Seminario Internacional de Seguridad
Muchas gracias a todos y a todas. En primer lugar, a Javier, al equipo de trabajo del Ministerio, a quienes organizaron este seminario internacional acá en La Plata, en nuestra universidad, que se llama ‘Desafíos Compartidos en un Mundo Inestable’.
Entre los tantos aciertos, mirando un poco la agenda que se planteó en el seminario, está el propio nombre del seminario, ¿no? Porque lo que está permitiendo, Javier, es encuadrar una de las cuestiones, yo diría, más bastardeadas en materia de política pública y de discurso público y de discurso político, como es la seguridad, en un contexto, en una situación internacional, regional, que está caracterizada por la incertidumbre, por la inestabilidad.
Estamos diseñando políticas en un mundo inestable. Así que, ya veníamos con problemas y dificultades, ahora nos enfrentamos de alguna manera a novedades y a lo desconocido, ¿no? Esta situación internacional que nos permite ver al presidente de la principal potencia del mundo o la segunda, dependiendo la medición, como es Estados Unidos, plantear que ya no hay reglas para el comercio internacional.
Probablemente a alguno le parezca anecdótico, pero lo que estamos hablando es el fin de una era en materia de un régimen, un sistema económico, financiero de relaciones internacionales que hace poquito tiempo, en un día que Trump denominó ‘día de la liberación’, saltó por los aires. Saltó por los aires. Estaba prohibido por reglas de la Organización Mundial del Comercio, que es uno de los órganos que surgen de la posguerra, de Bretton Woods, estaba prohibido que un país tuviera políticas proteccionistas.
El libre comercio era la norma y era una regla que había que respetar que si se infringía, lo digo también si me permiten como exministro de Economía de la Argentina, si uno pretendía poner algún tipo de barrera arancelaria, para-arancelaria o, siquiera, de política industrial o macroeconómica para defender o priorizar la producción nacional, era inmediatamente, inmediatamente sancionado por un organismo internacional, que iniciaba y abría investigaciones de comercio desleal, tenía un montón de vericuetos. Pero bueno, yo como ministro fui varias veces denunciado por cuestiones tan simples como intentar promover la producción nacional de juguetes, de textiles, cuestiones así, pero estaban absolutamente prohibidas, eran malas palabras.
Esto para que se den cuenta de la dimensión que tiene la inestabilidad y la incertidumbre que domina hoy el panorama internacional. Que domina hoy el panorama internacional, donde el presidente de Estados Unidos anuncia un esquema tarifario que convierte a la cuestión de los impuestos al comercio exterior en elementos de guerra, de guerra comercial. Luego, guerra de monedas, luego guerra financiera y, después, guerra, como observamos estos días, abierta y guerra convencional, ¿no?
Alguien había dicho que había un vínculo entre la diplomacia y la guerra que era la continuación por otros medios. Bueno, quién no puede darse cuenta que la economía, las tarifas son también continuaciones de la guerra por otros medios o forman parte de un mismo sistema de disputa geopolítica internacional.
Este breve párrafo lo pongo porque no se trata solamente de cuestiones tarifarias. Se trata de cuestiones, también, que tienen que ver con el narcotráfico, que tienen que ver con la seguridad interior, con el involucramiento de las fuerzas de seguridad diseñadas para los conflictos internacionales, o el cuidado de las fronteras, a problemas de seguridad interior.
Se están discutiendo modelos económicos, perspectivas de desarrollo, disputas geopolíticas, pero se está discutiendo también, a nivel internacional, qué se hace con las dificultades crecientes en materia de violencia. Es un hecho indiscutible, ha crecido la violencia a escala mundial en todas sus manifestaciones. Ni hablar de que el mundo está en guerra, ¿no? Pero esto ocurre desde el vecindario, la escuela hasta la frontera de los países, incluyendo también elementos verbales, de enunciación de esa violencia, formas del odio que no hacíamos hasta hace poco, con solo recordar que hoy vuelve a haber movimientos asociados o filonazis en la misma Alemania. Así que, nadie puede dudar, esto fue simplemente una postal, que es tremendamente acertado hablar de un mundo inestable, en transición, en transformación.
Ya es difícil la cuestión de la seguridad si el mundo estuviera tranquilo y si las cosas no estuvieran cambiando. Mucho más lo es en una situación de incertidumbre como la que estamos viviendo y de cambios profundos. Fíjense que hay regiones enteras que, de un día para el otro, se encuentran dentro de un teatro de operación bélicos y que antes no se encontraban. Hace muchísimo tiempo que en Europa no hay una guerra. Bueno, hoy en Europa, yo acá lo llevo con plano personal, tengo amigos, conocidos que viven en Europa, con hijos pequeños, que tienen un temor, un temor que ahora no es este vinculado a las películas de Disney, sino que el temor es la tercera guerra mundial, una guerra nuclear, de la que se habla de manera permanente en los medios internacionales.
Acá en la Argentina, donde los medios porteños, sobre todo, tienden a no reflejar la situación internacional y su vínculo con lo doméstico, con lo cotidiano, tal vez no se observa tanto, pero el mundo está en peligro. Acabamos de observar como Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares, lo cual está absolutamente prohibido por todas las convenciones internacionales y lo ha hecho en nombre de la paz. Así que bueno, estamos con un mundo convulsionado.
Quería simplemente empezar por ahí, porque el desafío de los problemas de la seguridad en los barrios de La Plata guarda una conexión, a veces invisible, pero yo creo que notable y potente, con el marco, el cuadro, la situación, llamémoslo el clima de época que se está viviendo.
Así como la violencia en un jardín de infantes de la provincia de Buenos Aires tiene un vínculo, tal vez a veces oculto para alguno, pero para mí clarísimo, con los discursos de odio que emanan de las más altas autoridades, con los de las más altas autoridades del país.
Lo digo porque no es gratuito. No es gratuito que alguien con la potencia comunicacional que tiene la Presidencia de la Nación, o una diputación nacional se pase su día, cotidiano, insultando, agrediendo, señalando, pidiendo que se odie, ‘se odia poco a los periodistas’, es una frase como diciendo qué sería y cuál sería la consecuencia de odiarlos más. Si se le hace caso a ese programa y a esa propuesta de odiar un poco más. Según el Presidente de la Nación falta odio en la sociedad argentina, hay una carencia de odio. Y lo digo porque estamos viviendo épocas bastante estrafalarias, bastante extrañas y, evidentemente, luego los hechos ocurren y se producen.
Yo decía, en un jardín de infantes, me contaba una maestra de un jardín de infantes, una seño, como la llamamos nosotros, me contaba que había ido un nene a pegarle a otro nene porque una opinión era distinta y le parecía que si la opinión es distinta, el otro pierde su carácter de persona, de compañero, de todo y se convierte en, me dijo, ‘en una rata’, algo inmundo y yo dije, ‘¿de dónde habrá sacado esa palabra?’. Porque lo que se produjo después es un hecho de violencia que se la atribuye a la escuela pública bonaerense, por dificultades de la escuela pública bonaerense. Pero bueno, si lo que se predica es el odio, si lo que se predica es la violencia, si lo que se predica es la erradicación del otro por pensar distinto o por pertenecer a determinada ideología o a determinada nacionalidad, agrego esto porque hoy nos acompañan también representantes internacionales, si los problemas de la salud o de la educación en la Argentina tienen que ver con migrantes o con ciudadanos de países vecinos que habitan en la Argentina circunstancial o permanentemente y que emplean los sistemas, si ese es el problema, bueno, ¿cuánto falta para que eso desencadene hechos de xenofobia, hechos de racismo? No hay duda, eh, no hay duda. Quien no quiere ver, que no lo vea.
Yo desde acá, en un seminario internacional de seguridad, vengo a decirle a nuestro Gobierno nacional que pare con esta política de persecución, que pare con esta política. Lo vemos a decir porque tiene ramificaciones y consecuencias en hechos de violencia que después se le atribuyen, no por eso, lo digo por los hechos de violencia, pero después se le atribuyen a quienes tienen poco que ver con el origen. Obviamente esto no agota los problemas de inseguridad, pero los agrava, indudablemente. Los agrava. En una sociedad donde por condiciones de desigualdad, por condiciones sociales, económicas, culturales, ya ahí de por sí anida la posibilidad y la potencialidad de la violencia, bueno, todo esto se ve agravado e incrementado si esta violencia se legitima, aunque más no sea, diría alguno, en lo verbal, pero entre lo verbal y el paso y la puesta en acto no hace falta ser freudiano ni psicólogo para entender que obviamente ese odio puede tener manifestaciones que incluyan violencia física.
Estamos viendo, cada vez con más frecuencia, cómo hechos casi insignificantes de la vida cotidiana desencadenan después tragedias enormes, un vecino que viene a destruirle con un palo, con un bate, el auto al vecino de al lado que conoce hace décadas, a veces, porque le dejó el auto en el garage. No es inocente, que esto se suceda, se potencie y se vea incrementado no es algo casual.
Así que, primera cuestión es que hoy estamos en un mundo que habla de resolver conflictos internacionales con guerras comerciales, pero a veces también guerras convencionales. Y agrego, con autoridades y expresiones políticas que vuelven a hablar del odio, de la violencia, de la deshumanización del otro, que es un paso previo a las situaciones más trágicas de la violencia, ya solo marcarle al otro que tiene atributos esenciales vinculados con cuestiones éticas, morales, ya habilita la violencia, la violencia. Así que bueno, este es un poco el mundo donde estamos.
Lo segundo, que creo que es un acierto, es decir, establece esta situación nuevos desafíos, desafíos compartidos, que además no son solo nacionales. Javier siempre lo plantea, lo plantea con mucha claridad, en el marco a veces de una discusión desbalanceada, de una discusión, a veces yo siento, injusta, porque sobre la provincia de Buenos Aires se desencadenan campañas, medios de comunicación en redes que a veces son, digo yo, desproporcionadas, ¿no? Porque cuando los hechos ocurren en otra jurisdicción y son de la misma naturaleza, no parecen tener esa importancia, o cuando incluso las estadísticas, los números, la objetividad es favorable para la Provincia no se señala. Es decir, es potenciar, magnificar las dificultades que hay, muchas veces reales, a veces no, pero muchas veces reales, y ocultar, silenciar los avances, las mejoras y esto ocurre de manera permanente.
Entonces, muchas veces el Ministro deja en claro que uno de los problemas, signo de la época también, de las dificultades en materia de seguridad, de los desafíos en materia de seguridad más importantes, que es un mal que afecta a toda la región, a todo el planeta, pero que está teniendo también una mutación morfológica, un cambio, una intensificación, una modificación, decía Javier, a veces en la formas del delito, pero muchas veces también en el modus operandi y en la cantidad de acciones vinculadas al delito mismo que le dan otro carácter, otra complejidad, otra naturaleza y, entonces, implica necesariamente otro abordaje. Me refiero al narcotráfico, me refiero a la droga en los barrios.
Bueno, evidentemente estamos viendo en Argentina, lo hemos visto en Rosario, hubo un cambio realmente muy radical en el modo de actuación, en la forma de organización, en los vínculos que tienen. Pero para el caso de la provincia de Buenos Aires, por eso parto de ahí, lo que es una verdad también incontrovertible es que la provincia de Buenos Aires por su marco legal, por el marco legal y el marco legal nacional, no tiene dominio, no tiene jurisdicción sobre los hechos de narcotráfico, sino que le toca tanto al Ejecutivo, con su Ministerio, con su fuerza policial, como al Poder Judicial de la Provincia, la cuestión del narcomenudeo, ¿no? Es decir, hay una división de tareas entre el Gobierno nacional y el Gobierno provincial, que nos antecede esta decisión, donde nosotros no tenemos jurisdicción sobre los delitos de narcotráfico. Es decir, la operación de las bandas que trafican, que desplazan, que logísticamente hacen que los estupefacientes, que la droga llegue a la provincia de Buenos Aires.
Entonces, hoy tenemos la siguiente situación que muchas veces retrata muy bien el ministro Alonso, que es que cuando encontramos hechos delictivos vinculados al narcotráfico en un barrio, en una localidad de la provincia de Buenos Aires. Es decir, cuando alguien vende droga y otro compra droga, ese material no fue producido en la provincia de Buenos Aires, ya no es un hecho local. Es prácticamente, si uno fuera muy estricto en esto y un poco anacrónico, son productos importados a la provincia de Buenos Aires. Llega a través de una red de transporte y distribución y organizaciones muy sofisticadas internacionales, que luego para colocar en los mercados que encuentran, que nuestra provincia es, en ese sentido, una víctima de estas redes de narcotráfico, es un mercado al que llegan, pero para hacerlo deben atravesar fronteras internacionales y, después, kilómetros y kilómetros aéreos o por ruta o por tierra, 1500, 2000 kilómetros para que la droga llegue efectivamente a los barrios del conurbano y del interior también, porque es un fenómeno que no es privativo de los, ni siquiera, de los grandes centros urbanos, diría ahora, ni hablar del conurbano. Tenemos hechos vinculados al narcotráfico también en pequeñas localidades del interior de la Provincia.
Así que es algo grave, es algo que viene proliferando, pero que está lejos de nuestro alcance. Está vedado. Está vedado. De hecho, cada vez que nosotros desarticulamos una de estas 100 bandas que tenemos identificadas y reducidas ya, lo que ocurre es que, si son bandas de venta al por menor, las estructuras de venta al por menor, lo que usual y mediáticamente se conoce como los bunkers, bueno, los puntos de venta, se rearman muy rápidamente.
Es decir que, en tanto y en cuanto, las vías, el flujo permanezca activo, combatir simplemente los puntos de venta es una tarea que hacemos con mucho compromiso, que hacemos de manera permanente, pero que se revela, en términos dinámicos y en términos temporales, bastante impotente e infructuosa. Porque luego se rearma una nueva red de venta, de manera que a veces nos sorprende por su velocidad, conseguimos encarcelar, aislar a una banda, es una cuestión muy complicada y, luego, otra banda se muda al territorio que tenía la banda anterior o se empiezan a reclutar o hay quien cambia de rubro y, finalmente, al poco tiempo, a veces casi de manera instantánea en términos de plazos históricos, reaparece la venta de droga en el mismo lugar.
¿Esto qué es lo que indica? Simplemente que el problema del narcotráfico, el problema de las drogas, no se puede resolver desde una actuación simplemente provincial, por más esfuerzos que hagamos. Porque está separado, dividido y roto el vínculo entre quienes proveen, a través de redes mucho más sofisticadas, mucho más poderosas, mucho más acaudaladas a nivel internacional con otros medios, y quienes finalmente la venden.
En el extremo ocurre esto, llenamos nuestras cárceles de los llamados ‘soldaditos’, que son niños, niñas, que son reclutados para la venta de droga, muchas veces ante situaciones familiares, sociales, de desestructuración y, luego, son apresados, pero son el pato de la boda, son finalmente el último eslabón de la cadena, el más débil y el que, además, no termina teniendo el resultado buscado, que es terminar con esa situación de manera estructural, de manera definitiva.
Conclusión de todo esto, hemos pedido, hemos ya planteado la necesidad de modificar esta situación de que la injerencia sobre los delitos de narcotráfico estén en la esfera federal y los de narcomenudeo en la esfera provincial. Como unificándolo, esto unificándolo en cabeza federal. Esto no ha ocurrido todavía, pero lo explico de otra manera, porque me parece importante plantear cuál es nuestro punto de vista y por qué el Ministro, cuando dicen ‘bueno, pero hay narcotráfico en la Provincia’, la respuesta nuestra es decir nosotros podemos trabajar muy intensamente, pero para que la droga llegue a la provincia de Buenos Aires necesitamos un trabajo de otra jurisdicción, de otra escala, de otra envergadura y previo. Y esa es la madre del borrego, para decirlo en castellano.
Así que, nosotros lo que tenemos hoy es que está disjunto, que está separado normativamente, jurisdiccionalmente, un hecho que es el mismo. Entonces, cuando logramos atrapar alguna de estas bandas y se hace una investigación seria, detallada y se consigue información y se consiguen elementos para ir a buscar a aquellos que trafican con organizaciones, decía yo, complejas, internacionales, aquellos que trafican cuáles son esos vínculos, eso después cambia de ámbito, pasa a la Justicia Federal y muchas veces se interrumpen esas investigaciones.
Porque nosotros decimos que tenemos en la provincia de Buenos Aires desarticuladas 100 bandas, 100 organizaciones y muy difícil o muy infrecuente es ver que en Comodoro Py, en la Justicia Federal, los datos, los hechos, las informaciones que son siempre de la política y lo mediático, pocas veces tenemos información de que se haya desarticulado alguna de estas grandes bandas. Bandas que, además, requieren una cooperación con los países vecinos, un trabajo mancomunado y conjunto.
Digo simplemente esto porque hoy nos acompañan referentes de Colombia, de Brasil, de Chile, de México, de Ecuador. La provincia de Buenos Aires quiere fortalecer la coordinación, el trabajo mancomunado con nuestros países vecinos o con los países de nuestra región que comparten esta problemática tan compleja como es la de la falta de seguridad.
Tengo algo más que señalar de este encuentro. Nosotros nos hemos propuesto, Javier decía que tenemos una política de seguridad, tenemos una política de Estado vinculada a la seguridad. No hemos hecho, en el transcurso de estos 5 años, demasiada promoción, demasiada propaganda con los cambios que hemos instrumentado en materia de seguridad en la provincia de Buenos Aires. No lo hemos hecho.
Yo me atrevo a decir que hemos transformado completamente el abordaje de la seguridad en la provincia de Buenos Aires, desde lo institucional, desde lo tecnológico, desde la formación, desde lo cuantitativo y desde la inversión. Es decir, que hemos dado vuelta como un guante lo que recibimos en materia de políticas o falta de políticas de seguridad.
Recuerden que antes de asumir nosotros hubo un tiroteo con muertos entre la Policía Federal y la Policía de la provincia de Buenos Aires, creo que fue en Avellaneda. Es decir, había un grado de descoordinación, de anarquía, inmenso durante la gobernación que me precedió.
Pero, ¿por qué no hemos hecho bandera, no hemos hecho tanta publicidad o tanta promoción de lo que se hizo? Porque la verdad es que nos propusimos hacer un trabajo serio, profundo, estructural y si es posible permanente. No vinimos a hacer marketing, no vinimos a hacer propaganda política, vinimos a transformar la seguridad de la provincia de Buenos Aires. Que es una cosa, le recuerdo a nuestra oposición, muy distinta. Trabajar, transformar, invertir. Y porque el primer elemento, que me parece que es importante, yo lo decía el ministro Berni, ya lo dice permanentemente el ministro Alonso, es una cuestión esencial sobre nuestra comprensión del problema de la seguridad, es que se trata de un problema multicausal y multiagencia. Decir esto, bueno, son dos palabritas, ¿no? Pero lo voy a desarrollar brevemente.
Multicausal quiere decir que cuando ocurre un hecho de inseguridad, cuando ocurre un delito, cuando vamos al extremo, cuando ocurre un homicidio, las causas de ese homicidio tienen que ver, evidentemente, con muchísimos factores. Lo que estoy diciendo parece trivial, pero es importantísimo y muy poco comprendido y menos todavía empleado a la hora de analizar o de discutir públicamente los problemas de la seguridad. Para que ocurra un homicidio, que debo aclarar, la mayoría de los homicidios en la provincia de Buenos Aires, las estadísticas que tanto nos enorgullecen y que nosotros tampoco nos dedicamos demasiado a promocionarlas. Lo ha hecho la ministra Bullrich de una forma, yo creo bastante peculiar, pero lo ha hecho al fin. Bullrich dijo que era la mejor ministra de la historia, o lo dijo el Presidente de la Nación, porque el primer año que fue ministra, que bueno, que es difícil establecer una política en un año de ajuste, además, pero supongamos que la prueba de que Bullrich era la mejor ministra de Seguridad de la historia argentina para Milei, es que los homicidios en la Argentina, medidos por la estadística usual, que es la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes, la cantidad de homicidios cada 100.000 habitantes es una tasa, está en el nivel más bajo de toda la serie registrada que son, creo, Javier, 25 años.
Entonces, esa campaña de Bullrich como la mejor ministra que fue, creo que a principio de este año, mostrando esa estadística de los homicidios cada 100.000 habitantes en la Argentina, coincidió con otra campaña del oficialismo que era que la provincia de Buenos Aires, en la provincia de Buenos Aires, está ocurriendo un baño de sangre. Fueron dos campañas simultáneas.
Crean o no, porque se supone que este gobierno tiene una verdadera ventaja y una capacidad enorme en materia de comunicación. Yo cuando vi que estaban diciendo las dos cosas a la vez, me pregunté: ¿quién los asesora?, porque era una campaña mediática. ¿Pero quién los asesora?
Porque decir que estábamos en el año de menor tasa de homicidio de la historia argentina y al mismo tiempo decir que la provincia de Buenos Aires era un baño de sangre, un descontrol en materia de homicidios, estas dos cosas a la vez, implican una enorme, flagrante contradicción. Por no decir una estupidez. Por no decir una estupidez.
Afirmar al mismo tiempo que la Argentina tiene la mejor estadística de homicidios, pero que la provincia de Buenos Aires está descontrolada en materia de homicidios, es simplemente algo que un niño pequeño puede entender que no puede darse a la vez. O tenemos la mejor tasa de homicidios en la Argentina o la provincia de Buenos Aires es un baño de sangre. No las dos cosas a la vez, porque la provincia de Buenos Aires es prácticamente medio país.
Si acá hubiera un baño de sangre, jamás la ministra Bullrich podría haber mostrado estadística favorable en materia de homicidio a nivel nacional. Mostró esta estadística, la de Bullrich es cierta, porque la provincia de Buenos Aires, aunque nosotros no hemos hecho una campaña de difusión de esto, está en los mejores años en materia de tasa de homicidio de toda la historia. Eso es lo que está ocurriendo y por eso la Nación tiene las tasas que tiene. Esa es la verdad, la causalidad ahí queda muy clara. Pero, ¿qué es lo que decía en materia de la multicausalidad?
Cuando ocurre uno de los homicidios, yo tengo estadísticas y no los quiero aburrir ni tampoco quiero extender tanto más esta inauguración, pero lo que quiero decir simplemente es que los homicidios que se producen, los homicidios que se computan en esta estadística tienen un porcentaje importantísimo, muy relevante, de homicidios intrafamiliares o entre conocidos, es decir, que no tiene nada que ver con un delito penal anexo.
No es un homicidio en ocasión de robo, no es un homicidio criminoso, no es entre desconocidos, no es con portación de arma, no es un menor, es un homicidio que ocurre por relaciones interfamiliares, interpersonales y muchas veces de violencia de género, otra cuestión que el Gobierno nacional, en una apelación al terraplanismo, niega, ¿no? Que hay algo que se conoce como violencia de género y una figura que es el femicidio.
Bueno, eso representa una parte de la estadística, pero comprendamos que para disminuir la tasa de homicidios hay que atacar las causas de esos homicidios. Y cuando uno va a atacar las causas, y a esto voy, por eso lo adecuado de este encuentro, es que esas causas son múltiples y exceden, exceden a esa división, no sé si convencional, pero por lo menos operativa que tienen los gobiernos, en ministerios.
Es decir, cuando ocurre un homicidio, y si uno dice, ‘bueno, tomemos los 800, más o menos, homicidios que ocurrieron en la provincia de Buenos Aires y veamos cómo hacemos para que el año que viene haya menos’. Y quiero decir, ¿dónde está la mejora en las estadísticas de seguridad? En nuestro mandato, la tasa de homicidios está en esos niveles, el periodo anterior estaba en 1.000 homicidios. El de Vidal, en 1.000 homicidios promedio.
Es decir que es una baja sustantiva, es una baja histórica por el resultado y por la magnitud. Pero intentemos evitar parte o, bueno, algo imposible, todos los homicidios que ocurren en el territorio de la provincia de Buenos Aires, que repito, 800 homicidios es una suma grande, por eso otra de las estafas habituales que ocurren en los medios de comunicación y en la discusión superficial de estos temas, es que te dicen la cantidad de homicidios. Bueno, en la provincia de Buenos Aires hay 800 homicidios, claro, pero hay 17 millones de habitantes. La forma de comparar la situación de la seguridad no es la cantidad absoluta de homicidios sino relativa a la población. Es una tasa, cada 100.000 habitantes. Cada 100.000 habitantes.
Parece una explicación matemática básica, pero cuando dicen, ‘miren qué cantidad’, me acuerdo de la pandemia que decían, ‘hay muchos contagiados en la provincia de Buenos Aires’. Claro, porque somos 17 millones. La cuestión es la tasa comparada con el total de la población o cada 100.000 o cada 1.000, o lo que sea. Bueno, en esa estadística, lo quiero mencionar porque esto es regional, la provincia de Buenos Aires el último año tuvo 4,6 homicidios cada 100.000 habitantes. La Argentina, 3,8. Obviamente, dentro de la provincia de Buenos Aires también hay regiones y zonas con una tasa de homicidio menor que otras. Eso también, la heterogeneidad, los promedios, pero no quiero ponerme a hablar. 3,8, que era la que mostraba Bullrich, la mejor 4,6 la que mostramos nosotros, el segundo mejor año, el anterior fue un poco mejor y este viene mejor que el pasado.
Pero bueno, hemos hecho una reducción sustancial. Chile. Estadísticas internacionales, 5,5 homicidios cada 100.000 habitantes. Compara con Argentina, 3,8 provincia de Buenos Aires, 4,6. Perú, 6. Seis homicidios cada 100.000 habitantes. Uruguay, 10,6. Uruguay, que bueno, está reputado y no vengo a decir nada ni señalar a nadie, digo tiene 10,6. Es, prácticamente, tres veces más Uruguay que la Argentina en su conjunto y el doble, más que el doble que la provincia de Buenos Aires, simplemente lo señalo. Brasil 21,1 homicidios cada 100.000 habitantes. Colombia 25,4 cada 100.000 habitantes. Ecuador 38,8 cada 100.000 habitantes. Son algunos datos, creo que esto es la Secretaría de Seguridad Nacional, son los que mostraba Bullrich mostrando qué bien que estaba Argentina.
Vuelvo a la contradicción, Argentina no puede estar bien en el marco de un desastre o de una este de una multiplicación en la provincia de Buenos Aires. No es lo que está ocurriendo, eso simplemente es mentira. Y lo advierto porque se viene una campaña electoral, donde cada caso, que es gravísimo, que es tremendo, que es dolorosísimo y que no se repara de ninguna manera ni se contesta con estadísticas, pero ante cada caso mostrado y exhibido y qué sé yo, bueno, aparece la cuestión de ‘qué grave que está’.
Pero bueno, estos son los datos objetivos. ¿Nos tiene conformes? No. ¿Nos tiene conformes? No. Tenemos que seguir trabajando, seguimos trabajando intensamente, seriamente, cotidianamente. Pero vuelvo a la cuestión, es multicausal. Si uno pretende bajar la tasa de homicidios, tiene que atacar las causas de los homicidios.
Y no es solo exclusivamente, y a veces ni siquiera principalmente, el Ministerio de Seguridad y la Policía de la Provincia la que podría evitar atacando las causas que ocurran los homicidios.
Y eso es importante entender, porque eso es, llamémoslo, relativamente injusto, en términos de que hay una atribución, como también lo hay, porque acá está Pablo Urquiza, Jefe de Gabinete del Ministerio de Educación de la provincia de Buenos Aires, ocurre un hecho de violencia en una escuela y dicen, ‘qué violentas son las escuelas de la provincia de Buenos Aires’. Y es claro, cuando uno empieza a indagar cuáles fueron los hechos, muchas veces son familias donde hay cuestiones de abuso, muchas veces, no siempre, donde hay violencia familiar o donde hay abandono, donde hay… Que después eso hace síntoma o se manifiesta en la escuela. Peor aún, los hechos de violencia cobran y se hacen conocidos, se hacen públicos, se conocen en la escuela porque la escuela es un ámbito seguro donde se pueden denunciar o donde se pueden mostrar. Mientras, a veces, el ámbito familiar, el ámbito barrial, otros ámbitos no lo son.
Entonces, aparece en la escuela un hecho que en realidad está manifestado. Esto no quiere decir que no tengamos que seguir trabajando para que haya menos violencia cuando la hay. Pero la verdad que es muy difícil atribuir todo hecho de violencia o todo homicidio al accionar de la Policía o del Ministerio. No solo es difícil, sino que es falso. Y es inútil como abordaje si uno pretende solucionar los problemas.
Muchas veces, las cuestiones de la violencia remiten a condiciones sociales, a condiciones interpersonales, a donde la policía no puede estar, no podemos tener un agente de policía más allá de las dificultades que tenemos, incluso presupuestarias, no tiene lógica que estén adentro de los hogares o que estén lidiando entre cuestiones entre vecinos. No pueden hacerlo preventivamente, lo deben hacer al ser requeridos, pero cuando llegan ya ocurrió el hecho. Lo que debemos es atacar las causas y son múltiples las causas.
¿Qué decirle de la complejidad? Podría hablarles y tampoco me quiero extender, de casos que fueron notorios y cuando uno se pone a estudiar cuál es la situación. Hace poquito acá en La Plata, el padre de quienes delinquieron diciendo, ‘miren, necesito que esté preso’. Y es el padre. Entonces vemos situaciones que tienen que ver con condiciones familiares, condiciones sociales, condiciones culturales, condiciones de precariedad en múltiples aspectos donde no es el Ministerio de Seguridad el que es el principal agente o el principal instrumento que tenemos para atacar esos problemas.
Vuelvo a lo multicausal. Para mejorar las estadísticas, para mejorar la seguridad, las estadísticas lo manifiestan, pero es la seguridad, hay que trabajar en coordinación. Hay que trabajar en coordinación.
Y esto es un grado superior que, yo debo decir que cuando llegué acá era absolutamente inexistente, un grado superior en materia de diseño de políticas de gobierno y de ejecución de políticas de gobierno.
Porque para que haya resultados y para que para los bonaerenses, las bonaerenses, mejore la seguridad, no alcanza simplemente con actuar a través del Ministerio y de la Policía, hay que hacerlo coordinando diferentes áreas de gobierno.
Pero luego, lo cual parece trivial, lo cual parece trivial, pero hay que recalcarlo, no alcanza tampoco con el Poder Ejecutivo, podemos coordinar extraordinariamente bien diferentes políticas, digo estas políticas de infancia, por ejemplo, el programa Entramados que hemos lanzado hace poquito para los hechos vinculados al Código Penal que tienen que ver con menores.
Bueno, hemos lanzado un programa, pero no alcanza con que sea el Gobierno de la Provincia, el Ejecutivo provincial, tenemos que coordinar con otros poderes del Estado, con los dos poderes del Estado, los dos otros poderes del Estado, el ejecutivo tiene que coordinar con el Legislativo y con el Judicial, y lo tiene que hacer de manera permanente, de manera dinámica, de manera cotidiana.
Por eso yo, Julio, digo que qué bueno que esté funcionando bien en La Plata, pero qué bueno también que en toda la provincia de Buenos Aires estemos trabajando para que haya una mesa permanente entre el Municipio, entre el Ministerio de Seguridad, entre otros ministerios si hace falta y también el Poder Judicial de cada una de las jurisdicciones.
Yo le agradezco muchísimo a los representantes que hoy nos acompañan del Poder Judicial, porque muchas veces cuando las cosas ocurren empieza de trinchera a trinchera a discutirse la responsabilidad y lo que creo que hay que reconocer es que es un fracaso de todos, por supuesto que puede haber responsabilidades puntuales, pero la falta de coordinación, la falta de articulación, la falta de un trabajo franco, directo, conjunto, colaborativo, es un problema de todos.
Cuando llegué a la provincia de Buenos Aires esta coordinación era nula. Era nula, no había. Entonces, estamos avanzando en la institucionalización de las mesas que coordinan el trabajo del Ejecutivo con el Judicial, pero que también requieren cambios legislativos como producto de la dinámica, de las transformaciones, de las necesidades y también del análisis y de las conclusiones.
Así que bueno, eso también hemos presentado y no ha sido aprobada una ley de cambio para la Policía, pero tenemos muchos más instrumentos legislativos y hemos planteado a nivel nacional la cuestión esta de la jurisdicción sobre los delitos vinculados a la droga que tampoco hemos tenido ninguna respuesta. Pero seguimos trabajando con quienes quieren coordinar y con quienes quieren ayudar, seguimos trabajando.
Y repito, el peor modo de trabajo que se me ocurre es andar echándose la culpa ante cada hecho. Es el peor. Hay que asumir responsabilidades, pero hay que encontrar soluciones, y eso implica profundizar este abordaje multicausal y, por tanto, multiagencia.
Bueno, creo que podría extenderme muchísimo más, pero quiero decir algo que es tremendamente importante de la reunión que estamos teniendo hoy, que es que muchas veces las políticas de seguridad de los gobiernos, del Gobierno provincial, pero también del Gobierno nacional forma parte, las políticas, de la agenda pública, entonces se discuten políticas de seguridad.
Y se discuten de una manera tan precaria, tan simplificadora, por lo tanto tan falsa, tan primitiva, que la verdad que son debates que, aún si se saldaran, no van a conducir a ningún resultado real. Lo digo por experiencia propia en mi área de formación como economista. Economía, también, discute todo el mundo en todos lados, pero la verdad es que los problemas económicos hay que reconocer que son bien complejos.
Que no tienen soluciones simples y en general no tienen soluciones no solo sencillas, sino unilaterales en términos de un solo instrumento, no se resuelven tomando una sola decisión, ¿no? Haciendo esto se resuelve todo. Eso es mentira. Yo creo que deberíamos empezar a señalar, y a discutir, y a condenar esta actitud en la discusión pública, ¿eh?
A mí me parece que un tema tan delicado, tan sensible, tan importante como la seguridad ciudadana en términos de que si cada individuo, cada bonaerense va a sentir y va a experimentar, va a vivir una situación de mayor o menor seguridad, algo tan delicado, tan importante, no debería ser materia de debates tan poco serios, tan a veces maniqueos, a veces tan simplones, que obviamente no tiene ningún cuerpo, no tiene ninguna realidad, no tiene ninguna forma de implementación y no van a dar soluciones.
Yo describí muy sucintamente la complejidad de los hechos delictivos, la complejidad de las cuestiones que tienen que ver con la seguridad, esta cuestión de que requieren el concurso, la participación, una articulación aceptada entre áreas tan distintas de un mismo gobierno. Ahora va a hablar el Ministerio de Educación, pero nosotros tenemos mesas conjuntas de todos los ministerios abocados a las cuestiones de los delitos en niños y jóvenes, bueno, las cuestiones vinculadas a la seguridad en materia en las escuelas, educativas.
Bueno, en cada en cada ámbito hemos coordinado y hemos generado mensajes, pero esto implica después la coordinación con otros poderes del Estado, con otros niveles del Estado, del Estado nacional, hablé poquito de eso pero sin duda del Estado municipal, los Estados municipales.
Esto también, y simplemente lo vuelco porque es una de las inquietudes y las típicas discusiones que hay acá en la provincia de Buenos Aires, que es la autonomía municipal, o no, en materia de seguridad, es una discusión clásica, también yo creo que mal planteada, mal enfocada.
Evidentemente, los problemas de la seguridad no los va a poder resolver solo la Provincia desde La Plata, como se dice, pero tampoco lo va a poder resolver cada uno de los municipios desde su palacio municipal o desde su centro de monitoreo.
Es tan obvio que lo que estoy diciendo, que a veces a mí me parece que lo obvio no se dice porque el resultado de estas obviedades son acciones mucho más complejas y sofisticadas que las que generalmente son las que acaparan el debate, ¿no?
Si uno llega a la conclusión de que no va a ser solo el Gobierno provincial, el que resuelva los problemas de seguridad en los distritos, y no va a ser solo el Gobierno municipal, lo que se cae de maduro es que hay que generar una articulación entre Gobierno provincial y municipal. Dicho esto, que es obvio, hubo épocas donde la articulación consistía en que el intendente levantaba el teléfono y llamaba al ministro. Y le decía, ‘che, tuve el tal problema, necesito tal cosa’. Eso es mejor que nada, pero no va a resolver.
Lo que se necesita es institucionalizar mecanismos permanentes de trabajo serios que cambien, se mejoren, se analicen y perduren, y permitan que permanentemente todos los días, como es el caso del sistema multiagencia, que obviamente lo han tapado, lo han escondido porque es un cambio revolucionario en materia de la articulación entre la Provincia y los municipios, que es que a partir de avances tecnológicos y una enorme inversión, cada vez que suena, para que se entienda bien y no explicar más cuestiones que tienen que ver con la particularidad de la implementación, pero digo simplemente. Si un vecino de la provincia de Buenos Aires llama 911, cuando llegamos nosotros era prácticamente una telefonista con los clavijeros de la vieja… Entonces, tenía que… ¿No era así?
Entonces, llamaban al 911, sonaban a algún lugar el teléfono y había que llamar y decía, ‘che, ¿hay algún patrullero, algún móvil cerca de tal dirección? ¿Podrá ir ahora para tal lugar?’ Fíjense la precariedad con la que recibimos el manejo. Y entonces, después se hablaba de zona liberada.
Yo no estoy negando que pueda haber habido una decisión, una vocación, una voluntad y hechos de zonas liberadas, deliberadamente. Pero lo cierto es que la Provincia era una zona liberada. La Provincia entera era una zona liberada, donde todo dependía de particularidades, de cosas, de cuestiones absolutamente personales, de vínculos, no se iba a resolver así.
Hoy el sistema multiagencia hace primero que, cuando se llama de un celular, sin que tenga que explicar de dónde está llamando, aparezca por el GPS del celular en la terminal de la Policía de la provincia de Buenos Aires, en nuestro CATE, en nuestro Centro de Atención Telefónica, aparezca ya directamente la llamada geolocalizada. Lo cual ya es todo un avance, porque no tiene que empezar a explicar, ‘bueno, estoy ahí donde la calle esa que no tiene número, se cayó el cartel, pero ahí doblando a la derecha, pero bueno, el segundo portón o tal tranquera’, aparece geolocalizado. Eso ya de por sí sería un avance, pero, ¿cuál es el otro avance? Tenemos todos los patrulleros también geolocalizados, con sus ABL, que son sus GPS.
Uno puede mirar una pantalla en Puente 12, donde ve donde están desplegados los patrulleros, los móviles de la Policía de la Provincia en un mapa con un indicador. Y entonces, lo que pudimos hacer con eso es verificar, certificar cuál es el recorrido, cuál es el desarrollo del patrullaje, y ya no hace falta preguntar, ‘che, ¿tenés un patrullero?’, sino que suena, sabemos dónde es, y sabemos dónde están los patrulleros. ¿Cómo se resuelve eso? Diciéndole al patrullero, debe movilizarse, debe apersonarse en tal lugar donde está ocurriendo un delito. El cambio en materia de eficacia, de eficiencia y de resultado es infinito, es infinito. Y es una inversión enorme.
Ahora, el otro avance, es que con el sistema multiagencia los municipios, su Secretaria de Seguridad, el Intendente para decirlo así, tiene acceso a toda esta información en tiempo real. Suena el llamado del 911, se toma registro, inmediatamente en una pantalla en el Municipio se ve dónde está ocurriendo. Con lo cual, a veces al 911 se llama por cuestiones que tienen que ver con defensa civil, que tienen que ver con diferentes hechos que no necesitan un abordaje policial, no hace falta preguntarle que vaya el patrullero a ver qué pasó porque el gatito se quedó, ¿se entiende? Que puede ser porque también se accede a través del 911.
Ahora lo tiene también el Municipio, que muchas veces tiene una guardia urbana, una policía municipal que también puede dar una respuesta coordinada y articulada con la que da la Policía de la Provincia.
Y al mismo tiempo, la policía de la Provincia, un cambio que pasó absolutamente desapercibido pero creo que es un avance sustancial, histórico en materia de esta cuestión, este dilema entre todo municipal y todo provincial, que parece ser que hay que andar como esos barcos que para equilibrarlos pasan todo de un lado y después todo del otro y van a lo barquinazos. Bueno, no es así, lo que hemos hecho es generar en cada uno de los distritos una estación de policía donde se reúnen todos los recursos policiales, provinciales, se coordina allí el plan municipal de despliegue de la seguridad, lo cual hace que cada municipio tenga su plan municipal de seguridad, y eso articula con un plan provincial de seguridad que se coordina, se consensúa y luego se monitorea y se mejora a través de la coordinación.
Así que yo quiero decir, todo municipal o todo provincial, ninguna de las dos. La articulación, la coordinación, el trabajo conjunto y la seriedad en ese trabajo. Y esas son, evidentemente novedades, que tienen que ver con esta gestión.
Y termino, para decir lo último que me parece muy importante. Hemos escuchado en el marco de la complejidad que tiene el problema de la seguridad, que todo pretende resolverse con una frase que inventó algún consultor de marketing político. Entonces, ¿qué hay que hacer en la Provincia? ‘Meter bala’. Bueno, lo digo porque evidentemente ese abordaje, yo quiero decir, más allá de todos los componentes adicionales, de todas las cuestiones que se agregan, lo que quiero decir es que aún si se hiciera, yo creo que aún si se hiciera, es evidente que no es una respuesta seria, que no es una respuesta profunda, que no es una respuesta lógica, no es una respuesta aplicable y no es una respuesta legal a la cuestión de la seguridad. Entonces, hay que ir por otro lado.
Y por la complejidad que tiene, también esto quiero reconocerle al Ministerio, a Javier, al equipo, también a las autoridades de la Policía de la Provincia, que por primera vez, por lo menos que yo sepa, se está trabajando de una manera seria, digo, pero a esto me refiero, vamos a ponerlo así, científica.
¿A qué me refiero? Que hoy participan de este seminario, también, además de especialistas extranjeros, nacionales, los poderes del estado, diferentes jurisdicciones, representantes de la academia, de nuestras universidades, de nuestros sistemas científicos. Porque otra de las cuestiones extrañísimas en la provincia de Buenos Aires es que la provincia de Buenos Aires cuenta en su territorio con 21 universidades nacionales y el Gobierno de la Provincia tenía una relación de ajenidad, de indiferencia absoluta con respecto al sistema científico universitario de nuestra Provincia.
¿Qué estudian las universidades? Muchas veces problemas locales, problemas regionales, pero seguramente, problemas que tienen que ver tanto con el aparato industrial, con el aparato productivo, con nuestra producción agrícola, con nuestra logística.
Es decir, quienes están estudiando, reflexionando, pensando sobre la provincia de Buenos Aires, parte del cerebro de lo que hay que hacer en la provincia de Buenos Aires, actúa totalmente disjunto de lo que era el cuerpo, las políticas públicas que se llevan adelante en la provincia de Buenos Aires.
Eso también creo que acá hay una manifestación, pero hay muchas decisiones que se han tomado que tienen que ver con terminar con ese divorcio, con esa separación entre nuestro sistema académico y universitario y el Gobierno de la Provincia. Yo festejo hoy que nos demos el tiempo de poner en valor, de escuchar, de articular también con el sistema universitario.
Y bueno, y estos son problemas tan complejos que hay que abordarlos con seriedad y dice nuestro Ministro muchas veces, ‘no hay que meter bala, hay que meter recursos. Hay que meter recursos’. ¿Cómo vamos a tener una política de seguridad cuyo sino es una motosierra? La motosierra no resuelve.
Y lo digo en primera persona, recorro la provincia de Buenos Aires y lo primero que te dicen, bueno, los patrulleros, los agentes, las computadoras, los chalecos, recursos. Recursos, recursos, recursos. Se dice muchas veces si es cierto, las políticas quedan muy bien cuando se enuncian, cuando se anuncian, pero después tienen que estar reflejadas en los presupuestos y se tienen que ejecutar.
Por eso, y termino con esto, el Gobierno nacional le robó a la provincia de Buenos Aires recursos que le corresponden por ley. 750 000 millones de pesos que eran destinados a fortalecer la seguridad en la provincia de Buenos Aires para la compra de patrulleros, para el equipamiento tecnológico, para también la incorporación y los salarios de la Policía de la Provincia, y fondos que había que rendir religiosa y meticulosamente al Gobierno nacional, no de aplicación libre, sino de aplicación específica, no de libre disponibilidad, sino para la seguridad de la Provincia, así veníamos trabajando hace un tiempo, lo cortó Milei.
Y obviamente que hoy no falta. La Policía de la provincia de Buenos Aires tenemos un plan, tenemos políticas, tenemos ideas, tenemos realizaciones, tenemos logros, tenemos resultados, pero para seguir incrementándolo necesitamos los recursos. Nación nos privó de esos recursos. Nación nos privó de esos recursos. Y esto tiene que ver también con una situación que se empieza a dar, que es que crecen los problemas de violencia y nosotros necesitamos ampliar, profundizar, extender nuestras políticas y para eso se necesitan recursos.
Ante esa decisión que tomó Milei el Gobierno de la provincia de Buenos Aires destinó un fondo de 170.000 millones de pesos este año, estamos ejecutando en compra de patrulleros, de equipo, incorporación de gente. Pero no alcanza, así que yo tengo la obligación de decirlo, lo dice siempre el Ministro, no alcanza, necesitamos que nos restituya lo que le corresponde a la Provincia.
Los problemas de inseguridad en la Provincia, evidentemente el 40% de la población argentina hoy sufren con la indiferencia, la desprotección del Gobierno nacional. A pesar de eso, yo quiero agradecerles muchísimo porque queremos seguir trabajando, queremos seguir mejorando, queremos seguir esforzándonos en esto. Vemos que hay resultados, podemos seguir avanzando, para eso están ustedes hoy acá, así que muchísimas gracias por la presencia, y bueno, bienvenidos todos los soportes. Muchísimas gracias. [yotuwp type=”videos” id=”c5f5I-pFhqA” ]
