratuita. Tenemos que defender la universidad, tenemos que defender nuestra ciencia, tenemos que defender nuestra industria, tenemos que defender nuestro trabajo, tenemos que defender a nuestra patria, la Argentina. 

Así que, en la etapa que viene, compañeros y compañeras, un placer, un privilegio estar acá en Córdoba diciendo que lo que vamos a hacer es trabajar para que vea todo nuestro país que hay una alternativa, que hay otro camino y que es en favor de todos. Muchas gracias.

Privacy Preference Center